sábado, 16 de diciembre de 2017

Ven Sol de justicia, no tardes tanto!

Novena de Navidad en el Pacífico Colombiano
Las comunidades afrodescendientes cantan y danzan la esperanza

como la María del Magnificat.  

Ofrecen la luz, la energia el calor del Sol naciente
que de lo alto nos viene a visitar,
por la entrañable misericordia e nuestro Dios.

Tocan y cantan, mientras danzan 
 Gozos 

Coro
Niño del pesebre
ven a nuestros mares
llega a nuestros pueblos
quita los pesares
Ve a los esteros
llena los manglares
de lirios azules
de rosas los mares.

Ven a los esteros
llena los manglares
de lirios azules
de rosas los mares.
En nuestras ciudades
te estamos clamando
y en los verdes campos
te estamos esperando.

Niño que apacientas
a las rebeliones
siembra tolerancia
en los corazones.
los esperanzados
estamos queriendo
que acaben las guerras
que estamos viviendo.

Devuélvenos niño
nuestra fe pedida
a nutras familias
protege la vida.
Hoy los desterrados
estamos muriendo
y un mundo más justo
estamos pidiendo.

Eres la riqueza
del asalariado
eres la fortuna
del desempleado.
De los niños pobres
eres el bocado
eres el consuelo
del desesperado.

Enséñanos niño
la humildad del alma
y que sea la vida
manantial de calma.
Niños y mayores
te estamos cantando
con mil oraciones
te estamos llamando.
Destruye a tu paso
armas asesinas
que siembran terror 
 y ciegan la vida.
Hombres y mujeres
estamos luchando
para la violencia
ir exterminando.

Ven a las quebradas
florece las cañas
siembra la justicia
y arranca cizañas.
Devuelve la vida
a nuestra nación
y quita el ambiente
de desolación.

María Elcina Valencia Córdoba
Fecha de creación: 20-XII-01

sábado, 21 de octubre de 2017

Misionera Católica o Universal

Madre Laura
21 de Octubre misionero

 María Laura de Jesús Montoya Upegui
Jericó - Antioquia - Colombia

 1. De la mamá aprendió el perdón, ante el asesinato de su papá. 

2. Maestra formada en la Normal del pueblo, 
 educadora integral e intercultural. 

3. Con el sacerdocio bautismal, vivió la dimensión misionera, 
más allá de sus fronteras, entre los últimos. 

4. Mujer capaz de ir en misión, como lo hacían sólo los hombres,
 con el Corazón de Jesús en su corazón y la selva como Sagrario del Dios Amor. 

5. Mística activamente contemplativa, cantora del Dios de la vida, 
Santa candidata a Doctora de la Sabiduría eclesial.

6. De la montaña, con sus amigas y su mamá, a la selva...
de la selva, con los indígenas, al cielo.
Santa aquí y Santa allá.

 

viernes, 13 de octubre de 2017

Misión de Consolación

Familia Misionera de la Consolata
70 AÑOS DE MISIÓN: 1947 - 2017
Colombia – Ecuador – Perú


En el marco de los 70 años de presencia misionera de CONSOLACIÓN, queremos hacer memoria en clave reconciliación y paz, ejes dinamizadores de la misión evangelizadora hoy.

