jueves, 14 de agosto de 2025

La Consolación en la metodologia misionera

 Metodología misionera de la Consolata, “A la mano”

Grupo juvenil misionero, italiano, en el Kenía - África

Aquí proponemos leer la metodología evangelizadora de la Familia Misionera de la Consolata en la clave de Consolación, como principio inspirador, lejado por San José Allamano.

 La consolación en el programa misionero

Los Misioneros de la Consolata, como Jesús, se reconocen consagrados y enviados por el Espíritu que proviene del Padre, tal como se lee en sus Constituciones: “enviados a compartir con todos los pueblos la verdadera Consolación, Jesucristo, teniendo a María como modelo y guía”, según la voluntad de San José Allamano, el Fundador y formador.

El Programa misionero de Jesús, presentado en Lucas 4, 16-19: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos,  proclamar el año de gracia del Señor”, basado en un texto de Isaías 61,1-2 que dice: “El Espíritu del Señor Dios está sobre mí, porque me ha ungido el Señor; me ha enviado a dar buenas nuevas a los quebrantados, a vendar a los heridos de corazón, a proclamar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la gracia del Señor, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los que lloran”.

Aunque Lucas omite la parte final “el día de venganza ... a consolar a todos los que lloran”, el programa de Jesús incluye claramente la dimensión del consuelo que brinda esperanza y restaura pecadores, pobres, cautivos, ciegos, enfermos, excluidos, etc.

Al final de su presentación, Jesús cierra el rollo antiguo y lo entrega al servidor diciedo: “Hoy se cumple esta escritura que acaban de oír” y se sieta, como maestro. Todos los asistentes tenían los ojos fijos en él. Cierra así el viejo tiempo, el de la promesa y abre el nuevo, el del cumplimiento, el del Reino de Dios, el de Jesús (Dios que salva), consolación liberadora, encarnada en la mujer María, madre de la consolación esperada y reconocida por el "resto fiel" de Israel, represetado en Simeón y Ana (Lc 2,32-38) 

Varios de los que lo escucharon, cuando los llamó a colaborar en su misión, le respondieron y lo siguieron, otros permanecieron en su forma antigua sin inmutarse y otros lo rechazaron, obstculizaron y persiguieron hasta apresarlo, juzgarlo y condenarlo a la muete. El Padre "compasivo y misericordioso" lo sostuvo hasta que espiró en la cruz. Los humanos, inhumanos, viéndolo sin vida, lo encerraron en el lugar de los muertos. Dios lo resucitó y Él salió al encuentro de sus fieles seguidores, dejando el sepulcro, auque nuevo, vacío. Los encotró a orilla del lago, en el camino, en el cenáculo, en las casas, etc., y los confirmó en la misión que les había presentado allá en Galilea y para la cual los había llamado, formado y entrenado. Los llenó de su Espiritu y los envió, confiándolos a la presecia y compañía del Otro Consolador, el Paráclito y asegurándoles su participación hasta el final  de los tiempos y los confines del mundo.

Fue esta consolación, éticamente sentida, hablada y actuada, la que conformó la vida y la misión de la Beata Irene Stefani, misionera de la Consolata, dedicada totalmente a su pueblo con amor y dulzura, hasta el punto que la gente misma le cambió el nombre de Irene, que en griego significa “paz”, por el de “Nyaatha” que en Kikuyu significa “misericordia personificada”.

La consolación en el camino y la meta de la misión 

Mientras caminamos en el tiempo, cronológicamente medido y el territorio, geográficamente demarcado, nos enfrentamos con los ideales de igualdad y buen vivir para todos y las realidades de la desigualdad y el mal vivir para muchos.

Realidad esta presentada por el Evangelista Lucas con la parábola del “rico epulón y el pobre Lazaro” (Lc 16,19-31), personajes antagónicos. El rico vive en la abundancia, ignorando por completo al pobre, que yace hambriento y enfermo a su puerta.

Tras la muerte, se invierten los papeles: el rico, sin nombre, sufre en el Hades, mientras que el pobre, de nombre Lázaro, es llevado por los ángeles al “seno de Abraham”, símbolo de fe, justicia, descanso, dignidad y consolación.

No debemos tomar la imagen del “seno de Abraham” al pie de la letra, sino como una metáfora del lugar de consuelo eterno que Dios prepara para sus fieles, del reencuentro amoroso con los antepasados, comenzando por Abraham. Al mismo tiempo, nos invita a abrir los ojos, a no repetir la ceguera del rico y a construir, ya en esta vida, la comunión fraternal que se consumará en el Reino de los cielos.

A esa tarea de promover, animar y construir el Reino de Dios en esta tierra, se asocia la Familia misionera de la Consolata, inspirados en María Consolata, consolada (santa o llena de gracia) y consoladora (discípula misionera), orientados por el Concilio Vaticano II: “la madre de Jesús brilla ante el Pueblo de Dios en marcha, como señal de esperanza cierta y de consuelo” (Lumen Gentium, 68). El Fundador tenía su propia visión de la meta fina o cielo, lugar del consuelo pleno: “Cuando piensen el paraíso, no piensen en forma abstracta, sino en el paraíso del misionero y la misionera que son fieles a su vocación. El Señor dijo: “Yo voy a prepararles un lugar” (Jn. 14,2). Pero para esto es necesario trabajar mucho. Me parece que este pensamiento del paraíso debería consolarnos. Nuestro premio está allí, ¡y es muy grande! Pensemos con frecuencia en él. (cfr. San José Allamano, Así los quiero, n. 92).

