martes, 28 de febrero de 2017

La Palabra sigue caminando

PRIMER ENCUENTRO IBEROAMERICANO DE TEOLOGÍA 


DECLARACIÓN DE BOSTON

VV.AADurante varios días, teólogas y teólogos católicos de Iberoamérica nos reunimos en Boston, Estados Unidos de América, con espíritu ecuménico, interreligioso, intercultural, integrador y solidario. La vocación eclesial nos lleva a pensar, investigar, aprender, enseñar y comunicar la riqueza de la fe cristiana en la Iglesia y la sociedad. Compartimos la vida, la oración, la Eucaristía, la reflexión y el diálogo para hacer un discernimiento en común de los nuevos signos de los tiempos de nuestra época. Ahora queremos compartir algunos frutos de nuestro trabajo con la comunidad eclesial y el público en general.
Reconocemos, con gozo y alegría, que vivimos un momento favorable en el desarrollo de la teología y, en general, en la vida de la Iglesia. Creemos que vivimos un kairós eclesial a partir de los procesos iniciados por el obispo de Roma, Francisco, primer pontífice proveniente de América Latina. Sus impulsos de renovación evangélica, expresados en la necesidad de una reforma, tanto de las mentalidades como de las estructuras de la institución eclesial, en perspectiva sinodal, nos animan a preguntarnos por dónde pasa Dios hoy en nuestra historia y qué realidades se le oponen. Nuestro discernimiento nos ha permitido descubrir aquellos rasgos y signos de una historia común, desde donde queremos mirar los desafíos presentes y futuros de esta época global en la que vivimos. Así, enfatizamos la importancia de mirar, desde la Palabra de Dios leída en la Iglesia, la situación sociopolítica y económica de nuestros países, concibiéndola como un lugar teológico fundamental, en el que la Iglesia está llamada a insertarse para acompañar, como Pueblo Dios, a los pueblos de este mundo.
Por ello, queremos discernir nuestra presencia como creyentes a partir de la cuestión social de esta época, caracterizada, en lo socioeconómico, por la existencia de relaciones y sistemas de exclusión e inequidad, en lo sociocultural, por la necesidad de ir de lo pluricultural a lo intercultural, y, en lo sociopolítico, por la urgencia de consolidar el sistema democrático y las formas emergentes de la sociedad civil que propongan una mirada más humana de este mundo. En este marco reafirmamos nuestra opción por los pobres y excluidos.
América Latina y el Caribe no es la región más pobre en términos económicos, pero sigue siendo la más desigual. La causa no está ni en la renta ni en la herencia, como en Europa o Estados Unidos, sino en una distribución desigual de los ingresos y las oportunidades, incluyendo la inequitativa propiedad privada concentrada de la tierra, que genera riqueza para unos pocos y pobreza para muchos. Urge pues, una teología profética que desacralice falsos dioses. No podemos dejar de denunciar las causas económicas y culturales de la pobreza, y debemos estar atentos a las mediaciones sociopolíticas que se implementen para su superación. Una teología profética inculturada supone preguntarnos desde dónde hacemos teología, y de qué lado social nos ubicamos para comprender la realidad. Para ello, es necesario un discernimiento crítico de los nuevos estilos “de corte neopopulista” (DA 74) que emergen por vía democrática en distintos países de América.
En este sentido, nos hemos preguntado por el servicio que presta la teología pensada, dicha y escrita en castellano o español -en el marco de los idiomas iberoamericanos y de todas las lenguas de América que comunican el Evangelio- a la comunidad eclesial y, especialmente, al magisterio universal, junto con la concepción o el modelo del misterio de la Iglesia que le caracteriza y sustenta. Reconocemos la importancia numérica y sociocultural del uso del español en el catolicismo mundial actual. Nuestro trabajo conjunto ha confirmado la necesidad de acrecentar los vínculos personales e institucionales entre teólogas y teólogos latinoamericanos de habla española y portuguesa, españoles de lengua castellana y latinos de Norteamérica. Promovemos una teología teologal e histórica que salga a dialogar con las cuestiones que conciernen al contexto sociocultural y eclesial ibero-latino-americano.
Movidos por el Espíritu que actúa desde los márgenes de la Iglesia y el reverso de la historia, creemos que las periferias son lugares teológicos que obligan a la teología a preguntarse: ¿Cuándo un pueblo es católico: cuando tiene muchos templos o cuando tiene poca pobreza? Como consecuencia, ratificamos nuestro compromiso ineludible con las hermanas y los hermanos en las periferias de la sociedad, azotados por la pobreza y diversas formas de exclusión social, económica, política y eclesial, que llama, con urgencia, a luchar por su mayor inclusión e integración. Esto exige una mayor fidelidad de la institución eclesiástica a Jesús de Nazaret, Mesías liberador, Señor de la historia e Hijo de Dios. Reconocemos que la pobreza injusta mata porque genera formas de muerte prematura que debemos rechazar. Somos creyentes que apostamos por la puesta en práctica de la misericordia con justicia. Nuestra opción por los pobres se inserta en la memoria de la sangre de los mártires de América, celebrando su vida y recordando que su entrega por el Pueblo de Dios es luz que ilumina nuestro quehacer teológico.
