domingo, 28 de diciembre de 2025

Ejercicios Espirituales Misioneros (tema 7)

Metodología práctica para la misión inspirada en San José Allamano
Evangelizar todo el ser humano y todo su entorno

Laicos, discípulos misioneros, en la Parroquia Madre de las Misiones, Modelia - Bogotá. Navidad 2025

El Fundador tenía una visión clara y equilibrada de la misión "ad gentes". No se trataba solo de predicar con palabras, sino de evangelizar integralmente a la persona y a su contexto. Su propuesta, profundamente cristológica, mariana y eclesial, puede sintetizarse en una metodología práctica de misión que articula tres dimensiones fundamentales: Anuncio + Promoción humana + Cuidado de la Casa Común = Evangelización. 

Esta es la misión de la Iglesia. En ella y con ella, también es la misión de los Misioneros, Misioneras consagradas y Laicos/as de la Consolata.

 1. Anuncio: el corazón de la misión

El Kerigma – el primer anuncio de Jesús muerto y resucitado – es el núcleo de la evangelización. Para San José Allamano, la misión comienza con la proclamación viva del Evangelio, no como ideología, sino como encuentro con una Persona: Cristo.

 Este anuncio incluye:

*   Kerigma: anuncio inicial del amor de Dios, la salvación en Cristo y la invitación a      la fe.

*    Catequesis: profundización en la fe, formación sistemática, vida sacramental.

*    Perdón y reconciliación: sanación de heridas personales, sociales y espirituales.

*    Testimonio de vida: coherencia entre lo que se anuncia y lo que se vive; el                    testimonio silencioso de la presencia del misionero.

“No basta con predicar, hay que ser evangelio vivo.” (San José Allamano). El anuncio no se impone; se propone con respeto, diálogo y encarnación en la cultura local.

 2. Promoción humana: justicia, paz y dignidad

San José Allamano entendió que el Evangelio tiene consecuencias sociales. No hay verdadera misión si no hay también una preocupación real por las condiciones de vida de las personas.

Esta dimensión incluye:

* Justicia: defensa de los derechos humanos y  de la “casa común”, denuncia de la injusticia y acompañamiento a los pobres y toda la “comunidad de la vida”.

* Paz: construcción de relaciones fraternas, reconciliación entre pueblos, culturas, religiones y con toda la creación.

*  Educación y salud: obras concretas de promoción que liberan y dignifican.

Esto no es asistencialismo, sino parte esencial del Reino de Dios. El misionero no va solo a predicar, sino a elevar a la persona y el ambiente en su totalidad: cuerpo, alma, mente, corazón y contexto: “Si no hacemos el bien integralmente, ¿Cómo diremos que amamos?” (San José Allamano)

 3. Elevación (cuidado) del ambiente: la “Casa Común”

Inspirados por la Encíclica Laudato Si’, y en línea con el pensamiento de Allamano, los Misioneros de la Consolata entienden que la evangelización también implica el cuidado del entorno natural.

Esta dimensión incluye:

*      Protección del medio ambiente

*      Uso responsable de los recursos

*      Promoción de una ecología integral, que una lo humano, lo espiritual y lo              ambiental

*      Defensa de los pueblos y sus territorios

Evangelizar hoy significa también anunciar a un Dios que ama su creación y llama al ser humano a ser su custodio: “Dios nos confió la creación. Ser indiferentes a su destrucción es faltar a nuestra vocación.”

Evangelización integral: síntesis de la misión

Estas tres dimensiones no están separadas. Son una sola acción misionera que transforma vidas, comunidades y territorios:

*      Anuncio – Transforma el corazón

*      Promoción humana – Transforma la sociedad

*      Cuidado de la Casa Común – Transforma la tierra

Todo ello, en comunión con la Iglesia, desde la espiritualidad de Consolación - liberación, con el estilo de María Consolata: presencia humilde, servicio fiel y consuelo auténtico.

Conclusión: una metodología viva y vigente

Esta metodología misionera inspirada en San José Allamano:

*      No es teórica: es práctica, encarnada, vivida

*      No es antigua: es actual, profética y necesaria

*      No es exclusiva: es una propuesta para toda la Iglesia, especialmente en contextos de misión

En ella se expresa la identidad del Misionero de la Consolata: evangelizador integral, testigo del amor de Cristo, servidor de los pobres, custodio de la creación. "Todo lo hacemos por amor a Dios y por amor a las almas” (San José Allamano).