Compasivos, misericordiosos, consolados y alegres

Este itinerario humano y espiritual, demarcado por cuatro grandes principios: la compasión, la misericordia, la consolación y la alegría, mutuamente implicados y complementados, es el de la santidad misionera propuesta por el Fundador: “primero santos” para y en la misión. Es el itinerario que los Misioneros y Misioneras intentan, con “espíritu de cuerpo”, y que ofrecen a todos los que lo quieran recorren, especialmente a quienes los acompañan en el camino de la misión de la Iglesia, "que avanza en la historia, entre las persecuciones del mundo y las consolaciones de Dios" (cfr. LG V, VII, VIII).

El principio compasión se presenta como puerta de entrada al mundo de la misión. Nos hace sensibles, emocional e intelectualmente, motivados para cuando salimos de nosotros mismos podamos mirar con atención la realidad, cercana y lejana, verla con los ojos del compasivo Jesús de la Sinagoga de Nazaret: los pobres, los cautivos, los ciegos, los enfermos, los pecadores, los oprimidos, la explotada “madre tierra” que “gime con dolores de parto” (Rm 8,22-29) y anunciarles, a ellos y a todos desde ellos, la buena noticia de la salvación – liberación, el tiempo de gracia del Señor, el Jubileo de la esperanza.

Nuestra propia experiencia o la de los demás, iluminada por las ciencias y el Evangelio, nos debe motivar a preguntarnos quiénes son los pobres, los cautivos, los enfermos, los afligidos entre nosotros, de qué y por qué están en tal situación. Vislumbrar que allí donde las personas pierden su libertad y sus libertades más fundamentales, se vive la experiencia de cautiverio que nos torna enfermos, oprimidos, excluidos, manipulados, perseguidos, amenazados, violentados y atacados. Todo esto de un modo personal o colectivo, interna o externamente, desde la proximidad o desde la lejanía, desde las redes familiares o desde las estructuras de nuestro mundo, y a veces, incluso, desde la propia cultura, economía, política o religión pervertidas. Situaciones todas infernales y dolorosas de miedo, ansiedad, fatiga, desánimo, silencio humillante y deseo de huida que, a su vez, llevan a nuevas esclavitudes, perpetuando y ampliando el círculo del mal y de la muerte.

El principio misericordia nos convoca a la acción, a las respuestas concretas y específicas o apropiadas a cada situación. Nos pide aproximación, contacto, solidaridad operátiva, organizada, práctica, eficiente y eficaz. Aquí surge la necesidad y la oportunidad de alianzas personales, comunitarias, institucionales. Nadie puede enfrentar solo la realidad. Si quiere hacer “el bien, bien hecho”, debe hacerlo con “espíritu de cuerpo” y en “unidad de intenciones e intentos”, como lo sugiere San José Allamano. La caridad, como “la promoción social y elevación de los ambientes”, la “justicia, paz e integralidad de la creación”, dimensiones integrales de la metodología misionera allamaniana, tienen procesos que exigen visión, programación, financiación, ejecución, supervisión, evaluación y resultados. Todo esto debe de ser registrado, archivado y socializado trasparentemente.

El principio consolación permite, tanto a los compasivos y misericordiosos como a los afligidos y desolados, disfrutar del alivio, el descanso, la satisfacción, la justicia y la paz, la armonia con toda la "comunidad de la vida". A las víctimas de las diferentes situaciones, incorporarse y volver, con sentido, esperanza y proyección, al camino de la vida y de la comunidad social, rumbo al “banquete final”, donde ya “no habrá más llanto ni dolor, porque Dios enjugará las lágrimas de los ojos” (Ap 21,4).

El principio alegría nos permite celebrar, litúrgica y socialmente, gozar, disfrutar interior y colectivamente la vida como fiesta del “buen vivir y convivir” ecológico integral, anticipando la eternidad resucitada, lugar de la plena consolación.

Nota: La pintura Mariana es obra del P. Carlos Alberto Zuluaga - CAZ

domingo, 3 de agosto de 2025

Servir a la "Comunidad de la vida"

 Legado de San José Allamano para la vida

Cristhian Alarcón, de Chaparral - Tolima, con la "Comunidad de la vida" africana

San José Allamano, fundador de la Familia Misionera de la Consolata, dejó un legado o propuesta de vida, coherente, humilde, ordinaria e integral, no solo para religiosos o misioneros, sino para todos los que quieran vivir con sentido, compromiso y espiritualidad: vivir con fe, servir con amor, formar conciencia, y consolar al mundo herido, desde la esperanza cristiana. Su legado interpela a vivir con autenticidad y compromiso ético en todas las dimensiones de la existencia: personal, familiar, laboral y social.

 1. Pasión por la vida y la misión

Entendía la misión no solo como ir a tierras lejanas, sino como una actitud de apertura, servicio y entrega total a Dios y a los demás. Enseñó que cada persona está llamada a “ser misionera” desde su lugar y en su cotidianidad, llevando consuelo, fe y esperanza a los que la rodean. “Todos podemos y debemos ser misioneros, con nuestras palabras, nuestras obras y nuestra oración”.

Pasión ética y profesional que se sintetiza en el “hacer el bien, bien hecho y sin ruido” o en el “hacer de manera extraordinaria lo ordinario”, algo así como “calidad total” o “excelencia”, en el lenguaje empresarial o académico.

 2. Ambiente familiar

Una preocupación recurrente en la vida y la doctrina de San José Allamano. No se trata solo de un valor humano, sino una expresión espiritual profunda que atraviesa su pensamiento, su estilo de vida y formación, su forma de entender la misión y la vida socio comunitaria. Un “espíritu de Familia” o “ambiente donde todos se sientan en casa, donde haya caridad mutua, respeto, confianza, unidad de propósito, y un profundo sentido de pertenencia".