Ante la gravedad de este momento histórico que clama por una presencia más viva en medio de nuestras comunidades, afirmamos la urgencia de colaborar con la pastoral y la teología del papa Francisco. Apoyamos una teología que se hace cargo de los conflictos y transita por las periferias. Al igual que los pastores, los teólogos hemos de oler a pueblo y a calle, por lo que creemos en la necesidad de sanar la deuda pastoral que la teología profesional tiene aún con nuestros pueblos pobres. En este contexto, la teología debe impregnarse de una misericordia que se nutra en el Evangelio y que promueva una Iglesia pobre y para los pobres, donde ellos sean sujetos de su propia historia, y nunca objetos de manipulaciones ideológicas, de cualquier orden. Los pobres, muchas veces víctimas de la violencia, han de ser para nosotros lugares teológicos privilegiados, por lo que nuestro compromiso no sólo ha de ser el de acompañarles, sino el de dejarnos evangelizar y transformar por ellos, en un proceso continuo de conversión pastoral y misionera.
Reconocemos que los procesos de globalización han permitido una mayor interdependencia e intercambio entre personas y pueblos remotos. Sin embargo, también vemos cómo hoy padecemos sus efectos socioculturales. Por ello, observamos con perplejidad la globalización de la indiferencia y de la indolencia. Dedicamos especial atención a los fenómenos de las migraciones, la precarización del empleo y la falta de oportunidades engendrados por sistemas que no asumen la causa de los pobres, ni los consideran sujetos de sus propios procesos. Hemos entrado en una nueva etapa mundial que algunos denominan como desglobalización caracterizada por la inhabilidad de relacionarnos como sujetos, de tú a tú, en relaciones humanizadoras recíprocas.
Creemos que los migrantes son un gran signo de nuestro tiempo. En ellos, los cristianos estamos llamados a reconocer el rostro y la voz de Jesús (Mt 25,35) y responder desde las siguientes claves: la afirmación de la dignidad de todo ser humano, la promoción de una «cultura del encuentro», la práctica de la fraternidad, la hospitalidad y la compasión. Las migraciones nos invitan a construir procesos de interculturalidad como elemento clave de nuestra reflexión teológica. La presencia de múltiples culturas en nuestros países exige el profundo reconocimiento de la alteridad, abrazando con amor las riquezas que nos regalan nuestras diferencias y ampliando permanentemente el horizonte de nuestras teologías. Esto supone un aprendizaje recíproco en las experiencias diarias y exige la disponibilidad constante al cambio de mentalidad a partir de nuestra inserción en el mundo de vida de los pobres.
Nuestras prácticas no pueden seguir reproduciendo formas de dominación, como aquellas marcadas por el clericalismo que no respeta a laicos y laicas. Las rigideces institucionales no ofrecen la imagen misericordiosa del Dios de Jesús y frenan los procesos necesarios de conversión pastoral de la iglesia. A este respecto corresponde destacar el valor de las nuevas teologías contextuales, como las hechas por mujeres, indígenas y afroamericanos, entre otras, que muestran sujetos que han sido marginados de la vida social y eclesial. Su compromiso por la liberación de nuestros hermanos, víctimas de marginación, ha puesto particular énfasis en las luchas y los sufrimientos que han padecido. Así, destacamos la labor hecha por las teólogas que nos invitan a mirar, con un mayor compromiso, la naturaleza y las causas de la opresión de las mujeres, permitiendo así una concepción más adecuada del tipo de transformaciones que nuestras sociedades requieren para un desarrollo pleno y auténticamente cristiano de todos.
Destacamos las contribuciones de la teología latina en los Estados Unidos, como una forma de pensar la opción preferencial por los pobres y la defensa de la identidad religiosa y cultural de las comunidades latinas que son discriminadas, muchas veces, no sólo en la sociedad sino también en espacios eclesiales. Recogiendo las contribuciones de la teología latinoamericana, esta teología ha sabido prestar atención a temas claves de la experiencia de latinas y latinos en los Estados Unidos, destacándose el mestizaje, la religiosidad popular, en particular en sus expresiones marianas, y la experiencia de lo cotidiano. Creemos que, sólo reconociendo las raíces socioculturales y religiosas de estas personas en pueblos latinoamericanos, la Iglesia en los Estados Unidos y Canadá, podrá responder pastoralmente a este nuevo desafío. En este sentido, urge una mejor preparación y sensibilidad de los ministros y todos los agentes pastorales.
Estas consideraciones, señalan que la reforma sinodal de toda la Iglesia, en la complejidad de sus diversas instancias, y en fidelidad creativa al espíritu del Concilio Vaticano II, constituye un presupuesto ineludible para concebir la vida, la misión y la teología de las comunidades eclesiales. Como teólogas y teólogos ibero-latino-americanos, apoyamos con esperanza y colaboramos con el proceso de reforma de mentalidades y estructuras impulsado por el actual Obispo de Roma.
El Pueblo de Dios es una comunidad de discípulos misioneros llamado, en una dinámica de salida y donación, a testimoniar y anunciar el Evangelio bajo la guía del Espíritu Santo. Sólo una institución espiritualmente más evangélica, teológicamente más consistente y pastoralmente más abierta a la diversidad sociocultural y religiosa, podrá responder al desafío de trabajar por la justicia, la paz y el cuidado de la casa común, desde una genuina atención a los más pobres y excluidos de nuestra época.
María, sobre todo en la imagen y el nombre de la Virgen de Guadalupe, Patrona de América, acompaña nuestro caminar.

