lunes, 16 de julio de 2018

El Paráclito, animador de la Misión del Padre maternal

Animación Misionera Juvenil y Vocacional (AMJV)

Región IMC Colombia

Desaprendiendo en la escuela para aprendiendo en la Escuela: “Cuando nos hablan de escuela, inmediatamente pensamos en la Escuela Madre Laura o en la Simón Bolívar y, entonces, en cursos, profesores y profesoras, salones y tableros, patios y corredores, clases y recreos, períodos académicos y vacaciones. Pero cuando nos hablan de Escuela de Discipulado Misionero, tenemos que ir cambiando un poco lo que tenemos en la cabeza y pensar que  en el Bautismo ya nos matriculamos o matricularon en la Escuela de Jesús y que el ser discípulos en esta Escuela dura toda la vida;  que todas las actividades que hacemos para los demás y para nosotros mismos, en el nombre del Señor Jesús, sea que anunciemos la Buena Nueva del Reino de Dios, sea que hagamos obras de
misericordia, de consolación-liberación, sea que oremos al Padre por el Reino, sea que trabajemos al servicio del mismo en los campos de la justicia y paz, del cuidado de la creación, de los Derechos Humanos y de la Tierra, hacen parte de la Escuela de discipulado y misión. Si después de actuar, detenemos un poco el tiempo y el cuerpo, nos recogemos, reflexionamos, oramos, sintetizamos y, ojalá, comunicamos con el testimonio personal y comunitaria y a través de los medios de comunicación, entonces toda la vida se vuelve discipulado misionero, incluida ésta ELJM.

Reconocí, claramente, que desde mi bautismo estoy en la Escuela de Jesús. Que cuando hice mi Profesión Religiosa en el IMC, dejando consagrar mi vida para la misión ad gentes, confirmé mi participación en la Escuela de Jesús. Que después con la Ordenación Presbiteral y el envío en misión a varios lugres de este mundo, continúo en la misma Escuela.
Le gradezco a la Escuela de Liderazgo Juvenil Misionero el haberme recordado que ya estoy en la Escuela de Jesús y que no necesito hacer otra escuela, sino vivir ésta, actuando, reflexionando, orando, sistematizando, celebrando y comunicando para mantenerme fiel al Maestro, Misionero enviado del Padre.

Al mismo tiempo, agrego aquí algo que me acompaña desde que soy y actúo como Misionero de la
Consolata: la escuela del Señor Jesús se hace junto con la Escuela de María de Nazaret, la Madre del Emmanuel y de la Iglesia. Ella, la primera discípula misionera, ha sido reconocida y propuesta por el Bienaventurado José Allamano como fundadora y madre, modelo y guía, en la vida y la misión. En el Continente americano ha sido reconocida y propuesta como “madre” y “pedagoga del Evangelio, perfectamente inculturado”.  

Codo a codo, en Equipo de pan partido, compartido y repartido: cada día, desde la clara aurora
hasta la oscura noche, un equipo de variados profesionales (inter-disciplinar), de hombres y mujeres (inter-genero), de varios lugares de Colombia (inter-regional) y otros países del mundo (inter-nacional: Paraguay, Brasil, Uganda, Congo, Tanzania), de varias Parroquias, Movimientos y Organizaciones religiosa (inter-carismático e inter-institucional), jóvenes en su mayoría, con algunos de otras edades (inter-generacional), lideraba la Escuela Juvenil, “ofreciendo herramientas – instrumentos de formación, espiritualidad, pastoral y diálogo, para la Animación Misionera de las parroquias, los colegios, las universidades,  grupos” y la sociedad en general.
Una tarea en equipo y “unidad de intenciones”, no simplemente porque eran varios los animadores, sino porque había un plan estructurado previamente, compartido y asumido por todos, animadores y participantes, con:
Ø  una espiritualidad, la de discípulos misioneros del Misionero del Reino del Dios Padre
maternal, “Abbá-Immá” (Padre-Madre en arameo, la lengua de Jesús);
Ø  una pedagogía del aprendizaje misionero, nacida de la praxis y formulada como “encuentro para conocer, asumir y animar”;
Ø  una metodología de tres P: Planear – Definir: leer la realidad; Proponer – Facilitar: generar alternativas de solución: proyectos y procesos; Personalizar – Asumir: desarrollar actitudes y asumir desafíos y compromisos;
Ø  una dinámica personal y colectiva, con una clara y respetada distribución de roles y servicios, con evidente y tolerante apertura a las aportaciones personales y grupales.

