viernes, 21 de junio de 2024

MINISTERIO DE LA CONSOLACIÓN

 MARÍA MINISTRA, SERVIDORA DE LA CONSOLACIÓN

Pintor: Jesús Antonio Tovar Marquin (q.e.p.d.)
Mons. José Luis Serna, IMC; P. José Inverardi; P. Ariel Hoyos, superiores general y regional IMC

La humanidad y con ella toda la creación avanzan en el tiempo, por todas partes, entre la cruda realidad de la aflicción, el dolor, el sufrimiento y la muerte, y la sobria embriaguez de la fiesta, alegría de la gozosa celebración.
MUJER FIEL ENTRE PARADOJAS MISTERIOSAS

María, la joven mujer de Nazaret, es presentada en la Biblia como icono, siempre actual, de esa paradoja existencial, que revela y esconde los misterios de la vida: entre la sorpresa alegre del mensajero celestial y la difícil explicación a su prometido José; entre el permanecer orante, silenciosa, contemplativa y el apurarse a salir para compartir la buena nueva y cantar su alegría en las montañas, con su prima Isabel; entre el participar discretamente en la Boda de Caná y arriesgarse a la confrontación de su Hijo ante la carencia de vino; entre sufrir inerme el momento del calvario o asumir, de pie, la misión del Hijo, junto con los discípulos que lo amaban.

En todos estos momentos y otros más, ella aparece como consoladora, nunca protagonista importante, siempre discípula del Hijo y compañera de los discípulos, ministra, servidora humilde y creyente.

MINISTRA ATENTA EN LA FIESTA DE LA VIDA

Había unas bodas en Caná de Galilea, nos cuanta Juan en su Evangelio (2,1-12) y allí estaba la madre de Jesús. Su presencia, como madre, sin otro título ni rango, hace parte de la fiesta de la vida, no necesita ser invitada, le es natural.

La madre de Jesús “estaba allí”, como parte del pueblo, de ese resto fiel que, junto con Simeón y Ana, esperaba la “consolación – liberación” de Israel. No era una invitada a las bodas, como sí lo eran Jesús y sus discípulos.

La espera de la “madre de Jesús”, no era pasiva ni, mucho menos, distraída. Su SÍ decidido a la hora de la Anunciación, la comprometía, integral y totalmente con el Emmanuel (Dios con nosotros), en su vientre, en la cuna, el camino, el calvario y en el camino de la resurrección. No nos extraña, pues, que esté ahí, con su sabiduría pedagógica, responsable y atenta al desarrollo de la fiesta de la vida, inaugurada, simbólicamente, con una boda entre el Dios de la vida y la humanidad, por medio de su Hijo, “enviado”, misionero revelador de la “nueva alianza”, a través de “signos” tomados de realidades ordinarías, plenamente humanas y culturales, como lo es una boda, en este caso.

Ella, estando allí, pone en movimiento a Jesús, a los servidores o ministros (diáconos) de la boda, a los jefes o maestresalas, a los comensales y a los discípulos. Todo corresponsables de hacer de la vida una fiesta continua, siempre sabrosa y disfrutada, pero no sin carencias o necesidades que deban ser suplidas oportuna o preventivamente.

PARTICIPANTE INTUITIVA: ¡NO TIENEN VINO!

Estar ahí, a la hora y en el lugar oportuno, en la frontera del tiempo que pasa y el que viene, entre aquello que muere y lo que nace, es la más clara manifestación del valor de la presencia, activa y pedagógica, que acompaña, que anima, que aviva la esperanza. Presencia inteligente, capaz de percibir la necesidad o la carencia y la posibilidad de solucionarla anticipadamente, aunque haya que acelerar los tiempos, con tal de no arriesgar la fiesta.

Falta el vino cuando las personas están cansadas, aburridas o deprimidas, cuando viven sin sentido; cuando las familias enfrentan sus crisis y se rompen; cuando las comunidades se individualizan y dividen; cuando los pueblos en lugar de dialogar se enfrentan en guerras fratricidas; cuando la rabia, el odio y el rencor engendran la venganza en el corazón humano y viene la retaliación; cuando el egoísmo, el poder y la posesión acaparan abusivamente bienes y recursos, matando la solidaridad y alimentando la corrupción, la injusticia y la impunidad. Situaciones todas que deben ser evidenciadas y expuestas a la verdad pública para que se active la pedagogía del cuidado y se pueda encontrar la solución.

La denuncia de la carencia, el abuso o la necesidad, por el motivo que sea, no exime de la búsqueda de la solución. La “madre de Jesús”, que bien conoce al hijo, reconoce en Él la posibilidad de la solución, intercede confiada y, segura, anticipa las condiciones, completando así el ministerio de la consolación, cuando indica u orienta hacia el verdadero Consolador, el que resuelve.

ÉL HARÁ SU PARTE, USTEDES “HAGAN LO QUE ÉL LES DIGA”

Para la “madre de Jesús” el tiempo antiguo ha llegado a su fin, la antigua alianza ha caducado. El Emmanuel prometido y esperado está en medio de la fiesta, una nueva alianza se está sellando con un vino de mejor calidad y sin reparar la cantidad. Las antiguas tinajas de la purificación judía están vacías. Llénenlas, ordena el esperado e incógnito Mesías.

Se movilizan los servidores, diáconos de la fiesta de la vida y, concluye el Consolador: llévenle al jefe, al mayordomo de la fiesta, para que vea la abundancia, pruebe y apruebe la bondad, la calidad y la oportunidad del nuevo vino.