Primer Encuentro Iberoamericano de Teología; Realizado del 6 al 10 de febrero de 2017 en el Boston College Boston, Massachusetts
Coordinadores: 
Rafael Luciani (Venezuela), Carlos María Galli (Argentina), Juan Carlos Scannone SJ , (Argentina), Félix Palazzi (Venezuela).  
Firmantes:
Omar César Albado, Virginia Raquel Azcuy, Luis Aranguren Gonzalo, Phillip Berryman, Agenor Brighenti, José Carlos Caamaño, Víctor Codina SJ, Harvey Cox (invitado), Emilce Cuda, Allan Figueroa-Deck SJ, Mario Ángel Flores, Carlos María Galli, Roberto Goizueta, José Ignacio González Faus SJ, Gustavo Gutiérrez OP, Michael E. Lee, María Clara Lucchetti Bingemer, Rafael Luciani, Carmen Márquez Beunsa, Carlos Mendoza-Álvarez OP, Patricio Merino, Félix Palazzi, Ahída Pilarski, Nancy Pineda-Madrid, Gilles Routhier, Luis Guillermo Sarasa SJ, Juan Carlos Scannone SJ, Carlos Schickendantz, María del Pilar Silveira, Jon Sobrino SJ, Roberto Tomichá FM-Conv, Pedro Trigo SJ, Gabino Uríbarri SJ, Ernesto Valiente, Olga Consuelo Velez, Gonzalo Zarazaga SJ

sábado, 21 de enero de 2017

Misión y culturas


Misioneros de la Consolata: consagrados para la misión
Sí a las relaciones nuevas que genera Jesucristo”

