Animación Misionera Juvenil y Vocacional (AMJV)
Región IMC Colombia
Desaprendiendo
en la escuela para seguir aprendiendo en la Escuela: “Cuando nos hablan de escuela, inmediatamente
pensamos en la Escuela Madre Laura o en la Simón Bolívar y, entonces, en
cursos, profesores y profesoras, salones y tableros, patios y corredores,
clases y recreos, períodos académicos y vacaciones. Pero cuando nos hablan de Escuela de Discipulado Misionero,
tenemos que ir cambiando un poco lo que tenemos en la cabeza y pensar que en el Bautismo ya nos matriculamos o
matricularon en la Escuela de Jesús y
que el ser discípulos en esta Escuela
dura toda la vida; que todas las
actividades que hacemos para los demás y para nosotros mismos, en el nombre del
Señor Jesús, sea que anunciemos la Buena Nueva del Reino de Dios, sea que
hagamos obras de
misericordia, de consolación-liberación, sea que oremos al
Padre por el Reino, sea que trabajemos al servicio del mismo en los campos de
la justicia y paz, del cuidado de la creación, de los Derechos Humanos y de la
Tierra, hacen parte de la Escuela de
discipulado y misión. Si después de actuar, detenemos un poco el tiempo y
el cuerpo, nos recogemos, reflexionamos, oramos, sintetizamos y, ojalá, comunicamos
con el testimonio personal y comunitaria y a través de los medios de
comunicación, entonces toda la vida se vuelve discipulado misionero, incluida
ésta ELJM. 
Le gradezco a la Escuela de Liderazgo
Juvenil Misionero el haberme recordado que ya estoy en la Escuela de Jesús y
que no necesito hacer otra escuela, sino vivir ésta, actuando, reflexionando,
orando, sistematizando, celebrando y comunicando para mantenerme fiel al
Maestro, Misionero enviado del Padre.
Al mismo tiempo, agrego aquí algo que me
acompaña desde que soy y actúo como Misionero de la
Consolata: la escuela del
Señor Jesús se hace junto con la Escuela de María de Nazaret, la Madre del
Emmanuel y de la Iglesia. Ella, la primera discípula misionera, ha sido
reconocida y propuesta por el Bienaventurado José Allamano como fundadora y madre,
modelo y guía, en la vida y la misión. En el Continente americano ha sido
reconocida y propuesta como “madre” y “pedagoga del Evangelio, perfectamente
inculturado”.
Codo
a codo, en Equipo de pan partido, compartido y repartido: cada día, desde la
clara aurora
Una tarea en equipo y “unidad de
intenciones”, no simplemente porque eran varios los animadores, sino porque
había un plan estructurado previamente, compartido y asumido por todos,
animadores y participantes, con:
Ø
una
espiritualidad, la de discípulos misioneros del Misionero del Reino del Dios
Padre
maternal, “Abbá-Immá” (Padre-Madre en arameo, la lengua de Jesús);
Ø
una
pedagogía del aprendizaje misionero, nacida de la praxis y formulada como
“encuentro para conocer, asumir y animar”;
Ø
una
metodología de tres P: Planear –
Definir: leer la realidad; Proponer
– Facilitar: generar alternativas de solución: proyectos y procesos; Personalizar – Asumir: desarrollar
actitudes y asumir desafíos y compromisos;
Ø
una
dinámica personal y colectiva, con una clara y respetada distribución de roles
y servicios, con evidente y tolerante apertura a las aportaciones personales y
grupales.
De
una “Iglesia sosa” a una Iglesia con sabor y en salida: todo lo planeado,
inter-conectado,
generó una sinfonía misionera, en la cual hasta las
disonancias armonizaron y ayudaron a los Bienaventurados participantes juveniles
a vivir y revelar el Reinado del Padre maternal, como fermento, sal y luz, de
una “Iglesia en salida”, con sabor a bienaventuranza
y “olor a oveja”. Lanzada a las
calles, las plazas, la terminal de trasportes, las esquinas de los semáforos,
los supermercados, los hospitales y ancianitos, a los transeúntes, los pobres y
sin techo, los de otras denominaciones religiosas, etc. También celebrado, con
los fieles cristianos, en el templo parroquial Nuestra Señora de la Consolata,
en el Barrio Mutis. 

Parábola
de identidad: pues
cada participante, cada uno a su medida, expresó su “sentido de pertenecía” a
la Escuela de Jesús y de compromiso con la ELJM y con la misión ad gentes. Entre
todos, manifestamos lo que somos y soñamos con lo que queremos y debemos ser
como Familia Misionera de la ConSOLata: Sol
naciente (joven), que nos visita cada día, “por la entrañable misericordia de nuestro
Dios”, generando luz para alumbrar e iluminar,
calor para purificar y animar, energía para dinamizar e impulsar. Sol que nos ofrece identidad y formación
(llamados para estar con El: consolados, santos), y misión (enviados a
compartir la verdadera ConSOLación, con y como María ConSOLata). Así estamos ya
siendo, aquí y ahora, lo que estamos llamados a ser: Misioneros/as de la Consolata.
Nota: Experiencia vivida, reflexionada y
testimoniada por Salvador Medina imc, a partir de la Escuela de Liderazgo
Juvenil (ELJM), Bucaramaga, 25 a 29 de junio de 2018.