Presupuestos:
  1. Este texto, más que el fruto de una investigación histórica, aunque apoyado en algunos autores y testigos, quiere ser una reflexión misionera de carácter “testimonial”, cargada de variadas emociones, expresadas unas e implícitas otras, anidadas todas en la geografía del corazón misionero de tantos integrantes de la Familia Consolata (IMC – MC - LMC) de ayer, de hoy, algunos aquí presentes, y de mañana. A los de ayer nuestra gratitud, a los de hoy el desafío de la respuesta, a los de mañana nuestra herencia.
  2. Al recordar y actualizar hechos, acontecimientos y personajes, en confrontación con la “reconciliación y la paz”, para “dinamizar nuestra misión evangelizadora”, no queremos afirmar que la Familia Consolata haya hecho, desde su llegada a Colombia, una opción de trabajar por la “reconciliación y la paz”. Ciertamente que por los lugares en donde ha prestado su servicio misionero, por muchos de sus gestos, palabras y acciones, le ha servido a la convivencia social, aún sin pensarlo o proponércelo expresamente.
  3. Aquí no pretendo tanto exaltar las gestas de algunos héroes o de las Instituciones Misioneras de la Consolata, cuanto desvelar, por detrás de ellos, los valores, las actitudes operativas y los procesos implementados en compañía de personas, familias, Iglesias Locales, Pueblos y/o Comunidades, para identificar nuevas luces y energías para continuar la marcha misionera de compasión misericordiosa y consolación liberadora, hacia la Consolación plena: cuando el “Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de toda Consolación...” (2Cor 1, 3), “... enjugará las lágrimas de (nuestros) ojos. Ya no habrá muerte ni lamento, ni llanto ni pena, pues todo lo anterior ha pasado...” (Ap. 21,4).
1. La Familia de la Consolata en medio del conflicto
No han sido los únicos Agentes de misión o de pastoral viviendo y trabajando en medio al conflicto, ni mucho menos los mejores, pero si han tenido un papel significativo. Intentaremos aquí entender un poco más en profundidad la presencia e incidencia de la Familia Consolata, sin querer excluir a los demás.
1.1. Inducción a la misión
Habían trascurrido apenas algunos meses, en los cuales los “tres Juanes”: Migani, Berloffa y Boetti, junto con Domingo Galbusera, liderados por Antonio María Torasso, recorrían las calles de Bogotá,
entre los barrios Ricaurte, el Vergel y el centro de la ciudad, cuando se encontraron envueltos en un torbellino de desconcierto y furia popular: “a la 1.05 de la tarde del 9 de abril de 1948. Jorge Eliecer Gaitán, a quien se consideraba como el más firme candidato a la presidencia de Colombia por el partido Liberal, había recibido tres impactos de bala que, posteriormente, le causarían la muerte. La Avenida Jiménez con carrera séptima, a unos pasos de la Iglesia San Francisco, fue testigo del inicio de uno de los hechos más recordados en la ciudad desde su fundación: ElBogotazo.
Gaitán salía de su oficina a encontrarse con un joven estudiante de Derecho de origen cubano de nombre Fidel Castro, a quien, según dicen, le concedería una entrevista con motivo del Congreso de las Juventudes Latinoamericanas. La cita nunca se daría y ese mismo día, sobre las tres de la tarde, Gaitán moriría en la Clínica Central, producto de dos disparos en la cabeza y uno en el pecho.
Según testigos, el autor material del magnicidio fue Juan Roa Sierra, quien murió linchado rápidamente por la muchedumbre enfurecida, lo que en gran medida no dejó muchos indicios para investigar los móviles de su asesinato así como de la autoría intelectual.
'Que lo mató la CIA, que lo mató el Gobierno, que lo mataron los conservadores, que lo mataron los comunistas, que lo mataron los Estados Unidos'... La incertidumbre, la rabia, la impotencia e inconformidad de miles de bogotanos, la mayoría de los sectores más pobres de la ciudad, que veían en Gaitán su esperanza política de un país con menor desigualdad económica y con una Reforma Agraria justa, se desató en un frenesí de violencia y destrucción que como nunca sacudió los cimientos de la capital.
La ciudad fue devastada por los enfrentamientos, calle a calle, entre partidarios liberales y conservadores, entre el Estado y los alzados en armas, entre los saqueadores y quienes trataban de recomponer el orden de una ciudad. Tras varios días de revueltas quedaría el pavoroso saldo de cerca de 3.000 personas muertas o desaparecidas y más de 146 edificaciones destruidas, sobre todo, al centro de la ciudad.
Las revueltas tendrían su eco en otras ciudades del país y 'El Bogotazo' daría inicio a lo que los historiadores llaman como el pico y el inicio de la época de La Violencia, tras la cual más de 200.000 colombianos perecerían a causa de la guerra partidista”.2
Nada de extraordinario para misioneros que habían experimentado los horrores de la última guerra, llamada mundial, en Europa (1 de septiembre de 1939 – 2 de septiembre de 1945), pero si muy significativos para el futuro inmediato, próximo y remoto.