Una pedagogía enmarcada  dentro de un itinerario misionero que, partiendo de la Compasión, lleva a la alegría - Bienaventuranza: Compasión + Misericordia + Consolación + Alegría = Bienaventuranza 

Ejercicios Espirituales Misioneros (tema 6)

Propuesta ética de San José Allamano 
para el comportamiento personal y misionero de sus Institutos

Curso de Formación Continuada para Misioneros - Bogotá, 2025

 San José Allamano no solo dio una estructura misionera a sus institutos, sino que dejó una propuesta ética clara para el comportamiento personal y misionero de quienes forman parte de ellos. Su legado no fue únicamente organizativo, sino profundamente espiritual, ético y humano. No concibió la misión como un simple encargo externo, sino como una vocación integral que implica todo el ser del misionero: su fe, su espiritualidad, su carácter y su comportamiento diario. Por eso, su propuesta ética no se limita a normas o deberes, sino que busca formar personas íntegras, santas y auténticamente misioneras, capaces de ser testigos creíbles del Evangelio.

1. “Primero santos, después misioneros” – La base ética
Esta frase, que resume su visión espiritual y ética, muestra que la calidad del misionero depende de la calidad de su vida interior. Para Allamano, la santidad no es una meta secundaria, sino la condición fundamental para la misión.
No basta con hacer el bien, hay que ser buenos para hacer el bien bien hecho – San José Allamano
Desde esta convicción, se puede trazar una propuesta ética con dos dimensiones inseparables:

2. Dimensión personal: el carácter del misionero
Allamano promovió una ética del ser misionero, no solo del hacer. Estas son algunas actitudes clave que propuso a sus misioneros/as:
§  Honestidad de vida: Vivir con transparencia, sin doblez, con coherencia entre lo que se cree, se dice y se hace.
§  Responsabilidad: Cumplir los deberes con seriedad, puntualidad y compromiso, respetando los tiempos, las personas y las tareas.
§  Pureza de intención: Buscar siempre la gloria de Dios y el bien de las almas, evitando el protagonismo o la búsqueda de intereses personales.
§  Humildad: Reconocer los propios límites y confiar en la gracia de Dios, sin orgullo ni autosuficiencia.
§  Docilidad: Saber dejarse formar, corregir y acompañar. Allamano insistía mucho en la obediencia consciente y responsable.
Formarse bien es prepararse a ser misionero por entero

3. Dimensión misionera: ética del envío y del encuentro
En cuanto a la misión, San José Allamano insistió en una ética del respeto, del servicio y del testimonio, que se manifiesta en los siguientes aspectos:
§  Respeto a las culturas: El misionero debe aprender la lengua, valorar la cultura local y nunca imponer su propia visión. Se trata de evangelizar, no de colonizar.
§  Compasión y consuelo: El misionero es enviado a consolar, como María Consolata. Esto implica una actitud de cercanía, empatía y ternura ante el dolor de los pueblos.
§  Trabajo bien hecho: El servicio misionero debe ser serio, profesional y constante. No se trata de hacer mucho, sino de hacerlo bien, con dedicación.
§  Colaboración y comunión: Trabajar siempre en comunión con la Iglesia local y en fraternidad con los hermanos/as de comunidad.
§  Pobreza evangélica: Vivir con sencillez, sin lujos ni privilegios, compartiendo la vida del pueblo, siendo signos del Reino.
Hay que ser todo de Dios, y todo de las almas – Allamano
 
4. Una ética alimentada por la espiritualidad
Para San José Allamano, la ética no es un conjunto de normas externas, sino una expresión natural de una vida espiritual profunda. Por eso insistía en:
§  La vida sacramental y la oración diaria
§  El amor a la Eucaristía como fuente de toda misión
§  La devoción a María Consolata como modelo de entrega silenciosa
§  La dirección espiritual como medio de crecimiento
La espiritualidad es la raíz de la ética: quien vive unido a Dios, actúa como Dios quiere.
 
5. Relevancia actual de su propuesta ética
Hoy más que nunca, la propuesta ética de San José Allamano sigue siendo necesaria y actual:
§  En un mundo marcado por la incoherencia, el misionero está llamado a ser testigo creíble.
§  Ante el individualismo, se propone una vida comunitaria fraterna y responsable.
§  Frente al activismo, se promueve una misión con alma, nacida de la oración.
En tiempos de crisis de autoridad, se vive una obediencia madura y discernida.

