jueves, 31 de octubre de 2024

Itinerario de santidad

 Itinerario de Santidad misionera de la Consolata

Fiesta de la Beatificación, Niery - Kenia, 2025

Un camino humano y terrenal recorrido en tan solo 39 años, del 22 de agosto de 1891 al 31 de octubre de 1930, lleva a Aurelia Jacobina Mercedes al pódium de los bienaventurados.

Baño en la pila bautismal

Al día siguiente de su nacimiento, su padre Giovanni Stefani y su madre Annunziata Massari, la llevan al templo, como lo hicieron con los otros 11 hijos. El sacerdote de Anfo la baña con el agua del bautismo y, de ahí en adelante, todos la llamarán Mercedes, como a Santa María de la Merced.

Este título, María de la Merced, nos lo recuerda el teólogo Xabier Pikaza, no es una referencia de lugar, como los de Lourdes o Fátima, Monserrat o Guadalupe, aunque esos nombres hayan recibido también un sentido carismático especial. La Merced es, más bien, un título teológico y apostólico, que está indicando una faceta importante del misterio de María, la Madre Jesús, de manera que puede convertirse en principio de una acción liberadora al servicio de los hombres cautivos”.

Con este nombre, respondiendo por su identidad a cada llamado, fue creciendo la hermosa, vivaz y servicial Mercedes, dicen sus biógrafos: "Toda persona que por cualquier motivo, en Anfo o en sus alrededores sufre, se convietrte para ella en un hermano o una hermana para amar". Ese sentimiento, esa disposición de ánimo, esa identificación con el sufrimiento del otro, se llama compasión. La misma que mueve a la acción, a la misericordia: “ayuda a las familias más necesitadas, donde hay niños para cuidar, socorre a los pobres y enseña a orar, a trabajar y tener confianza en Dios. Les lleva aquello que el papá coloca a su disposición y sobre todo las cosas a las que ella misma renuncia: alimentos y dinero”. Su vida se fue orientando por los caminos de la fe y de la caridad, mientras estudiaba, oraba, ayudaba en la Parroquia y cuidaba de la familia, especialmente después de la muerte de su mamá, hasta que su papá se volvió a casa con Teresa Savoldi, otra buena mamá.

De la compasión brota la merced (dádiva) y la misericordia activa y libradora que alivia los sufrimientos y engendra la consolación en quienes la ofrecen y quienes la reciben, como lo significa el participio del verbo transitivo consolare en Italiano, conjugado al femenino: consolata, en Español consolada, que consuela y es consolada al mismo tiempo.

Misionera de la Consolata

Fiesta de la Beatificación 2015

El 19 de junio de 1911, en la víspera de la fiesta de la Santísima Virgen Consolata, Mercedes parte de Anfo para Turín y es recibida por el Canónigo José Allamano. El 28 de enero de 1912 recibe, del mismo Fundador, el habito religioso y, como se usaba en su tiempo, el nuevo nombre “Irene”, que bíblicamente habla de serenidad o paz.

El 29 de enero de 1914, con otras 4 novicias y en presencia del Padre José Allamano, hace los votos de obediencia, castidad y pobreza, consagrándose totalmente al Señor. Ella misma traza, en pocas palabras, el programa de su vida: “Solo Jesús – Todo con Jesús – Nada mío – Toda de Jesús – Todo por Jesús – Nada para mí”.  De “prisa”, como María cuando visita a su prima Isabel, parte de Turín para el Kenia – África, zarpando en el puerto de Génova el 28 de diciembre de 1914, en la nave Porto d’Alessandretta, llegando a Mombasa el 31 de enero de 1915.

Una vez en Limuru, cerca de Nairobi, después de los trámites legales y encuentro con las otras 15 misioneras de la Consolata, se dedica al conocimiento del pueblo Kikuyu, su lengua y su cultura.  Al año siguiente, 1916, envuelta en la guerra entre ingleses y alemanes, la Hermana Irene, mensajera de la “paz de Dios”, transcurre su vida entre los hacinados hospitales militares de Kenía y Tanzania, distribuyendo la "medicina de Dios”, con delicadeza, profesionalismo y perseverancia, especialmente a los africanos reclutados por los ingleses o alemanes y abandonados a su suerte, después de heridos o muertos. Hasta el punto de ser reconocida por los mismos médicos, enfermeros y vigilantes, "no como una mujer sino como un ángel".

Finalizado su “servicio militar”, regresaron, ella y sus compañeras, a la misión en Karema, con el ánimo de descansar un poco. Encontraron la región asolada por la sequia y plagada de una fiebre española, que llevaba consigo muchas vidas. Se dedicaron a educar, en la escuela, a los alumnos y a la gente para enfrentarla. Irene, como “maestra”, ejercía su tarea en la institución y salía por los campos visitando enfermos, buscando alumnos, catequizado gentes y preparándola para el bautismo.

