Elogio de las Manos - "A LA MANO"
sábado, 25 de julio de 2026
Manos "A la mano"
martes, 14 de julio de 2026
Fiesta de la Virgen del Monte Carmelo
Nuestra Señora del Carmen
Colombia posee
una riqueza excepcional de advocaciones marianas profundamente arraigadas en la
vida de los pueblos, entre todas, tal vez la más destacada sea la de Nuestra
Señora del Carmen. La encontramos en los camines, los buses, taxis y aviones,
en los barcos, por lo caminos, carreteras y ríos del país. En cada curva o
lugar de riesgo, allí está ella presente y atenta. De las prácticas, signos
piadosos como procesiones, escapulario, bendición de
vehículos, promesas y fiestas patronales, muchos hemos participado y hasta
usado. Sería bueno que fuéramos un poco más a fondo, tratando de descubrir lo
que ella nos quiere decir, como en la Boda de Caná, para acercarnos a Jesús.
Virgen del Carmen
En lugar de verla
solo desde su origen histórico o desde las prácticas religiosas populares, hagámonos
algunas preguntas que nos lleven a nuevas respuestas:
¿De dónde proviene su nombre? En la tradición espiritual mariana de la Iglesia Católica este nombre aparece vinculado al Monte Carmelo, situado junto al mar Mediterráneo, en una cadena montañosa de unos 39 km de longitud y puede traducirse como "viña de Dios", "jardín de Dios" o "campo fértil", símbolo de belleza, fecundidad y bendición.
En las Escrituras Sagradas el Monte Carmelo (1Reyes 18) aparece vinculado al ministerio del Profeta Elías, desarrollado a lo largo de 15 o 20 años, en el Reino del Norte de Israel durante el reinado del rey Acab y Jezabel (ca. 874–853 a.C.), cuando el pueblo vivía dividido entre varios dioses, Yahvé, Baal, Asera y otras deidades locales, en medio de sequias y hambrunas que se prolongaban hasta más de tres años. Elías convoca al pueblo y plantea una decisión radical y coherente: "¿Hasta cuándo van a andar cojeando con dos pensamientos? Si el Señor es Dios, síganlo; y si Baal lo es, síganlo."
Para ayudar al pueblo a tomar una decisión propone un ejercicio pedagógico – espiritual, entre los seguidores de Baal y los de Yahvé, desafiando a 450 profetas de ellos y a él mismo con su pueblo, para demostrar quién era realmente Dios: Yahvé o Baal. Y el desafío fue aceptado.
La prueba era sencilla pero impactante. Profetas de ambos bandos ofrecían un sacrificio en un altar, pero no le prendían fuego. El Dios que enviara fuego desde lo alto para consumir el sacrificio sería considerado el Dios de Israel.
Primero fueron los profetas de Baal. Y no pasó nada. Durante horas, le rogaron a Baal. Pero no hubo fuego. Entonces Elías levantó un altar, reconstruido con doce piedras, rodeado de una canal y colocó encima la leña y la ofrenda, derramó agua encima, por tres veces hasta empapar la madera, la ofrenda y llenar la canal. Invocaron a Yahvé y cayó fuego del cielo. El pueblo clamó que Yahvé era Dios. Y los profetas de Baal murieron todos. Elías huyó para salvar su vida al día siguiente, y no se produjo ningún cambio notable en la vida espiritual de Israel. Tal vez porque el mismo Dios, en general, no se revela en formas tan espectaculares y dramática.
El ciclo psico-ministerial de Elías
Me parece que la experiencia de Elías constituye un modelo muy actual
para sacerdotes, religiosos, misioneros y laicos, agentes pastorales. Sigámoslo
en detalle:
1. La vocación: descubre que Dios lo envía y recibe su misión con entusiasmo, ardor y claridad. Convencido de haber sido llamado.