Este vino, después de catarlo, dice el jefe, es mejor que el anterior, reservado para el momento. Abundante, gratuito y suficiente para que la fiesta pueda continuar. Le cuenta al Novio el origen del nuevo vino, tal como se lo habían revelado los humildes y obedientes sirvientes, testigos de la transformación. ¡Brindemos todos, parece decir el Novio, y que continúe la fiesta de la vida, con alegría!

CONCLUSIÓN

La consolación es necesaria no solo en las situaciones frágiles y dolorosas, donde amenaza la muerte, sino también allí en donde el amor celebra su fiesta. En cada caso tiene su pedagogía y su función: a veces seca lágrimas y otras, llena copas de vino.

Las situaciones de carencia se encuentran en todos los tiempos y lugares, en todas las realidades y circunstancias. La mujer – madre siempre estará allí y si es la madre de Jesús, tanto mejor, pues ante ella, hasta el mismo Mesías anticipa su “hora”. Celebra su Eucaristía, suscitando la obediencia de los servidores, la alegría de los invitados y la fe de sus discípulos, que “creyeron en Él”.

Este fue el “signo” inaugural de la nueva relación de Dios con la humanidad. ¡Qué consolación!

lunes, 10 de junio de 2024

Proyecto de vida

 Soy proyecto

 

No tengo un proyecto, soy proyecto: ser vivo lanzado hacia adelante (pro – iacere) desde el vientre de Ester, el 25 de septiembre de 1949, en el Alto del Volcán – Aguadas – Caldas – Colombia, recibido por Doloritas Orrego, partera de la Vereda.

 Años adelante, caminando impulsado por ese primer lanzamiento, revisé los acontecimientos transcurridos y re-cordé, agradecido, la “noche buena” de aquella Navidad, 25 de diciembre de 1948, cuando fui engendrado en el encuentro de mamá con papá Camilo. La conciencia de este acto humano me inundó de energía vital o divinidad sexual genital, don para ser aceptado, integrado y donado como amor, me enseñó, en la fraternidad, que no soy hijo solitario sino hermano acompañado, hijo y hermano al mismo tiempo.

Mientras avanzaba y crecía me vino inspirando el nombre que me dieron, ratificado en la pila bautismal, en la Parroquia de la Inmaculada, por el Párroco Rubén Mejía: José Salvador Medina Gómez.


José judío que se hace cristiano
, hombre justo y fiel, administrador previsivo de Egipto, reconstructor de fraternidad; custodio responsable y cariñoso de la Familia de Nazaret; compañero, “apto para consolar”, discípulo con los discípulos de Jesús  y con Pablo de Tarso en la misión hacia los gentiles; bienhechor solidario, aunque escondido, ofreciendo el sepulcro para el crucificado; presbítero diocesano, con visión y actitud misionera ad gentes, fundador del IMC; acompañante de los presos en el cuerpo y el espíritu, allá en Turín; teólogo de la liberación en la escuela del Brasil.

Salvador cristiano que fue judío, sal - va – dor, en acción misionera de salvar, confiada al enviado Jesús: siempre saliendo y yendo a lugares diferentes para sanar, salvar, dar sabor y saborear, prioritariamente, en donde hay dolor.

Medina, ciudad árabe, sepultura de Mahoma el de Alá musulmán.

Proyecto procesual

Humano – religioso y espiritual: tres religiones conviviendo y dialogando en mi nombre y mi corazón de Misionero de la Consolata que, hoy ya no tiene, 75 años, pero que “está”, con la pedagogía y la espiritualidad de la presencia.

Estar en el tiempo y el lugar es mi proyecto actual, como Jesús con María, madre y maestra.

 Bogotá, junio 5 de 2024


sábado, 18 de mayo de 2024

Ven Espíritu Santo

 Ven Espíritu Santo

 P. Cerezo Barredo, Curia claretiana - Roma
 
Ven volando desde el futuro
con nostalgia te esperamos en el presente
mientras recordamos que ya soplabas en el pasado
has estado estando, nunca te has ido.
 
Eres energía vital en cada frágil comienzo
 luz que ilumina todo lo que continúa
suave consuelo de amor en la aflicción
esperanza consoladora en la desolación.
 
Estabas en el Emmanuel, Jesús
cuando entró en el vientre de la humanidad
lo llevaste, lo trajiste y lo sostuviste
hasta cuando en la cruz expiró.
 
Él, Consolador enviado, cumplió y regresó a la fuente
allá en el origen en donde Tú has estado
Tú, el Otro Consolador, continúas la revelación
en la misión de los discípulos del crucificado resucitado.
 
Estás presente en la ausencia
no sólo, sino en comunión con Él y el Padre común
nosotros, con María Consolata, te sentimos y celebramos
eres nuestra compañía, luz y energía.
 
¡Gracias por estar!

miércoles, 20 de marzo de 2024

José, justo y fiel

JOSE DE NAZARET

Caldono - Cauca - Colombia

José en la trama Jesús

Jhavé llama al justo José, en la casa de David
le confía una vocación que es su misión:
Recibir, como esposo, a la madre del Hijo de David
Darle el nombre al hijo que no es de él, Jesús.

José en la génesis de Jesús

Hilo fontal del Padre maternal
Hilo umbilical del Hijo de David
Hilo gestacional en la placenta maternal
Hilo tradicional con la casa de David

 José en la salvación de Dios

Hombre justo, silencioso y fiel
identifica y nombra al Emmanuel, Jesús.
De noche, entre sueños discierne y procede
al servicio del plan del Creador.