Hoy... sentimos el desafío de descubrir y transmitir la mística de vivir juntos, de mezclarnos, de encontrarnos, de tomarnos de los brazos, de apoyarnos, de participar de esa marea algo caótica que puede convertirse en una verdadera experiencia de fraternidad … Si pudiéramos seguir ese camino, ¡sería algo tan bueno, tan sanador, tan liberador, tan esperanzador! Salir de sí mismo para unirse a otros hace bien...” (87).
Un hecho de vida
Eran las 21.18 del Miércoles 26, en la intimidad de mi cuarto, en Roma, dialogaba con migo mismo y me aplicaba gel de sábila en todo el cuerpo, mientras le agradecía a la misma planta el alivio que me deparaba.
 
La soledad me envolvía en un silencio dialogante entre el Creador que me regalaba la sábila, cultivada en el jardín de mi casa por Cris, emigrante filipino que vino en Europa buscando una vida mejor, la sábila y yo que interactuábamos, amándonos, en el sueño común de la salud integral.

De pronto un movimiento nos interrumpió. La cama se conmovió, los cuadros de la pared comenzaron a temblar. Terremoto, pensé. No es el primero, me dije. Desnudo como estoy, no voy a salir. Sentado, con miedo de caer, alce mis manos a lo alto y exclamé: en tus manos estoy, espero en ti, buen Dios! Un suspiro con pregunta exhalé: por qué tiemblas “madre tierra”?
 
Una respuesta a mi pregunta llegó al instante por Internet. El Corriere della Sera informaba de un terremoto de magnitud 5.4, a las 19.11 de la tarde, con epicentro en la provincia de Macerata, al centro de Italia, cuya réplica de magnitud 6.2 sentí yo, dos horas más tarde, a las 21.18.
 
Esta respuesta informativa, que casi culpaba la tierra del atropello a la población y al patrimonio cultural de una linda y antigua región, en nada se refirió al “gemido”, al dolor de la tierra, ni al aullido lastimero y alertador de los perros, que también sufren, mientras esperan la liberación, como nos lo recuerda San Pablo en la Carta a los Romanos 8,13-23.
 
Las redes de la comunión se activaron inmediatamente desde las Filipinas, Corea del Sur, el Kenya, Angola, Mozambique, Colombia, Brasil, México, Estados Unidos, Sydney, España, Portugal y otros lugares más: cómo estas? era la pregunta general; Bien! me venia espontáneo; Gracias a Dios! fue el coro final. Continuaron los intercambios de palabras, videos y fotos, hasta que el sueño me arrulló en la noche, a la espera del nuevo sol.
 
Nosotros los humanos somos “terrano” (nuestra identidad)
Cada uno de nosotros habita el presente en diferentes lugares, como persona hecha de tierra, “terrano” (Faustino Teixeira), impulsado o frenado por su pasado que lo debemos asumir con gratitud y atraídos u ofuscado por su futuro que lo debemos abrazar con esperanza, si no queremos sucumbir.
 
Nuestra existencia personal, como la de Jesús y la de María, está preñada de soledad (identidad) y a la vez de compañía (relacionalidad), culturalmente tejida, tal y como lo entiende el magisterio de la Iglesia en AmerIndiaAfroLatina, apoyada en el Concilio Vaticano II y la Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi nn. 18 y 20: “Con la palabra 'cultura' se indica el modo particular como, en un pueblo, los hombres cultivan su relación con la naturaleza, entre sí mismos y con Dios” (GS 53b) de modo que puedan llegar a “un nivel verdadera y plenamente humano” (GS 53a). Es 'el estilo de vida común' (GS 53c) que caracteriza a los diversos pueblos, por ello habla de 'pluralidad de culturas' (GS 53c) y no de 'la cultura' (cfr. DP 386).
 
La cultura, entonces, como estilo y proyecto de vida de pueblos o grupos sociales, remite siempre a identidades especificas, humanamente construidas y constructoras a su vez de humanidad. No se pueden diluir en una pretendida cultura universal, impuesta por la globalización de capitales, tecnologías y comunicaciónes, sin sujeto ni corazón. La “comunidad de vida” (cfr. Carta de la tierra) necesita de las culturas para no morir y de la interculturalidad para el “buen vivir” o “Sumak kawsay”, que en Quechua significa “la plenitud de vida en comunidad, junto con otras personas y la naturaleza”.