2. El compromiso profético: denuncia la corrupción, la idolatría, la injusticia, el abuso del poder,
con valentía y a pesar de las persecuciones, conflictos e incomprensiones que
sufre.
3. El gran éxito ministerial: en el Carmelo ocurre el gran triunfo. El pueblo reconoce a Dios. Elías
experimenta eficacia pastoral, reconocimiento y enorme satisfacción. Podríamos
decir que fueron los mejores años de su servicio, aunque haya sido solo un
momento.
4. El agotamiento psicológico: paradójicamente, muchas veces, después del mayor éxito llega la peor
crisis. La reina Jezabel amenaza con matarlo, él huye con miedo, mientras pierde
toda seguridad. Hoy llamaríamos esto agotamiento emocional, estrés
postraumático, fatiga por compasión, burnout pastoral.
5. La depresión espiritual: en el desierto dice "¡Basta ya, Señor! Quítame la vida", desea
morir, se siente solo, fracasado, inútil, derrotado. Muchos servidores de la
Iglesia conocen esta etapa. No nace de la falta de fe sino del exceso de
desgaste.
6. Dios lo restaura: su terapeuta no empieza corrigiéndolo, primero lo deja dormir, luego le
ofrece pan y agua, le permite que descanse, que haga su camino-proceso
restaurador o consolador. Maravillosa pedagogía pastoral, antes de exigir más
misión.
7. El encuentro en el Horeb: después de cuarenta días llega al Horeb y allí se le revela de nuevo, no
en el viento, ni en el terremoto, ni el fuego, sino en "el susurro de una
brisa suave". El ministerio madura cuando el servidor aprende a reconocer
a Dios en el silencio.
8. La relectura de la crisis: Elías creía que había quedado “Sólo yo he quedado", se decía, mientras Dios le respondía, "No estás
solo", ahí está tu pueblo. Toda crisis exagera la percepción de la
realidad, mientras se recupera el equilibrio.
9. Renovación ministerial: finalmente Dios no jubila a Elías, lo envía de nuevo, porque nadie puede
permanecer en el monte para siempre. Ahora deberá ir y ungir un rey y otro rey,
llamar a Eliseo y preparar el futuro. La misión cambia de forma, ya no consiste
solamente en grandes emprendimientos o esfuerzos, sino en formar sucesores. La
madurez ministerial desemboca en la fecundidad de la transmisión.
Conclusión
Todos estos
elementos bíblicos fecundan la figura de la Virgen del Carmen e inspiran su
papel de acompañante de los transeúntes colombianos, por todos los caminos y
medios. Ella enseña a caminar con fidelidad, a contemplar, a
discernir y a perseverar hasta el final, como lo ha hecho con los Monjes del
Monte Carmelo y toda la corriente carismática de la Familia carmelitana,
esparcida por el mundo. El Monte Carmelo no es solo un lugar geográfico,
sino el símbolo teológico que representa la fidelidad a Dios en medio de la
prueba, lugar de la alianza renovada, escucha de su Palabra y seguimiento de su
voluntad.
Elías nos enseña
el ardor del profeta, María del Carmen nos ayuda a formar el corazón de
discípulos, con el escapulario encima como señal; el Carmelo nos muestra el
valor del silencio contemplativo y fuego del cielo nos anuncia la esperanza que
brinda la fe y la confianza en la fidelidad al Dios de la Alianza.
sábado, 11 de julio de 2026
La Maestra María
María, pedagoga en la Escuela de Jesús
El Maestro es el Hijo (cf. Mt 23,8-10)
En tiempos de
invasión tecnológica y digital, repensar las pedagogías para un aprendizaje formativo
integral, parece urgente y María, la madre y formadora del Maestro Jesús, es
presentada en la Escritura Sagrada y en la tradición de la Iglesia Católica,
como “modelo y guía” en el acompañamiento y formación de discípulos misioneros,
no solo de fieles creyente. Ella, como discípula del Maestro y, precisamente
por haber aprendido de Él desde la Encarnación hasta Pentecostés, se convierte
en autoridad pedagógica para acompañar a los que aman y quieren seguir a su
Hijo. Su vida constituye un verdadero itinerario pedagógico que acompaña el
crecimiento espiritual del creyente desde el encuentro inicial con Dios hasta
la plena participación en la misión de la Iglesia. Su pedagogía es siempre una
pedagogía "en la escuela de Jesús", el “misionero enviado del Padre”
que prepara para vivir sinodalmente en esta Iglesia en salida (Papa Francisco).