Este espíritu se inspira en la Sagrada Familia de Nazaret, modelo perfecto de vida comunitaria basada en el amor, el respeto y la obediencia a la voluntad de Dios; en la presencia maternal de la Virgen Consolata, centro espiritual y afectivo, como una madre que une a sus hijos. Una unidad vivida en el reconocimiento, respeto y valoración de la diversidad, basada en el amor y el perdón, fortaleciendo siempre el sentido de pertenencia.

“Donde hay espíritu de familia, reina Dios” y “no hay nada más bello que una casa donde todos se aman”.

 3. La Consolata en la casa y en el corazón

La Familia Misionera de la Consolata lleva en su nombre y carisma esa dimensión mariana. María hace parte del corazón consolatino: mujer obediente a la voluntad de Dios, madre presente, atenta, intercesora y providente que consuela, acompaña y sostiene a sus hijos en las pruebas de la vida y la misión; modelo de ternura, cercanía y fortaleza en todas las circunstancias; discípula de Jesús, pedagoga y guía de vida cristiana, “Ella es la primera misionera: llevó a Jesús al mundo.”

Con María y el Niño en su regazo, indicado por su brazo, se contempla y se vive más fácilmente la centralidad silenciosa de Jesús en el sagrario de la casa; se celebra más solemne y familiarmente la Eucaristía, “fracción del pan y del vino” de la fraternidad universal, en la mesa de la “casa común”.

Algunas prácticas marianas, promovidas por Allamano, consuelan a la madre y a los hijos: el rezo diario del rosario, la consagración personal y comunitaria a María, las fiestas marianas celebradas con solemnidad, fomentan y fortalecen la comunión.

Servidores de la "comunidad de la vida" en Puerto Leguízamo - Putumayo, Amazonía colombiana

 4. Capacidad de ver la vida en aflicción y servirle  

Ver los seres humanos de cerca (Turín, Piamonte y alrededores) y de lejos (Etiopia, África y más allá) y generar acciones, movimientos e instituciones de aproximación para el servicio integral de toda la “comunidad de la vida” (Carta de la tierra). San José Allamano promovió un compromiso concreto con los seres humanos y el medio ambiente.

Enraizado en el mediterráneo europeo e inspirado en el Evangelio impulsó el tren de la evangelización sobre dos rieles: el anuncio de Jesucristo y la promoción humana, con la elevación del ambiente o los contextos. Para él evangelizar implica: anunciar a Jesucristo y atender a las necesidades materiales, sociales y culturales de las personas, especialmente de los más pobres y excluidos; educar y formar integralmente a las personas, promoviendo la dignidad humana; fomentar el desarrollo de personas y comunidades para que pudiedan vivir como hijos de Dios, con libertad y responsabilidad. “No se puede predicar el Evangelio a un estómago vacío”, decía. El anuncio de Cristo debe ir acompañado de obras concretas de caridad, educación, salud y justicia.

Siendo integral, la evangelización promueve también la “elevación del ambiente” o sea la transformación del entorno físico, social, cultural y moral en el que viven las personas. No basta transformar al individuo, es menester elevar sus condiciones de vida: higiene, salud, educación, vivienda, trabajo digno; transformar estructuras injustas: promoviendo la paz, la justicia y el respeto por los derechos humanos; crear ambientes donde el Evangelio pueda florecer: comunidades justas, solidarias y fraternas. En síntesis, una misión evangelizadora que sane heridas personales y colectivas, mejore estructuras sociales y ofrezca esperanza.

Esta misión no puede ser tarea exclusiva de los Misioneros consagrados o especialistas en el asunto, sino de todos los actores humanos que trabajen al servicio de la ecología integral, ambiental y social. También tuya.


viernes, 27 de junio de 2025

La misión está en el corazón

 La misión está en el corazón

La misión en el corazón del Papa Francisco y de San José Allamano

Apoyado en la “Carta encíclica sobre el amor humano y divino del Corazón de Jesucristo”, Dilexit Nos (Él nos ha amado), publicada por el Papa Francisco el 24 de octubre de 2024, dedicada al Corazón de Jesús, quiero reflexionar sobre un grito recurrente entre los jóvenes de la Animación Misionera Juvenil y Vocacional de los Misioneros de la Consolata en Colombia: “La misión está, ¡en el corazón”!

Cuando el corazón arde incendia

 La Animación Misionera Juvenil busca, desde el corazón de los jóvenes, inyectar ánimo, dinamismo misionero, en cada joven, en las familia y comunidades, en los colegios y universidades, en la Iglesia y el mundo, convencidos, con el Papa Francisco que ese es: “el camino de la renovación eclesial; pero también decir algo significativo a un mundo que parece haber perdido el corazón”. Ellos lo gritan en las calles, lo celebran en las liturgias e intentan vivirlo en las convivencias, en las experiencias formativas, y misioneras, Tratando de contagiar el mundo de amor.

Para los jóvenes amar y servir, convivir y compartir, es vivir desde el corazón, es su pasión y poco a poco se convierte en su misión. Como para el Papa Francisco, en palabras de del subsecretario del Dicasterio para la Cultura y la Educación, Antonio Spadaro, “escribir una encíclica sobre el corazón significa que entrar en el corazón de Cristo nos permite sentirnos amados por un corazón humano lleno de afectos y sentimientos como los nuestros. La espiritualidad de Francisco, en este sentido, se aleja de las formas desencarnadas y rigoristas. Él cree que la espiritualidad implica profundamente el alma humana, los sentimientos y la dimensión física del ser humano».

