Centenario
“A la mano” para todos
Febrero
16 de 1926 -2026
Obra artística P. Carlos Zuluaga
El
lema que los Misioneros han elegido para este primer Centenario de San
José Allamano: “Centenario A la mano”, pone de relieve la proximidad
cotidiana y ordinaria, “a la mano”, de la propuesta humana, ministerial,
carismática - misionera de Consolata y de santidad de este santo
“extraordinario en lo ordinario”.
Esa
identidad sencilla y transparente del Santo “A la mano” puede correr el riesgo
de quedarse encerrada en la Familia Misionera Consolata. Sobre todo, si nuestra
mirada, un tanto tímida y reservada, respaldada en eso de “hacer el bien,
bien hecho y sin ruido”, termina por impedirnos ver a quienes, estando más
allá de nosotros, descubren el dinamismo misionero de la Iglesia Católica y a
quienes constituyen nuestro horizonte último de vida y misión “ad gentes”.
Todos implicados en la misma misión de Dios.
Con
el fin de evitar esa autorreferencialidad como denominaba el Papa Francisco el
enclaustramiento de la Iglesia, estamos invitados o desafiados a contemplar y
celebrar el regalo de la Canonización como oferta de la Iglesia para el mundo y
hacer todo lo posible para socializarla en todos los ámbitos, más allá de
nosotros mismos. Este puede ser uno de los objetivos de este Centenario.
La
santidad “A la mano” les va bien a los niños, a las juventudes en sus procesos
académicos y de crecimiento, a los adultos en el ejercicio de sus diversas
profesiones, estados y estilos de vida, lo mismo que a los mayores y ancianos.
Le viene bien a la Vida Religiosa, al clero en general, a todos los laicos,
servidores del Reino de Dios, empeñados en la misión de Dios confiada a la
Iglesia. Sirve, inclusive, como propuesta vocacional, temporal o “ad vitam”,
para muchos que sienten la llamada a la universalidad y que reconocen en el Evangelio
del Señor Jesús una buena noticia para todos los pueblos.
La
propuesta organizativa de la misión en el formato de la Vida Religiosa
Consagrada, vivida en comunidad, la vivencia de los Votos y la misión entre
quienes no conocen el Evangelio de Jesús, “ad gentes”, puede y debe ser
ofrecida, colocada “A la mano”, para todos los bautizados.
Fraternidad para la Misión ad gentes
San
José Allamano estando como responsable del Santuario de la Consolata y de la
Casa de Formación del clero joven de la Iglesia Local de Turin (desde 1880),
reflexionaba, entre 1891 y 1899: “Es
una pena que Turín, con tantas fuerzas vivas, no tenga una obra misionera
propia” (Conferencias espirituales, finales del s. XIX). Mientras
tanto iba soñando, diseñando y redactando una propuesta (Reglamento) misionera para
Presbíteros diocesanos y Laicos, técnicos o profesionales. Una vez aceptada su
propuesta en la Diócesis y puesta ya en marcha, inmediatamente después y, a
solicitud de los misioneros en el campo, decidió incluir las mujeres y
dedicarse con todo empeño a la organización estructural y jurídica de las
instituciones, lo mismo que a la formación específica de sus misioneros y
misioneras. Todos convocados a vivir en “espíritu de familia”, no de
Institución o Colegio. En alguna de sus cartas circulares aclaró: “Yo no
quise hacer una congregación religiosa; quise hacer una obra misionera. Pero la
Santa Sede juzgó que ésta era la forma más segura, y yo me sometí con gusto”.
La
idea de San José Allamano no era la de fundar una Congregación Religiosa sino
una obra u organización misionera “ad gentes”, al servicio de la humanidad,
Iglesia Local y universal. Fue la misma Santa Sede la que, en su discernimiento
para la aprobación canónica, propuso la modalidad de Vida Religiosa o
Consagrada, más práctica y estable, que Allamano aceptó confiado, asumiendo los
Votos como medio para la misión y no como esencia constitutiva de la identidad.
Esto nos da libertad de
iniciativa creativa, sin temor ninguno de infidelidad, para compartir el
carisma con laicos y laicas, sin patriarcalismos ni feminismos, sin
clericalismos ni paternalismos, en
fraternidad humana
y ecológica, participativa y sinodalidad.
El ser humano hecho para la comunidad
“No es bueno que el ser humano esté solo”, dice el libro del
Génesis (2,18-24) refiriéndose a los orígenes y colocando en la reflexión
contemplativa del Creador el antídoto contra la soledad solitaria: “hagámosle
compañía adecuada” se dice Dios, que le corresponda, que esté a su altura,
frente a él, igual en dignidad, distinta en identidad, capaz de relación,
diálogo y comunión. El ser humano no se comprende a sí mismo en soledad, sino
que descubre su identidad en la relación. Está hecho para el encuentro. El otro
no es complemento funcional, sino revelación de sí mismo,
consolación, compañía adecuada.
