sábado, 16 de mayo de 2026

Unción de los enfermos

 La Unción de los enfermos: sacramento de la consolación

Proponemos aquí una relectura teológico-pastoral del sacramento de la Unción de los enfermos como “sacramento de la consolación”, integrando la espiritualidad misionera de San José Allamano y el carisma de la Consolata. Más allá de la atención clínica o terminal de un paciente, el sacramento constituye un acto eclesial de misión compasiva, donde la Iglesia se configura como mediación materna del consuelo de Dios en la fragilidad humana. Adentraremos en sus fundamentos bíblicos, eclesiológicos y espirituales, y desarrollaremos una práctica pastoral centrada en la cercanía, la ternura y la misión.

1. Introducción

La renovación teológica del Concilio Vaticano II ha permitido reubicar el sacramento de la Unción de los enfermos dentro de una comprensión más amplia que la tradición previa denominaba “extremaunción”. Esta recuperación ha permitido redescubrir su carácter de sacramento de vida, esperanza y consuelo en la enfermedad.

En este horizonte, la espiritualidad de la Consolata y el pensamiento pastoral de San José Allamano ofrecen una clave interpretativa fecunda: la Unción como acto misionero de consolación, donde la Iglesia se hace presencia materna de Dios en el sufrimiento humano.

2. Fundamento bíblico del consuelo sacramental

El fundamento bíblico principal se encuentra en Santiago 5,14-15, donde se prescribe la oración de los presbíteros y la unción con óleo sobre los enfermos. Este texto articula tres dimensiones: oración eclesial, unción sacramental y salvación integral del enfermo.

Asimismo, la Escritura presenta a Dios como “Padre de las misericordias y Dios de toda consolación” (cf. 2 Co 1,3-4), lo cual establece un marco teológico en el que el consuelo no es un acto psicológico, sino una acción divina que se comunica históricamente en Cristo y sacramentalmente en la Iglesia.

3. Teología sacramental de la consolación

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que la Unción de los enfermos confiere una gracia específica de consuelo, paz y fortaleza en la enfermedad (nn. 1520-1523). Esta gracia no elimina necesariamente el sufrimiento, sino que lo integra en el misterio pascual de Cristo.

Desde una perspectiva teológica contemporánea, el consuelo sacramental puede definirse como la mediación eclesial por la cual el Espíritu Santo:

  • fortalece la fe del enfermo,
  • reconcilia su interioridad,
  • y lo configura con Cristo sufriente y glorioso.

El consuelo, por tanto, no es reducción del dolor, sino transfiguración del sufrimiento en comunión salvífica.

4. Dimensión eclesiológica: la Iglesia como sujeto de consolación

La Unción de los enfermos manifiesta la Iglesia como “sujeto consolador”, prolongación histórica de la compasión de Cristo. En este sentido, la comunidad cristiana no es espectadora del sufrimiento, sino mediación activa de la misericordia divina.

El ministro ordenado actúa in persona Ecclesiae, pero toda la comunidad participa en la misión consoladora mediante la oración, la visita y el acompañamiento.

5. Aporte de la espiritualidad de San José Allamano

La espiritualidad de San José Allamano aporta una clave decisiva para la comprensión pastoral del sacramento: la misión como caridad concreta, delicada y encarnada.

Allamano insistía en la primacía de la santidad como fundamento de la acción misionera: “Primero santos, luego misioneros.”¹

En este horizonte, el agente pastoral que acompaña la Unción de los enfermos no es un simple ejecutor ritual, sino un misionero de la consolación, cuya vida espiritual se traduce en ternura, cercanía y respeto hacia el enfermo.

El “hacer el bien, bien hecho” allamaniano implica: atención personal al enfermo, preparación espiritual del encuentro, y presencia que comunica la misericordia de Dios.

6. La Consolata como paradigma maternal del consuelo

La espiritualidad mariana de la Consolata introduce una dimensión fundamental: el consuelo tiene forma materna.

La Consolata no sustituye a Cristo, sino que lo revela en su dimensión de ternura y cercanía. En el ejercicio pastoral esta espiritualidad se manifiesta en la Iglesia que:

  • abraza sin juzgar,
  • acompaña sin abandonar,
  • y sostiene sin condiciones.