José en el plan de los otros

El Padre Dios lo hace padre de su hijo
El Espíritu Santo fecunda a María su esposa
El Hijo que custodia es el Dios que salva
Su plan no es el suyo, es el de Dios.

José vivió su vocación

Fiel, desde la fe, soñó la voluntad de Dios                
Justo, más allá de la ley, acompañó a su esposa María en su misión
En silencio escuchó y dio el nombre a la Palabra de Dios: Jesús
El “estará-con-nosotros”, nos consolará.

¡Gracias por creer, ser confiable, permanecer fiel, bienaventurado José!

miércoles, 13 de marzo de 2024

Misión en la ciudad

 AguaPaneLazo

 

 Juan Camilo Herrera, joven pintor de Forencia - Caquetá, expone su obra artísica “Humanos TODOS”

En la Gaitána, Café Librería de Ibagué, pintados con óleo sobre cartón, el mismo cartón que reciclan los habitantes de la calle, nos mostró el rostro de muchos de estos hermanos y hermanas. Allí, a color, estaba la humanidad de los que tantas veces han sido ignorados, considerados desechables, presas de “falsos positivos” y desaparición, tenidos como gente de segunda.

10 saliendo al encuentro con los habitantes de calle

El colectivo Aguapanelazo nacido en la capital musical de Colombia, arribó a su décimo aniversario, cargado de muchas emociones y sentimientos encontrados entre los participantes de su noveno congreso americano. La cita por supuesto fue en la ciudad de Ibagué donde se atendieron más de trescientas personas en situación de calle, que recibieron servicios de peluquería, donación de prendas y disfrutaron de un buen almuerzo.

El Aguapanelazo queda marcado en todas y cada una de las personas que han acogido al colectivo en su corazón, en su pensamiento y en la misericordia para con el prójimo, que desde sus inicios ha demostrado con las personas que más lo necesitan. La caridad y el servicio con el que muchas personas trabajan en pro de mejorar la vida de los habitantes de calle, refleja esa vocación de servicio y ayuda que nos mandó nuestro señor Jesucristo reflejada en la parábola del buen samaritano. Las experiencias encontradas, las historias de vida, las esperanzas y los sueños de todos y cada uno de los que hicieron parte de este noveno congreso, demuestran una excelente riqueza que une en un solo sentir los corazones de diferentes partes del mundo, el servicio.

Allí, en el parque Galarza, mientras ejercía el ministerio de la escucha, como sacerdote misionero de la Consolata, se me aproximó Juan Pablo Romero, joven del Huila, actualmente en Ibagué. Entre charla y charla me comentó que era escritor y poeta. Le pedí que escribiera un breve artículo y, muy puntualmente, tal como su SI, me lo envió, con poesía incluida. Aquí lo comparto, integral y textualmente, para alegria de muchos, ante su estilo y,sobre todo, su respeto a la palabra dada. 

Durante este aniversario, se visualizó la felicidad que se reflejaba en los rostros de aquellos habitantes que recibieron amor y comprensión durante la jornada en el Parque Andrés López de Galarza, así mismo las actividades permitieron la cooperación, y el encuentro fraternal de diversos hermanos que hacen parte del colectivo en las diferentes regiones del país, e incluso de otras naciones, aprendiendo, comentando anécdotas y experiencias vividas.

El Papa Francisco, declaró que “es muy difícil ponerse en los zapatos de los demás porque a menudo somos esclavos de nuestro egoísmo”, la capacidad para colocarse en el lugar del otro es una gran capacidad de comprensión, y a diario es esa cualidad que debemos poner en práctica, y las obras que se realizan para el más necesitado reconstruyen el alma y sana las heridas, más del que da, que el que recibe.

Sin duda un décimo aniversario que demuestra cuán importante es ayudar al prójimo por medio de algo tan esencial como el alimento, esto sin duda marca un hito importante para que el colectivo siga expandiendo su labor social a más municipios de nuestro país y que estoy seguro servirán de ejemplo fiel para las demás naciones que se inspiren en su frase “ellos no son de la calle, son nuestros”.  


HABITANTE DE CALLE

“Aguapanela, fiel compañera en las noches frías y serenas,
endulzas el alma, calientas mi cuerpo, que con un pan complemento.
Sin más compañía que mi perro leal compañero,
paso mis noches sin cobijo ni sustento.
Sentirse a diario de nadie y solitario en el camino,
con mis pies descalzos voy sin rumbo fijo.
 
Dios bendiga al que me da de comer,
porque sé que arriba alguien lo ve, y se siga multiplicando su ayuda,
 mientras pasamos nuestra angustia.
La esperanza de una vida se haya a la vuelta de la esquina,
con ayuda y disciplina puedo salir de esto que parece una tumba fría.

Los misioneros son nuestro refuerzo para
continuar adelante con mayor esmero.
Gracias por acordarse de mí, buen samaritano que has venido a servir,
con tu gentileza y amabilidad, un buen vaso de Aguapanela con pan.

JUAN PABLO ROMERO G.

viernes, 9 de febrero de 2024

Iglesia en la Amazonia

 "Propuesta espiritual  de la Iglesia en la Amazoía
 pasado - presente - futuro"  (16/02/2022)


Algunas premisas

1.      La propuesta espiritual de la Iglesia en la Amazonía: pasado - presente y futuro, se me ofrece inviable en y para esta breve charla y su finalidad. En todo caso, podemos siempre referirnos al Sínodo para la Amazonia y la subsiguiente Exhortación Apostólica, “Querida Amazonia”, del Papa Francisco (2019 – 2020).