Esta
identidad relacional, constitutiva del ser humano, se expresa y crece, para San
José Allamano, en y con el “Espíritu de familia”, comunidad misionera. Se trata
del mismo espíritu que ayuda adecuadamente a todas las formas o modalidades de
Familia, incluidas las religiosas o consagradas, con sus respectivos matices,
claro está. Una “compañía adecuada” que se traduce en: fraternidad que
enseña a pasar del egoísmo al compartir, del orgullo autosuficiente a la
humildad del necesitado; a perdonar, no guardar rencor y reconciliarse; a
cuidar, prioritariamente, al más débil y pequeño; a corregir y ser corregido; a
escuchar y dialogar para vivir sinodalmente; a hacerse y ser amigo y compañero;
a madurar afectiva y espiritualmente; a consolar y ser consolado; a amar y ser
amado.
Estos
aprendizajes duran toda la vida y van a la par con el aprendizaje de ser y
desempeñar los roles de papá – mamá – hermano. Hay que revisarlos en la medida
que se crece y actualizarlos permanentemente. San José Allamano exhortaba a su
Familia Misionera: “Entre ustedes haya mucha caridad;
sin ella no hay misión.”
Votos de libertad: obediencia,
castidad y pobreza
No siendo los Votos
Religiosos, para San José Allamano, un añadido jurídico ni una simple
disciplina comunitaria, sino una expresión vital del amor a Dios y de la
entrega total a la misión, se constituyen en un camino concreto de santidad
misionera, vivido con realismo, equilibrio y profundo sentido eco - eclesial.
En términos generales podemos decir que San José Allamano entendió los Votos
como respuesta de amor a la
iniciativa de Dios, medio pedagógico de santificación, no fin en sí mismos. Instrumentos
al servicio de la misión ad gentes, expresión de libertad interior, no de
represión: “Los votos no hacen santos, pero ayudan mucho a hacerse santos” (San
José Allamano). Solo tienen valor si se viven con amor, convicción y alegría,
no por obligación externa.
El Voto de Obediencia: libertad frente a sí mismo
Vivir en obediencia, desde la fe, es estar
presentes en el presente, atentos a los signos de los hermanos, de los tiempos
y los espacios, abiertos y disponibles a descubrir, en discernimiento
comunitario, la voluntad de Dios. Se trata de una actitud filial que se asume
desde la Familia y se va desarrollando en el encuentro con los otros/as. Exige
capacidad de verdad y diálogo, de escucha y respuesta, compromiso y
responsabilidad. Diríamos hoy, de vida en familia y trabajo en Equipo, de
proyecto de vida en común. La obediencia mutua y discernida juntos, ordena toda
la vida en todas sus dimensiones.
El Voto de Pobreza:
libertad frente a los bienes
Vivir en pobreza,
desde la fe, es mantenerse desapegado, real y afectivamente, de las posesiones,
los honores, los títulos, los placeres. Alegres y armoniosos en la escasez y en
la abundancia, austeros y confiados en la Providencia, bien administrada.
Agradecidos y disponibles para ir siempre “más allá” y permanecer en gratuidad.
Caritativo y solidario: “El misionero debe ser pobre, pero nunca miserable” (San
José Allamano). La pobreza “A la mano” es digna, prudente y responsable, no
improvisada ni ideológica.
La libertad frente a los
bienes, las cosas y las posesiones, diligentemente planeada y transparentemente
administrada, ordena la economía y la ecología humana.
El Voto de Castidad: libertad frente a las personas
Vivir en castidad, desde la
fe, es consagrarse integralmente Dios, mantenerse libre para amar a todos sin
exclusivismos ni apegos afectivos. Capacidad, madurez, para relacionarse
desinteresadamente con niños, jóvenes y adultos, sin abusos, explotaciones, ni
apegos, evitando exclusiones, exclusivismos o discriminaciones. No es fácil,
claro está. El amor es exigente: “Quien ama mucho, sacrifica mucho”, decía
el San Allamano e insistía en una castidad humana, madura, vigilante y alegre,
sostenida por la vida espiritual y la fraternidad.
La libertad frente a las personas e incluso
los animales y sucedáneos, ordena y armoniza el corazón,el cuerpo y la razón.
Conclusión
Los votos, como podemos constatar, no se viven
“para uno mismo”, sino para la misión de cada uno, de acuerdo a su vocación y
ministerio. “No todos pueden hacer
votos, pero todos pueden vivir el espíritu de los votos”, decía el santo Allamano.
En este sentido, la fraternidad
vivida en la familia, la comunidad, la empresa o sociedad, puede encontrar
en los Votos luz para el camino o proceso ordinario de humanización,
socialización y santificación de niños, jóvenes, adultos o ancianos, hombre o
mujer.
La propuesta de San José
Allamano “Primero
santos, después misioneros; o mejor, santos siendo misioneros”, resulta práctica para
todos. Va mucho más allá de lo jurídico, supera la ley y conduce por el camino
de la libertad. Termina proponiendo la Fraternidad como camino de humanización, misión y santidad. Una apuesta actual, práctica y realizable que sostiene la
fidelidad en tiempos de dificultad y conduce a la felicidad.