La Unción de los enfermos se convierte así en un signo sacramental del “abrazo materno de Dios” en la fragilidad humana.

7. Dimensión misionera del sacramento

Desde la perspectiva allamaniana, la Unción de los enfermos no es solo un acto sacramental aislado, sino una praxis misionera de proximidad.

El misionero de la Consolata está llamado a: ir hacia los márgenes del sufrimiento, entrar en los espacios de fragilidad humana y hacer presente a Cristo como consuelo activo. No lo hace como proselitismo, sino como presencia gratuita que consuela.

8. Conclusión

La Unción de los enfermos, leída desde la espiritualidad de San José Allamano y el carisma de la Consolata, se revela como un auténtico sacramento de la consolación misionera. En él, la Iglesia no solo administra un rito, sino que encarna la cercanía de Dios que sostiene, consuela y acompaña al enfermo y su entorno en la fragilidad.

En este horizonte, el sacramento no puede comprenderse sin su dimensión pastoral y misionera: allí donde la Iglesia consuela, allí Cristo sigue sanando; allí donde el misionero acompaña, allí Dios sigue hablando al corazón herido del ser humano.

Referencias apoyadas en la AI

  1. San José Allamano, Escritos espirituales y cartas, Archivo General del Instituto de los Misioneros de la Consolata, Turín, passim.
  2. Cf. Congregación para el Culto Divino, Rituale Romanum: Ordo Unctionis Infirmorum eorumque Pastoralis Curae, 1972.
  3. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1520-1523.
  4. San Pablo, 2 Co 1,3-4.
  5. Sant 5,14-15.
  6. Sobre la espiritualidad de la Consolata: Instituto Misionero de la Consolata, Documentos fundacionales y tradición espiritual, Roma-Turín, ediciones internas.

martes, 12 de mayo de 2026

Coyuntura política colombiana

 Las Opciones Misioneras del Instituto Misiones Consolata - IMC
Región Colombia y Pacto Histórico: lectura de coyuntura

Un proceso

El presente de las Opciones misioneras, entre el pasado y el futuro

1. Breve recorrido histórico: el recorrido histórico y geográfico hasta llegar las opciones misioneras en la Región IMC – Colombia 

1.1. Búsqueda de un territorio eclesiástico típicamente misionero: del Magdalena medio al Vicariato Apostólico del Caquetá (1947 – 1980) 

1.2. Discernimiento de “Opciones misioneras”, caracterizadamente ad gentes: culturalmente (espiritualmente) diferentes (encarnación, inserción, inculturación, interculturalidad y diálogo espiritual); sociológicamente pobres o empobrecidos; geográficamente alejados, marginalizados o excluidos) (1980 - …) 

1.3. Opciones: indígenas, afrodescendientes, campesinos, periferias urbanas, jóvenes. 

Desde la coyuntura política en Colombia

La fórmula presidencial para las elecciones 2026, conformada por Iván Cepeda Castro y Aida Quilcué incluye en su Plan de Gobierno las Opciones Misioneras que el Instituto viene animando desde la década de los 80, del siglo pasado, desde un marco ético. Estas no se encuntran en los Planes de los otros candidatos.

Aquí hay para nosotros IMC una buena tarea coyuntural: leer nuestra realidad integrada en la atmosfera política del actual debate colombiano, enmarcado dentro de una propuesta ética:  la ética no es un capítulo secundario, sino el marco que pretende articular todo su proyecto político.

En el documento programático completo afirma: “Hay una profunda degradación moral de la sociedad colombiana… se ha entronizado la indiferencia frente al sufrimiento del otro.” Esta frase permite entender que su ética no se limita a la lucha anticorrupción, sino que busca responder a una crisis moral más amplia. En el apartado Ética territorial, se afirma que es inmoral cuando prospera sobre territorios sacrificados y poblaciones descartadas. Haciedo el elenco de los territorios identificados en el Plan, encontramos las propuestas:

  • indígenas → autonomía
  • afro → justicia racial
  • Amazonía → justicia ecológica
  • periferias urbanas → dignidad social
  • mujeres → justicia de género
  • jóvenes → justicia generacional

En el programa los pobres urbanos y las periferias populares aparecen como uno de los núcleos más importantes —aunque muchas veces dispersos en distintos capítulos sobre desigualdad, economía popular, juventud, vivienda, seguridad humana y participación barrial. No se trata solo de combatir pobreza monetaria, sino de transformar las condiciones estructurales de exclusión en las grandes ciudades colombianas.