2.      Igualmente, inviable me aparece la pretensión de abarcar toda la Amazonia, con 7,4 millones de km2 y sus 104 jurisdicciones eclesiales en los nueve países que la integran: Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Guyana francesa, Perú, Surinam y Venezuela.

3.   Mi breve contribución se circunscribirá, aunque no exclusivamente, a la propuesta espiritual de la Iglesia Católica en el Caquetá – Putumayo, territorio del Vicariato Apostólico de Puerto Leguizamo – Solano, en el contexto de una misión de frontera, en las fronteras colombo peruana - ecuatoriana y los Vicariatos de San José del Amazonas y San Miguel de Sucumbíos.

4.    En relación con los tiempos, en el pasado no podré detenerme, aunque debería de hacerlo en ese remoto, ates de la invasión (descubrimiento o encubrimiento), la conquista y la colonia. Una buena luz nos llegó con ocasión de los 500 años (¿de qué …?), nos preguntábamos en ese 1992 y durante la Asamblea Episcopal latinoamericana, en Santo Domingo, cuando oficialmente se registró un cambio de visión, actitud y comportamiento, en relación con la propuesta de la Iglesia Católica para la Evangelización en el presente y el futuro del Continente de la Esperanza).

“La Amazonía es todavía una incógnita. No se la comprende. Al mismo tiempo la Amazonía es un reto y una promesa. Comprender el presente de esta inmensa región implica conocer e interpretar su pasado son la base para imaginar y construir su futuro Hablar de la Amazonía es ante todo hablar de su gente y particularmente de esa quinta parte de su población que es en gran medida depositaria de la experiencia acumulada durante decenas de siglos en lo que toca al conocimiento, compresión utilización de su naturaleza. Hoy, el avance impetuoso de la Federaciones Indígenas Amazónicas hace que éstas se vayan colocando a la cabeza en cuanto a la propuesta y ejecución de alternativas para el desarrollo regional. La cultura indígena, por otra parte, está presente de alguna manera en toda la población de la selva. Hasta hace poco se usaban despectivamente términos “salvajes”, “incivilizados”, “indios”, para referirse a los herederos directos de lo que los investigadores vienen llamando “Culturas del Bosque Tropical”, cuyo desarrollo fue interrumpido a partir de la invasión europea. Los historiadores indagan en los escritos de los primeros españoles que pasaron por la región o se asentaron en ella, buscando su re-lectura. Los antropólogos y etnólogos intentan reconstruir la vida de los pueblos antiguos principalmente a partir de la vida presente. Los lingüistas estudian las características comunes de las lenguas indígenas para tratar de establecer las relaciones existentes entre los pueblos antiguos y de alguna forma su ubicación en el espacio”. (José Barletti, Febrero de 1992. A los 450 años del Descubrimiento Español del Río Amazonas, Los Pueblos Amazónicos en el tiempo de la llegada de Orellana; cfr. PDF en archivo).

5.    El presente lo identifico con la actualidad del Vicariato de Puerto Leguizamo Solano: “El Vicariato Apostólico de Puerto Leguizamo Solano, fue creado por su santidad el Papa Benedicto XVI, el 21 de febrero del 2013, desmembrado del entonces Vicariato Apostólico de San Vicente y Puerto Leguizamo. Su contexto es netamente Amazónico, ya que se encuentra enclavado en la Amazonía Colombiana. Si bien hoy se haya habitado por múltiples pueblos, razas o grupos étnicos y culturas, el reflejo más genuino de este territorio se descubre en los rostros de los pueblos originarios aquí presentes. A nuestro Vicariato Apostólico lo enriquece sobre manera la presencia de diversos pueblos aborígenes. En el municipio de Leguízamo se hallan 15 Resguardos y 23 Cabildos, en su mayoría compuestos por comunidades Múrui, Kichwa, Koreguaje, Siona y Nasa. El municipio de Solano cuenta con 20 Resguardos y 9 Cabildos, conformados por Koreguajes, Uitotos, Ingas, Nasas y Andoques. En el corregimiento de Puerto Alegría se encuentra un Resguardo y tres Cabildos, conformados por pueblos Kichwa y Múrui. En total, el Vicariato cuenta con 36 Resguardos y 35 Cabildos. En la actualidad, se encuentran todos ellos forjando procesos de recuperación de la identidad y de la organización propia, a partir de la lectura de su historia que, en muchos casos y muchas veces, ha sido traumática”. (cfr. Proyecto: Implementación de un Centro Amazónico de Pensamiento Intercultural).

El futuro estará garantizado con las búsquedas colectivas, sistemáticas y sistematizadas, en este presente.

Propuesta espiritual de la Iglesia en el pasado

En la colonia, el Caquetá – Putumayo contaron con expediciones de franciscanos, jesuitas, dominicos y mercedarios, venidos de Popayán, Lima y Quito. A finales del siglo XVII los jesuitas dejaron la región y fueron destinados a fortalecer la evangelización en Maynas3. Los franciscanos continuaron esta misión las siguientes décadas, pero una cédula real de 1784 resolvió acabarla debido al poco personal y para evitar las relaciones con los portugueses.

