“Escuchemos a Dios donde la vida clama”
Manaus - Brasil, 7 al 9 de Octubre de 2011
Nosotros religiosos y religiosas, “en la escucha de Dios donde la vida clama”, estuvimos reunidos en Manaus, Brasil, los días 07-09 de Octubre, para el Seminario de la Vida Religiosa Consagrada, promovido por la CLAR (Confederación Latinoamericana y Caribeña de religiosos/as). Estábamos religiosos y religiosas de la Pan Amazonía (Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú, Venezuela y Brasil), teniendo como tema: Amazonía: importancia, desafíos y misión y el lema: La Pan-Amazonía gime con dolores de parto (cf Rm 8,22). El seminario tuvo como ejes transversales la Inter-congregacionalidad y la Inter-institucionalidad.
A demás de la VRC, participó del seminario el cardenal Claudio Hummes, presidente de la Comisión Episcopal para la Amazonía, de la CNBB, el Hno. Paulo Petry, presidente de la CLAR y la Hna. Marian Ambrosio, presidenta de la CRB nacional, como también representantes de otras instituciones que actúan en la Amazonía.

SENTIMOS la sacralidad de esta tierra de la que fluía una sensible experiencia al pisarla con pies descalzos, tierra regada por la preciosa agua de vida. Las fibras de nuestro ser se conmovían por lo ritmados cantos de los pájaros y nuestra piel se estremecía con la brisa leve, bajo las sombras protectoras de los arboles fructíferos. La contemplación del hombre y de la mujer, en su singularidad y en la pluralidad que la Creación nos regaló, nos conmovió y nos llevó al abrazo de la acogida sagrada.
Sentimos también la ausencia de tantos y tantas que hubiesen podido unirse en este sueño común de contemplar la “Amazonía en su importancia, en sus desafíos y en su misión”.
OÍMOS, en diversos idiomas y sonidos, Dios que se nos revela de formas muy variadas. El cantar de los pajaros, el rumos de las aguas, los sonidos de los bosques, todo reconoce su Creador. La Creación es el gran lugar teológico de la Amazonía. Oímos su Palabra escrita, proclamada en la vida entregada, en servicio gratuito y en compartir de saberes.
Oímos también el clamor de la vida amenazada, de los bosques devastados, de la moto sierra con melodía fúnebre. Oímos la Pa-Amazonía gimiendo en dolores de parto.
VIMOS una Vida Religiosa y una Iglesia movida por una grande pasión por el Reino de Dios y por la defensa de la vida. Vimos el sueño de nuevas relaciones entre los seres humanos y con toda la creación a partir del corazón que opta por la Vida y que aprende a proclamar lo esencial dentro de la complejidad de la coyuntura actual.
Vimos también la comercialización de la vida, de la fe, de las relaciones. Vimos sangre derramada, ríos contaminados, lagrimas desesperadas, indígenas y ribereños irrespetados.
Testimoniamos fuerzas y fragilidades en nuestra VRC. Hay bonitas experiencias misioneras comunitarias, movidas por la pasión por el Reino de vida. Son experiencias pequeñas y significativas. Pero nos faltan cambios institucionales, culturales, mayor incidencia en las urgencias del Reino proclamado por Jesús, mayor repercusión en nuestras Congregaciones e Instituciones.
Nos indignamos, a demás, con nuestra poca osadía profética, con nuestras esperanzas débiles, con nuestras acciones fragmentadas.
Nos solidarizamos también con misioneras y misioneros perseguidos, incomprendidos, martirizados. Nos unimos en solidaridad con todos los líderes que no se dejan seducir por las atrayentes propuestas del dios de la muerte.

LLEVAMOS… nuestras “totumas” como símbolo de agilidad y liviandad, de itinerância y despojo, cargadas de sueños y de esperanzas, de compromiso con la defensa socio-ambiental.
Llevamos la convicción de que “cuanto más difícil son los tiempos, más fuerte debe ser la esperanza” (Pedro Casaldáliga).
Llevamos también el desafío de superar las fronteras geográficas y simbólicas, de generar un nuevo pensamiento teológico-espiritual, de tejer una lectura bíblico-profética contextualizada, de promover una liturgia viva e inculturada.
Más allá de nuestra “totumas”, llevamos cestos y redes, tejidos de sueños y de deseos que abren brechas para nuevos ríos de vida abundante para todos y todas.
Participantes al Seminario de la Pan-Amazonía