“Hacia el final del documento, el papa Francisco establece una conexión entre la devoción al Sagrado Corazón y el compromiso misionero. Esta conexión está en continuidad con otros documentos de su magisterio. Por ejemplo, en Evangelii Gaudium advertía sobre “el riesgo de desfigurar el sentido auténtico e integral que tiene la misión evangelizadora” (n. 176) y, por ello, dedicaba parte del documento a reflexionar sobre la dimensión social de la evangelización. De manera similar, en Dilexit Nos, el obispo de Roma reserva una sección para reflexionar sobre “la dimensión comunitaria, social y misionera de toda auténtica devoción al Corazón de Cristo” (n. 163), precisando que “el Corazón de Cristo nos lleva al Padre y nos envía a los hermanos”. Estas dimensiones muestran una preocupación constante en su magisterio: “una mirada más integral e integradora” (Laudato si', n. 141) de la espiritualidad, la evangelización y la ecología”. (Marco Enrique Salas Laure, 10/02/2025, el portal de Religión Digital).

El amor transforma

Recuerdo aquí un breve de texto de Virginia Azcuy, teóloga argentina: “Las dimensiones comunitaria y social de la espiritualidad cristiana están implicadas mutuamente, porque la Iglesia-comunidad peregrina en medio de los pueblos para anunciar el reino de Dios, cuya realidad salvífica es inseparable de la promoción humana integral”. No se trata pues de una espiritualidad intimista que encierra e individualiza, sino activa, creativa y propositiva, en salida hacia “otro mundo posible”, que lo va construyendo a través de “los frutos de servicio, fraternidad y misión que el Corazón de Cristo produce a través de nosotros”, dice el Papa (n. 163). En consecuencia, escribe Francisco: “Lo expresado en este documento nos permite descubrir que lo escrito en las encíclicas sociales Laudato si’ y Fratelli tutti no es ajeno a nuestro encuentro con el amor de Jesucristo, ya que bebiendo de ese amor nos volvemos capaces de tejer lazos fraternos, de reconocer la dignidad de cada ser humano y de cuidar juntos nuestra casa común” (n. 217).

Es en esta línea que el Papa desarrolla “la dimensión misionera de nuestro amor” (n. 205), articulada en cuatro partes: el objetivo de la misión (n. 208); el sujeto de la misión (n. 209); el testimonio misionero (n. 210); y el anuncio misionero (n. 216).

La misión, cuestión de amor

“A la luz del Sagrado Corazón, la misión se convierte en una cuestión de amor”, leemos en el numeral 208 de Dilexit Nos. Así, si la salida misionera es el paradigma de toda la tarea de la Iglesia, esta se cualifica por el amor que busca “dilatar en este mundo sus oleadas de infinita ternura” (n. 197). Al beber del amor de Jesús evitamos el riesgo de que “se digan y se hagan muchas cosas, pero no se logre provocar el feliz encuentro con ese amor de Cristo que abraza y que salva» (n. 208). La misión es una cuestión de amor en cuanto provoca el encuentro con ese amor de Jesús, como lo enseñaba Benedicto XVI: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Deus caritas est, n. 217). Al final, “sólo gracias a ese encuentro, o reencuentro, con el amor de Dios, que se convierte en feliz amistad, somos rescatados de nuestra conciencia aislada y de la autorreferencialidad” (Evangelii Gaudium, n. 8).

La persona del misionero/a

Después de describir la misión como una cuestión de amor, Dilexit Nos, ofrece un breve perfil de la persona que lleva a cabo esa misión, que busca provocar el encuentro con el amor de Jesús. El numeral 209 expresa que la misión, realizada desde el corazón, “exige misioneros enamorados, que se dejan cautivar todavía por Cristo y que inevitablemente transmiten ese amor que les ha cambiado la vida”. Tal como lo anunciaba en Evangelii Gaudium: “la primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido” (n. 264).

El tiempo que tenemos los misioneros/as para amar no lo podemos “perder discutiendo cuestiones secundarias o imponiendo verdades y normas» (n. 209), dice el Papa, pues el ser humano de hoy “no se obsesiona por la transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia» (Evangelii Gaudium, n. 35), sino con el testimonio de “lo esencial, que es lo más bello, lo más grande, lo más atractivo y, al mismo tiempo, lo más necesario”; ese Jesús que ama.

La principal preocupación del misionero y la misionera “es comunicar lo que ellos viven y, sobre todo, que los demás puedan percibir la bondad y la belleza del Amado a través de sus pobres intentos”, tomando en serio la advertencia de Francisco: “conviene ser realistas y no dar por supuesto que nuestros interlocutores conocen el trasfondo completo de lo que decimos o que pueden conectar nuestro discurso con el núcleo esencial del Evangelio que le otorga sentido, hermosura y atractivo» (Evangelii Gaudium, n. 34).

Testigos del amor

El primer deseo y compromiso de un misionero bebe de ser “hablar de Cristo, con el testimonio o la palabra, de tal manera que los demás no tengan que hacer un gran esfuerzo para quererlo» (n. 209). En la dinámica del amor, las palabras que articulan el anuncio «son las palabras del enamorado que no molestan, que no imponen, que no obligan, solo mueven a los otros a preguntarse cómo es posible tal amor» (n. 210). Así, se anuncia a Jesús y su amor, «no como quien impone una nueva obligación, sino como quien comparte una alegría, señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable» (Evangelii Gaudium, n. 14). Además, “con el máximo respeto ante la libertad y la dignidad del otro, el enamorado sencillamente espera que le permitan narrar esa amistad que le llena la vida” (n. 210).