Hablar de María como pedagoga significa reconocer en ella no solamente a la Madre de Jesús y Madre de la Iglesia, sino también a la mujer que enseña el camino de la fe mediante su propia vida. María no funda una escuela con métodos escritos ni transmite una doctrina propia, su pedagogía consiste en conducir siempre hacia su Hijo, formando discípulos capaces de escuchar, discernir, servir, perseverar y anunciar el Evangelio.
Una imagen y un nombre, Consolata
Soy Misionero de la Consolata y mi configuración con el “Misionero enviado del Padre” ha venido siendo inspirada a lo largo de los años, desde 1962, por la imagen de María Consolata propuesta por San José Allamano, formador de Sacerdotes diocesanos, en la Arquidiócesis de Turín – Italia y el carisma por él legado a los Institutos de la Consolata para misiones, fundados en 1901 y 1910. En realidad, el icono de la Consolata ofrece una síntesis visual extraordinaria de una propuesta formativa.
Hoy, en la llamada era de la imagen, ya ampliamente usada en la tradición oriental, desde el inicio del cristianismo, no solo como una ilustración religiosa, sino una "teología en colores" (según la expresión atribuida a San Juan Damasceno), al inspirarnos en la “espiritualidad mariana” para la formación de discípulos misioneros, este icono puede convertirse en nuestra primera "lección". María no comienza con lo que dice, sino con lo que muestra. Antes de ser discurso, es icono; antes de ser método, es experiencia, antes de ser acción es contemplación.
El icono de la Consolata no solo inspira la vida y espiritualidad de San José Allamano, allá en el “corito” del Santuario de la Consolata, en Turín – Italia, en donde la imagen pasa del ámbito de la oración, meditación y devoción práctica a “lugar” de reflexión teológica, educativa formativa y misionológica.
Este icono perteneciente al grupo iconográfico de la Brephocratousa o Virgen con el niño, en la versión Odigitria, que presenta a María sosteniendo al Niño Jesús, a quien señala con su mano derecha para indicarlo como el camino de la salvación, es un sencillo y rico instrumento didadáctico. El apelativo Odigitria deriva del topónimo del convento de los “Odigi”, en griego οδιγι, que significa "guías". Allí habitaba una comunidad de monjes que veneraba el retrato original de María, pintado según la tradición, por San Lucas. La emperatriz Puchera, habiéndolo recibido en Jerusalén, lo confió a ese monasterio construido cerca a una fuente de agua, en donde Nuestra Señora ya hacía muchos milagros, especialmente en favor de los ciegos, a los cuales los mismos monjes les servían de “guía”, conduciéndolos de la mano, como hacían los “pedagogos” griegos con los niños, de siete a catorce años, cuando los llevaban al gimnasio o a la palestra, hasta la fuente milagrosa para que se lavaran sus ojos con el agua sanadora. La misma palabra Odigitria significa “la que muestra el camino” (Cfr. Gharib Georges, Le Icone Mariane, Cittá Nuova, 1988).
Esta perspectiva ofrece una base teológica muy sólida para interpretar la pedagogía mariana y la formulación del carisma a la que llegó San José Allamano contemplando el cuadro de la Consolata, y el lema que lo sintetiza “Et annuntiabunt gloriam meam gentibus” (“Anunciarán mi gloria a las naciones”, Is 66,19) que fue mandado colocar por San José Allamano en la parte central superior de la Casa Madre de Turín en 1925, y anteriormente ya figuraba en la portada del primer Reglamento, manuscrito, del Instituto (1891) y vuelve a aparecer en el Reglamento de 1901 y en las Constituciones de 1909.