En el punto de partida, una advertencia a los misioneros recién llegados:
Están entrando en un país profundamente dividido en dos grandes bandos vestidos de rojo uno y azul el otro, representando partidos o ideologías políticas o politiqueras. Contemporáneamente incursionaba en palco escénico el comunismo marxista-leninista.
Hoy no es que haya cambiado mucho el panorama, tal como lo describe un premio Novel de Paz, cuando constata que Colombia sigue buscando su camino para la paz: “décadas de luchas, enfrentamientos, marchas y contramarchas buscando caminos alternativos para encontrar la paz al conflicto que vive el pueblo colombiano y lograr trinar con el sufrimiento que afecta a miles de campesinos, indigenista, (Afro-descendientes), desplazados internos, exiliados, presos y víctimas de la violencia estructural y social, en el interminable enfrentamiento armado”3
Un llamado, entonces, a vivir en medio de la división política incidiendo en favor de la reconciliación y la paz, sin ser partidarios. En este sentido les ayudó a los Misioneros el hecho de ser extranjeros, todos italianos. Así mismo lo entendieron las autoridades civiles y eclesiásticas a la hora de llamarlos o destinarlos y lo percibía el pueblo que los recibía en cada lugar.

1.2. “De pié”, como María, en los calvarios de la misión
El caminar de la Familia Misionera de la Consolata en el territorio nacional, en muchos lugares y a lo largo de estos 70 años, enmarcado en la violencia y los conflictos, presidido, muchas veces, por el martirio cruento o incruento, el destierro, las acusaciones, condenas y absoluciones, miedos, silencios y denuncias. Registró aquí algunos de esos pasos en el camino, aunque tenga que dejar la interpretación para momentos más largos y serenos de investigación:

1.2.1. Del “bogotazo” Magdalena Medio: en Armero fue asesinato del Párroco, Pedro María Ramírez, un día después de los acontecimientos en Bogotá y como consecuencia de los mismos. Algunos meses después le correspondió a los Misioneros de la Consolata, asumir la parroquia y acompañar el pueblo por un par de años, iniciando así, como de manera concreta, la practica4 de la consolación.