La Amazonía, aunque no cuente con un capítulo exclusivo, sí hay señales políticas claras en sus mensajes programáticos, discursos y alianzas recientes. Aparece como un tema estratégico y transversal, no solo ambiental. Se conecta con tres grandes ejes de su propuesta: paz territorial, transición ecológica y reconocimiento de pueblos indígenas y comunidades locales como sujetos de gobierno del territorio.

La agenda afrodescendiente aparece bajo los ejes de justicia racial, desarrollo territorial, reparación histórica y participación política. Aunque no siempre está condensada en un único capítulo exclusivo, sí atraviesa varios apartados del documento “El Poder de la Verdad” y su narrativa política reciente.

La cuestión indígena no aparece como un tema marginal o meramente asistencialista, sino como parte de una transformación más amplia del Estado colombiano hacia el reconocimiento pluriétnico, territorial y ambiental. Esto se percibe tanto en su programa oficial “El Poder de la Verdad” como en decisiones políticas simbólicas recientes, como haber escogido a Aída Quilcué como fórmula vicepresidencial.

Infografía de Lorenzo Gómez, Padre formador de Misioneros de la Consolata


domingo, 10 de mayo de 2026

Dia de la madre

 Entrañas


Entorno de órganos que sostienen la vida desde dentro
Se dice que Dios en sus honduras invisibles las tiene
son de misericordia compasiva que genera y cuida
son de padre maternal.

En sus entrañas fuimos soñados,
nombrados antes de nacer,
tejidos con ternura en la tela de la vida
colocados en el tiempo para la eternidad.
 
Son casa para el huérfano y la viuda,
refugio para el cansado y abatido,
pan para el hambriento y el peregrino,
abrazo para quien llora en aflicción.
 
En la plenitud de los tiempos
quiso habitar entrañas de carne.
Una nueva Eva, húmeda y fecunda, dijo: ¡Aquí estoy!
en arca viva, de esperada alianza, se convirtió.
 
En ella su Palabra encontró sangre,
su vida tomó carne
su inmensidad halló cuna,
su luz amaneció.
 
María, llena de gracia, fue consolada,
acogió en su vientre la Consolación.
La compartió por los camios hacia el calvario
la entregó hecha Pan para pobres y empobrecidos.
 
El Hijo se incorporó en la madre y ella en Él
como yo en mamá Ester.
Las entrañas de misericordia y compasión de Dios
convergen en María de Nazaret y en María Ester.
 
Si las divinas entrañas del Padre maternal, generan la vida
si las humanas entrañas de la Virgen madre, dan a luz la Vida
si las humildes entrañas de mamá Ester, gestan mi vida
quiero hoy, “día de la madre”, abrazar la vida en fiesta o aflicción.
 
Quiero re-conocer de las entrañas del buen Dios,
de las entrañas de María Consolata,
de las entrañas de mamá Ester que:
amar de verdad es dejar que otro viva dentro de uno mismo.

viernes, 1 de mayo de 2026

Ordenación sacerdotal misionera

 El Ministerio Presbiteral Misionero, entre el trabajo y la cruz

El Crucificado ha Resucitado: Catedral de Puerto Gaitán - Meta

Hoy, en la Fiesta de la Santa Cruz, recuerdo y actualizo, una vez más, mi Ordenación Sacerdotal, como Misionero de la Consolata, un Domingo del Buen Pastor (2 de mayo, 1982), entre el día del trabajo y de San José Obrero (1 de mayo) y el día de la Santa Cruz, en Colombia (3 de mayo).

Acontecimiento celebrado en la Parroquia de la Consolata de Bogotá, por Mons. Dario Molina, Obispo Franciscano, profesor y decano que había sido en la Facultad de Teología de la Universidad de San Buenaventura. Acompañado de las Comunidades Formativas (Propedéutico, Filosofía y Teología) y de Fe, en la Parroquia “comunidad de comunidades” de la Consolata, en donde había concluido mi proceso formativo, de mi familia aguadeña, venida para la ocasión, de las Misioneras de la Consolata y muchos más.