De una “Iglesia sosa” a una Iglesia con sabor y en salida: todo lo planeado, inter-conectado,
generó una sinfonía misionera, en la cual hasta las disonancias armonizaron y ayudaron a los Bienaventurados participantes juveniles a vivir y revelar el Reinado del Padre maternal, como fermento, sal y luz, de una “Iglesia en salida”, con sabor a bienaventuranza y “olor a oveja”. Lanzada a las calles, las plazas, la terminal de trasportes, las esquinas de los semáforos, los supermercados, los hospitales y ancianitos, a los transeúntes, los pobres y sin techo, los de otras denominaciones religiosas, etc. También celebrado, con los fieles cristianos, en el templo parroquial Nuestra Señora de la Consolata, en el Barrio Mutis.

Toda salida, en embargo, conlleva una entrada al corazón personal y a la casa comunidad: la alegría y la sonrisa, el saludo y el abrazo, el canto y la danza, la simbolización y representación, la celebración orante, contemplativa y festiva, las lágrimas de tristeza mezcladas con las de gozo y paz, la vestidura nueva del hombre viejo despojado, la convivencia de grupo y la comunicación con las familias, los amigos/as, el abrazo y la colaboración en cada acción, se revelaron como la vivencia de “otro mundo posible”, infinitamente mejor, más económico y placentero, que el actual. Ese vínculo de amor, más allá de cualquier frontera, se ha prolongado, después de la escuela, como una onda espacial, a través de las Redes Sociales y los corazones entrelazados con “Agua – Panela y Lazo”. ¡Venga tu Reno, Señor!
 
Con cinco panes y dos peces, se le dio de comer, bueno y saludable, a más de 150 personas, en pleno crecimiento, durante diez días, gracias a la solidaridad de muchos ciudadanos que, admirados con el testimonio, la alegría y el valor de tantos jóvenes, se sumaron a la ELJM con oraciones, dinero, víveres, servicios y acogida. Una experiencia pura de misión, al estilo del Evangelio, ligeros de equipaje y austeros: misioneros de sandalias y bastón, pobres entre los pobres, para y con los pobres. Parábola del Reinado de Dios, revelándose a través de los jóvenes, entre los sencillos de corazón. ¡Bendito sea el Señor!

Parábola de identidad: pues cada participante, cada uno a su medida, expresó su “sentido de pertenecía” a la Escuela de Jesús y de compromiso con la ELJM y con la misión ad gentes. Entre
todos, manifestamos lo que somos y soñamos con lo que queremos y debemos ser como Familia Misionera de la ConSOLata: Sol naciente (joven), que nos visita cada día, “por la entrañable misericordia de nuestro Dios”, generando luz para alumbrar e iluminar, calor para purificar y animar, energía para dinamizar e impulsar. Sol que nos ofrece identidad y formación (llamados para estar con El: consolados, santos), y misión (enviados a compartir la verdadera ConSOLación, con y como María ConSOLata). Así estamos ya siendo, aquí y ahora, lo que estamos llamados a ser: Misioneros/as de la Consolata.


Nota: Experiencia vivida, reflexionada y testimoniada por Salvador Medina imc, a partir de la Escuela de Liderazgo Juvenil (ELJM), Bucaramaga, 25 a 29 de junio de 2018.


















martes, 29 de mayo de 2018

La misión: Escuela de humana santidad

Familia Misionera de la Consolata
Escuela de humana santidad
Beatificados/as: reconocidos por su santidad
José Allamano  - Fundador y Formador
 Irene Stefani - Misionera "madre de misericordia", en la vida cotidiana 
Leonella Sgorbati - Misionera Mártir por la fe

El Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Cardenal Angelo Amato, presidió la Misa de beatificación de la religiosa italiana Leonella Sgorbati, asesinada a balazos a la salida del hospital donde trabajaba en Somalia.

En una abarrotada Catedral de Piacenza, en el norte de Italia, el Cardenal Amato recordó este sábado 26 de mayo que las últimas palabras de la religiosa fueron “perdono, perdono, perdono”. “Las mismas palabras de Jesús cuando perdonó a quienes lo crucificaron: ‘Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen’. Estas palabras son la carta de identidad del mártir cristiano”.