Conclusión
San José Allamano dejó a sus institutos más que una estructura: una forma de ser y vivir la misión, basada en una ética profundamente cristiana. Su legado sigue invitando a cada misionero/a de la Consolata a ser una persona íntegra, profundamente unida a Dios y entregada a los demás, viviendo con sencillez, responsabilidad y amor.

“Santos y misioneros”: dos palabras que resumen una vida coherente, fiel y fecunda. Un itinerario que pariendo de la fe, lleva a la felicidad: Fe + Confianza + Fiabilidad + Fidelidad = Felicidad.


Ejercicios Espirituales Misioneros (tema 5)

El Instituto Misiones Consolata (IMC)
Una institución con misión y carisma – un organismo vivo
 
Centro de Animación Misionera - Bucaramanga - Colombia

Toda institución religiosa nacida en el seno de la Iglesia no es un simple grupo organizado de personas, sino un organismo espiritual vivo, impulsado por el Espíritu Santo, que responde a una necesidad concreta del mundo y de la misión de la Iglesia. El Instituto Misiones Consolata (IMC), fundado por el Beato José Allamano en 1901, es una de estas realidades vivas, llamadas a anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra. Su carisma, misión y espiritualidad le dan identidad y dinamismo, y hacen del IMC una expresión concreta del seguimiento de Jesús en clave misionera y consoladora.

 1. El IMC: llamado a la misión universal de la Iglesia

Desde sus orígenes, el Instituto Misiones Consolata nace con una clara dimensión misionera ad gentes: llevar el Evangelio a los pueblos que aún no han conocido a Cristo. San José Allamano no lo fundó para responder a una necesidad local, sino para abrir caminos nuevos donde el Evangelio aún no había sido anunciado.

Su lema, “Primero santos, después misioneros”, expresa que la misión nace de la unión profunda con Dios, no solo de la acción o el entusiasmo humano. El misionero de la Consolata es alguien que vive con Dios y desde Dios, para los demás.

 2. El carisma: Consolar y Evangelizar

El carisma es el don original que el Espíritu Santo da a un fundador para el bien de toda la Iglesia. En el caso del IMC, el carisma se expresa en la consolación y la evangelización, al estilo de María Consolata.

Consolar significa estar cerca del que sufre, no solo con palabras, sino con presencia, escucha y compasión. El misionero se convierte en presencia del consuelo de Dios, especialmente en lugares marcados por el dolor, la pobreza, la guerra, la marginación o la falta de sentido.

Evangelizar es llevar el anuncio de Jesús con respeto, diálogo, testimonio y servicio. No es imponer una fe, sino ofrecer la luz del Evangelio como camino de vida y esperanza.

Este carisma hace del Instituto una familia misionera internacional, abierta a todos los pueblos y culturas, donde se vive el Evangelio en comunidad y se anuncia con alegría.

 3. La espiritualidad: vivir a Cristo en la misión

La espiritualidad Consolata se alimenta de tres pilares fundamentales:

a) Cristo misionero del Padre

Jesús es el modelo de todo misionero. Él vino a anunciar el Reino, a buscar a los alejados, a sanar a los enfermos y a consolar a los afligidos. El misionero Consolata quiere reproducir en su vida los sentimientos de Cristo, siendo cercano, servidor, compasivo y obediente al Padre.

b) María Consolata

Patrona del Instituto, María es modelo de ternura, fe y presencia silenciosa. Ella acompaña la misión con su oración y cercanía maternal. El misionero aprende de ella a “estar” con los que sufren, como estuvo al pie de la cruz.

c) La comunidad

La misión no se realiza en solitario. El IMC valora profundamente la vida comunitaria, como espacio de apoyo, discernimiento, oración y fraternidad. La comunidad es signo del Reino y fuerza para la misión.

 4. Un organismo vivo en camino

El Instituto Misiones Consolata no es una estructura rígida ni estática. Es un organismo vivo, en constante discernimiento y apertura a los signos de los tiempos. Presente en diversos países y culturas, el Instituto:

v  Escucha las realidades locales, inculturando el Evangelio sin imponer modelos ajenos.

v  Forma misioneros integrales, con madurez espiritual, intelectual, humana y pastoral.

v  Promueve la justicia, la paz y el cuidado de la creación, como expresión concreta del Reino.

v  Trabaja en comunión con la Iglesia local y universal, sin protagonismos, pero con audacia profética.