Quiero compartir, casi como parte de una “gramática espiritual”, redactada a lo largo de los años, algunos significados de este acontecimiento.

Alegría de Mayo

La Ordenación sacerdotal es una fiesta.
Para mí fue la fiesta que ha hecho de mi vida una fiesta.
A ella todo(s) concurrió (corrió-con …), aquel primer Domingo de Mayo:
1.      la naturaleza húmeda, fecunda y florecida,
adornando con flores bellas y saciando con sabrosa comida;
2.      la iglesia prolongando el memorial de la cruz, muerte y resurrección del Señor;
3.      María que estaba ahí, consolada y consoladora,
con su ternura maternal y su valentía junto a la cruz;
4.      la sociedad en general, atareada con tanto trabajo,
que clamaba justicia y dignidad con la música y los cantos;
5.      José, “apto para consolar” (Bernabé),
custodio en Nazaret, administrador en Egipto,
encargado del funeral del Señor en Jerusalén,
también estaba allí, “A la mano”, de José Salvador.
 

Ordenado entre el trabajo, el ministerio y la cruz
 
Me he sentido llamado, como el obrero José,
a ser trabajador como, con y para el Pueblo de Dios, en la Iglesia y la sociedad.
Como bautizado he sentido el llamado a ser discípulo misionero,
sembrador, pescador y pastor, con corazón consolado y consolador.
Como testigo del Crucificado Resucitado, me he sentido enviado a hacerme hermano, como el hermano de Asís, en la “la comunidad de la vida”,
próximo a la vida que gime en aflicción, compartiendo la verdadera Consolación,
ayudando como el Señor Jesús a bajar los crucificados de la cruz.

La cruz en mi calendario

¡La sincronía continúa! Cuando la Cruz cristiana llegó a mi territorio andino, de la mano de la sangrienta espada occidental, se insertó en la Cruz Andina o Chakana de mi cosmovisión ancestral que conectaba el mundo de arriba con el fértil suelo del medio y el subsuelo. Su sabiduría indicaba los mejores momentos para la siembra, el cultivo y la cosecha. El 3 de mayo se alineaba perfectamente con la Cruz del Sur, diseñada en la bóveda del cielo por el Creador. Todo orientaba hacia la cosecha del maíz, símbolo de fertilidad, identidad y base de la vida. Tiempo de fiesta compartida.

La cruz cultural, alineada con la cruz celestial, acogió la cruz cristiana para celebrar la Pascua de la vida.

La cruz en mi sociedad

Esa misma cruz, impuesta violentamente en el contexto colombiano, rompe, divide, mata. Es símbolo de esa agonía y sufrimiento que conduce a la muerte y no a la vida. Pero en mi casa – andina, Aguadas – Caldas, ella se adornaba con flores, se llevaba al templo para bañarla de bendición, se colocaba en los cerros y las cañadas. Con ella se marcaban los árboles y los postes de las cercas indicando propiedad, salud y protección. Los niños se bendecían con su señal que hablaba de consagración e invocación de cuidado y protección. Esa era la “señal de la Santa Cruz” que, para mí, sigue siendo: “en el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo”, que salva y protege, como nos lo recuerda el hermano francisco: “De la cruz brota la vida nueva” (Evangelii Gaudium, 278)

Conclusión

La sincronía cósmico - ambiental, socio - política y económica, cultural y religioso - espiritual entre el Día de San José Obrero, el Domingo del Buen Pastor y la fiesta de la Santa Cruz, iniciando el mes de mayo con María Consolata “A la mano”, me apoya en la comprensión y vivencia del Ministerio Sacerdotal Misionero de la Consolata, encarnado en el cotidiano trabajo dignificador y liberador, la solidaridad con las víctimas crucificadas injustamente por las variadas violencias y la fiesta del maíz, pan hecho arepa en el altar del “nuevo pacto por la vida”. La Eucaristía vivida como sacramento, señal e instrumento de la reprocidad que denuncia la muerte, proclama la resurrección mientras espera, como en un sueño, el banquete del Reino de Dios, consolación temporal y final.

miércoles, 22 de abril de 2026

Re-naSer

Re” - resucitar?