Sobre la mártir perteneciente a las Misioneras de la Consolata, el Purpurado dijo que “el asesinato de inocentes es el susurro del espíritu del mal”. “Sor Leonella bañó con su sangre bendita la tierra somalí, que antes era un pacífico territorio de África oriental y que hoy es un lugar de desolación y muerte”, añadió.

El Cardenal explicó luego que en las últimas décadas han ocurrido varios asesinatos de líderes católicos como Mons. Salvatore Colombo, primer Obispo de Mogadiscio, fallecido en 1989. “Sor Leonella hace parte de este cortejo de benefactores de la humanidad pobre y necesitada, asesinados por odio a la fe cristiana”, agregó.

La hermana Simona Brambilla, Superiora General de las Misioneras de la Consolata, escribe en el diario del Vaticano, L’Osservatore Romano, que la guerra civil en Somalia, donde había una fuerte presencia del extremismo islámico, “obligó a las hermanas a un éxodo forzado en 1991, aunque quedó un pequeño grupo en el hospital S.O.S. Kinderdorf International” donde trabajaba la hermana Leonella.

“Las hermanas sabían que estaban en riesgo, pero cada una había decidido permanecer. El domingo 17 de septiembre de 2006, al final de las lecciones, la hermana Leonella salió de la escuela para volver a casa. Después de algunos pasos se oyó un disparo. Una bala la impactó. Intentó volver al hospital-escuela, pero fue baleada nuevamente y cayó al piso. Algunas personas la llevaron al hospital adonde llegó consciente”. 

“Mi vida la he entregado al Señor y él puede hacer de mí lo que quiera, por esto no tengo miedo y confío en él”, dijo la Beata que poco a poco se fue agravando. “Perdono, perdono, perdono”, fueron sus últimas palabras antes de morir a la 1:45 p.m.

La hermana Leonella Sgorbati, nació en Rezzanello (Italia) en 1940. Entró a las Misioneras de la Consolata a los 23 años. Estudió enfermería en Inglaterra y fue enviada a Kenia.

En el año 2000 comenzó a formar enfermeras y parteras en el hospital S.O.S. Kinderdorf International de Mogadiscio, cuyo primer grupo se graduó en septiembre de 2006.

El sitio web de las Misioneras de la Consolata recuerda que ese mes “también llega a Somalia la noticia de los disturbios en el mundo musulmán por algunas palabras pronunciadas por el Papa Benedicto XVI en Ratisbona”.

El 12 de septiembre de 2006 Benedicto XVI pronunció su famoso discurso en la Universidad de Ratisbona (Alemania), que los medios manipularon para presentarlo como una “ofensa” a los musulmanes.

En el discurso citó al docto emperador bizantino Manuel II Paleólogo, cuando este dialogaba en 1391 con un persa culto en Ankara, la actual Turquía: “Muéstrame también lo que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malas e inhumanas, como su disposición de difundir por medio de la espada la fe que predicaba”.

En su discurso, Benedicto XVI afirmó que “el emperador, después de pronunciarse de un modo tan duro, explica luego minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es algo insensato. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma”.

Según el semanario español Alba, fue la BBC de Inglaterra la que suscitó la violencia entre los musulmanes al publicar en sus ediciones en árabe, turco, parsi (Irán) y urdu (Pakistán) la noticia titulada: “El discurso del Papa excita la ira musulmana”. Si bien Benedicto XVI pidió disculpas por si alguien se sintió ofendido, no se retractó de lo que dijo.

Tras el asesinato de la hermana Leonella Sgorbati, Benedicto XVI envió un telegrama con sus condolencias a las Misioneras de la Consolata en el que deploró “firmemente toda forma de violencia” e hizo votos para que “la sangre derramada por una discípula tan fiel del Evangelio se convierta en semilla de esperanza para construir una auténtica fraternidad entre los pueblos, en el respeto recíproco de las convicciones religiosas de cada uno”.

Fuente de la noticia:

viernes, 27 de abril de 2018

La santidad es la vocación humana


GAUDETE ET EXSULTATE

una invitación a vivir la santidad
Texto escrito desde Cuba

Pintura: https://www.facebook.com/fvoluntastua

En Evangelii Gaudium, el Papa Francisco habló del llamado a todos los fieles a ser discípulos misioneros; Gaudeteet Exsultate trata sobre la misión en el corazón de ese llamado, a estar en relación con Jesucristo, quien no sólo nos invita a ser santos sino que nos capacita, a través de su gracias, para alcanzar la santidad. La santidad es para cada uno de nosotros, no para un grupo selecto. La santidad es nuestro destino, es lo que Dios ha planeado para cada uno de nosotros, y a la vez no hay nada intimidante o abrumador en ello sino que es más bien una liberación, un modo para convertirnos en lo que realmente somos.