Finalmente, estando en Guikondi, realizó su última caminata apostólica entre las hermosas colinas del territorio kikuyu para reconfortar al maestro Julius Ngare, enfermo de peste, quien moriría en sus brazos. Algunos días después, el 31 de octubre de 1930, también Nyaatha, madre de toda misericordia, como la llamaban, habiendo contraído la misma enfermedad, moría a los 39 años.

Fiesta de la Canonización - 2015

Beata Irene

Las botas de MercedesIreneNyaatha, entre una pila bautismal y otra, seguían caminando por los mundos de la misión, esparciendo aroma de santidad, entre las misioneras y los misioneros, en medio de los pueblos y las comunidades. Sembrando de merced, paz y misericordia el territorio. 

En una ocasión, en el 2015, en medio de la furia guerrillera en Mozambique, intercede a favor de un grande grupo de gente Macua, más de 270 personas, detenidas durante cuatro días dentro del templo de Nipepepe, Diócesis de Lichinga, cuando se encontraban en formación. En esa atmósfera de espera temerosa brota, de pronto, agua de la pila bautismal. Agua en abundancia para calma la sed de niños y adultos, hombres y mujeres. Agua de vida, restauradora de las energías y salvadora de la muerte. Milagro, susurraron todos y se lo atribuyeron a la Hermana Irene, invocada con fe y esperanza por el Párroco José Frizzi, misionero de la Consolata, que los acompañaba.

Comisiones diocesanas y romanas estudiaron el hipotético milagro y concluyeron que era obra del Omnipotente, realizada por la intercesión de la hermana “toda Misericordia”.  Todos repetían “por intercesión de Sor Irene, fuimos salvados”. En el 2015 la hermana Irene fue beatificada en Nyeri, Kenia, el 23 de mayo. Declarada Beata, feliz, bienaventurada.

Sintesis 

Compasión + merced - misericordia - liberación + consolación = santidad - alegria - felicidad - bienaventuranza. 

Este ha sido un buen itinerario, camino y metodologia práctica, de santidad misionera de la Consolata, al estilo de San José Allamano. Una santidad "A la mano", vivida y testimoniada por las Beatas Irene y Leonella. Siendo "A la mano", también sirve para nosotros.

miércoles, 16 de octubre de 2024

San José Allamano

 Un santo "a la mano"


Del pueblo a la ciudad

Hijo y hermano en una familia del campo, religiosamente educada y vocacionalmente cultivada para el servicio, humilde y trabajadora, sin lujos, pero con dignidad y autosuficiencia, José Allamano tiene muchos rasgos en común con la mayoría de los Misioneros de la Consolata, que hasta ahora han llegado al Instituto. Casi todos emigrantes de los campos a las ciudades por motivos de estudio o trabajo. La interacción entre la casa, el campo y el pueblo, la escuela y la parroquia, junto con un poco de tierra o un trabajo familiarmente gestionado, conforman un nicho cultural común, en el cual se interiorizan valores sociales y políticos, espirituales y religioso, laborales y económicos, que sirven de plataforma para la vida. El salto a la ciudad, que normalmente se torna traumático, viene mediado para Él por el Oratorio salesiano y el seminario, lugares de formación integral y progresiva, como sucede también para la mayoría de los misioneros del Instituto.

José Allamano nace el 21 de enero de 1851, en el Piamonte, norte de Italia, en el pequeño Castelnuovo, pueblo de santos, viñedos y ganados, cerca de Turín. Vive allí su primera década, con su madre Mariana y José su padre, que murió cuando apenas tenía 3 años, y sus cuatro hermanos.  

En este contexto de base nosotros, los misioneros de la Consolata, nos sentimos en sintonía con el Fundador. Tal vez por eso como que nos entendemos con él, lo escuchamos con gusto y sentimos que nos entiende. Lo aceptamos, sin resistencias, como Padre y Formador. Él nos hace sentir en casa con su “espíritu de familia”.  

De Formando a Formador

Del Oratorio, por personal iniciativa y decisión, aún contra la voluntad de Don Bosco, muestra clara de su personalidad y temple de carácter, pasó al Seminario Diocesano de Turín, en donde perseveró, durante siete años, dedicado al estudio, la oración y el trabajo. Al final de su proceso formativo, con apenas 23 años, recibió su Ordenación sacerdotal, el 20 de septiembre de 1873, casi con su primera destinación, después de breve experiencia pastoral con su tío Juan: educador en el seminario de donde acababa de salir. Dio su sí al Obispo con susto, pero confiado en su bendición.

Casi que la segunda y tercera década de su vida la vivió entre su pueblo natal y la capital de su territorio piamontés, como seminarista primero y luego como joven Sacerdote diocesano. A los 23 años pasó de formando a formador de aspirantes al sacerdocio, que enseguida se convertían en colegas de ministerio. Parece haber nacido para esa misión.