Luego entra la Orden de Frailes Menores que, es sin duda alguna la que ha emprendido mayor número de obras de más trascendencia, con más personal y más recursos y en mayor área en la actuación misional, la evangelización y civilización de la multitud de tribus diseminadas en las extensas regiones del Caquetá, Putumayo y Amazonas, y en procurar su progreso espiritual y material hasta convertir gran parte de estas regiones, inhóspitas y bravías en el estado de civilización y adelanto que actualmente se hallan (Historia eclesiastica de la Amazonia Colombiana.pdf).

Finalmente han ido entrado otras Congregaciones o Institutos misioneros, masculinos y femeninos, entre otros los Redentoristas, las Misioneras de la Madre Laura, las Hermanas de la Presentación, los Misioneros/as de la Consolata, los Misioneros eudistas, etc.

Es bueno reconocer que, desde hace un par de décadas algunos historiadores, han incorporado nuevas maneras de comprensión al tema-problema de la evangelización en Hispanoamérica, a contraluz de la visión eclesiástica que primaba en el panorama historiográfico sobre los periodos colonial y republicano. Así, mientras que los trabajos tradicionales se han encargado de resaltar el carácter “valeroso” de los misioneros al civilizar a los indios “bárbaros” y de restringirse a la descripción de sus vidas y producciones bibliográficas,1 las investigaciones renovadoras han incorporado un enfoque etnohistórico con el fin de mostrar que los nativos tenían una función activa en las labores misionales. De este modo, los historiadores que han adoptado esta óptica entienden la misión como una institución de frontera que solo puede entenderse en el contexto más general de las políticas coloniales españolas y la analizan como una entidad que, si bien ha perdurado, se ha transformado en el tiempo.

En esta nueva perspectiva se ubica “Civilización, frontera y barbarie” de Misael Kuan Bahamón, obra que aborda la presencia de las misiones capuchinas en Caquetá y Putumayo desde 1893 hasta 1929. Kuan Bahamón contextualiza el tema de la labor misional y evidencia la función que tenían los diferentes actores y las relaciones económicas, sociales y políticas que se tejieron en ella. La obra parte de una visión general cuyo fin es evidenciar los intentos de las autoridades civiles y eclesiásticas para incorporar política y económicamente estas regiones. Con base en fuentes secundarias, se describe la llegada de diferentes órdenes religiosas, la fundación de pueblos, las dificultades que vivieron los misioneros para evangelizar a los indios y el abandono de las misiones desde la década de 1780 hasta mediados del siglo XIX. Es decir, en esta primera parte se trata de un enfoque amplio, aunque somero y descriptivo, que explica los fracasos de la empresa misionera. Posteriormente, con una bibliografía más rica y la incorporación de prensa y documentos oficiales, se analiza la situación del Gran Caquetá desde la reinstalación de las misiones jesuíticas, su posterior expulsión y el retorno de la orden capuchina al Putumayo luego de la creación de la custodia Ecuador-Colombia en 1873. El autor demuestra que el gobierno encomendó a los misioneros la evangelización de los diferentes grupos indígenas que habitaban aquellos territorios con el fin de adquirir tierras y mano de obra que explotara su propio territorio, y así pudiera insertar a Colombia en el orden comercial internacional mediante la respuesta a la creciente demanda por quina y caucho. En este punto, el autor logra evidenciar, a partir de testimonios directos, el daño ambiental causado por la economía extractiva y la devastación que sufrieron las comunidades indígenas, debido a las enfermedades que les transmitieron los colonos y a los tratos violentos que recibieron de misioneros y compañías comerciales caucheras como la Casa Arana. Así, se ofrece una visión crítica sobre la ampliación de la frontera agrícola nacional en medio de los proyectos progresistas de los gobiernos conservadores de finales del siglo XIX y principios del XX, sin dejar de lado el impacto que esto tuvo sobre las comunidades indígenas. La narrativa continúa haciendo énfasis en la historia misional entre 1893 y 1905, cuando las misiones eran más “itinerantes”, y de 1905 a 1929, cuando se instauró la Prefectura Apostólica del Caquetá. Para la primera etapa el autor presenta un bosquejo de la Orden Capuchina desde su surgimiento, y especifica la forma como se instauraron las primeras residencias en Putumayo y Caquetá. A su llegada, los misioneros realizaron expediciones, impartieron sacramentos y emprendieron tareas de educación entre los nativos para conocer el territorio y controlar la vida de sus habitantes. Para ello, desempeñaron funciones políticas, constriñeron a los indígenas que se rehusaban a la aceptación de trabajos forzados y de imposiciones religiosas, y buscaron reorganizar la población segregando a los indígenas de los colonos. El autor destaca que con la formación de la Prefectura Apostólica el proceso catequético adquirió matices cada vez más complejos: la relación entre labores misionales, colonización territorial y “civilización” de los nativos se desarrolló de forma intensa a partir de métodos ya conocidos de enseñanza e impartición de sacramentos. Asimismo, se emplearon nuevas estrategias como la fundación de poblados indígenas cercanos a los asentamientos de los colonos, la construcción de vías de comunicación para eliminar el aislamiento del territorio y la extirpación de costumbres y creencias nativas. Una razón para implementar estos métodos entre la población indígena, según interpreta críticamente Kuan Bahamón, fue la adopción de valores y lógicas laborales, propias del mundo industrializado, para el crecimiento económico del país. De aquí que los nativos hayan ejercido una fuerte resistencia, aunque al mismo tiempo manifestaran una notable asimilación de expresiones católicas. Los misioneros, por su parte, comenzaron a defender a los indígenas del maltrato que recibían de los caucheros, lo que daría cuenta, según el autor, de una transformación de la visión misional y, por lo tanto, de cierto intercambio cultural entre misioneros e indígenas. Kuan Bahamón consultó documentos del Archivo General de la Nación (fondos Baldíos y Ministerio de Gobierno) y un gran número de cartas, informes de misión y crónicas de expediciones que reposan en el Archivo de la Diócesis de Mocoa-Sibundoy. La importancia de haber empleado la información de este archivo —una de las principales virtudes de esta investigación por las dificultades que supone para los historiadores la consulta de archivos eclesiásticos— radica en exponer el funcionamiento interno de las misiones, la visión que tenían los misioneros, las dificultades a las que se enfrentaron y, en el ínterin, las resistencias de los indígenas y las negociaciones culturales entre ambos actores. Sin embargo, este último aspecto no se analiza a profundidad y, en ocasiones, se reduce a mostrar las formas como los indígenas se apropiaron de la doctrina católica. En conclusión, “Civilización, frontera y barbarie” es un aporte a la comprensión histórica de la presencia misionera en una parte del territorio colombiano. Su nivel crítico fue posible gracias a la lectura e interpretación de diversas fuentes, que sitúan el tema en perspectiva amplia y analizan aspectos minúsculos de las misiones y el tratamiento a los indígenas, con lo que muestra una realidad altamente compleja de interacciones entre misioneros, gobierno, colonos y nativos. La violencia ejercida sobre los indígenas, y a la vez las negociaciones entre los diferentes grupos, refleja la vitalidad de las relaciones sociales en un contexto donde predominaban intereses económicos y políticos. La historiografía colombiana se ha nutrido paulatinamente de investigaciones que indagan por las misiones durante la época republicana,3 pero carece de este tipo de trabajos para las centurias precedentes. La aproximación de Misael Kuan Bahamón a las empresas misionales durante la colonia es testimonio de la poca comprensión que aún se tiene de las misiones en este periodo, pues incluso desde nuevas perspectivas el autor se ve abocado a hacer un recuento tradicional de la fundación de pueblos y la llegada de las diferentes órdenes religiosas a los territorios fronterizos. (Cfr Misael Kuan Bahamón. Civilización, frontera y barbarie. Misiones capuchinas en Caquetá y Putumayo, 1893-1929. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2015, 219 pp. María del Pilar Ramírez Restrepo).