Culturas tejidas por “terranos
Personalmente me gusta la tarea y la técnica del tejer, aunque en mi mundo cultural (Aguadas) no la pude aprender porque era cosa de mujer. No se conversaba entonces sobre relaciones de genero. El tejer, que puede ser manual o industrial, es siempre tarea delicada, artística, estética y ética. Más aún el arte de tejer relaciones vitales para la vida.
 
El Papa Francisco, artista de relaciones, nos propone la luz del Señor Jesús para esa misión de tejer nuevas relaciones, Sol naciente que nos viene a visitar: “por la entrañable misericordia de nuestro Dios, (…) para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz” (Lc 1, 78-79).

Les propongo que como Misionero de la Consolata, que tejamos las “nuevas relaciones” en la tela de cada cultura, con la guia de la maestra Consolata, que nos remite siempre a Jesús, ese Sol que está en sus brazos y en su nombre de ConSOLata. Ella, la madre de la ConSOLación, nos indica con su mano el Hijo, Sol generado en su vientre para iluminar, calentar, energizar y purificar las relaciones nuevas, en éste “hoy” planetario, que re-liga lo personal, lo social, lo ecológico y lo espiritual.
 
Reflexionando la teología de la ConSolación, mientras contemplamos el cuadro de la ConSolata, podemos alimentar nuestra espiritualidad misionera para seguir tejiendo las nuevas relaciones, al servicio de una vida integral digna y de calidad.

La ConSolata, un SI a las nuevas relaciones
El mismo nombre ya nos las sugiere, pues tanto la expresión dialectal piamontesa Consolà”, como su correspondiente italianaConsolata”, como participio pasado, de genero femenino, del verbo latino consolor, consolar, contiene en sí misma significado pasivo, aquella que es consoladay activo “que consuela”. Esto por la transitividad activa, pasiva y refleja del verbo consolar y porque su sustantivo consolación indica, al mismo tiempo, el efecto de consolar y el estado de quien es consolado y de quien consuela. Se trata pues de un movimiento personal (yo consuelo y me consuelo) y al mismo tiempo social, recíproco, de ida (yo consuelo) y vuelta (soy consolado), de intercambio. Cum-solus, “estar con”, es exactamente la función de la consolación, ser compañía del otro en su soledad, sin dejar de acompañar la propia soledad: amar a Dios y al prójimo como a sí mismo (Mt 22,39, Lc 10,27), como lo ha hecho Jesús (cfr Jn 13,34).

María ConSolata en sus relaciones:
  • Con sigo misma: permanece sola, pero con, en la presencia (compañía) de sí misma, en su identidad personal y cultural de mujer judía, en honesta relación con José: “mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava. Por eso desde ahora todas las generaciones me llamaran bienaventurada (Lc 1, 47-48).

