viernes, 30 de enero de 2026

Centenario de San José Allamano

Encuentro de las aguas: parábola de la misión de Dios 

Artista Juan Camilo Herrera

Comunión en la diversidad

En reciente viaje a Manaos – Brasil, sede del Noviciado continental, San Oscar Romero, de los Misioneros de la Consolata, me invitaron al “encuentro de las aguas”. En el muelle, junto a la plaza del mercado popular, subimos a una embarcación turística y comenzamos a navegar por el rio Amazona (Solimões) hasta encontrarnos con el Rio Negro.

Un excepcional espectáculo natural digno de ser contemplado y reflexionado en silencio: dos corrientes de agua, de colores y orígenes diferentes, se encuentran sin chocar y viajan juntas sin mezclarse durante kilómetros, rumbo al mismo mar.

En mi corazón misionero de la Consolata escuchaba: es posible la comunión en la diversidad, sin anular las identidades. Como las aguas, pueden también avanzar juntos, en convivencia respetuosa, pueblos de colores, culturas, lenguas y espiritualidades diferentes. Desde mi fe evoqué la plegaria de Jesús al Padre común: “que todos sean uno” (Jn 17,21), no por uniformidad, sino por comunión.

Le conté la experiencia a Juan Camilo, joven artista del Barrio Torasso, en Florencia Caquetá, y le propuse plasmarla en un lienzo para conmemorar los 100 años (Centenario) de la muerte terrenal, nacimiento para la eternidad santa, de José Allamano, canonizado por el Papa Francisco el 20 de octubre de 2024, durante la Jornada Mundial de las Misiones en la Plaza de San Pedro, reconociendo y proponiendo su santidad de vida para la Iglesia y toda la humanidad. Fundador de los Misioneros (1901) y Misioneras (1910) de la Consolata, nacido el 21 de enero de 1851 en Castelnuovo d´Asti, hoy Don Bosco, en el Norte italiano.

Corriente misionera

Esta corriente Misionera de la Consolata brota del seno del Santuario de María Consolata, al pie de los Alpes piamonteses (Turín) en 1901 e inicia su navegación en el Arca de la Nueva Alianza, portando la bandera de la paz y bañando territorios, pueblos y culturas, con el Agua de la vida que desciende del costado del “Sol naciente que, por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos viene a visitar” (Lc 1, 78-79).

Hoy, desde el 12 de diciembre de 1947, cuando llegó la corriente misionera de la Consolata al Puerto de Buenaventura, fiesta de la Virgen de Guadalupe, continúa mezclándose con las corrientes latinoamericanas, inspiradas en el Acontecimiento Guadalupano, narrado en el Nican Mopohua (escrito alrededor de 1556), cuando María, salió al encuentro del indígena Juan Diego, reconocido santo, en el cerro del Tepeyac y se presentó a los pueblos mesoamericanos, del 9 al 12 de diciembre de 1531. En esos días tuvo lugar el solsticio de invierno, que para las culturas prehispánicas significaba: el sol moribundo que vuelve a cobrar fuerza, el nacimiento del nuevo sol, el retorno de la vida. Para los indígenas, el solsticio de invierno era un día muy importante en su calendario religioso, día en que el sol vence a las tinieblas y surge victorioso. Por esto, no es casual que en esos días la Virgen de Guadalupe haya presentado a su Hijo Jesús a los pueblos indígenas, como el Sol que nace de lo alto. Así ellos, al ver en su vientre la flor de cuatro pétalos o Nahuiu Ollin, que les representa la plenitud y el sol, comprendieron que ella traía en su seno al “Verdadero Dios por quien se vive", In Huelnelli Teotl, In Ipalnemohuani.

Este fue el Evangelio, buena noticia, que leyeron en su imagen: la llegada del Dios de la vida a México y el continente. Ella, la misma Consolata, consolada y consoladora, que lleva también el mismo Sol en su nombre, ConSolata: se convierte en “pedagoga del Evangelio plenamente inculturado”, como la identificó el Papa Juan Pablo II, “madre y maestra de misioneros”, como la denominaba San José Allamano.

Recuerdo centenario

Todo esto recordamos (pasado, agradecido) y celebramos hoy (presente festivo), mientras con los pueblos y grupos humanos oteamos el horizonte (futuro esperanzado) para continuar la navegación en Colombia y sus fronteras con Ecuador y Perú, por el camino “de Jerusalén a Jericó”, según el lema de la actual Dirección Regional.

