San José Allamano con María Consolata: una relación íntima y fecunda
Podemos decir que San José Allamano contempló toda su vida bajo la mirada materna de María, invocada como Consolata. Para él, ella no fue solamente objeto de devoción, sino presencia viva, compañera de camino y modelo de discípula misionera.
Nos debemos preguntar, entonces, por este nombre de Consolata, su origen y significado. En su forma dialectal del Piamonte italiano lo pronuncian “Consolà”, que corresponde en la lengua italiana a Consolata, participio pasado, de género femenino, del verbo consolé -consolare, en su estado pasivo: “consolada” y activo “consoladora”. El origen, en definitiva, viene del verbo consolare, que a su vez proviene de consule, que en latín tiene diversos significados: consul = cuidar de... velar por... (te consuelo).
Esta expresión verbal transitiva, activa, pasiva y refleja se le aplicó a María de Nazaret, consoladora porque consolada y viceversa. Ella es la Consolata, “nuestra Consolata” dirían los piamonteses y con ellos San José Allamano y sus Misioneros/as.
Así nos la presenta el Papa León XIV en su Encíclica Magnífica Humanitas: “El cántico de María acompaña nuestro compromiso. Ante Isabel, que le anuncia que se ha convertido en la madre del Señor, María prorrumpe en un himno de alabanza y de alegría: su alma proclama la grandeza del Señor y su espíritu exulta en Dios su Salvador, porque Él eligió a una joven pobre y pequeña para su plan de salvación. De repente, María ve toda la historia con los ojos de este descubrimiento. Nada ha cambiado a su alrededor: la situación sociopolítica de su época sigue siendo la misma, con los romanos que dominan su tierra y su pueblo dividido y humillado. Sin embargo, todo ha cambiado dentro de ella, y eso le permite ver lo invisible. Dios ya ha hecho proezas con el poder de su brazo, ya ha dispersado a los soberbios, ha derrotado a los poderosos, ha elevado a los humildes, ha colmado de bienes a los hambrientos y ha despedido a los ricos con las manos vacías. Él ya ha auxiliado a Israel, su siervo. Dios «se pone de parte de los últimos. Su proyecto a menudo está oculto bajo el terreno opaco de las vicisitudes humanas, en las que triunfan “los soberbios, los poderosos y los ricos”. Con todo, está previsto que su fuerza secreta se revele al final».
La Virgen María no sólo nos enseña a ver la obra invisible de Dios, sino que dirige también nuestra mirada «a los puntos de fractura de la humanidad, allí donde se produce la distorsión del mundo, en el contraste entre humildes y poderosos, entre pobres y ricos, entre sacios y hambrientos», enseñándonos «a adquirir un punto de vista diferente para mirar el mundo desde abajo, con los ojos de quien sufre, no con la óptica de los potentes; para ver la historia con la mirada de los pequeños y no con la perspectiva de los poderosos; para interpretar los acontecimientos de la historia desde el punto de vista de la viuda, del huérfano, del extranjero, del niño herido, del exiliado, del fugitivo». De esta manera, la Virgen se convierte en «poetisa y profetisa de la redención», porque de sus labios brota «el himno más fuerte e innovador que jamás se haya pronunciado, el Magníficat; es ella quien revela el diseño transformador de la economía cristiana, el resultado histórico y social, que aún hoy deriva del cristianismo su origen y su fuerza».
Encomiendo, dice al final, esta misión a la Madre de Cristo, a la mujer del Magníficat, para que acompañe nuestros pasos en el presente que cambia y custodie en cada uno de nosotros la confianza en el Evangelio, de modo que podamos testimoniar la belleza de una magnífica humanidad habitada por Dios”. (nn 243 – 245).
La Misión de Consolación
Siendo Consolata un verbo, expresado en activo y en pasivo, se hace vida como acción o sea, con verbos:
- salir, caminar;
- ir, entrar;
- mirar, contemplar;
- estar, acompañar;
- permanecer, agradecer;
- enseñar, aprender;
- sufrir, cantar;
- consolar, ser consolado;
- esperar, liberar;
- salvar, resucitar.
María Consolata aparece en el Evangelio casi que como conjugando estos verbos que hemos elencado:
- Mujer que escucha y acoge: en la Anunciación recibe la alegría del Señor: “Alégrate,
llena de gracia” (Lc 1,28). Antes de consolar, María es consolada.
- Mujer presurosa (sin pereza): sale y va a compartir la consolación
recibida. En la Visitación se levanta y camina hacia Isabel. El
corazón que ha encontrado a Dios se vuelve misionero.
- Madre valiente que permanece de pie, junto al dolor
humano: “Junto a la cruz
de Jesús estaba su madre” (Jn 19,25), sosteniendo la vida, elevando el ambiente.
- Amiga discreta y atenta: participa activamente, sin protagonismos, en la Boda - fiesta de la humanidad, animando la esperaza.
- Discípula orante: acompaña y anima las comunidades, como la Apostólica de los inicios en Jersalén, encerradas por miedo o trancadas en la comodidad.
Esa misma presencia quiso Allamano para sus misioneros: personas capaces de ir siempre más allá, ad gentes, entrar en el corazón de las gentes, sus culturas y contextos; acompañar, escuchar, sanar heridas y sembrar esperanza; promover y defender la vida, elevar los ambientes; orar y agradecer. No una misión de poder, sino de cercanía. No una evangelización fría, sino llena de humanidad.
Para San José Allamano la misión nace del amor recibido. Quien se siente consolado por Dios no puede guardarse esa experiencia. Sale al encuentro de otros para compartir con ellos la consolación recibida. Así comprendió la misión ad gentes: compartir el Evangelio desde la compasión y la alegría. Por eso su espiritualidad tiene un corazón y un rostro materno. Evangelizar es “consolar”: estar junto al pobre, al indígena, al afrodescendiente, al migrante, al enfermo, al joven que busca orientación, a la mujer herida, a los pueblos empobrecidos, olvidados y excluidos, a los adultos mayores en soledad. Allí María Consolata sigue caminando, como diciendo, la ternura valiente también transforma el mundo.
Los dos Postulantes, que se presentan hoy para integrarse a la misión de Dios propuesta por San José Allamano en el Instituto Misiones Consolata - IMC, nos invitan a orar con ellos y por ellos:
invocamos tu compañía para Hugo y Manuel
te agradecemos por el camino que empiezan
por ese SÍ generoso que brota de sus juveniles corazones .
Gracias por sus familias
por todas las personas que acompañan este sueño misionero.