 Resurrección!
retorno o ruptura?
Ruptura con el espacio  y el tiempo.
Retorno - Repetición?
Renacer - Resurgir
Repetición estática?
Resurgir dinámico
Reiniciar - Renacer
Vida eterna - plena.

Morir no es cruzar la puerta
“más allá” - “detrás” - “después”
Morir es “salir” - “entrar” – “sumergir”
en la Vida: trascender en profundidad.
 
Yo soy Resurrección - Vida.
Quien cree en mí, no muere,
adentra en la Vida.
Como yo vivo en el Padre, el Padre vive en mí
ustedes vivirán en mí y yo en ustedes
 
Resucitar: despertar por dentro
darse cuenta que la muerte no existe
siempre fuimos seres en el tiempo, sin tiempo
en el espacio, sin espacio.

Comprender esto 
hace arder el corazón 
ver - caminar - correr - anunciar.
Resucitar!


martes, 21 de abril de 2026

Al origen el principio femenino

El fin del principio-Adán:
 lo femenino es anterior a lo masculino

Indígena de la Familia Embera Chamí

La vida ya existe en la Tierra desde hace 3.8 billones de años. El antepasado común de todos los seres vivos fue probablemente una bacteria unicelular sin núcleo que se multiplicaba de manera asombrosa por división interna o por clonación. En la clonación, si no hay control sobre la bacteria, en tres días podría dominar el planeta, tal es su impulso vital y de auto-multiplicación. Pero siempre prevalece un equilibrio que autolimita este proceso; de lo contrario, tendríamos graves desequilibrios ecológicos hasta el punto de que la vida se volvería imposible. Esto duró cerca de un billón de años.

Posteriormente surgió una célula con membrana y dos núcleos, dentro de los cuales se encontraban los cromosomas. En ella se identifica el origen del sexo. Cuando ocurría el intercambio de núcleos entre dos células binucleadas, se generaba un único núcleo con los cromosomas en pares. Antes, las células se subdividían por clonación; ahora lo hacen mediante el intercambio entre dos diferentes con sus núcleos. Así se revela la simbiosis —composición de elementos distintos— que, junto con la selección natural, representa una, aunque no la única, de las fuerzas más importantes de la evolución.

Lo que muchos biólogos sostienen —incluido el astrofísico Stephen Hawking, en su libro El universo en una cáscara de nuez— es que en la evolución y en el proceso biogénico no existe simplemente el triunfo del más apto, como pretendía Darwin. Tal visión es aún insuficiente, pues no toma en cuenta las interdependencias existentes entre todos los seres, incluso a nivel físico-químico, mucho antes del surgimiento de la vida. Es esta interdependencia, la cooperación de todos con todos, la que constituye la línea maestra del proceso evolutivo.

La competencia, con la posibilidad de que triunfe el más apto, solo es posible dentro de la interdependencia y la cooperación universal. El débil también posee su oportunidad y su lugar, y gracias a la interdependencia sobrevive. Este principio originario de interdependencia de todos con todos fundamenta la sostenibilidad y explica la biodiversidad y la fuerza de la vida.

Christian de Duve, premio Nobel de Medicina, llega a afirmar en su conocido libro Polvo vital: la vida como imperativo cósmico” que “la vida es como una plaga tan violenta que jamás se ha conseguido exterminarla”. A lo largo de la historia de la Tierra ocurrieron quince grandes extinciones de especies vivas, pero ella, la Tierra viva, logró siempre reconstruir la biodiversidad e incluso enriquecerla.

Cuando surgió la sexualidad con la bipolaridad masculino/femenino, apareció también la gran diversidad y la singularidad de los seres vivos. El intercambio del material genético se da siempre bajo un principio cuántico, es decir, está vigente el principio de indeterminación de Werner Heisenberg. Nunca se sabe exactamente qué resulta de las conjunciones ni qué enriquecimientos surgen a partir de los dos tipos de capital genético, el femenino y el masculino.

Este hecho tiene consecuencias filosóficas: la vida está tejida más de intercambios, cooperación y simbiosis que de lucha competitiva por la supervivencia y la competencia, como ocurre en el ámbito de los negocios.