 5. Una misión que continúa hoy

En un mundo herido por la indiferencia, la soledad, la pobreza y la pérdida de sentido, el Instituto Misiones Consolata sigue siendo necesario y profético. Su carisma no ha perdido vigencia; al contrario, es una respuesta concreta al sufrimiento humano y al anhelo de esperanza.

Hoy más que nunca, el IMC está llamado a renovar su ardor misionero, a formar nuevas generaciones de misioneros santos y a seguir siendo instrumento del consuelo de Dios en todos los pueblos.

 Conclusión

El Instituto Misiones Consolata es mucho más que una organización. Es una comunidad de fe en camino, un organismo vivo, con una misión que nace del corazón de Dios, un carisma que consuela y transforma, y una espiritualidad profundamente evangélica. En cada misionero Consolata late el deseo de hacer presente a Cristo en las periferias del mundo, con el estilo de María y la pasión del Allamano.

“Primero santos, después misioneros”: esta sigue siendo la clave de un seguimiento auténtico de Jesús, en el corazón de la misión de la Iglesia.


Ejercicios Espirituales Misioneros (tema 4)

 El ser humano – cristiano, llamado al seguimiento de Jesús
 en el Instituto Misiones Consolata

Jhon Anderson Guerrero Useche y Sergio Andrés Warnes Alcázar - Profesión Religiosa - Manaos (27/12/2025)

El ser humano ha sido creado por Dios para la vida, el amor y la comunión. A lo largo de la historia de la salvación, Dios ha llamado a personas concretas para participar en su misión. En Jesucristo, ese llamado se vuelve pleno y personal: “Ven y sígueme” (Mt 19,21). Hoy, este llamado sigue resonando, especialmente en quienes se sienten atraídos por el ideal misionero. En el Instituto Misiones Consolata, este seguimiento de Jesús adquiere una forma particular: ser discípulos misioneros consoladores, llevando el Evangelio a las periferias del mundo y del corazón humano.

 1. El ser humano: creado para la misión

Dios ha creado al ser humano a su imagen y semejanza, con la capacidad de amar, servir y entregarse. En cada corazón resuena una sed de plenitud, de sentido, de eternidad. La vocación cristiana nace de la certeza de que fuimos amados primero, y que estamos llamados a responder con nuestra vida entera.

Pero esta vocación no es solo personal, sino misionera: el amor de Dios no puede guardarse, debe compartirse. Por eso, todo cristiano, por el bautismo, es también enviado.

2. Jesús: modelo y camino del misionero

El Instituto Misiones Consolata encuentra en Jesucristo misionero del Padre su fuente y modelo. Jesús no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida por todos (cf. Mc 10,45). Vivió entre los pobres, sanó, anunció el Reino, consoló a los afligidos y amó hasta el extremo.

Seguir a Jesús en el Instituto significa asumir su estilo de vida, su cercanía a los pequeños, su pasión por el Reino y su apertura universal. Como decía el Beato José Allamano: “Primero santos, después misioneros”.

3. La vocación cristiana en clave misionera

El cristiano que entra en contacto con el carisma Misionero de la Consolata descubre que el seguimiento de Jesús implica:

v  Ser testigo del Evangelio allí donde no es conocido o vivido.

v  Encarnar la compasión de Dios en medio del sufrimiento humano.

v  Formar comunidades de fe vivas, que celebren y vivan el amor de Dios.

v  Anunciar con la vida que Cristo es el camino, la verdad y la vida.

Este seguimiento es una vocación, no simplemente una tarea. Es una respuesta libre al amor de Dios, que llama a algunos a dejarlo todo por el anuncio del Reino, al estilo de María Consolata, modelo de ternura, escucha y entrega.

 4. El carisma Misionero de la Consolata: consolar, anunciar, entregar

El carisma del Instituto se expresa en tres palabras clave: consolar, evangelizar y entregarse.

Consolar: significa estar presentes donde hay dolor, soledad, abandono, injusticia e inclusive fiesta.

Evangelizar: anunciar a Jesucristo con la palabra y el testimonio, especialmente donde Él aún no ha sido proclamado.