  • Con el Otro: permanece sola, pero con, en la presencia (compañía) del Dios de sus antepasados (el Otro, trascendente), atenta, humilde, creyente, abierta a la vocación, dispuesta a la misión, feliz: Te saludo, llena de gracia, el Señor está contigo… Dichosa tu que has creído” (Lc 1, 28. 45).
Para vivir esta dimensión religiosa y espiritual de nuestra identidad relacionada, en el día a día, nos apoyamos en el Voto de Obediencia, entendido como disponibilidad para escuchar la voluntad de Dios, discernimiento personal y comunitario, con actitud de fe orante, para clarificarla, libertad para vivirla y testimoniarla.
  • Con los otros: permanece sola, pero con, en la presencia (compañía) de los “otros” (diferentes e iguales), pronta a salir e ir al encuentro de personas individuales que buscan generar vida en medio a las dificultades: “en aquellos días María se puso en viaje hacia montaña… entrando en la casa de... permaneció con ella cerca de tres meses...” (Lc 1, 39); de familias o grupos en fiesta: "se hicieron unas bodas en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús...” (Jn 2, 1); de personas, comunidades o pueblos martirizados, crucificados, victimas de las diferentes violencia: “estaban junto a la cruz de Jesús, su madre...” (Jn 19, 25); de comunidades de fe, atemorizadas ante los peligros de las persecuciones religiosas: “Regresaron a Jerusalén... Estaban Pedro... junto con… María, la madre de Jesús...” (Hech 1,12-14).
Para vivir esta dimensión social de nuestra identidad relacionada, en el día a día, nos apoyamos en el Voto de Castidad, entendido como disponibilidad para salir de nosotros mismos e ir al encuentro de los otros o para dejarnos encontrar de ellos, revisión permanente de nuestra dinámica afectiva y libertad para amar, crear fraternidad local y universal.
  • Con el mundo-ambiente: los cristianos han identificado a María con esa Mujer “vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre la cabeza”, que en Ap 12 viene presentada como “signo” del pueblo de Dios que, confiado en la providencia divina, sufre y padece los dolores de parto de cada día, en la dura tarea de dar a luz un mundo en el cual reine el amor. Los cristianos amerindios han percibido en ella la dimensión femenina de la divinidad y la han identificado con la Pachamama, expresión aymara y quechua de la fuerza vivificante de Dios madre, que cuida de sus hijos y sufre cuando es maltratada y explotada. Así viene venerada como la Virgen del Cerro en Potosi – Bolivia, como la Morenita del Tepeyac mejicano, Virgen de Guadalupe que visitó la Patria Grande latinoamericana, con el Sol de la conSOLación en su vientre: “¿Por qué tienes miedo, acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre?” (Nican Mopohua).
Para vivir esta dimensión económica y laboral de nuestra identidad relacionada, en el día a día, nos apoyamos en el Voto de Pobreza, entendido como “cuidado” de toda la creación, laboriosidad con los “dones” que el Padre Dios nos ofrece a través de la Madre tierra, administración trasparente de los bienes y del dinero, libertad para el uso y la solidaridad con los más pobre y necesitados. 
 

jueves, 22 de diciembre de 2016

Feliz Navidad!

Al ritmo del tiempo

Entre 
                          auroras y amaneceres

                                                                                                ocasos y atardeceres                                  
 La noche más larga del año (solsticio de invierno)

En el hemisferio norte marca el fin del Otoño y el inicio del INVIERNO. 
Para casi todos los Cristianos en el mundo, ésta es la última semana de Adviento, 
que antecede a la Navidad.

 Virgen de Guadalupe, "morenita" del Adviento en Amerindia

Ayer, como hoy
 "Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz" (Lc 1,78-79)
 "Bienaventurados los que lloran porque serán consolados" (Mt 5, 5).

"Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré.
Cargad con mi yugo y aprended de mi que soy manso y humilde de corazón
y encontrareis vuestro desanso"
(Mt 11,28)
 Los Profetas anunciaron
Será 'luz de las naciones'
 (Isaías 49,6)

Jesus lo asumió 
"Yo soy la luz del mundo;
 el que me sigue no andará en tinieblas,
 sino que tendrá la luz de la vida" 
(Jn 8,12)

Los discipulos lo testimoniaro
“Os transmití en primer lugar lo que a mi vez recibí:
que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras,
que fue sepultado y que resucitó al tercer día según las Escrituras,
que se apareció a Cefas y luego a los doce...
(1 Cor 15,3-5)

Jesus está vivo! Dios lo resucitó!
(Hch 2,32) 

Nosotros creemos
y
Buscamos la LUZ para caminar 

Felices fiestas con el Emmanuel!

sábado, 17 de diciembre de 2016

Viva la vida que nace cada dia!


El Herodes de hoy 
sigue las dinámicas de la guerra y de la muerte
El Emmanuel   
(Dios con nosotros)  
resiste en y con  
las parteras de la vida, artesanos de la paz 


http://www.elmundo.es/internacional/2016/12/17/58545591ca474188388b465e.html

La ciencia militar gasta montañas de dinero en diseñar misiles guiados por láser, drones espía, cazas invisibles y bombas inteligentes. Pero hay algo que sigue sin poder resolver: la toma rápida de grandes ciudades sin pérdidas humanas. 