“Anunciarán mi gloria a las naciones”
El profeta Isaías concluye su libro con una visión profundamente misionera. Después de anunciar la restauración de Jerusalén, evidencia de la consolación anunciada en 40,1-12, Dios promete enviar mensajeros hasta los confines del mundo: “Pondré en ellos una señal y enviaré algunos de los sobrevivientes a las naciones... a las costas lejanas, que nunca oyeron hablar de mí ni vieron mi gloria; ellos anunciarán mi gloria a las naciones” (Is 66,19).
Esta promesa encuentra en Jesucristo su pleno cumplimiento. El Hijo, enviado por el Padre, revela la gloria de Dios como amor misericordioso, y después de su Pascua envía a sus discípulos hasta los confines de la tierra (cf. Mc 16,15; Mt 28,19-20; Lc 224,48; Hch 1,8; Jn 20,21). Así, la misión no nace de una iniciativa humana, sino del deseo de Dios de que todos los pueblos experimenten su salvación, disfruten el “buen vivir” (Sumak Kawsay en kichwa), paradigma ancestral, alternativo al que propone hoy la sociedad del capitalismo tecnológico global de libre mercado. Las cosmovisiones de los pueblos indígenas andinos y amazónicos lo fundamentan en cuatro principios básicos:
·
Relacionalidad: Todo está interconectado; no existe vida aislada.
·
Complementariedad: Todos los seres y elementos se necesitan mutuamente.
·
Reciprocidad: Dar y recibir en equilibrio (ejecutado en prácticas como la minga comunitaria).
·
Correspondencia: Vivir en armonía con lo que la naturaleza nos proporciona.
Este Lema
Misionero, se puede extender a todos los operarios del Reino, contemplativos,
testigos, anunciadores y reveladores de la gloria de Dios, manifestada no en
volúmenes de ideas verdaderas y bien documentadas, ni en instituciones bien
organizadas, fuertes en su patrimonio y estructuras bien administradas, sino en
personas y comunidades que hacen visible, con la vida, la palabra y las
acciones, el rostro del Dios compasivo y misericordioso que consuela, libera y
salva. Porque, como decía San Irineo de Lyon “quienes ven a Dios tienen parte
en la vida … la gloria de Dios es el hombre viviente y la vida del hombre es la
visión de Dios. Si la manifestación de Dios por la creación da vida en la
tierra a todos los vivientes, mucho más la manifestación por el Verbo del Padre
da vida a aquellos que contempla” (Contra los herejes, 4,20,5-7).
Se constata que la gloria de Dios en la Biblia no es un esplendor lejano, es su presencia amorosa que restaura la dignidad humana, perdona, sana, reúne a los dispersos y ofrece esperanza a los pueblos. Anunciar esa gloria significa revelar que Dios continúa actuando en la historia, especialmente allí donde abundan el sufrimiento, la pobreza, la violencia, la soledad y la pérdida del sentido de la vida.
En esta perspectiva, la Consolación no se deja reducir a un simple alivio emocional sino que se expresa como una experiencia integral del Reino. Consolar es hacer presente a Cristo resucitado; es acompañar a los crucificados de la historia; sanar las heridas del pecado, perdonar; es defender la dignidad de cada persona; es reconciliar, con el perdón y la reparación, personas, comunidades y pueblos rotos; es cuidar la creación como casa común y abrir caminos de esperanza allí donde parece reinar la desesperanza.