Entregarse: vivir la misión como una donación total, como vida ofrecida por amor.

Esto se vive en comunidades interculturales, en zonas difíciles, muchas veces en primera línea, con alegría, sencillez y fidelidad.

5. Una llamada para todos, una misión sin fronteras

El Instituto Misiones Consolata forma parte de la Iglesia en salida. Sus miembros –sacerdotes, hermanas, laicos y laicas consagradas– viven el seguimiento de Jesús en tierras de misión, pero también desde la animación misionera, la formación y el testimonio en todos los ambientes.

Cada cristiano está llamado a vivir con espíritu misionero, incluso sin salir de su país. La misión es una actitud del corazón: abrirse al otro, vivir en clave de don, anunciar con la vida.

Conclusión

El ser humano –cristiano, ha sido creado y llamado al seguimiento de Jesús. En el Instituto Misiones Consolata, este llamado se vive desde la vocación misionera, inspirada por el carisma del Beato José Allamano. Quien respondiendo a este llamado decide caminar con Jesús, consolar a los pueblos, anunciar y construir su Reino y entregar la vida en la misión, se hace más humano y por lo mismo santo. Se humaniza y santifica en la misión, como discípulo del Misionero del Padre Dios. 

En un mundo que necesita esperanza y consuelo, seguir a Jesús como misionero/a en la Familia Consolata es una respuesta actual, valiente y profundamente humana.

"Señor, quiero seguirte"
 
Señor Jesús,
Tú que llamaste a tus discípulos con amor
y los enviaste a anunciar el Reino,
mírame hoy, aquí, en medio de mi vida cotidiana,
y hazme escuchar tu voz que me dice:
“Ven y sígueme.”
 
Has puesto en mi corazón
el deseo de algo más,
la sed de verdad,
la pasión por un mundo más justo,
y el anhelo de consolar a quienes sufren.
 
Hazme discípulo tuyo,
fiel a tu Palabra,
libre para amar,
valiente para ir donde Tú me necesites.
Como María Consolata,
enséñame a decir "sí" sin reservas,
a estar disponible para tu misión,
y a llevar tu consuelo a los más olvidados.
 
Señor, si Tú me llamas,
dame la gracia de responder con alegría.
Si me quieres misionero, misionera,
hazme generoso en la entrega y firme en la fe.
 
Que el ejemplo del Beato José Allamano
me inspire a ser primero santo,
y después, misionero tuyo
en cualquier rincón del mundo.
Amén.

Ejercicios Espirituales Misioneros (tema 3)

  El ser humano - cristiano, llamado al seguimiento de Jesús

Templo de la Inmaculada - Aguadas - Caldas - Colombia
 

En la búsqueda del sentido de la existencia el ser humano ha encontrado, en el cristianismo, la respuesta en Dios, quien ha creado al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza (cf. Gn 1,27). No fuimos creados por casualidad, sino por amor, y con una vocación: vivir en comunión con nuestro Creador. Esta vocación se hace concreta en el llamado al seguimiento de Jesucristo, quien no solo es el modelo perfecto de humanidad, sino también el camino que conduce a la vida plena.

 1. El ser humano: creado para la comunión con Dios

El ser humano posee una dignidad única: es capaz de conocer, amar y elegir libremente. Esta libertad lo convierte en responsable de su vida y de su relación con los demás. Sin embargo, el pecado original y las heridas del mal han oscurecido esta vocación. Aun así, Dios no abandona a su creación; al contrario, la llama constantemente a volver a Él.

2. Jesucristo: el llamado al seguimiento

Con la encarnación de Jesús, Dios se hace cercano. En su vida, muerte y resurrección, Cristo nos revela quién es Dios y quién está llamado a ser el ser humano. A lo largo del Evangelio, Jesús no solo anuncia el Reino de Dios, sino que llama a las personas concretas a seguirle: “Ven y sígueme” (Mt 19,21). Este llamado no es solo para los primeros discípulos, sino para todos los que, a lo largo del tiempo, desean vivir según su ejemplo.

 3. ¿Qué significa seguir a Jesús?

Seguir a Jesús no es simplemente admirarlo o aceptar sus enseñanzas como algo bueno. Es una decisión radical que implica:

ü  Escuchar y poner en práctica su Palabra, especialmente el mandamiento del amor.

ü  Asumir la cruz, es decir, aceptar las dificultades de la vida con fe y esperanza.