El testimonio, si bien se ofrece con la palabra hablada o escrita, son: “los actos de amor a los hermanos de comunidad el mejor o, a veces, el único modo posible de expresar ante los demás el amor de Jesucristo» (n. 212). Claro está, no limitándonos a los cercanos, sino ampliando la tienda “a cada hermano y a cada hermana, especialmente a los más pobres, despreciados y abandonados de la sociedad” (n. 213). Al fin de cuentas “es su amor el que se manifiesta a través de nuestro servicio; él mismo le habla al mundo con ese lenguaje que a veces no puede tener palabras” (n. 214).

Conclusión

“De alguna manera tienes que ser misionero, como lo fueron los apóstoles de Jesús y los primeros discípulos, que salieron a anunciar el amor de Dios, salieron a contar que Cristo está vivo y que vale la pena conocerlo. Cada uno la cumple a su modo, y tú verás cómo podrás ser misionero. No importa si puedes ver algún resultado; eso déjaselo al Señor, que trabaja en lo secreto de los corazones. Pero no dejes de vivir la alegría de intentar comunicar el amor de Cristo a los demás» (n. 216).

El imperativo de la conversión misionera se impone como llamado a toda la Iglesia y cada uno de sus miembros: “La Iglesia también necesita corazón para no reemplazar el amor de Cristo con estructuras caducas, obsesiones de otros tiempos, adoración de la propia mentalidad, fanatismos de todo tipo que terminan ocupando el lugar de ese amor gratuito de Dios que libera, vivifica, alegra el corazón y alimenta las comunidades” (n. 219).

sábado, 31 de mayo de 2025

Fiesta de María Consolata - 20 de junio

 Novena a María Consolata: mujer consolada y consoladora


Escuela de Liderazgo Juvenil Misionero 2024 - Charalá 

Estructura:

·         Cita bíblica

·         Reflexión

·         Oración

·         Compromiso

 Oración

María, consuelo en la alegría y en el dolor
Mujer consolada y consoladora
Madre de la consolación encarnada.

Tú que cantaste las maravillas de Dios en los humildes
que suscitaste la alegría en la anciana Isabel y el niño en su vientre
enséñanos a cantar en la alegría y en el dolor.

Haznos generosos para compartir el gozo,
atentos para ver las necesidades y carencias,
 prontos para actuar, como tú, en la boda de Caná.

Junto a tu Hijo perseguido, escupido, condenado y crucificado,
ayúdanos a permanecer de pie en nuestros propios e injustos calvarios.

Enséñanos a estar, a mirar, a acompañar,
como tú: con silencio creativo y sensibilidad valiente
cuando nos falta el vino de la esperanza,
cuando en el corazón se apaga el gozo,
cuando la noche oscurece la luz.

Abraza nuestras alegrías con serena humildad
nuestros dolores con enérgica compasión.
con presencia, con fe, con amor.
 
Tú que experimentaste la espada del dolor en el corazón,
No permitas que huyamos del dolor ni que nos encerremos en él.
 
Sé nuestro consuelo, María,
Madre del consuelo,
Enséñanos a consolar como tú.
Amén.
 
Sugerencias para cada día

v  Si se quiere, se puede concluirse con el rezo del Rosario, contemplando los misterios dolorosos o gozosos, según el tema.

v  Preparar un símbolo que acompañe visualmente la reflexión.

v  El último día (Día 9) se puede concluirse con una celebración eucarística o vigilia de oración.

 Tema general: "Consolar, como María Consolata, en la alegría y en el dolor"

 Día 1 – María, Mujer consolada

Lectura: Lucas 1,26-38

Tema

María es consolada mediante la fe y la confianza

Reflexión
El consuelo verdadero comienza con la apertura o disposición para la escucha. María, al recibir la visita del ángel y escuchar su mensaje, aunque no comprende del todo lo que Dios le propone, abre mente, corazón, cuerpo, todo su ser, con fe en el Dios de la Alianza: “Hágase en mi”, responde. No en actitud pasiva o resignada sino en entrega activa y participativa, dispuesta a colaborar. La “Llena de gracia” es consolada, agraciada delante Dios que, mediante su Espíritu consolador, engendra en ella la vida nueva: “darás a luz un Hijo”, el Emmanuel prometido (“Dios - con – nosotros”), consolación divina encarnada.

Oración
Mujer que escuchas y acoges sin miedo, enséñanos a escuchar a Dios, a la creación y a los que sufren, sin prejuicios ni prevenciones. Inspíranos para abrirnos a los “signos de la presencia de Dios” en nuestro tiempo, dispuestos al compromiso con la vida.

Compromiso
Escuchar con atención a Dios en la oración, a los necesitados, sin interrumpirlos ni juzgarlos y a la madre tierra que gime.

 DÍA 2 – María, mujer consoladora

Lectura: Lucas 1,39-56

Tema: El consuelo se amplía con el compartir la alegría creyente

Reflexión
María, después de experimentar la presencia y la acción de Dios en ella, apresuradamente se pone en camino. No para contar su propia historia, sino para servir a la vida que crece allí en donde nadie cree, en la esterilidad. Su presencia joven en la casa de la anciana Isabel, llena el ambiente de alegría: “bendita tú que has creído”, canta la prima, mientras el “niño salta en de alegría en su vientre”. La joven virgen manifiesta su alegría y proclama las grandezas del Señor que hace obras grandes en los humildes y los pobres. Su canto no es personal o íntimo, es social: Dios consuela a los pobres, a los humildes, a los que esperan justicia. La alegría verdadera consuela porque se convierte en bendición compartida.

Oración
María, que corriste a socorrer a la anciana Isabel y llenar de alegría y consolación su ambiente, su vientre y al niño en gestación, danos tu prontitud generosa para salir de nuestro ambiente e ir a compartir nuestra consolación y multiplicar la esperanza.