Cuando se alcanza el nivel consciente y libre, esta riqueza y este intercambio pasan de la exterioridad biológica a la interioridad subjetiva, es decir, al proyecto personal. La sexualidad puede transformarse en un propósito de vida, vivido en pareja y en libertad, expresado en el amor. Esta opción ya no está regida por el código genético descrito por la biología. Aquí intervienen otros principios ligados a la innovación, la libertad, la cooperación consciente, el cuidado y el amor, sobre los cuales se estructuran relaciones nuevas, creativas y libres, también entre hombre con hombre o mujer con mujer.

Retomando el hilo: durante los dos primeros billones de años, en los océanos o lagos de donde surgió la vida, no existían órganos sexuales específicos. Existía una existencia femenina generalizada que, en el gran útero de los océanos, lagos y ríos, generaba vida. En este sentido podemos decir que el principio femenino es primero y originario, y no el masculino. Así se invalida el mito bíblico y cultural de la primacía de Adán (lo masculino).

Solo cuando los seres vivos dejaron el mar, fue surgiendo lentamente el pene, elemento masculino que, al entrar en contacto con la célula femenina, le transmitía parte de su ADN, donde se encuentran los genes.

Con la aparición de los vertebrados, los reptiles, hace 370 millones de años, estos crearon el huevo amniótico lleno de nutrientes y consolidaron la vida en tierra firme. Con la aparición de los mamíferos, hace unos 125 millones de años, surgió una sexualidad definida de macho y hembra. Allí emergen el cuidado, el amor y la protección de las crías. Hace 70 millones de años apareció nuestro ancestro humano, que vivía en la copa de los árboles, alimentándose de brotes y flores. Con la desaparición de los dinosaurios, hace 67 millones de años, pudo descender al suelo y desarrollarse hasta llegar a nuestros días.

Conviene detallar mejor la complejidad implicada en la sexualidad.

El sexo genético-celular humano presenta el siguiente cuadro: la mujer se caracteriza por 22 pares de cromosomas somáticos más dos cromosomas X (XX). El hombre posee también 22 pares, pero con un cromosoma X y otro Y (XY). De ello se deduce que el sexo base es femenino (XX), mientras que el masculino (XY) representa una derivación por un único cromosoma (Y). Por tanto, no existe un sexo absoluto, sino uno dominante. En cada uno de nosotros, hombres y mujeres, existe “un segundo sexo”.

En cuanto al sexo genital-gonadal, es importante señalar que en las primeras semanas el embrión es andrógino, es decir, posee ambas posibilidades sexuales, femenina y masculina. A partir de la octava semana, si el cromosoma Y interviene mediante el andrógeno, la definición será masculina. Si no ocurre, prevalece la base común femenina. En términos del sexo genital-gonodal podemos decir: el camino femenino es primordial. A partir de lo femenino se da la diferenciación, lo que desautoriza el fantasioso “principio-Adán”. La ruta de lo masculino es una modificación de la matriz femenina, por causa de la secreción de andrógenos.

Existe además el sexo hormonal. Todas las glándulas sexuales, tanto en el hombre como en la mujer, son reguladas por la hipófisis, que es sexualmente neutra, y por el hipotálamo, que sí está sexuado. Estas glándulas producen tanto andrógenos (masculinos) como estrógenos (femeninos). Son responsables por los caracteres sexuales secundarios. La predominancia de uno u otro determina características y comportamientos femeninos o masculinos. Así, un hombre con mayor presencia de estrógenos puede presentar rasgos femeninos, y lo mismo ocurre en la mujer respecto a los andrógenos.

Por último, la sexualidad posee una dimensión ontológica. El ser humano no “tiene” sexo. Él es sexuado en todas sus dimensiones, corporales, mentales y espirituales. Antes de la emergencia de la sexualidad, el mundo es el de lo idéntico; con ella surge la diferencia mediante el intercambio entre distintos, que permite la convivencia y la interrelación.

Esto tiene consecuencias antropológicas: la vida está más tejida de cooperación y simbiosis que de lucha competitiva.