ü  Vivir en comunidad, formando parte activa de la Iglesia.

ü  Dar testimonio en el mundo, siendo luz y sal para los demás.

El seguimiento de Jesús transforma toda la vida: la forma en que nos relacionamos, trabajamos, sufrimos y soñamos. Cristo no quita nada, sino que lo da todo: da sentido, esperanza y plenitud.

 4. Una vocación para todos, en caminos diversos

No todos seguimos a Jesús de la misma manera. Hay múltiples vocaciones dentro de la única llamada al discipulado:

ü  Los laicos son llamados a santificar el mundo desde dentro: en la familia, el trabajo, la política, el arte, etc.

ü  Los sacerdotes y consagrados están llamados a una entrega total y visible a Dios y a su pueblo.

ü  Los jóvenes, con su entusiasmo, pueden ser testigos creíbles del Evangelio en medio de un mundo que necesita esperanza.

ü  Cada cristiano debe preguntarse: ¿Cómo puedo seguir a Jesús hoy, en mi realidad concreta?

5. El seguimiento como camino de conversión

Seguir a Cristo es una tarea diaria. Es un proceso de conversión permanente, de dejar que el Espíritu Santo transforme nuestros pensamientos, deseos y acciones. San Pablo lo expresó con fuerza: “Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gál 2,20).

Este camino no es fácil, pero es profundamente liberador. En Jesús encontramos el verdadero rostro del amor, de la verdad y de la vida.

 Conclusión

El ser humano, en su búsqueda de sentido, encuentra en Jesucristo la respuesta definitiva. Ser cristiano es más que una identidad cultural o una práctica religiosa: es un llamado personal al seguimiento de Jesús. Cada persona está invitada a recorrer este camino, con libertad, fe y amor, sabiendo que Dios camina a su lado. En ese seguimiento se realiza plenamente el ser humano, y el mundo se transforma desde dentro.

lunes, 22 de diciembre de 2025

Novena de Navidad 2025

 Presentación 

Esta novena propone un camino de preparación para la Navidad y para la vida, inspirado en los legados San José Allamano en su centenario (+1926 – *2026, 16 de febrero), del Papa Francisco, con el Jubileo de la Esperanza y en los testimonios de las Beatas Misioneras de la Consolata, Irene Stefani y Leonella Sgorbati

Proceso, teórico y práctico, desde cuatro principios: compasión, misericordia, consolación y alegría. Eslabones de una cadena dinámica y procesual de “espiritualidad misionera de consolación – liberación”.









La misión en clave de Consolación inicia en la Compasión que mueve, motiva, a la Misericordia, acción que transforma, libera, generando Consolación en quien es consolado y en quien consuela y se celebra con Alegría. Fiesta o liturgia de la gratuidad o Eucaristía terrenal. Anticipo  de aquel Banquete eterno, donde no habrá llanto ni dolor, porque Dios enjugará toda lágrima y no habrá muerte, solo vida (cfr. Ap 21,4), consolación plena (cfr. 7,17).  


Para leer el contenido de la Novena, completo

lunes, 8 de diciembre de 2025

Ejercicios Espirituales Misioneros (tema 2)

II Ser humano: ser para la santidad

La santidad entendida desde las Religiones, tiene sus comprensiones, moldes, procesos y reconocimientos. Aquí la quiero entender como la plena humanización, proyecto que puede ser asumido por cualquier ser humano, de cualquier credo o espiritualidad. Cuanto más humano, más santo. Cuanto más sato, más humano. 

En uno de los textos de El Principito se lee:  "Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo. Transmite primero en los hombres y mujeres el anhelo del mar libre y ancho" (A. Saint-Exupéry). Ese mar libre y ancho, en el camino de la vida, en su expresión humana, lo veo en la SANTIDAD, entendida como humanidad en plenitud y totalidad, en una vida bien vivida, en plenitud y felicidad. En esta visión, sueño personal, me inspira la persona del Galileo Jesús de Nazaret y su Evangelio, vivido integralmente por muchos de sus discípulos misioneros, reconocidos y propuestos por la Iglesia Católica como santos. Pero queda por contar una multitud de creyentes católicos y de otras espiritualidades, que aún viviendo santamente, no son identificados  ni propuestos a consideración.