Formador, Pastor y Animador

En los siete años como educador en el seminario, encargado de la disciplina primero y director espiritual después, inició su especialización académica, que complementaría con sus 46 años de pastoral diocesana en y desde el Santuario de la Consolata, para llegar a ser, poco a poco, “Padre y Maestro de Misioneros” (Mons. Luis Augusto Castro).

A partir de 1880, hasta el final de sus días, el 16 de febrero de 1926, combinó siempre su misión de Formador con la de Párroco (Rector) en el Santuario de la Consolata. Un sacerdote diocesano que, de niño había sentido el llamado a la misión más allá de sus fronteras, mientras escuchaba al Cardenal Guillermo Massaia que, como obispo misionero en Etiopia, venía a hablarles en el Oratorio o cuando leía libros de historia y geografía, que le encantaban.

Durante los tiempos de seminario sintió fuerte la vocación misionera, pero debido a su frágil salud, el Padre Espiritual le aconsejó y convenció de posponer su ingreso a una Congregación misionera. Él, coherente consigo mismo, no pudiendo ir directamente, se empeñó en hacer algo, aunque fuera indirecto: ofrecer a los sacerdotes diocesanos de Turín y del Piamonte, que deseaban ser misioneros, una posibilidad de partir para la misión. Su proyecto de una organización diocesana con tal fin se fue desarrollando lentamente, sin prisa ni presión, hasta que encontró condiciones favorables y se concretizó.

Desempeñando esa triple dimensión ministerial de Formador, Evangelizador y Animador, en y desde el Santuario de la Consolata, en la Iglesia Particular de Turín y su Provincia piamontesa, fue gestando su obra, con el apoyo de su compañero de trabajo y amigo, P. Santiago Camisassa, del Cardenal y muchos eclesiásticos, religiosos/as y laicos comprometidos: el Instituto Misionero de la Consolata (1901) y el de las Misioneras (1010), sin dejar de ser plena e integralmente sacerdote diocesano.

“Este projeto, forjado aos pés da Mãe, que sendo Consolata (Consolada), torna-se Consoladora dos aflitos, foi aglutinando missionários dispostos a deixar tudo, à semelhança do Filho de Deus, para ficarem perto de outros povos e tornarem-se para eles presença de consolação, entendendo que a missão e a promoção integral da pessoa devem caminhar juntas” (Luiz Balsan).

En una de sus tantas síntesis el P. Antonio Bonanomi proponía que todo Misionero de la Consolata fuera Formador, Evangelizador y Animador, como el Fundador. Mientras el P. Piero Trabucco, en Toronto Canadá, abriendo en el 2012, el primer encuentro de un Consejo Continental, exhortaba: “Es importante inculturar el Fundador, haciendo esfuerzos para que el fundador histórico llegue a cada cultura y se re- exprese vivo en los misioneros, los laicos y las hermanas. Resaltar el “Fundador como educador”, “como pedagogo”, “como formador en el seminario y padre de misioneros”.

Él continúa formando y educando, con su estilo, espíritu y método, en las diferentes Comunidades Formativas, los Colegios y otras Instituciones. Continúa presente y activo en la misión a través de los misioneros/as que, en las varias “opciones misioneras ad gentes”, se inspiran en su propuesta. Continúa animando las Iglesias Locales, la Vida Consagrada, los laicos comprometidos, la sociedad civil, los jóvenes y los niños para que salgan, más allá de sus fronteras sociales, culturales, religiosas y geográficas, a “anunciar la gloria de Dios entre los pueblos”.

Gracias a ese recorrido existencial, a la veneración del pueblo por su vida donada, a su presencia continua en la misión, experimentada y testimoniada por sus misioneros y misioneras, viene propuesto como digno de seguirle el proceso para la canonización. Todo ha sido estudiado diligentemente por expertos, expresamente designados: su vida y su vivencia de la fe, la esperanza y la caridad, en grado heróico, su pensamiento escrito o transmitido por tradición, los milagros atribuidos a su intercesión, ante el Dios de la vida, por las gentes de la misión en el mundo kikuyo, en el Kenia y en el amazónico, en el Brasil. 

Una vez superadas las diferentes etapas e instancias, diocesanas y vaticanas, exigidas por la Congregación de los Santos, fue propuesto al Papa para su aprobación. Ël, considerando correcto el procedimiento, aprobó su Canonización. 


Será proclamado SANTO, reconocida públicamente su santidad, el 20 de octubre del 2024, día universal de las misiones, por el mismo Papa Francisco, en Roma, junto a la basílica de San Pedro y propuesto como inspiración para la Iglesia Católica y todas las personas de buena voluntad.