1.2.2. La misión en el Caquetá – Putumayo: por esta época, en el marco socio-político “se superponen unos marcados períodos de violencia, los cuales surgen a medida que se van desarrollando los diferentes gobiernos y son los encargados de modificar el normal desarrollo de la vida socio-política de los colombianos.
Estos periodos son:
  • la primera etapa de violencia (1946–1948) donde se dan los enfrentamientos entre liberales y conservadores por exclusión de los primeros de la administración nacional y departamental.
  • La segunda etapa (1948-1953) se caracteriza por la agudización de la violencia política a raíz del asesinato de Gaitán. Esta situación afectó a la región Andina, donde los conservadores emprenden una persecución a liberales y comunistas; también se dan desplazamientos de pequeños grupos hacia los Llanos Orientales, en tanto que otros grupos se organizan en guerrillas de autodefensa en el Tolima y en la región del Sumapaz.
  • La tercera etapa (1953-1957) se da con el ascenso del General Gustavo Rojas Pinilla a la presidencia del país. En este gobierno se decreta una amnistía a los diferentes grupos guerrilleros esparcidos por el país; de los cuales algunos se desmovilizaron y quienes no lo hicieron consolidaron las llamadas “Repúblicas Independientes”, lideradas por el Partido Comunista, que buscaba implementar una sociedad comunista, por medio de la revolución armada. Por último, con los primeros gobiernos del Frente Nacional, se pautaron acercamientos con los grupos irregulares. Pero en el segundo mandato de éste acuerdo bipartidista, ante la preocupación por la existencia de tales repúblicas al interior del país, el presidente León Valencia ordenó al ejército someter a los insurrectos y restablecer allí la autoridad, desencadenando, una gran solidaridad entre movimientos estudiantiles que se adhirieron a algunas facciones ya establecidas y otros organizaron nuevas estructuras combatientes con el fin de someter a la posición oficial orientada a defender el capitalismo (Gonzalo Sánchez G y Donny Meertens. 1992). Algunos de estos grupos perviven en la actualidad, mientras que otros han tranzado un tipo de negociación con el gobierno a su lucha armada.
Las acciones de los misioneros de la Consolata estaban influenciadas tanto por las circunstancias que estaba experimentando el pueblo colombiano en los años cincuenta del siglo pasado, como por los estados modernos que se estaban configurando en América Latina. Colombia apenas estaba consolidando su segunda ola de democratización, según lo ha denominado Samuel Huntington (1994), que abarcaría los años 1943-1962, en medio de todo tipo de polarizaciones, donde no había espacio para la reconciliación ni tampoco proyectos de unificación nacional.
Los desplazamientos internos del centro del país a las denominadas “zonas de frontera” se habían incrementado en las primeras décadas del siglo XX, pero fue al final de los cuarenta donde este fenómeno social llegó a su máxima expresión, ocasionado por la fuerte oleada de violencia desatada en el país. Uno de los lugares que recibió un gran número de ciudadanos colombianos fue el Caquetá, alterando el sistema misional o de evangelización que se había adoptado desde 1893, cuando llegaron los misioneros capuchinos a la región amazónica...
Con la llegada de los Misioneros de la Consolata y su posesión en el Vicariato de Florencia, con Monseñor Antonio María Torasso como primer Vicario Apostólico del Caquetá, algunos de esos elementos disociadores se fueron diluyendo o integrando, en la medida en que hubo confianza y diálogo recíprocos, disposiciones y aceptaciones mutuas que condujeron al desarrollo de unas propuestas de evangelización y –“civilización”–, basadas en el énfasis que los misioneros dieron a la variable educativa que era la ponderada por la instrucción pública”5.
La entrada, en San Vicente del Caguán, apenas constituido municipio mediante Decreto No. 963 del 14 de marzo de 1950, de donde habían echado al último Fraile Capuchino, Marcelino de Jaca, por el rio Caguán abajo, se realizó en atmósfera de conflicto y oposición de los lideres que no querían sacerdote en el pueblo, como le habían expresado al Obispo. De todas maneras, le correspondió al joven misionero, Silvio Vettori, acompañar los tramites del traspaso y preparar el ambiente para la llegada de primer párroco de la Consolata, Juan Demichelis, quien fue enviado por Mons. Torasso, como un hombre bueno y prudente. No fue ese el único impacto violento para el P. Juanito, como lo llamaban, pues un día, mientras regresaban de celebrar la Eucaristía en Campoermoso, lo detuvieron y le mataron en su presencia a dos de sus acólitos, que lo acompañaban. 
 
En el camino, concordia (método concorde) entre los pobladores del territorio y los misioneros:
Los misioneros entraron haciendo amistad con la gente indiscriminadamente, como si no existiera tal división o confrontación socio-política , un poco porque no lo conocían bien y otro porque no estaban ni se sentían implicados.
Ellos convidaban a trabajar, a construir y frecuentar la escuela y la capilla, todos juntos, como hermanos, sin tener que respirar esa atmósfera de división, odio y venganza, de donde provenían.
Providencialmente, coincidía los deseos e expectativas de la gente con las propuestas de los misioneros. Juntos se proponían construir una nueva vida, dejando atrás el pasado. Por eso mismo los misioneros cayeron muy bien en todo ese territorio. La gente los consideró aliados y mutuamente se apoyaban en casi todo.
Para los misioneros la clave estaba en la educación. Sembraban escuelas por todas partes y eso le gustaba a la gente, que veía la Iglesia interesada y comprometida en la educación de sus hijos y en la capacitación de todos, hombres y mujeres, adultos, jóvenes y niños. También el gobierno percibió en la Iglesia el mejor agente educativo y administrativo y contrató con ella toda la gestión, desde lo administrativo hasta lo académico.

1.2.3. Los misión con pueblos originarios: un mártir del Pueblo Nasa, Álvaro Ulcué Chocué asesinado en Santander de Quilichao el 10 de Noviembre de 1984, consignó a los Misioneros de la Consolata, que habiendo caminado desde el inicio con los pueblos originarios en el Caquetá – Putumayo, estaban por esos días concretizando sus opciones misioneras ad gentes en Colombia y Ecuador, una herencia y una misión: un Proyecto Misionero evangélico, inculturado y liberador. “La palabra (dicen aún entre los Nasa) tiene que caminar. Quedarse es debilitar la marcha del pueblo de los pobres. Marchemos unidos”.