En la segunda mitad del siglo XIX Colombia se incorporó al nuevo orden mundial como exportador de materias primas y productos agrícolas hacia Europa y Estados Unidos. La búsqueda de nuevos recursos y de nuevas tierras tuvo como efecto la ampliación de la frontera agrícola. Esto implicó la búsqueda de mano de obra barata como la de los indígenas que habitaban los territorios de frontera. La incorporación de los indígenas al sistema económico también significó civilizarlos.

Los misioneros católicos fueron considerados idóneos por políticos de corte conservador para realizar tal empresa, pero debido a las persecuciones liberales de la segunda mitad del siglo XIX, su presencia fue nimia. Con los gobiernos de la Regeneración los misioneros son considerados como portavoces de la civilización. El Concordato de 1887 y el Convenio de misiones de 1902, firmados entre el Estado y la Santa Sede, encargó a las comunidades religiosas algunas atribuciones de gobierno y la evangelización de los sitios de frontera de Colombia2.

Con la República los jesuitas regresaron a mediados del siglo XIX, pero rápidamente fueron expulsados del país en 1850 por José Hilario López quien arguyó el poder corruptor de las “doctrinas del jesuitismo”.

La incursión de los religiosos Capuchinos (1893 y 1929), la podríamos sintetizar en breves anotaciones:

·         Ellos entraron como adalides de un proyecto civilizador estatal en el que la religión tenía un papel importante.

·         Fueron un elemento clave de defensa del territorio ante los intereses económicos de caucheros peruanos.

·         Lo complejo de su misión es que les correspondió hacer las veces de gobernadores civiles al regentar la educación, construir carreteras, otorgar tierras y dirigir la moralidad de las gentes.

·         Obraron, entonces, como intermediarios de la ampliación de la frontera colombiana y de la defensa de la frontera interna.

·         Su método itinerante entre 1893 y 1905, posteriormente, entre 1905 y 1929, se tornó presencia institucional, cuando se creó la Prefectura Apostólica del Caquetá.

·         En el primer periodo aplicaron métodos misioneros tradicionales de evangelización como las expediciones, la reducción de indígenas, la celebración de sacramentos y la educación.

·         Poco a poco se fueron mostrando insuficientes, en la medida que iba cambiando la realidad del Gran Caquetá con la presencia de empresarios colombianos y de otras nacionalidades que venían a explotar quina y caucho.

·         Con la creación de la Prefectura la labor misionera se concibió como de formación de Iglesia, en consonancia con los dictados de las congregaciones vaticanas que imprimían en la labor misionera la insistencia en evangelizar y al mismo tiempo civilizar.

·         De esta manera, a los antiguos métodos se agregaron formas de transformación del entorno como construcción de carreteras y de escuelas, entre otros.

·         En este periodo fue muy importante el misionero catalán fray Fidel de Montclar, Prefecto Apostólico del Caquetá.

Propuesta espiritual de la Iglesia en el presente (en construcción)

Esta propuesta surge, de manera oficial, e el Concilio Vaticano II y va tomando forma contextualizada en las Asambleas Generales del Episcopado latinoamericano y caribeño, e los Congresos Misioneros Latinoamericanos (COMLA) y Americanos (CAM) y en los Encuentros de Pastoral Afro descendiente nacionales y continentales.