María Consolata

Enséñanos a caminar con los pueblos,
como Familia Misionera internacional e intercultural,
aprendiendo de los ríos que no se imponen,
no conflictúan ni se confunden.
Juntos le sirven a la vida con ternura y energía.
Haznos misión “A la mano”, de consolación - liberación.
Amén.

miércoles, 21 de enero de 2026

La fraternidad: propuesta de humanización, misión y santidad

 Centenario “A la mano” para todos
Febrero 16 de 1926 -2026
 
Obra artística P. Carlos Zuluaga

El lema que los Misioneros han elegido para este primer Centenario de San José Allamano: “Centenario A la mano”, pone de relieve la proximidad cotidiana y ordinaria, “a la mano”, de la propuesta humana, ministerial, carismática - misionera de Consolata y de santidad de este santo “extraordinario en lo ordinario”.
 
Esa identidad sencilla y transparente del Santo “A la mano” puede correr el riesgo de quedarse encerrada en la Familia Misionera Consolata. Sobre todo, si nuestra mirada, un tanto tímida y reservada, respaldada en eso de “hacer el bien, bien hecho y sin ruido”, termina por impedirnos ver a quienes, estando más allá de nosotros, descubren el dinamismo misionero de la Iglesia Católica y a quienes constituyen nuestro horizonte último de vida y misión “ad gentes”. Todos implicados en la misma misión de Dios.
 
Con el fin de evitar esa autorreferencialidad como denominaba el Papa Francisco el enclaustramiento de la Iglesia, estamos invitados o desafiados a contemplar y celebrar el regalo de la Canonización como oferta de la Iglesia para el mundo y hacer todo lo posible para socializarla en todos los ámbitos, más allá de nosotros mismos. Este puede ser uno de los objetivos de este Centenario.
 
La santidad “A la mano” les va bien a los niños, a las juventudes en sus procesos académicos y de crecimiento, a los adultos en el ejercicio de sus diversas profesiones, estados y estilos de vida, lo mismo que a los mayores y ancianos. Le viene bien a la Vida Religiosa, al clero en general, a todos los laicos, servidores del Reino de Dios, empeñados en la misión de Dios confiada a la Iglesia. Sirve, inclusive, como propuesta vocacional, temporal o “ad vitam”, para muchos que sienten la llamada a la universalidad y que reconocen en el Evangelio del Señor Jesús una buena noticia para todos los pueblos. 
 
La propuesta organizativa de la misión en el formato de la Vida Religiosa Consagrada, vivida en comunidad, la vivencia de los Votos y la misión entre quienes no conocen el Evangelio de Jesús, “ad gentes”, puede y debe ser ofrecida, colocada “A la mano”, para todos los bautizados.
 
Fraternidad para la Misión ad gentes

San José Allamano estando como responsable del Santuario de la Consolata y de la Casa de Formación del clero joven de la Iglesia Local de Turin (desde 1880), reflexionaba, entre 1891 y 1899: “Es una pena que Turín, con tantas fuerzas vivas, no tenga una obra misionera propia” (Conferencias espirituales, finales del s. XIX). Mientras tanto iba soñando, diseñando y redactando una propuesta (Reglamento) misionera para Presbíteros diocesanos y Laicos, técnicos o profesionales. Una vez aceptada su propuesta en la Diócesis y puesta ya en marcha, inmediatamente después y, a solicitud de los misioneros en el campo, decidió incluir las mujeres y dedicarse con todo empeño a la organización estructural y jurídica de las instituciones, lo mismo que a la formación específica de sus misioneros y misioneras. Todos convocados a vivir en “espíritu de familia”, no de Institución o Colegio. En alguna de sus cartas circulares aclaró: “Yo no quise hacer una congregación religiosa; quise hacer una obra misionera. Pero la Santa Sede juzgó que ésta era la forma más segura, y yo me sometí con gusto”.
 
La idea de San José Allamano no era la de fundar una Congregación Religiosa sino una obra u organización misionera “ad gentes”, al servicio de la humanidad, Iglesia Local y universal. Fue la misma Santa Sede la que, en su discernimiento para la aprobación canónica, propuso la modalidad de Vida Religiosa o Consagrada, más práctica y estable, que Allamano aceptó confiado, asumiendo los Votos como medio para la misión y no como esencia constitutiva de la identidad. Esto nos da libertad de iniciativa creativa, sin temor ninguno de infidelidad, para compartir el carisma con laicos y laicas, sin patriarcalismos ni feminismos, sin clericalismos ni paternalismos, en fraternidad humana y ecológica, participativa y sinodalidad.  
 