Compromiso
Salir e ir al encuentro de los otros, especialmente los solos, necesitados o excluidos, para compartir con ellos la consolación y la alegría.

 Día 3 – María, consuelo en la fiesta

 Lectura: Juan 2,1-11

Tema: la consolación siempre es necesaria, aunque andemos alegres y en fiesta

Reflexión
En Caná de Galilea, en medio de la boda – fiesta de la vida, María está, discreta y atenta. Ve lo que otros no ven: “les falta vino”. Ella misma no resuelve, pero sabe quién puede hacerlo e intercede ante su Hijo: “no tienen vino”. Su intercesión no hace ruido, no es un pedido ni mucho menos una orden, apenas una alerta exhortativa. Pero, en su espera de una respuesta, no permanece pasiva ni se agita activamente, alerta a los encargados de servir en la boda: “hagan lo que Él les diga”. Nos enseña que consolar también es “estar presente”, atentos a carencias o necesidades escondidas; a actuar con delicadeza, activar a los servidores públicos de la fiesta de la vida e interceder ante Jesús, confiando en Él.

Oración
Mujer presente y atenta, despierta nuestros sentidos para detectar las necesidades calladas y actuar oportuna y compasivamente, con la pedagogía de la orientación.

Compromiso
Identificar a alguien en la familia o en comunidad o en la sociedad que aparenta bien pero que está en riesgos o necesidades que no se atreve a revelar.

 Día 4 – María, consuelo en las pérdidas

Lectura: Lucas 2,41-50

Tema: la consolación ante las angustias causadas por las pérdidas

Reflexión
María y José buscan al hijo perdido o desaparecido: ¿Dónde buscarlo, dónde encontrarlo, cómo proceder?  Detenerse y tomar conciencia de que quien debería o se suponía que estaba, no está. No camina con nosotros. Preguntar a los caminantes, peregrinos, deshacer caminos, volver atrás. Estas fueron las estrategias de los padres de Jesús. Asumieron juntos, en pareja, la responsabilidad y, sin buscar culpables, se dieron a búsqueda, sin delegar. Allá lo encontraron, donde estaban los intereses y las motivaciones del hijo. ¡Menos mal! Ocupado en los asuntos de su Padre Dios. Habría podido ser peor. La madre no entiende y el padre tampoco, pero guardan todo en su corazón. Así consuelan María y José: buscando, esperando, confiando y creyendo. La confianza y la perseverancia superan la ansiedad y consuelan más con el silencio que con el ruido alarmante de la publicidad.

Oración
Esposos del silencio y la esperanza, mamá María y papá José, acompáñennos en tantas pérdidas que nos afectan cada día y que a veces causan tanto ruido. Enséñennos a buscar sin rendirnos y a esperar con fe, hasta encontrar.

Compromiso
Acompañarnos entre nosotros, como María acompañó a José y este acompañó a María, para que podamos acompañar a quien busca sin encontrar.  

 Día 5 – María, presenta la consolación a las naciones

Lectura: Lucas 2,25-35

Tema: María es preparada para consolar desde el dolor

Reflexión
María sube al templo de Jerusalén para su purificación y presentación del Hijo, como mandaba la ley de Moisés. Allí se encuentra con Simeón que esperaba la consolación y la anciana Ana que esperaba la liberación. Los dos hacían parte del resto fiel del pueblo de Israel y por eso servía en el templo. Al ver al Niño, Simeón reconoce la consolación o salvación esperada: luz para todos los pueblos y gloria de Israel. Ve la madre e intuye el dolor en ella, le profetiza que en el cumplimiento de su misión una espada le traspasará el alma.
Esto la prepara, desde temprano, a no huir del dolor sino asumirlo sin desesperación, a no endulzarlo con palabras vacías, a consolar a quienes enfrentan penas y dolores, desde una esperanza acrisolada y fortalecida por la experiencia.

Oración
María, Mujer valiente, acógenos y acompáñanos cuando la vida nos golpea, abraza nuestras heridas, cúbrenos con tu manto consolador. Que tu fe nos ayude a darle sentido al sufrimiento y a alimentar la valentía en los jóvenes de estas nuevas generaciones, distraídos en el presente, sin perspectivas de futuro. Qué no le tengamos miedo a la cruz.

Compromiso
Acompañar, visitar y orar por personas enfermas o heridas física o emocionalmente.

 Día 6 – María, consuelo extraordinario en lo ordinario

 Lectura: Lucas 2,51-52

Tema: Consolar diariamente, sin prepotencia ni ruido

Reflexión

María vive la mayor parte de su vida en la sencillez de su hogar, Nazaret, imbuida y ocupada en lo ordinario de cada día. No se le conocen grandes milagros, pero sí mucho consuelo brindado en lo cotidiano, ofrecido de manera extraordinaria, mientras contempla a su esposo en la carpintería y a Jesús creciendo junto a ellos:  un gesto, una palabra, una mirada, una oración elevada a Dios. Nos enseña que la verdadera consolación está escondida en el amor que se repite, sin cansancio, cada día, en la casa, la oficina, la empresa, el colegio o la universidad.

Oración
María, mujer madre y esposa de Nazaret, ayúdanos a consolar en lo ordinario, con gestos pequeños pero realizados de manera extraordinaria. “Haciendo el bien, bien hecho y sin ruido” como nos lo sugería San José Allamano.

Compromiso
Reconocer y ofrecer sencillos gestos de cariño (mensaje, ayuda práctica, sonrisa) a alguien.