1.2.4. La misión con población afromarericana, aunque ya se encontraban en el Barrio Blás de Lezo desde 1965, inició como opción misionera ad gentes a comienzos de los ochenta, de la mano del Equipo Misionero de la Bahía (EMBA), con sede en Pasacaballos, pueblo de la bahía de Cartagena, sobre las márgenes del Canal del Dique (brazo del Río Magdalena). El EMBA ya funcionaba desde 1965 por iniciativa de la Hermana austríaca María Herlinda Moises, Franciscana Misionera de María Auxiliadora, conformado por varias religiosas de su Congregación y laicos de la comunidad local.
La “Misionera de la Bahía”, como la conocían en el litoral del departamento de Bolívar fue detenida en octubre de 1976 durante la ocupación de la casa de su comunidad, por parte de la Infantería de Marina de Cartagena, acusada de rebelión junto a tres sacerdotes, expulsada por orden del gobierno del presidente Julio César Turbay Ayala. Más tarde, con el visto bueno del presidente Belisario Betancur, le fue restituida la Visa y en medio de los vítores pudo regresar entre los suyos., los “pobres”.
Esta opción misionera Afro se fue desplazando de la Costa Atlántica a la Pacífica, invitados por el Arzobispo de Cali, Mons. Isaías Duarte Cansino, Premio Nacional de Paz por su labor pacificadora en el Urabá antioqueño, en donde ideó el Programa de Pedagogía de la Tolerancia para que todos aprendieran a resolver pacíficamente los conflictos cotidianos y fue el gran gestor y promotor de las "Comunidades Cristianas" de paz, que tanto bien le han hecho a los habitantes de esa región. Enviado a Cali en el 1995 y recibido como el “Apóstol de la Paz”, fue asesinado el 16 de marzo de 2002, cuando salía de una ceremonia religiosa (matrimonio colectivo de más de cien parejas en la iglesia del Buen Pastor, distrito de Aguablanca).
Los Misionero de la Consolata que ya había estado en la Parroquia de Guadalupe años atrás, recibieron de Mons. Isaías la Parroquia del Santo Evangelio, fundada por el sacerdote belga, Padre Daniel Hubert Gillard de la Comunidad Asuncionista, en el barrio Antonio Nariño de Cali, asesinado mientras regresaba a su Parroquia el 10 de abril de 1985. Su tumba y su memoria continúan en el templo parroquial, lugar inicial de apoyo para la vida y la misión de los Misioneros al servicio de la Pastoral Afro arquidiocesana, que opera desde la curia alterna del Oriente de Cali o del Distrito de Aguablanca, hoy constituida como Centro de Pastoral y Espiritualidad Afrocolombiana de la Arquidiocesis de Cali, integrado a la Parroquia de Cristo Maestro, nueva sede de los Misioneros que integran también una Comunidad Apostólico Formativa del IMC, a nivel de la Teología.
Hoy, afirma el P. Venanzio Mwangui, coordinador de la Pastoral Afro en laArquidiocesis de Cali, responsable del Secretariado de PastoralAfroamericana y Caribeña - SEPAC y Director del Centro de Pastoral y Espiritualidad Afrocolombiana – CPA, que la coyuntura colombiana respira oxigeno reconciliador para la paz, debemos creer, aunque nos parezca casi imposible, en la reconciliación de lso Afrocolombianos consigo mismos, con el Estado y con otros grupos humanos e instituciones.
Este proceso ya se viene haciendo, aunque muy lentamente, desde la Pastoral Afro y otros programas, que parten del reconocimiento, la valoración y el respeto de los y lo Afro, contemplan sus heridas profundas causadas por la esclavitud, la exclusión histórica y la discriminación permanentes, y buscan irlas sanando con los pedidos de perdón y los programas de inclusión, restitución y participación en la Iglesia y la sociedad, como sujetos integrales.
1.2.5. La misión en y desde los Vicariatos Apostólicos ha venido convirtiéndose para la Familia Consolata en misión en y de Frontera:
En Sucumbios – Ecuador nos ha correspondido cumplir el papel de bisagra o punto de unión o articulación en el conflicto generado con ocasión del cambio de Obispo, mal administrado por la Iglesia institucional que, aceptando la renuncia, por edad, de Mons. Gonzalo López Marañon, quien había ejercido el ministerio, guiado por el Magisterio latinoamericano emanado del CELAM, junto con su Orden Carmelita, durante 34 años, le confió el Vicariato a los inexpertos Heraldos del Evangelio, también conocidos como Caballeros de la Virgen, una asociación privada de fieles de derecho pontificio, fundada en Brasil por monseñor João Clá Dias, tras la división de la asociación Tradición, Familia y Propiedad, y reconocida formalmente el 22 de febrero de 2001 por el papa Juan Pablo II.
Este infeliz desatino y su terca administración por parte de la Nunciatura y la Conferencia Episcopal, desconociendo, conscientemente, la histórica trayectoria misionera y eclesial de ISAMIS, lo mismo que la inexperiencia, el estilo de vida y el enfoque teológico pastoral de los Heraldos, enfrentó las cinco nacionalidades indígenas y los afro-descendientes, los servidores de las comunidades y la Iglesia Particular en general, con el resto de la sociedad y los Caballeros uniformados a la Edad Media, llegando a constituir un problema de Iglesia y Estado nacional. Ahí los Misionero de la Consolata desempeñaron, como definí antes, el papel de visagra, al servicio del diálogo, la reconciliación y la paz, siempre del lado de la Iglesia Pueblo de Dios y fieles al camino de ISAMIS.