La expresión “a las naciones” manifiesta el carácter universal de la misión. El profeta utiliza el término para designar a todos los pueblos, especialmente a quienes todavía no conocen al Dios de Israel. Para el carisma misionero de la Consolata, estas naciones representan hoy, en el Continente americano, los pueblos no evangelizados, las periferias geográficas y existenciales, las culturas en transformación, las nuevas pobrezas urbanas, el mundo digital, los migrantes, los jóvenes sin horizonte, los pueblos indígenas, las comunidades afrodescendientes y todos aquellos que esperan una palabra de vida.
San José Allamano comprendió profundamente esta dimensión universal. Quería misioneros apasionados por quienes todavía no conocían a Cristo y repetía que el primer anuncio debía realizarse con la santidad de vida. Antes de anunciar con los labios, el misionero anuncia con la transparencia de una existencia transformada por el Evangelio. Por eso insistía: “Primero santos, después misioneros”. La credibilidad del anuncio depende de la autenticidad del testimonio.
El lema también recuerda que el verdadero protagonista de la misión es Dios mismo. En Isaías es Él quien envía; es Él quien prepara los caminos; es Él quien reúne a las naciones. El misionero no muestra su propia gloria, sino la gloria de Dios. No busca protagonismo, sino que las personas descubran el amor del Padre maternal manifestado en Jesucristo mediante la fuerza del Otro Consolador, el Espíritu Santo.
María, la mujer de todos los nombres, incluido el de Consolata, fue la primera en llevar la gloria de Dios a otra persona cuando visitó a Isabel. Su presencia hizo exultar al niño en el seno materno y provocó el canto del Magníficat. Ella continúa siendo la Consolata que acompaña a los misioneros para que Cristo sea conocido y amado entre todos los pueblos.
En el contexto actual, marcado por conflictos, polarización, migraciones, crisis ecológica y profundas búsquedas espirituales, la misión ad gentes ya no puede entenderse únicamente como un desplazamiento geográfico, sino como la disponibilidad permanente para salir al encuentro de quienes todavía no han experimentado la alegría del Evangelio. Las nuevas "naciones" son también los ambientes culturales, digitales y sociales donde Cristo necesita ser anunciado con respeto, diálogo, cercanía, testimonio y estética.
1. Contemplar la gloria de Dios en Cristo.
En definitiva, Isaías 66,19 expresa de manera admirable la vocación de la Familia de la Consolata: quien ha sido consolado por Dios es enviado para que todas las naciones conozcan, contemplen y experimenten su gloria salvadora.
miércoles, 8 de julio de 2026
Puente de amistad (Tienditas)
Virgen de Chiquinquirá
Para todos los colombianos y una buena parte de los
venezolanos la Virgen de Chiquinquira nos es familiar. Muchos hemos peregrinado
al Santuario de Chiquinquirá, lugar donde su viejo y ajado lienzo, pintado por el
artista español Alfonso de Narváez, residente en Tunja, se fue renovando y
recobrando el color la figura de Virgen del Rosario, vestida con manto azul oscuro y bordes dorados, toca, corona y un cetro
en su mano derecha y un rosario rojo en su izquierda; el Niño Jesús sostenido
por los brazos de la Virgen, cubierto con un manto rosado y con su propia
corona; San Antonio de Padua, a la derecha de la Virgen, llevando un
escapulario, una cruz y un libro y San Andrés Apóstol, a la izquierda,
sosteniendo la Sagrada Escritura y la cruz en forma de X, signo de su martirio.
Ambos pintados en el lienzo original por ser el primero, patrono del encomendero que solicitaba la
imagen y el segundo, del fraile que la había mandado a hacer.
Esta renovación milagrosa despertó y sigue despertado la admiración, la contemplación y la piedad de muchos hasta el punto de construirle hermosos santuarios - basílicas, en la ciudad que le da el nombre, Chiquinchirá y en la vecina Maracaibo, Venezuela, puntos de referencia, peregrinación y encuentro. En Colombia, además, la han declarado Reina y Patrona de la República.