 Día 7 – María, consuelo en los calvarios de la historia

Lectura: Juan 19,25-27

Tema: Consolar permaneciendo en el dolor sin huir

Reflexión
María está, con esa amable pedagogía que conjuga el verbo estar y ratifica con el ser. Un “estar firme, de pie, junto – a” al Hijo injustamente juzgado, torturado y condenado a muerte en la ignominiosa cruz. Cuando la impotencia invade y no puedo cambiar lo que pasa, pero estoy presente, me sostengo con valentía y firmeza, para sostener las víctimas. María no ofrece discursos, palabras, da su corazón de madre. En ella se realiza la sabiduría popular: “Dios no te quita la cruz, pero te pone junto a alguien que la carga contigo”.

Oración
Madre del Calvario, enséñanos a consolar con la presencia serena y enérgica, sin temor a los verdugos, ni al dolor ajeno. Que lo hagamos con la alegría del canto y la danza, al ritmo del tambor afrodescendiente.

Compromiso
Acompañar, físicamente o con la oración, a alguien que se encuentra en algún calvario de la vida.

Día 8 – María, consuelo en la comunidad orante

Lectura: Hechos 1,14

Tema: María consuela como madre de la Iglesia

Reflexión

Fue precisamente en el calvario, al pie del crucificado que la Madre recibió la misión como mujer, por parte de su Hijo: “Ahí tienes a tu hijo”, indicándole a los discípulos que aman a Jesús. Ellos la reciben y la llevan con su comunidad, invadida todavía por el miedo. Ella permanece con ellos. Su presencia une, fortalece, consuela. No busca protagonismo, pero anima y aviva la esperanza. Como ellos, recibe la energía del Espíritu enviado desde el Padre, como les había sido prometido en la despedida. Así actúa en la Iglesia y todas sus comunidades urbanas y rurales: como mujer silenciosa que intercede, sostiene y une.

Oración
Madre de la Iglesia, que nunca nos falte tu presencia y comunión. Consuela a las comunidades heridas, divididas, cansadas o perseguidas.

Compromiso
Participar y orar con y por las comunidades de fe, las Parroquia, la Iglesia Local y la Universal.

Día 9 – María, esperanza del pueblo en camino

Lectura: Apocalipsis 12,1-6

Tema: María consuela desde el cielo, intercede en nuestras luchas

Reflexión

Una mujer vestida de sol aparece en el cielo, símbolo de la Iglesia, de la esperanza, María. La misma que un día, en 1531, aparece en el Tepeyac mejicano, para animar y consolar a los indígenas del continente americano. La morenita guadalupana, patrona de las Américas, con su saludo a San Juan Diego”, en su propia lengua náhuatl: ¿“Qué hay, hijo mío, el más pequeño?  ¿dónde vas?  ¿No estoy aquí, yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría …? (Nican Mopohua). Aunque el mal intenta vencer, ella protege y guía a los suyos. Es la señal luminosa que nos recuerda que Dios está con su pueblo y toda su creación. Mujer de la ecología integral y cultural, consuelo en la defensa y el cuidado de la vida, esperanza de felicidad.

Oración
María Consolata, morenita del Tepeyac que llevas en tu vientre el símbolo del sol cultural, que también aparece en el corazón de tu nombre, ConSOLata, pedagoga mensajera del “Evangelio plenamente inculrurado”, como te calificó San Juan Pablo II, consuela hoy a todos los pueblos indígenas que luchan por tierra, justicia, paz y dignidad. Quédate con nosotros.

Compromiso
Encender una vela por los todos los pueblos originarios (tribus) del mundo.

 

lunes, 19 de mayo de 2025

Legado de Francisco ligado "A la mano"

 El legado del papa Francisco ligado con el de San José Allamano

Grupo de reflexión en el Centro Misionero José Allamano 17/05/2025

Reflexión sobre la común herencia cultural del Papa Francisco y San José Allamano. Tratamos de adentrar en su rico legado espiritual, largamente cultivado en el tiempo y acrisolado en los diversos y complementares ministerios que los dos ejercieron, al servicio de la Iglesia y la humanidad, a lo largo de sus riquísimas existencias.  

Raíces comunes

La Región del Piamonte del norte italiano, cuna de santos generadores de nuevas instituciones al servicio de la vida, la iglesia y la sociedad; tierra de colinas y apacibles valles, de viñedos, frutales y buenos vinos, de trabajo duro y fe profunda, que vio nacer a José Allamano, fue también el lugar de origen de los abuelos paternos del papa Francisco. Se convirtió en matriz existencial, tanto de José Allamano quien la habitó a lo largo de toda su vida, desde el 21 de enero de 1851 hasta el 16 de febrero de 1926, como de Jorge Bergoglio, hijo - nieto de una familia emigrante de Portacomaro, cerca de Asti, a Argentina, a principios del siglo XX. Aunque separados por el tiempo y el espacio, ambos comparten la misma herencia cultural y espiritual que los vincula y les confiere un perfil común.

Ese humus cultural recio y fecundo, esa fe sencilla, arraigada en los temperamentos rocosos y los quehaceres cotidianos, no los encerraba en su terruño, sino que les habría largos y amplios horizontes, cargados de realismo y esperanza. Horizontes misioneros más allá de cualquier frontera, para ir y compartir la experiencia de fe; horizontes laborales en búsqueda de nuevas tierras y oportunidades económicas para la vida con dignidad.

Visto todo desde este contexto sincrónico, no resultan indiferentes las deferencias dadivosas del Papa Francisco con la Familia misionera de la Consolata y por medio de ella con la humanidad, como lo reconoce el Superior General de los Misioneros, James Lengarin: el papa nos ha regalado dos misioneras beatas, Sor Irene Stefani (2015) y Sor Leonella Sgorbati, mártir (2018); entre varios obispos, el nombramiento de Mons. Giorgio Marengo, prefecto apostólico de Ulán Bator - Mongolia (2020) y creado cardenal (2022); la canonización del Fundador, San José Allamano, el 20 de octubre de 2024, domingo día de las misiones católicas y, como si fuera poco, el nombramiento de Sor Simona Brambilla, misionera de la Consolata, la primera mujer prefecta de un Dicasterio en el Vaticano (2025). 