Tanto en la comprensión como en el estudios de la realidad y de la praxis evangelizadora, resulta clave e iluminador el aporte de las ciencias sociales, especialmente el de la Antropología que, en esta búsqueda de la Propuesta espiritual de la Iglesia en la Amazonía, nos servirá de plataforma para enmarcar el pasado, el presente y el futuro.  

De la civilización a la cultura

"Con la palabra 'cultura' se indica, en sentido general, todo aquello con 10 que el hombre afina y desarrolla sus innumerables cualidades espirituales y corporales; procura someter el mismo orbe terrestre con su conocimiento y trabajo; hace más humana la vida social, tanto en la familia como en toda la sociedad civil, mediante el progreso de las costumbres e instituciones; finalmente, a través del tiempo expresa, comunica y conserva en sus obras grandes experiencias espirituales y aspiraciones para que sirvan de provecho a muchos, e incluso a todo el género humano. De aquí se sigue que la cultura humana presenta necesariamente un aspecto histórico y social, y que la palabra 'cultura' asume con frecuencia un sentido sociológico y etnológico. En este sentido se habla de la pluralidad de culturas. Estilos de vida común diversos y escalas de valor diferentes encuentran su origen en la distinta manera de servirse de las cosas, de trabajar, de expresarse, de practicar la religión, de comportarse, de establecer leyes e instituciones jurídicas, de desarrollar las ciencias, las artes y de cultivar la belleza" (GS, 53). Se nos revela aquí una visión dinámica, histórica y concreta de la humanidad que se va construyendo. Nos ofrece una pauta de lectura de la historia contemporánea, una consideración antropológica del progreso ofrecido al hombre individual y colectivo. La Iglesia se daba de este modo a sí misma un instrumento de análisis moderno para comprender mejor al mundo y ejercer en él el papel que Ie correspondía. Era una lenta, pero decisiva, conquista intelectual, dado que la Iglesia, acostumbrada desde León XIII a hablar más bien de civilización, fue adoptando muy lentamente el concepto antropológico de cultura. Todavía en tiempos de Pio XII se entendía la cultura casi exclusivamente en sentido humanista.

La fe cristiana en América Latina

La fe en Dios ha animado la vida y la cultura de estos pueblos durante más de cinco siglos. Del encuentro de esa fe con las etnias originarias ha nacido la rica cultura cristiana de este continente expresada en el arte, la música, la literatura y, sobre todo, en las tradiciones religiosas y en la idiosincrasia de sus gentes, unidas por una misma historia y un mismo credo, y formando una gran sintonía en la diversidad de culturas y de lenguas. En la actualidad, esa misma fe ha de afrontar serios retos, pues están en juego el desarrollo armónico de la sociedad y la identidad católica de sus pueblos.

A este respecto, la V Conferencia General va a reflexionar sobre esta situación para ayudar a los fieles cristianos a vivir su fe con alegría y coherencia, a tomar conciencia de ser discípulos y misioneros de Cristo, enviados por Él al mundo para anunciar y dar testimonio de nuestra fe y amor.

Pero, ¿qué ha significado la aceptación de la fe cristiana para los pueblos de América Latina y del Caribe? Para ellos ha significado conocer y acoger a Cristo, el Dios desconocido que sus antepasados, sin saberlo, buscaban en sus ricas tradiciones religiosas. Cristo era el Salvador que anhelaban silenciosamente. Ha significado también haber recibido, con las aguas del bautismo, la vida divina que los hizo hijos de Dios por adopción; haber recibido, además, el Espíritu Santo que ha venido a fecundar sus culturas, purificándolas y desarrollando los numerosos gérmenes y semillas que el Verbo encarnado había puesto en ellas, orientándolas así por los caminos del Evangelio. En efecto, el anuncio de Jesús y de su Evangelio no supuso, en ningún momento, una alienación de las culturas precolombinas, ni fue una imposición de una cultura extraña. Las auténticas culturas no están cerradas en sí mismas ni petrificadas en un determinado punto de la historia, sino que están abiertas, más aún, buscan el encuentro con otras culturas, esperan alcanzar la universalidad en el encuentro y el diálogo con otras formas de vida y con los elementos que puedan llevar a una nueva síntesis en la que se respete siempre la diversidad de las expresiones y de su realización cultural concreta.

En última instancia, sólo la verdad unifica y su prueba es el amor. Por eso Cristo, siendo realmente el Logos encarnado, “el amor hasta el extremo”, no es ajeno a cultura alguna ni a ninguna persona; por el contrario, la respuesta anhelada en el corazón de las culturas es lo que les da su identidad última, uniendo a la humanidad y respetando a la vez la riqueza de las diversidades, abriendo a todos al crecimiento en la verdadera humanización, en el auténtico progreso. El Verbo de Dios, haciéndose carne en Jesucristo, se hizo también historia y cultura.

La utopía de volver a dar vida a las religiones precolombinas, separándolas de Cristo y de la Iglesia universal, no sería un progreso, sino un retroceso. En realidad sería una involución hacia un momento histórico anclado en el pasado.