El milagro del lienzo restaurado y expuesto a la veneración popular nos ofrece un rico mensaje evangelizador, que nos lleva, más allá de la piedad y devoción a la formación de mejores y más auténticos seguidores y servidores de su Hijo Jesús, diciéndonos como en la Boda de Caná, “hagan lo que Él les diga” (Jn 2,5), antes que nosotros le pidamos a ella que haga otros milagros.
Ella, como madre, nos comparte o entrega a su Hijo Jesus. Como discípula se une a todos nosotros, discípulos misioneros, en la escucha, el seguimiento y la misión del que nos llamó a su seguimiento para que estemos con Él (busquemos la santidad) y salgamos a testimoniarlo y anunciarlo más allá de nuestras propias fronteras (seamos misionros/as). Como pedagoga, maestra en la Escuala de Jesús, nos orienta, con varías iniciativas, a vivir y trabajar para que la vida sea plena y feliz aquí en esta tierra y allá en la eternidad. Veamos algunas de estas iniciativas que nos pueden inspirar y en las que podemos participar:
2. Artista de la restauración: el milagro reconocido consistió en la renovación de un lienzo deteriorado, simbolizando la permanente capacidad del Evangelio para renovar la belleza del ser humano, de los pueblos y de la creación. Enseñándonos la pedagogía de la belleza que comienza por la visión y la contemplación, antes que por la palabra, como diciendo: el silencio también habla y hay que escucharlo. Nos invita a contemplar y respetar la belleza del ser humano y de los derechos humanos, la belleza de la creación y los derechos de la tierra, la belleza de la familia, los niños y los ancianos, el cuidado y el respeto por el otro y sus derechos.
5. Nuevo festivo en Colombia: el 9 de julio, día de la Virgen de Chiquinquirá, fue declarado festivo por el Gobierno nacional reconociendo la importancia histórica, cultural y religiosa de Chiquinquirá, Boyacá, al cumplirse 440 años del milagro. Este año se traslada para el 13 de julio.
jueves, 25 de junio de 2026
El mandato misionero de Jesus
“Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio a toda la creación” (Marcos 16,15)
· geográfica: llegar a todos los pueblos y lugares;
“Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado” (Mateo 28,19-20)
· hacer discípulos: acompañar procesos de fe y conversión;
“Ustedes son testigos de esto” (Lc 24,48). “Recibirán la fuerza del Espíritu Santo y serán mis testigos hasta los confines de la tierra” (Hch 1,8).
· una vida personal y comunitaria, alegre y coherente;
“Reciban el Espíritu Santo. A quienes perdonen los pecados les quedan perdonados” (Juan 20,21-23).
· sanar heridas;
El Padre envía al Hijo → el Hijo envía a sus discípulos → el Espíritu Santo sostiene la misión → toda la “Comunidad de la vida” trabaja, agradecida, cuidando la vida, promoviéndola, reconciliándola, liberándola y salvándola.
· Ir (Marcos) → salir hacia ...
miércoles, 24 de junio de 2026
Juan el Bautista
La parresía encarnada

Miguel Huerta
Hay figuras que aparecen en momentos clave en la historia de las ideas y del cristianismo sin pedir nada a cambio. No buscan poder, no fundan instituciones, no dejan escuela. Sólo señalan algo que lxs demás prefieren no ver y pagan el precio por ello. Juan el Bautista, cuyo día se celebra cada 24 de junio, es una de esas figuras. Y aunque su historia llega envuelta en religión, su núcleo es otra cosa: un hombre que decidió vivir de acuerdo con lo que pensaba y creía, que habló con claridad cuando hablar claro era peligroso, y que acabó asesinado precisamente por eso. Eso es ética en estado puro.
Vivía fuera del sistema, literalmente. En el desierto, con lo mínimo, sin ataduras que lo volvieran un peón externo. No era un excéntrico ni un ermitaño que huía de la gente; la gente venía a buscarlo a él. Había algo en esa austeridad que generaba autoridad moral. Y es que cuando alguien no debe nada a nadie, cuando no se tiene carrera que proteger ni posición que guardar, puede permitirse decir lo que ve. Hoy llamaríamos a eso independencia. Juan la practicó de forma radical: sin financiación, sin institución detrás, sin red de seguridad. Únicamente su criterio y su voz. Y esa voz no se andaba con rodeos.