El ser humano, un ser para la santidad

¿Qué sentido tiene la vida humana? ¿Estamos aquí por casualidad, o existe un propósito más alto que dé dirección y plenitud a nuestra existencia? Desde tiempos remotos, el ser humano ha buscado respuestas a estas preguntas fundamentales. En la tradición cristiana, una afirmación clara y potente responde a estas inquietudes: el ser humano ha sido creado para la santidad. No como una carga, sino como su destino más alto, su vocación más profunda y su plenitud más real.

 1. La santidad: una llamada inscrita en nuestra esencia

La Sagrada Escritura nos revela que el hombre ha sido creado “a imagen y semejanza de Dios” (Gén 1,26). Esto no significa simplemente que poseemos inteligencia o libertad, sino que estamos llamados a participar de la vida divina, a reflejar el amor, la verdad y la bondad de Dios en nuestra propia vida. En otras palabras, estamos hechos para ser santos.

La santidad, lejos de ser algo extraordinario o reservado a unos pocos, es el verdadero destino de todo ser humano. Como dice el apóstol Pablo: “Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación” (1 Tes 4,3).

2. La santidad como vocación universal

El Concilio Vaticano II, en la Constitución Dogmática Lumen Gentium, proclamó con claridad que todos estamos llamados a la santidad, sin distinción de estado, edad o condición. Esta enseñanza rompió con una visión reducida de la santidad como algo propio del clero o la vida consagrada. Hoy sabemos que se puede ser santo como padre o madre de familia, como estudiante, como trabajador, como político, como artista, como joven o anciano.

La santidad no es evasión del mundo, sino precisamente lo contrario: es vivir en medio del mundo con un corazón en Dios y las manos al servicio del prójimo.

 3. Santidad y plenitud humana

Vivir para la santidad no significa renunciar a la humanidad, sino alcanzar su máxima expresión. Los santos no son personas apagadas o tristes, sino seres humanos plenamente realizados, que han vivido con profundidad, autenticidad y entrega. La santidad no anula la personalidad; la transfigura.

Un santo es alguien que ama de verdad, que busca el bien, que se levanta cuando cae, que vive en la verdad, que perdona, que no se encierra en sí mismo, que entrega su vida por algo más grande. Es decir, alguien profundamente humano.

 4. Obstáculos en el camino

La sociedad contemporánea, marcada muchas veces por el individualismo, el consumismo y el relativismo, no favorece una vida santa. Hay muchas voces que prometen felicidad sin compromiso, éxito sin esfuerzo, placer sin amor. En este contexto, hablar de santidad parece anticuado o incluso ingenuo.

Sin embargo, el corazón humano sigue sediento de verdad, de amor y de eternidad. En el fondo, todos anhelamos una vida con sentido, una existencia que no termine en el vacío. La santidad, entonces, no es una utopía, sino la respuesta más coherente y profunda al anhelo del alma humana.

 5. Testigos que iluminan el camino

A lo largo de la historia, Dios ha regalado a la humanidad testigos de santidad: santos canonizados, pero también innumerables hombres y mujeres anónimos que han vivido con fidelidad, amor y esperanza. Sus vidas muestran que la santidad es posible, que vale la pena, y que transforma no solo a la persona, sino también a su entorno.

Desde San Francisco de Asís hasta Santa Teresa de Calcuta, desde mártires hasta padres de familia ejemplares, estos santos son faros que iluminan nuestra propia vocación.

 Conclusión: Un llamado para ti y para mí

Creer que el ser humano es un ser para la santidad es recuperar la dignidad y grandeza de nuestra vocación. No hemos sido creados para la mediocridad, ni para una vida superficial, sino para la plenitud del amor.

La santidad no es perfección sin errores, sino fidelidad al amor en medio de las debilidades. Es un camino que se recorre día a día, con la fuerza de la gracia de Dios y la libertad de nuestra respuesta.

Hoy, más que nunca, el mundo necesita santos: personas auténticas, alegres, coherentes, profundamente humanas y profundamente divinas. El llamado está hecho. La puerta está abierta. Tú también estás llamado a ser santo.


Ejercicios Espirituales Misioneros (tema 1)

I Ser humano: ser para la relacionalidad

Pueblo Nasa, Toribio, Norte del Cauca - Colombia

El ser humano es un nudo de relaciones dirigidas hacia todas las direcciones. La propia Divinidad se revela panrelacional, como enfatiza el papa Francisco en su encíclica Laudato Si’ (n.239). Si todo es relación y no existe nada fuera de la relación, entonces la ley más fundamental es la sinergia, la sintropía, la inter-retro-relación, la cooperación, la solidaridad cósmica, la comunión y la fraternidad/sororidades universales (Boff Leonardo).