Espiritualidad encarnada y misionera

Si entendemos por espiritualidad, no tanto las prácticas religiosas que la expresan y alimentan cuanto una manera de ser, de pensar y de actuar, podemos percibir otra convergencia entre San José Allamano, fundador de los Misioneros y Misioneras de la Consolata, quien encarnó una espiritualidad práctica y misionera, insistiendo en la santidad unida al compromiso evangelizador y el papa Francisco quien promovió una "Iglesia en salida" misionera, cercana a los pobres, abierta a las periferias geográficas y existenciales, a donde han llegado, preferencialmente, los misioneros y misioneras de la Consolata, con su ideal “primero santos y luego misioneros”.

Ambos comparten la convicción de que la fe no puede quedarse encerrada en los templos, sino que debe ir al encuentro del otro diferente cultural, social, religiosa y geográficamente. Esta sensibilidad misionera tiene su origen en el testimonio piamontés de figuras como el Cardenal capuchino Guillermo Massaia, obispo en Caffa – Etiopia, tierra del café, el tío San José Cafasso, San Juan Bosco, paisano y formador salesiano, que fundamentaron esa tradición que influyó en Allamano y llega hasta Bergoglio.

Una espiritualidad contextual y existencial diseminada en la vida y la doctrina de los dos que, partiendo de una visión compasiva de la realidad, mueve a la misericordia activa y liberadora, genera la consolación en los beneficiados y los beneficiarios y suscita la fiesta colectiva. Anticipo del banquete celestial, para todos los que han pasado por la gran tribulación, lavando sus vestidos en la sangre del Cordero y viviendo en la esperanza de la consolación plena. Cuando el mismo Dios “enjugará las lágrimas de los ojos, y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado". (Ap. 21, 4).

Movimiento activo, creativo, pedagógico y procesual de espiritualidad cristiana misionera que inicia en la compasión, pasa por la misericordia, impregna de consolación y suscita la alegría.

Estilo misionero

Un estilo construido por el Fundador José Allamano, desde la práctica, con la participación de sus misioneros desde el territorio Kikuyu, en el Kenia - África, que deriva en una “metodología concorde, iluminada y perseverante”, al servicio del anuncio del Evangelio, la promoción humana y la formación o educación de las personas. Centrado en la sencillez, la cercanía, el estar y trabajar con los nativos, la bondad, el respeto, la elevación de los ambientes. Estilo que se corresponde con el propuesto por el papa Francisco a toda la Iglesia: cercano, tierno, preocupado por la formación integral y la autenticidad evangélica. En ambos hay una sensibilidad y un respeto profundo hacia todas las personas y sus culturas, acogiendo y valorando a cada una en sus diferencias.

La opción por los pobres, la insistencia en la misericordia y el rechazo de la auto referencialidad son también puentes entre estos dos herederos del Piamonte. Allamano exigía que sus misioneros fueran hacia los últimos, vivieran con humildad, sin pretensiones de superioridad cultural. Francisco insiste en una Iglesia con “olor a oveja”, que no impone, sino que propone y acompaña.

Tierna presencia mariana

La devoción mariana, es otro nexo entre ambos. San José Allamano, arropado en el manto del Santuario de la Consolata, realiza toda su obra en alianza familiar con ella. A ella le atribuye la fundación de sus instituciones misioneras, constituidas con su nombre. Al cuidado de su Santuario le dedica todo su ministerio sacerdotal. Sus restos reposan en su seno.

Francisco también manifiesta un fuerte amor mariano, recurriendo constantemente a María como madre de la ternura, del consuelo y del pueblo.  “Mi vida y mi ministerio sacerdotal y episcopal los he confiado siempre a la Madre de Nuestro Señor, María Santísima. Por tanto, pido que mis restos mortales descansen esperando el día de la resurrección en la Basílica Papal de Santa María la Mayor.

Deseo que mi último viaje terrenal termine en este antiquísimo santuario mariano, al que acudía en oración al inicio y al final de cada Viaje Apostólico, para encomendar confiadamente mis intenciones a la Madre Inmaculada y agradecerle sus dóciles y maternales cuidados”. (Testamento)

Para ambos, María no es solo una figura teológica espiritual, sino una madre cercana que consuela, guía y fortalece.


Oración 



Señor te damos por la vida, 

por la vida de cada uno de nosotros quienes estamos aquí reunidos hoy. 

Gracias por llamarnos a este encuentro. 

Gracias Señor por el Papá Francisco, por su legado, por sus enseñanzas 

porque a través de él pudimos acercarnos más al amor de María, 

gracias por Nuestra Madre santísima. 

Te pedimos que, como hijos tuyos, nos ayudes a no sentirnos nunca huérfanos 

por que ella está con nosotros.  

Ayúdanos a encontrar ese amor que encontró el papá Francisco en María, 

ese amor de madre que no desampara, que proteje que cuida.

Te damos gracias por nuestras madres, 

que en este mes de mayo podamos reconocer su valía, 

su acompañamiento y sacrificio diario, su amor incondicional.  

Por las que ya no están con nosotros, para que descansen en paz,

sabiendo que hicieron su mejor labor como madres.

Una madre no se cansa de esperar,

así está la Virgen María, esperando a que volvamos a ella 

 que nos acerquemos a Jesús por medio de ella.

(Nataly López)