Así ocurre con la sexualidad humana: cada persona, además de su impulso instintivo, siente la necesidad racional y afectiva de canalizarlo y sublimarlo. Quiere amar y ser amada, no por imposición, sino por libertad. La sexualidad florece en el amor, la fuerza más poderosa “que mueve el cielo y las estrellas” (Dante) y también nuestros corazones. Es la máxima realización a la que puede aspirar el ser humano. Pero conviene recordar: lo femenino es anterior, surge primero y es fundamental. Lo masculino apareció mucho más tarde en el proceso de la sexogénesis. Ambos, sin embargo, se encuentran para conformar la unidad diversa de la especie humana, de mujer y varón.

Fuente: Leonardo Boff, 20 abr 2026 

Carlos Alberto Zuluaga - CAZ

sábado, 18 de abril de 2026

Cuál modelo de santidad?

 Francisco, ¿por qué no santo súbito?

Algunos jóvenes de la Consolata en amable encuentro con el Papa Francisco
 

El mundo llora hoy (21 de abril de 2025) a un Papa que agitó conciencias y ensanchó las fronteras de la Iglesia.

Y entre el duelo y el reconocimiento, emerge con fuerza una intuición: ¿por qué no, santo súbito?

Ha pasado cerca de un año desde la muerte del papa Francisco y el mundo entero sigue reconociendo la huella luminosa de su pontificado. Se extraña su sonrisa, su voz firme, su ternura y su denuncia valiente contra los males que nos consumen: violencia, exclusión, egoísmo, clericalismo y destrucción de la casa común. Fue un papa cercano, profundamente humano, un hermano y un padre que encarnó el Evangelio en gestos concretos y no en ceremoniales vacíos. Y, sin embargo, hoy su nombre todavía no es pronunciado con el título de “santo súbito”. ¿Por qué?

Francisco, como el poverello de Asís, se despojó de vanidades, ornamentos y privilegios. Desde su primera aparición en el balcón de las bendiciones, sin muceta ni mocasines rojos, hasta su última bendición urbi et orbi en la Pascua del Año Santo 2025, mostró que la santidad no reside en el boato, sino en la cercanía al pueblo. Vivió en Santa Marta como un vecino más, compartiendo la mesa con trabajadores. Se arrodilló para besar los pies de líderes africanos en búsqueda de paz. Entregó un palacio a los pobres sin techo en lugar de reservarlo a jerarcas. Llamaba a diario al párroco de Gaza y enviaba emisarios a Ucrania para llevar ayuda. Defendió a inmigrantes, presos, enfermos, ancianos y jóvenes. Reconoció la dignidad de la mujer en la Curia y dio valor real al laicado. Acogió a personas de diversa orientación sexual, rompiendo prejuicios enquistados en siglos de exclusión.

Y también tendió la mano a teólogos y pastores que habían sido censurados y marginados por la propia Iglesia, reconociendo públicamente su valor y el daño injusto que se les había infligido. Basta recordar el caso de José María Castillo, teólogo español apartado de la docencia oficial por la Congregación para la Doctrina de la Fe bajo el cardenal Ratzinger, en plena sintonía con la política restrictiva de Juan Pablo II. Francisco lo llamó personalmente, le dijo que siguiera escribiendo, que sus artículos eran muy importantes y hacían mucho bien. Ese gesto, sencillo y fraternal, fue una muestra clara de que la misericordia también puede aplicarse a quienes piensan y sueñan la fe desde horizontes distintos. Y de la misma forma que Francisco lo hizo con Castillo, bien podría el papa actual tener un gesto semejante con Xabier Pikaza, otro gran teólogo español cuya voz crítica y lúcida fue igualmente acallada en tiempos de censura.

El contraste se vuelve aún más nítido si recordamos lo que ocurrió con Jacques Gaillot, obispo francés de Évreux. Por defender a inmigrantes, sin techo, enfermos de sida, y por abrir debates sobre temas como el celibato, la contracepción o la homosexualidad, fue destituido en 1995 por orden de Juan Pablo II y confinado a una diócesis ficticia en el desierto de Argelia: Partenia. Fue una condena simbólica y humillante, un castigo contra un pastor que eligió ponerse del lado de los marginados. Ese fue el estilo de una Iglesia que callaba a sus profetas. Francisco, en cambio, eligió abrazarlos.