El ser humano, un ser para la relacionalidad

En un mundo cada vez más interconectado pero paradójicamente más individualista, surge con fuerza la necesidad de redescubrir una verdad esencial: el ser humano ha sido creado para la relación. No existe aislado, ni puede realizarse plenamente en la soledad absoluta. Desde sus orígenes, el ser humano es un ser relacional, constituido en y por la relación con los demás, con el mundo, consigo mismo y con Dios.

1. Relacionalidad: una verdad fundante del ser humano

Ya en el relato bíblico de la creación (Gén 2,18), Dios declara: “No es bueno que el hombre esté solo”. Esta afirmación no se limita al matrimonio, sino que revela una verdad antropológica profunda: la soledad absoluta contradice la naturaleza humana. El ser humano necesita al otro para saberse a sí mismo, para crecer, para amar y para ser amado.

Filosóficamente, autores como Martin Buber (con su visión del "Yo-Tú") y Emmanuel Lévinas han afirmado que la relación con el otro es constitutiva del yo. No somos individuos cerrados, sino personas abiertas, nacidas del encuentro y llamadas al encuentro.

 2. Dimensiones de la relacionalidad humana

La relacionalidad humana se manifiesta en varias dimensiones interconectadas:

a) Relación con uno mismo

Conocerse, aceptarse, reconciliarse con la propia historia, integrar heridas y límites. Sin esta relación interior sana, toda otra relación se ve afectada.

b) Relación con los demás

La familia, la amistad, la comunidad, el amor, la solidaridad… todo ser humano crece y se humaniza a través de vínculos profundos y auténticos. El otro no es un obstáculo, sino una oportunidad de plenitud.

c) Relación con la creación

Estamos llamados no a dominar, sino a cuidar la creación, reconociendo que formamos parte de un todo más amplio, interdependiente y armónico.

d) Relación con Dios

Para quienes tienen fe, la relación con Dios es el fundamento de todas las demás. En Dios, fuente de toda comunión, aprendemos a vivir con los otros de manera verdadera.

 3. Relacionalidad y libertad: una tensión fecunda

Una falsa visión de libertad como autonomía absoluta ha llevado a muchas personas a ver la relación como una amenaza o una pérdida de sí. Sin embargo, la verdadera libertad se vive en la relación. Ser libre no es aislarse, sino poder donarse libremente. No se trata de “perderse en el otro”, sino de encontrarse en el don mutuo.

El amor auténtico, la amistad verdadera y la comunidad real solo pueden existir si hay libertad. Pero también es cierto que la libertad solo madura cuando se abre al otro.

 4. Los desafíos de la relacionalidad hoy

En una sociedad digitalizada, globalizada y muchas veces individualista, la relacionalidad humana enfrenta nuevos retos:

Ø  Relaciones superficiales: las redes sociales pueden conectar, pero también vaciar el encuentro real.

Ø  Aislamiento afectivo: muchas personas sufren soledad, aunque estén rodeadas de gente.

Ø  Relaciones utilitaristas: donde el otro es visto como un medio, no como un fin.

Ante estos desafíos, es urgente promover una cultura del encuentro, del cuidado mutuo y del diálogo sincero.

 5. Cristo, modelo de relacionalidad plena

En la perspectiva cristiana, Jesucristo se presenta como el modelo perfecto de relacionalidad. Él vive en comunión con el Padre, se entrega totalmente al prójimo, acoge al excluido, perdona al pecador y crea una nueva humanidad reconciliada. En Él se nos revela que el ser humano solo se realiza plenamente cuando ama y se deja amar.

 Conclusión: Ser es ser en relación

El ser humano no es una isla. Su identidad más profunda no se descubre encerrándose, sino abriéndose al otro. Somos seres llamados a la comunión, no a la competencia; al encuentro, no al aislamiento.

Redescubrir la relacionalidad como núcleo de nuestra existencia es clave para construir una humanidad más humana, más solidaria y más fraterna. Solo en el amor y en la relación auténtica, el ser humano encuentra su verdad, su libertad y su plenitud.