Alepo es la última de esas grandes ciudades en sufrir un largo asedio y de convertirse, a su pesar, en monumento al dolor y la resistencia. Desde el 10 de febrero de 2012, cuando se produjeron los primeros disparos en el contexto de la rebelión contra Bashar Asad, han pasado casi cinco años en los que la guerra se ha ido encanallando hasta superar cualquier norma establecida sobre respeto a los civiles. Se ha decapitado a prisioneros ante las cámaras, bombardeado escuelas y hospitales, se ha usado material prohibido como los letales barriles bomba o armas químicas y se ha llevado a una población al límite del hambre y la ausencia de medicinas para matarla lentamente. Más de 2.000 años de existencia han quedado reducidos a ruinas.


Hasta ocho fuerzas aéreas o ejércitos de ocho estados diferentes han participado de una u otra manera en su destrucción, además de milicias kurdas, cristianas, yihadistas, rebeldes y mercenarios extranjeros. La lista de muertos supera los 30.000, aunque dejaron de contarse el año pasado.
La violencia contra las ciudades como Alepo esconde una estrategia ideológica, demográfica y política. La memoria colectiva de sus símbolos, sus plazas públicas y sus calles son objetivos a destruir. Reducir a escombros los barrios residenciales de donde salen los rebeldes asegura que nunca puedan volver a sus casas. Es la manera contemporánea de matar las ciudades desde el bombardeo de Gernika en 1937, el gran ensayo de la guerra mecanizada actual. Los últimos testigos de esa destrucción en Alepo, unos cientos de sitiados, aún permanecen en el interior de dos distritos rodeados por el ejército sirio. Ayer, volvió a cancelarse su evacuación por enésima vez mientras que una niña bomba de siete años activaba su carga explosiva en el centro de Damasco hiriendo a más de 20 personas.

El urbicidio de Alepo, con varios asedios consecutivos, es el más largo de la Historia moderna y ha quedado a la altura de los sitios de Numancia, Troya o Siracusa. Su imagen polvorienta y agujereada, como de ciudad destruida por gigantes, quedará para siempre asociada a otros monumentos urbanos a la infamia.

Ven, ven que te esperamos! 

viernes, 25 de noviembre de 2016

Adviento, tiempo de conSOLación

El viento del Adviento



Al fin y al cabo viento y no ventarrón,
refresca, acaricia, filtra en el aire el mal olor.
Viento que viene y trae aliento,
adviento de nuevo tiempo.

Ven Viento del Adviento, ven a insuflar el Emmanuel!

Viento nuevo para la tierra asolada
adviento de cuidado y no de explotación.
Solaz de la madre en gestación del girasol,
semilla balsámica de la nueva creación.

Ven, Viento del Adviento, ayudanos a consolar la tierra asolada, ven!

Viento cálido de gratuidad donada,
adviento del hermano divino que se hace humano.
Compañía amable en el camino hacia la meta,
progreso en el amor hecho pan partido y repartido.

Ven, Viento del Adviento, humedece el corazón de la humanidad desolada, ven!

Viento que en los primordios inundaste la casa de vida,
adviento del árbitro para la danza del amor.
Fuerza que puede forjar arados con nuestras espadas,
convertir nuestras lanzas en podaderas. (Is 2, 2-5).

Ven, Viento del Adviento, asístenos en este parto de la Paz, ven!



Roma 25/11/2016


viernes, 11 de noviembre de 2016

Convivencia en la psz

La protección de la Amazonía y sus comunidades
es fundamental para
 la paz permanente y duradera

El Grupo de Trabajo Colombia (GTC), es una plataforma integrada por organizaciones de la red Cáritas de la Iglesia Católica en Europa y Estados Unidos, que junto al Secretariado Nacional de Pastoral Social- Cáritas Colombiana impulsan acciones en favor de la construcción de paz en Colombia.