La sabiduría de los pueblos originarios les llevó afortunadamente a formar una síntesis entre sus culturas y la fe cristiana que los misioneros les ofrecían. De allí ha nacido la rica y profunda religiosidad popular, en la cual aparece el alma de los pueblos latinoamericanos:

ü  El amor a Cristo sufriente, el Dios de la compasión, del perdón y de la reconciliación; el Dios que nos ha amado hasta entregarse por nosotros;

ü  el amor al Señor presente en la Eucaristía, el Dios encarnado, muerto y resucitado para ser Pan de vida;

ü  el Dios cercano a los pobres y a los que sufren;

ü  la profunda devoción a la Santísima Virgen de Guadalupe, de Aparecida o de las diversas advocaciones nacionales y locales. Cuando la Virgen de Guadalupe se apareció al indio san Juan Diego le dijo estas significativas palabras: “¿No estoy yo aquí que soy tu madre?, ¿no estás bajo mi sombra y resguardo?, ¿no soy yo la fuente de tu alegría?, ¿no estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos?” (Nican Mopohua, nn. 118-119).

ü  Esta religiosidad se expresa también en la devoción a los santos con sus fiestas patronales, en el amor al Papa y a los demás pastores, en el amor a la Iglesia universal como gran familia de Dios que nunca puede ni debe dejar solos o en la miseria a sus propios hijos. Todo ello forma el gran mosaico de la religiosidad popular que es el precioso tesoro de la Iglesia católica en América Latina, y que ella debe proteger, promover y, en lo que fuera necesario, también purificar. (V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Aparecida, 13-31 de mayo de 2007, Documento conclusivo. Discurso inaugural de su Santidad Benedicto XVI, Domingo 13 de mayo de 2007).

 2.1.1 Situación Sociocultural, Aparecida nn 43 – 59

2.1.5 Presencia de los pueblos indígenas y afroamericanos en la Iglesia, Aparecida nn 88 – 97

 Una plataforma cultural, punto de referencia

     Ø  El Ser humano nace y hace en la relacionalidad (creador de cultura)

Ø  Las culturas, entes vivos, dinámicos, que se construyen en la relacionalidad

Ø  Hoy, llamados a ser creadores de culturas para la vida: teniendo presente el pasado, el presente y el futuro.                                                                                                                                            

viernes, 5 de enero de 2024

Misionero de la Consolata

 Entró en avión y salió en bicicleta

Josiah Asa K'Okal, misionero de la Consolata, nacido en Uganda y crecido en Kenia, vino volando alto, de prisa, en avión, a AmerIndiaAfroLatina, pasando por Inglaterra. Aterrizó en Venezuela, patria del padre bolivariano, Simón Bolívar, germen de la “patria grande”, territorio del “buen vivir”. Africano de corazón wuarao, se fue sin prisa, en bicicleta, volando bajo, entre el suelo asolado y el cielo consolado, cobijado por la sombra de los mangos, acosados por el asfalto nacional.

 Sal de tu tierra y va

Fue la orden que recibió un día en su tierra natal.
Viajó volando y aterrizó donde el que lo envió le indicó.
Barriadas urbanas, invadidas de pobres, venidos del campo, cercados de ricos
Carapitas de cerros arañados en las cordilleras, valles y laderas.
Quilombos de negros cantando, danzando y jugando para distraer los acomodados.
Barloventos de la esclavitud abolida pero continuada.
Tambos de indígenas originarios atizando la tulpa que cuida el fuego codiciado
Nabasanukas o Tucupitas de los ríos de la vida.

 De pobre a pobre

Sin poder, pero con mucho amor
Los pobres, los negros y los indígenas, con quienes compartió, así lo atestiguan
Con ellos cantó, danzó, rio, oró, en inglés, español, warao y lenguas más
Ellos y nosotros lloramos su muerte y exigimos claridad sobre su desenlace.
La vida, su opción y la situación, presionaron y precipitaron la última decisión.
Las masas empobrecidas, las poblaciones afrodescendientes, el pueblo Warao
fueron sus amores, compartidos con la Familia Misionera de la Consolata.
A ellos dedicó toda su vida misionera con alegría, investigación y espiritualidad.

Herencia

Se llama obediencia, presencia, permanencia y resistencia
en la vida consagrada para la misión.
Alegría sencilla, humilde, inteligente y sonriente
en la convivencia existencial.
Preocupación, investigación y ocupación
 “Entre vulnerabilización y resistencia estratégica”:
“caso de los desplazados warao en Boa Vista”

Tesis final

"Cuando un sistema de gobernanza destruye la organización de un grupo humano e impide que ejerza su autonomía y se reproduzca económica, política y socio-culturalmente, sus políticas no tienen otro nombre que necropolíticas. Cuando un grupo humano escamotea para evitar su aniquilación y afirmar su identidad, eso se llama resistencia"

Como el Maestro

Entre el Getsemaní y el calvario hay un sanedrín, un juicio, una condena y una cruz
En medio de la vida donada e invertida, hay un sepulcro y un jardín.
El Maestro vive, no está muerto, camina con nosotros.
Volvamos a la Galilea de los gentiles
retomemos la misión de consolación – liberación.

El Pueblo de Dios lo conoce y reconoce (Tucupita 08/01/2024)

Comunicado Ofial 

Los Misioneros de la Consolata en Venezuela, a través de un comunicado en la red Instagram, expresaron el viernes 5 de enero su parecer: “Nos unen sentimientos encontrados. Es mucho lo que circula en los medios de comunicación y en las redes sociales que, lejos de aclarar y dar respuestas a las posibles interrogantes que puedan surgir, nos sumergen en confusión y profundizan nuestra ya intenso dolor”

Despedida familiar a distancia
Funeral en Kenia - Africa

Bogotá, enero 5, 2024