Una de las tareas principales de la Iglesia, en todo periodo histórico, es ayudar a las personas a ser santas. Actualmente, ser santo puede ser distorsionado por ideas engañosas o mitos sobre la santidad. Por ello, el Papa Francisco “exhorta” a sus seguidores a comprometerse en un camino que tiene lugar en lo concreto del aquí y ahora de nuestras vidas cotidianas, a través de pequeños gestos y detalles, guiados cada vez más por la gracia de Dios.

Cuando comencé a leer detenidamente y a modo de reflexión la   Gaudete et Exsultate en seguidamente me di cuenta que   es diferente de otros documentos precedentes en el tono y en el énfasis. 
En primer lugar, la Exhortación está dirigida personalmente a cada uno de nosotros, cuales quiera que sea nuestro estado en la vida o nuestro nivel de educación o de desarrollo. En ella el Santo Padre utiliza la expresión singular informal (en las lenguas latinas), que es como nos dirigimos normalmente a nuestros amigos y familiares. Por tanto, francisco está ofreciendo una invitación personal a seguir a Cristo.
En segundo lugar, es deliberadamente laica en su lenguaje y en su invitación, dirigida a personas que viven en el mundo, que tienen trabajos y familias, y vidas atareadas con diversas ocupaciones. El Papa Francisco quiere que la gente sepa que no necesita una educación o un título especial, o hacer votos religiosos: tan solo un corazón abierto y un deseo de pasar tiempo con el Señor en oración y a través de la lectura del Evangelio. También quiere que la gente sepa que la Iglesia tiene todo lo que necesitan para ser santos, y que está a su disposición.
En tercer lugar, el Papa nos muestra, de forma muy práctica, cómo vivir el camino hacia la santidad, y cómo esto nos hace más vivos y humanos.

Mucho de lo que el Papa Francisco sugiere se conoce bien en la vida católica: hacer tiempo para la oración, frecuentar los sacramentos de la Eucaristía y la Confesión, hacer un examen de conciencia diario, y leer el Evangelio con frecuencia, para que la vida de Cristo y la nuestra se identifiquen cada vez más. Y hace una clara conexión entre estas actividades “espirituales” y las acciones enraizadas en la misericordia. De hecho, dice que no pueden separarse, pues la autenticidad de nuestra oración se mostrará en cómo de humildes y misericordiosos nos convertimos y actuamos. Esto está basado en el Evangelio de Mateo, cuando Jesús ofrece un camino claro hacia la santidad en las Bienaventuranzas del Capítulo 5.

Me pareció interesante a mí entender que se dedicara un capítulo entero sobre dos antiguas herejías. ¿Por qué el Papa Francisco parece tan preocupado por esto?
El Papa Francisco se ha referido con frecuencia al peligro de las versiones modernas del Gnosticismo y del Pelagianismo, y un documento del mes de febrero publicado por la Congregación para la Doctrina de la Fe llamado Placuit Deo lo explica en detalle. Son tentaciones muy reales para cualquiera que esté atraído por la fe cristiana. De hecho, son maneras de buscar la salvación no a través del poder de Cristo sino a través del poder de las ideas o del esfuerzo humano. El Papa Francisco explica esto en un lenguaje fácil para que todo el mundo, no sólo los teólogos, sino personas como tú y como yo puedan ser conscientes de estos peligros.

Nos explica, por ejemplo, que tenemos que estar alerta de ideas maravillosas que parecen explicar todo de una forma lógica compleja, o con un excesivo énfasis en las reglas y en los métodos. El punto importante es que alcanzamos la salvación – somos santos – no por nuestras ideas sofisticadas o nuestros enormes esfuerzos sino por estar constantemente abiertos a la asistencia que Dios nos ofrece en nuestra debilidad. Esta ayuda, que es la Gracia, no es una recompensa para los justos, sino que es un modo para asistir a los necesitados que se vuelven hacia Dios. Asimismo, el Papa Francisco dice que lo más importante es el modo en que respondemos a nuestros hermanos y hermanas más pequeños. No estamos justificados por nuestras obras y esfuerzos, sino por la gracia de Dios, quien siempre tiene la iniciativa. La gracia es el don gratuito que Dios nos da – incluido nuestro propio deseo de ser santos. Ser santo trata de una progresiva transformación como respuesta al don gratuito de Dios aceptado y recibido libremente por nosotros.
Quisiera terminar esta reflexión con unas palabras de Chiara Lubich fundadora del Movimiento de los Focolares al cual pertenezco.
Aguadas (José Orán G.)
…Debemos hacernos santos, porque Jesús es santo. Y seremos santos viviendo la Palabra. Es más, ya sabemos que quien vive la Palabra, al menos en el momento en que la vive, es ya santo…
Texto: Mario Eliecer
freymario@nauta.cu