Cuando los poderosos de su época van a escucharlo (los fariseos, los saduceos, los funcionarios del templo) no reciben lo que esperaban. Los llama hipócritas, “raza de víboras”. Les dice que de nada sirve pertenecer al grupo correcto, tener los contactos adecuados o cumplir los rituales sociales. Lo que le interesa es concreto y directo: ¿estás siendo justo? ¿Tu vida, tus decisiones, tienen algún impacto real en quienes te rodean, en tu comunidad? Cuando le pregunta un soldado qué debe hacer, le responde: no extorsiones, no denuncies falsamente. Cuando le pregunta un cobrador de impuestos, le dice: no cobres más de lo que te corresponde. Nada de grandes abstracciones. Justicia práctica, cotidiana, aplicada al oficio de cada persona.
La figura que más define a Juan, sin embargo, no es la del predicador. Es la del testigo incómodo. Herodes Antipas, el gobernador de la región, tomó como mujer a Herodías, la esposa de su hermano. Una irregularidad grave, un abuso de poder disfrazado de asunto privado en un contexto cultural y social represor. Juan lo señala públicamente. No ante un tribunal, no con una denuncia formal: simplemente lo dice, en voz alta, donde todo el mundo puede oírlo. Eso le cuesta la libertad. Y cuando Herodes lo mete en la cárcel, no lo ejecuta de inmediato pero lo mantiene encerrado. Al final, una cena, una promesa impulsiva y una intriga de Herodías hacen el resto. Juan es ejecutado por haber dicho en voz alta lo que todxs sabían y nadie se atrevía a nombrar.
Eso tiene un nombre en filosofía moral y Juan el Bautista la encarna: parresía. La práctica y obligación de decir la verdad con franqueza y para el bien común, asumiendo el riesgo que conlleva. Foucault (1926-1984) dedicó sus últimas conferencias a este concepto y lo rastreó desde la filosofía griega. Juan encarna esa tradición sin haberla estudiado en ninguna academia. Habla porque considera que tiene la obligación de hablar. No para quedar bien, no para construir una reputación, sino porque el silencio cómplice le parece éticamente inaceptable. En eso se parece más a un Sócrates o a una Rosa Parks que a un predicador. Y luego está esa otra dimensión, quizá la más difícil de entender hoy: su capacidad para saber cuándo hacerse a un lado. En un mundo obsesionado con la visibilidad, con el protagonismo, con dejar huella, con ganar likes, Juan representa algo contracultural. Llega, hace su trabajo, señala lo que tiene que señalar, y cuando aparece alguien con más que decir que él, se retira sin amargura. No es resignación ni derrota: es una forma de integridad muy poco común. Saber cuándo tu momento ha pasado, y aceptarlo sin intentar prolongarlo artificialmente, requiere una honestidad consigo mismx que muy pocas figuras alcanzan.
Juan el Bautista fue decapitado sin ver los resultados de lo que hizo. Sin escuela, sin legado institucional, sin siquiera haber presenciado lo que ayudó a poner en marcha. Y sin embargo su figura ha sobrevivido dos mil años, precisamente porque representa algo que cada generación necesita recordar: que la justicia no se ejerce desde la comodidad, que decir la verdad tiene un coste, y que hay una forma de grandeza que no se mide por lo que acumulas sino por lo que eres capaz de señalar, aunque nadie te lo agradezca.
Este día en varias regiones del mundo se encienden hogueras en su nombre. Que ardan también como recordatorio de eso. Y es que la voz que clama desde el desierto es difícil de matar, pues representa mucho más que una simple y cómoda vía ética.
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