1.2.6. La misión en las fronteras nacionales
Vivir y trabajar en las fronteras es un arte, una aventura y un desafío cotidiano. En este espacio misionero la reconciliación no solo tiene rostro humano sino también de pueblos, países, territorios, instituciones y bio-divesidad.
Encontrándome con Mons. Joaquín Humberto Pinzón Guisa, un santanderino enviado a Puerto Leguizamo, territorio que nos solo lleva el nombre del solado Cándido Leguízamo, herido durante el conflicto con el Perú, sino también por el apelativo de “lejisimo” de los centros de control y de servicios, convirtiéndose él mismo en un centro de convergencias de ejércitos, pueblos, iglesias, parques naturales, reservas ecológicas, antropológicas y territoriales, etc., nos detuvimos a conversar un poco sobre su gestión el estos casi cuatro años de gestación de la más nueva jurisdicción eclesiástica, el Vicariato de Puerto Leguízamo – Solano.
Monseñor me describió con algunos detalles su visión de Iglesia y Proyecto de misión en construcción:
1. Una Iglesia “cuidandera”, consciente y responsable con el territorio, inspirada en la espiritualidad de los pueblos originarios, que se autodenominan “cuidanderos” de la tierra y el territorio.
2. Una Iglesia que “une orillas”, yendo más allá de lo físico-geografico, hasta lo humano, social y político.
4. Una Iglesia fraterna con los pobladores del territorio, que asume al otro en su condición: los nativo originario, los llegados en búsqueda de nuevas oportunidades, los desterrado de la guerra, los que van naciendo en el territorio y van haciendo síntesis entre el territorio y los pobladores.
5. Una Iglesia enriquecida y que se enriquece, con los diferentes pueblos y sus espiritualidades, con los otros habitantes del territorio, todos buscando abrirse espacio, asociarse y organizarse.
6. Una Iglesia servidora, ministerial, dispuesta a acoger los diversos dones y carismas de la gente, colocarlos en comunión y al servicio de todos, aunque la dependencia haya hecho tanto mal y la gratuidad esté muy desdibujada.
7. Una Iglesia que celebra y en la liturgia sabe recoger y agradecer el camino que va viviendo
8. Una Una Iglesia abierta a todas las Iglesias de las fronteras y a la catolicidad universal.
Todas estas dimensiones, en sus diferentes niveles aportan la reconciliación y la paz, al interior del país y con los países vecinos.