Del 7 al 9 de noviembre, nos reunimos en Florencia, Caquetá, delegados del Grupo de Trabajo Colombia y del SNPS con la Diócesis de Florencia representada en sus organizaciones: Pastoral Social y Vicaría del Sur, con el Vicariato Apostólico de San Vicente del Caguán representado por FUNVIPAS, así como con líderes sociales y comunitarios de la región.


Escuchamos las preocupaciones y expectativas que se plantean sobre el futuro del territorio de cara a la etapa de postnegociaciones de paz en Colombia.

Valoramos y exaltamos el trabajo y procesos organizativos en favor de la construcción de la paz, la reconstrucción del tejido social y comunitario, así como los liderazgos surgidos de la población civil, el trabajo de la iglesia católica y la labor de las organizaciones de víctimas en el territorio.

También reconocemos el compromiso de las organizaciones sociales por la conservación y defensa de la biodiversidad del Departamento, que es una riqueza para Colombia y para el mundo.

En Caquetá, como en otras regiones del país, los vacíos de acción del Estado han perpetuado y reconfigurado violencias estructurales, exclusión y pobreza, con la afectación de derechos como la salud, educación, vivienda, agua y alimentación.

El Departamento del Caquetá ha sido un territorio históricamente afectado por el conflicto armado, que ha causado sufrimiento y destrucción del tejido social.

Valoramos los esfuerzos del gobierno colombiano y las FARC, para llegar a los acuerdos de fin del conflicto armado, dentro del consenso más amplio posible, para superar más de 50 años de confrontaciones. Es urgente alcanzar la salida negociada para avanzar hacia la implementación de los acuerdos.

Observamos con preocupación que el desarrollo de políticas minero energéticas y agroindustriales está generando nuevas formas de violencia.

Escuchamos testimonios sobre los últimos sucesos de Valparaiso, El Doncello, El Paujil y Morelia, donde se ha recurrido al uso inadecuado de la fuerza pública, en lugar del diálogo y la concertación con las comunidades en el desarrollo de actividades extractivas.

Respaldamos a los representantes de las comunidades, quienes nos han manifestado la necesidad de que los programas de desarrollo tengan en cuenta la voz de las comunidades y respeten la vocación forestal, hídrica y alimentaria del territorio caqueteño.

En consecuencia se espera que la construcción de paz territorial implemente una visión del desarrollo que garantice la transparencia en el manejo de los recursos públicos, la participación efectiva de las comunidades y el derecho a la libre expresión y la protesta social pacífica.

Observamos con preocupación la omisión de las autoridades frente al grave avance de la deforestación, documentada por las propias entidades estatales.

Es de vital importancia reconocer la pertenencia del Caquetá al bioma amazónico, así como garantizar su protección en los planes de desarrollo.

Nos comprometemos a acompañar los procesos de construcción de paz y reconciliación, la protección y defensa del Caquetá como territorio Amazónico y los derechos de sus comunidades.

Mencionemos esos pulmones del planeta repletos de biodiversidad que son la Amazonia y la cuenca fluvial del Congo … Es loable la tarea de organismos internacionales y de organizaciones de la sociedad civil que sensibilizan a las poblaciones y cooperan críticamente también utilizando legítimos mecanismos de presión, para que cada gobierno cumpla con su propio e indelegable deber de preservar el ambiente y los recursos naturales de su país, sin venderse a intereses espurios, locales e internacionales”. (Papa Francesco – Laudato Si, 38).

Firmado a los 09 días del mes de noviembre del 2016

GRUPO DE TRABAJO POR COLOMBIA -GTC 

lunes, 24 de octubre de 2016

Cuando los sueños son reales

 Estaba ahi en el dia y la hora 60

He celebrado el crecimiento de Jesus en ti, misionero
Como Francisco Javier, el viejo santo misionero de Jesus
Te he visto testimoniando en America, Africa y Europa
No te ha faltado recorrido.

Tuvo razón mamá Margarita:
Este se lo ofrezco al Dios de la misión
Su nombre es Francisco Javier

Y a los 60, no sin infidelidades, 
sigues Fiel, como papá Luis,
 a la "alianza" firmada.

Por tu Fe, sumada a tu Fidelidad,
 has sido Fiable...
Qué Felicidad amigo, hermana y compañero!

Felicitaciones!
Salvador