miércoles, 18 de abril de 2018

Ser y hacer de un misionero

Un Misionero de tiempo completo

La Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE ha nombrado hoy doctor honoris causa al padre BARTOLOMEU MELIÄ, SJ, jesuita español que lleva décadas conviviendo con pueblos indígenas en Paraguay y gran conocedor de la cultura guaraní.


Susanne Cadera, decana de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales de Comillas ICAI-ICADE, destacó la gran labor del jesuita mallorquín "como antropólogo, etnólogo, historiador, lingüista, políglota y traductor", así como sus valores y humanismo "de los que el padre Bartomeu Melià es defensor". 
Cadera también subrayó de "este hombre de selva, pero también ratón de biblioteca", como él mismo se define, "su aportación a la defensa, difusión y conservación de la lengua y cultura guaraní, su papel en la defensa de los derechos de ese pueblo y su labor de acercamiento entre culturas, a través de la enseñanza, entrevistas, seminarios... pero también a través de la predicación y de la traducción y adaptación de textos".
En este sentido, son numerosas las publicaciones de Melià sobre la lengua y la cultura guaraní, todas ellas con el afán de mantener viva esta lengua y sus variedades lingüísticas, de hacer conocer su cultura ancestral y sus mitos. "Sus obras plasman su labor como defensor de la lengua guaraní, lo que le convierte en uno de los más reconocidos expertos en el tema", le reconoció Susanne Cadera.
En su discurso "El territorio del ser: la palabra", Bartomeu Melià, SJ, se refirió a que el territorio no es una cuestión de tierra, sino de espacios de relación y comunicación humana. "No se refiere a una parte de una nación o de un estado, con sus mal cortadas y peor zurcidas fronteras. No son tierras que se pueden comprar o vender; obedecen a otra economía que no es la de mercado; el territorio de este ser es la economía del don y de la reciprocidad fuera del cual hay venganza y el precio de la venganza es la sangre y la muerte".
Para Melià, "no se puede estar con los guaraníes, ni con otro pueblo, sin aprender y hablar su lengua. Es preciso caminar y danzar con ellos como práctica ordinaria y por cierto tiempo". Y añadió: "A ellos que me han dado tanto les quiero devolver este honor de una universidad, que no sólo promueve el bien decir, sino el buen decir, la sabiduría más que los conocimientos".

sábado, 7 de abril de 2018

Reconocemos al Señor Jesús por el camino y en la mesa


Ensalada de frutas en Semana Santa


San Luis (La Unión – Valle) 2018

Comunidad cristiana, movida por la fe
La fe nos convocó a muchos/as bautizados para celebrar la vida del Señor Jesús, junto con la vida de la Comunidad y la personal. Lo hicimos en las casas como familia; en el templo como cristianos, mediante las solemnidades litúrgicas; en las calles como ciudadanos, peregrinos, mediante las simbólicas procesiones, bajo el ardiente sol o la refrescante lluvia; en la intimidad de cada corazón con el Sacramento del Perdón y la reconciliación, con la participación a la Eucaristía y la comunión, en la oración comunitaria o personal.
Ya convertidos al Señor Jesús y a la Comunidad – Iglesia, desde hace algunos años, hoy buscamos renovar, actualizar, nuestra fe y nuestra vida en fidelidad. ¡Qué linda oportunidad para volver vivir, para resucitar!

Comunidad humana, movida por el amor

La vivencia y transmisión del Evangelio necesita siempre la relación personal, del encuentro humano, de la experiencia compartida. La Comunidad humana no se construye solo con ideas, necesita de la vida hecha experiencia, de la celebración y de la fiesta. Si pensamos bien, el Evangelio, la Buena Nueva de Jesús, se volvió "consolación" para la humanidad afligida, liberación para todas las creaturas y culturas, a través de los encuentros con El, del contacto y el seguimiento.
No podemos pensar, entonces, que hoy lo podemos hacer solo por medio de las redes sociales, se necesita también y sobre todo la relación concreta, de persona a persona.