Ahora bien, contrasta este testimonio con el del papa Juan Pablo II, canonizado en tiempo récord. ¿Por qué la prisa? ¿Por qué el fervor de un “santo súbito” que ignoró las heridas abiertas por su propio pontificado? Es imposible silenciar hechos que han quedado grabados en la memoria de la Iglesia y del mundo: el encubrimiento de los abusos de Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, cuyas víctimas fueron silenciadas durante décadas; su represión hacia teólogos y pastores latinoamericanos que, en plena efervescencia de la Teología de la Liberación, se pusieron del lado del pueblo hambriento y oprimido.  Ernesto Cardenal se humilló públicamente en Nicaragua, arrodillado ante él, lo señaló como desobediente, mientras el pueblo clamaba: “¡tenemos hambre!”. La respuesta de Juan Pablo II fue “¡callaros la boca!”. A esto se suma su alianza con regímenes conservadores y su cerrazón frente a debates internos de la Iglesia que pedían mayor apertura y justicia. Nada de eso impidió que fuese elevado a los altares de manera exprés. La maquinaria eclesiástica se movió con rapidez y complacencia, ignorando las sombras y amplificando solo la narrativa de su papel en la caída del comunismo.

Aquí emerge la contradicción más hiriente. Francisco, quien devolvió el Evangelio al corazón del pueblo, hoy es cuestionado por sectores que lo tildan de populista, hereje o ingenuo. Los mismos que veneran a Juan Pablo II como santo súbito son los que miran con recelo el legado de un papa que prefirió el abrazo al dogma frío, el gesto concreto a la retórica vacía. La hipocresía es evidente: para un papa que encubrió abusos y calló a los pobres, canonización inmediata; para un papa que desenmascaró abusos, abrazó a los pobres y dio voz a los excluidos, silencio y resistencia. ¿Qué es lo que molesta de Francisco? ¿Que no usara mocasines rojos? ¿Que entregara palacios a indigentes? ¿Que hablara de la contaminación y de la “casa común” cuando muchos preferían callar para no incomodar intereses económicos? ¿Que pusiera a mujeres y laicos en lugares de decisión? ¿Que no temiera recibir a personas LGBT+ con respeto y afecto? ¿O quizá que reconociera a los teólogos censurados y a pastores castigados como Jacques Gaillot, devolviéndoles dignidad frente a la humillación? La verdad es incómoda: Francisco trastocó un sistema eclesiástico demasiado cómodo en su poder y en sus privilegios. Y la santidad, en ese esquema, no depende de la coherencia evangélica, sino de la conveniencia institucional.

El pueblo, sin embargo, ya lo ha reconocido. Las multitudes que lloraron su muerte, que recorrieron kilómetros para venerar su cuerpo, que aplaudieron su féretro en silencio reverente, saben que Francisco ya es santo en la conciencia de los sencillos. Negarle el título de santo súbito es negar lo evidente: que vivió y murió como un hombre de Dios, cercano, transparente, pobre, valiente. Que su pontificado fue un testimonio vivo del Evangelio de Jesús, sin adornos, sin máscaras, sin privilegios. La Iglesia debe preguntarse qué entiende por santidad. Si canonizar rápido a un papa que encubrió abusos, calló a los hambrientos y castigó a los profetas incómodos. O reconocer, sin miedo ni dilación, a un papa que se despojó de todo para estar con el pueblo, que abrazó a los olvidados, que denunció las injusticias y que, con gestos sencillos, mostró a un Cristo vivo y cercano.

Francisco no necesita títulos para brillar. Pero la pregunta resuena con fuerza en el corazón de los creyentes y de los que no creen: si Juan Pablo II fue santo súbito, ¿qué injusticia mantiene hoy a Francisco en el silencio? No se trata de política vaticana. Se trata de la verdad. Y la verdad es que, si hay un papa que encarnó el Evangelio en nuestro tiempo, ese fue Francisco. Santo súbito, por derecho, por testimonio y por amor al pueblo de Dios.

 Fuente: José Carlos Enríquez Díaz (18 abr 2026)


Saludo del Papa Francisco a la Familia Misionera de la Consolata - 2023