1.2.7. La misión en las fronteras urbanas: se trata de un capítulo abierto a la reflexión y a la creatividad de los Misioneros/as que viven y/o trabajan en contextos urbanos, particularmente deprimidos, como son las periferias existenciales y sociales, o las nuevas pobrezas urbanas. Presento aquí un testimonio paradigmático, narrado por sus mismas protagonistas, durante el Foro:
En la ciudad de Buenaventura, Costa Pacífica colombiana, en donde se perciben, agudizados, los grandes contrastes socio-económicos del mundo globalizado y la economía neo-liberal de libre mercado, pues las sociedades portuarias que operan en la región no paran de invertir en la adecuación de un terminal marítimo a la altura de los mejores de América y del mundo, mientras la ciudad es gobernada al ritmo de las tortugas politiqueras y burocráticas que facilitan la corrupción, los diferentes tráficos ilegales y, por ende, la violencia y la muerte.
Fue emocionante escuchar y recibir por escrito (transcribo el texto tal como me fue consignado, como muestra de su humilde y enérgica autenticidad) el testimonio de Judith Salazar Paredes, en nombre de sus compañeras Elcy, Ester y Katerine: “Como evangelizadas, Reconosemos la precencia del Padre Lored (Lawerence Ssimbwa) Micionero de la Consolata. Por rompio barrera entre San Buenaventura, Doña Sesi y Margarita Hurtado. En estos 3 Barios había Barera, no los integrabamos por el temor de la violencia. Pero hace 10 meses el Padre Lored nos a conbocado y estamos trabajando sin miedo. Los que disen cer malo ya lo conosen, saben que es nuestro sacerdote y que el no hace mal sino que conboca a la unidad, a la hermanda y a la paz y la Reconciliación con mucho amor”. Se fueron rompiendo las barreras imaginarias o virtuales, demarcadas por las pandillas o “tribus urbanas”, que demarcan territorios.

1.2.8. El Ministerio de los Obispos y sus colaboradores misioneros/as, sacerdotes diocesanos y de otras Instituciones religiosas y civiles, laicos/as comprometidos en la misión. De varios de ellos conocemos historias, premios (Premios Nacional de Paz, Coreguajes de oro, reconocimientos, nominaciones y menciones, etc.), calumnias, acusaciones, juicios, sufrimientos sin fin, anécdotas y muchas cosas más. Todos ellos y ellas vinculados, de alguna manera, con los conflictos, la reconciliación y la paz:
  • Mons. Antonio María Torasso
  • Mons. Angel Cuniverti
  • Mons. José Luis Serna
  • Mons. Luís Augusto Castro
  • Mons. Francisco Javier Múnera
  • Mons. Joaquín Pinzón

1.2.9. Fundación para la Reconciliación: este aporte a la recuperación de la memoria histórica de la misión de la Familia Consolata en clave de reconciliación y paz, incluye también, la creativa y fundamentada contribución del P. Leonél Narváez, con su Fundación para la Reconciliación y las Escuelas de Perdón y Reconciliación - ESPERE, esparcidas por muchos países de este Continente americano y más allá6.
1 Habiendo atracado y desembarcado en el Puerto de Buenaventura el 12 de Diciembre de 1947, fiesta de la Virgen de Guadalupe, los cinco primeros Misioneros de la Consolata aterrizaron en el antiguo Aeropuerto de Techo, hoy ciudad Kennedy – Bogotá, el 15 de diciembre del mismo año, 1947.
3 Cfr. GONZÁLES Luis Enrique, Colombia: la paz esquiva del Caguán, Prologo de Adolfo Pérez Esquivel, Buenos Aires, 21 de mayo de 2013
4 Entiendo la “practica” con el jesuita Carlos Bravo en su libro “Jesús hombre en Conflicto, Ed. Centro de reflexión Teológica AC, México 1996, “al conjunto de acciones de un sujeto por las que busca incidir el la trasformación de la realidad y en las que busca incidir en la transformación de la realidad y en las que se concreta su proyecto y su utopía”
5 Cfr. CHAVARRO Edgar, Tierras de promesas, hombres por educar. Un análisis Histórico de las Relaciones del pueblo Caqueteño y los Misioneros de la Consolata en la Década de los Sesenta del Siglo, XX, Universidad Javeriana, 2010, p. 23, en file:///C:/Users/Salva/AppData/Local/Temp/tesis_ChavarroEdgar.pdf
6 Cfr. http://fundacionparalareconciliacion.org/wp/