Eso fue Semana Santa para nosotros en San Luis: personas que, saliendo de sí mismas, de sus casas o sus mundos, fuimos al encuentro de los “otros” y sus mundos, nos visitaron o recibimos visita, nos escuchamos, servimos o nos sirvieron, celebramos, comimos y bebimos juntos, en comunidad.   
Así fue nuestra Semana Santa: comenzando con las Visitas Misioneras, pasando por las Celebraciones Litúrgicas y concluyendo con la “ensalada comunitaria”.

Comunidad cultural, movida por el arte
La ensalada de frutas, que suele comerse como postre, después de las comidas, fue el plato comunitario el Domingo de resurrección (2018), en la frondosa y fresca Plaza de San Luis, corregimiento de la Unión Valle - Colombia, tierra de variadas frutas, secos y dulces vinos, típico trabuco con pan de queso, cariño y calor humano, mezclado con muchas otras cositas más.
Sí, eso mismo, “plato comunitario” y pascual, pues el Resucitado, por todas las señales, también estaba en el kiosco, mezclado entre los comensales de la ensalada natural, local y manual: las frutas, todas donadas por niños, jóvenes, adultos y ancianos, por personas individuales y por familias o grupos empresariales; manipuladas y organizadas con delicadeza artística e ingeniosa sabiduría por señoras y señores locales que, sin títulos de artistas plásticos pero con destreza ancestral, construyeron en equipo o minga, una verdadera obra de arte, llamada monumento para el Santísimo Sacramento, en dónde fue expuesto a la  adoración popular el Jueves Santo.
Frutas cultivadas en las huertas familiares o en los campos industriales, donadas en el mercado de la gratuidad, ofrecidas al Dios de la creación en el altar de la fracción del pan, bendecidas en el monumento de la abundancia y recicladas luego, para ser mezcladas con ese amor hecho servicio, aprendido en el “lavatorio de los pies” y luego servidas en humildes recipientes repletos de vitaminas naturales y espirituales.

El Resucitado comió en la plaza de San Luis, como lo hizo por el camino de Emaús o a la orilla del Lago. Ellos lo reconocieron al partir el pan o al compartir el pescado asado, nosotros al saborear la fruta del monumento sacramental. ¡Él está vivo, en medio de nosotros!


martes, 13 de febrero de 2018

Es posible vivir en santidad



Santidad cristiana en Cuba

A través de la Pagina web, www.consolata.org, recibí el correro electrónico de Mario Eliecer Velázquez Betancourt (1987), hijo de del matrimonio formado por Mario y Merlis Mercedes.
 “Un gran día, me contó por e-mail, una amiga procedente de Italia me regaló una postal del Santuario de la Consolata y en ella venia la Oración de José Allamano a la Virgen y un pequeño comentario sobre los Misioneros de la Consolata. Esa era la chispa que me faltaba, era la curiosidad por el mundo de las Misiones y la gente pobre. Pero lo veía imposible, en Cuba no hay presencia de ustedes…

Como dato curioso en Cuba la internet no es libre, es controlada por el gobierno, solo hace poco tiempo se ha liberado un poco. Cuando tuve la oportunidad lo primero que busqué en la internet fue información sobre la vida y misión de los Consolatinos y ahí estaba el correo de la casa general y escribí”.

Así fue que, compartiendo con él, le conté de la fiesta del Beato Fundador, José Allamano y le envié el mensaje del P. Stefano Camerlengo, Superior General IMC, para la ocasión, en donde trata el tema de la santidad como propuesta del Padre Fundador para todos los hijos de la Familia Consolata, insinuándole que lo leyera y después, si le venía alguna inspiración, la escribiera y me la mandara. Así lo hizo y por eso, con su autorización, comparto su respuesta, como parte de la preparación a la fiesta:

La santidad vista desde la vida y práctica de un joven cubano
“Bueno, Primero que todo, todo hijo de la Iglesia debe comprender que está llamado a ser santo. Sea de cualquier parte del Mundo. Es precisamente el Señor Jesús quien invita a seguir su camino hacia la plenitud. La vocación a la vida cristiana y el llamado a la santidad son, pues, equivalentes, ya que todo fiel está llamado a la santidad. La santidad está en la misma línea que la conformación con Aquel que precisamente es Maestro y Modelo de santidad.
  A diario me pregunto y cuestiono ¿Puedo, con mis limitaciones, vivir en santidad? Por eso siempre recuerdo que, durante el Año Litúrgico, La Iglesia nos invita a recordar a una fila de santos, quienes han vivido plenamente la caridad, han sabido amar y seguir a Cristo en su vida cotidiana. Ellos nos dicen que es posible para todos recorrer este camino. En todas las épocas de la historia de la Iglesia, en toda latitud de la geografía del mundo, los santos pertenecen a todas las edades y a todo estado de vida, son rostros concretos de todo pueblo, lengua y nación. Y son muy distintos entre sí. En realidad, debo decirle que también según mi fe personal muchos santos, no todos, son verdaderas estrellas en el firmamento de la historia. Y quisiera añadir que para mí no sólo los grandes santos que amo y conozco bien son “señales en el camino”, sino que también los santos sencillos, es decir las personas buenas que veo en mi vida cotidiana, que nunca serán canonizados. Son personas normales, por decirlo de alguna manera, sin un heroísmo visible, pero que en su bondad de todos los días, veo la verdad de la fe.


 En mi experiencia diaria de joven Cubano, con 30 años de edad, vivo con mis limitaciones la santidad, por lo que la plenitud de la vida cristiana no consiste en el realizar empresas extraordinarias, sino en la unión con Cristo, en el vivir sus misterios, en el hacer nuestras sus actitudes, sus pensamientos, sus comportamientos.   EL es   quien nos hace santos, y la acción del Espíritu Santo que me anima desde mi interior, es la vida misma de Cristo Resucitado, que se nos ha comunicado y que me transforma.
Nunca voy olvidar unas palabras de una Religiosa que en una ocasión nos cruzamos en el Hospital donde estudio y me dijo, sin saber que yo era cristiano, dicen que la santidad no es otra cosa que la caridad plenamente vivida.   
Para que la caridad sea plenamente vivida, como una buena semilla, crezca en el alma, me propuse que como todo fiel debo escuchar voluntariamente la Palabra de Dios, y con la ayuda de su gracia, realizar las obras de su voluntad, participar frecuentemente en los sacramentos, sobre todo en la Eucaristía y en la santa liturgia, acercarme constantemente a la oración, a la abnegación de sí mismo, al servicio activo a los hermanos y al ejercicio de toda virtud. Me parece que esta es la verdadera sencillez y grandeza de la vida de santidad: el encuentro con el Resucitado el domingo; el contacto con Dios al principio y al final de la jornada; seguir, en las decisiones, las “señales del camino” que Dios nos ha comunicado a través de cosas sencillas.


Estimado Padre, ¡qué grande y bella, y también sencilla, es la vocación cristiana vista desde esta luz! Todos estamos llamados a la santidad: es la medida misma de la vida cristiana”.



Mi respuesta:
Gracias Mario!
He leído con alegría y sorpresa tu reflexión sobre la santidad. Me siento en sintonía contigo y tu praxis de discípulo misionero: discípulo del encarnado - crucificado - resucitado y misionero del amor hecho caridad operante. De verdad, te agradezco por el testimonio de santidad que me ofreces.
Yo estoy, en estos días de preparación a la fiesta de José Allamano (16 de febrero) pensando la santidad en clave de humanidad: "sed compasivos como vuestro Padre es compasivo" (Jesús), en la línea del Samaritano. Una compasión reactiva, que me lleva  a la misericordia solidaria y liberadora, que me permite vivir y hacer experimentar la consolación en esta historia y disfrutarla en la eternidad. 
El ser compasivos, humanamente sensibles y activos frente al sufrimiento de los otros y de la creación, nos hace más humanos y, entonces, más santos. Como ves, se trata de algo muy parecido a lo que tú narras...
Bueno... y si publico tu reflexión en mi blog o en la web de la Consolata... no te incomodas?
Un abrazo...!
Salvador

Autorización de publicar: “Con mucha alegría acepto, lo que escribí es mi vida cotidiana o lo intento vivir así. Falta pocas horas para la fiesta de Nuestro Padre Fundador, con mucha alegría y gozo... todavía su espíritu suscita jóvenes que quieren seguir su camino... "Que fuimos consolados y ahora estamos prestos para Consolar".

Un Abraso Mario Eliecer
 Desde el parque en donde hay Internet