El ser humano hecho para la comunidad

“No es bueno que el ser humano esté solo”, dice el libro del Génesis (2,18-24) refiriéndose a los orígenes y colocando en la reflexión contemplativa del Creador el antídoto contra la soledad solitaria: “hagámosle compañía adecuada” se dice Dios, que le corresponda, que esté a su altura, frente a él, igual en dignidad, distinta en identidad, capaz de relación, diálogo y comunión. El ser humano no se comprende a sí mismo en soledad, sino que descubre su identidad en la relación. Está hecho para el encuentro. El otro no es complemento funcional, sino revelación de sí mismo, consolación, compañía adecuada.

Esta identidad relacional, constitutiva del ser humano, se expresa y crece, para San José Allamano, en y con el “Espíritu de familia”, comunidad misionera. Se trata del mismo espíritu que ayuda adecuadamente a todas las formas o modalidades de Familia, incluidas las religiosas o consagradas, con sus respectivos matices, claro está. Una “compañía adecuada” que se traduce en: fraternidad que enseña a pasar del egoísmo al compartir, del orgullo autosuficiente a la humildad del necesitado; a perdonar, no guardar rencor y reconciliarse; a cuidar, prioritariamente, al más débil y pequeño; a corregir y ser corregido; a escuchar y dialogar para vivir sinodalmente; a hacerse y ser amigo y compañero; a madurar afectiva y espiritualmente; a consolar y ser consolado; a amar y ser amado.
 
Estos aprendizajes duran toda la vida y van a la par con el aprendizaje de ser y desempeñar los roles de papá – mamá – hermano. Hay que revisarlos en la medida que se crece y actualizarlos permanentemente. San José Allamano exhortaba a su Familia Misionera: “Entre ustedes haya mucha caridad; sin ella no hay misión.”
 
Votos de libertad: obediencia, castidad y pobreza
 
No siendo los Votos Religiosos, para San José Allamano, un añadido jurídico ni una simple disciplina comunitaria, sino una expresión vital del amor a Dios y de la entrega total a la misión, se constituyen en un camino concreto de santidad misionera, vivido con realismo, equilibrio y profundo sentido eco - eclesial. En términos generales podemos decir que San José Allamano entendió los Votos como respuesta de amor a la iniciativa de Dios, medio pedagógico de santificación, no fin en sí mismos. Instrumentos al servicio de la misión ad gentes, expresión de libertad interior, no de represión: “Los votos no hacen santos, pero ayudan mucho a hacerse santos” (San José Allamano). Solo tienen valor si se viven con amor, convicción y alegría, no por obligación externa.
 
El Voto de Obediencia: libertad frente a sí mismo
 
Vivir en obediencia, desde la fe, es estar presentes en el presente, atentos a los signos de los hermanos, de los tiempos y los espacios, abiertos y disponibles a descubrir, en discernimiento comunitario, la voluntad de Dios. Se trata de una actitud filial que se asume desde la Familia y se va desarrollando en el encuentro con los otros/as. Exige capacidad de verdad y diálogo, de escucha y respuesta, compromiso y responsabilidad. Diríamos hoy, de vida en familia y trabajo en Equipo, de proyecto de vida en común. La obediencia mutua y discernida juntos, ordena toda la vida en todas sus dimensiones.
 
El Voto de Pobreza: libertad frente a los bienes 

Vivir en pobreza, desde la fe, es mantenerse desapegado, real y afectivamente, de las posesiones, los honores, los títulos, los placeres. Alegres y armoniosos en la escasez y en la abundancia, austeros y confiados en la Providencia, bien administrada. Agradecidos y disponibles para ir siempre “más allá” y permanecer en gratuidad. Caritativo y solidario: “El misionero debe ser pobre, pero nunca miserable” (San José Allamano). La pobreza “A la mano” es digna, prudente y responsable, no improvisada ni ideológica.
La libertad frente a los bienes, las cosas y las posesiones, diligentemente planeada y transparentemente administrada, ordena la economía y la ecología humana. 

El Voto de Castidad: libertad frente a las personas

Vivir en castidad, desde la fe, es consagrarse integralmente Dios, mantenerse libre para amar a todos sin exclusivismos ni apegos afectivos. Capacidad, madurez, para relacionarse desinteresadamente con niños, jóvenes y adultos, sin abusos, explotaciones, ni apegos, evitando exclusiones, exclusivismos o discriminaciones. No es fácil, claro está. El amor es exigente: “Quien ama mucho, sacrifica mucho”, decía el San Allamano e insistía en una castidad humana, madura, vigilante y alegre, sostenida por la vida espiritual y la fraternidad.
 
La libertad frente a las personas e incluso los animales y sucedáneos, ordena y armoniza el corazón,el cuerpo y la razón.
 
Conclusión
 
Los votos, como podemos constatar, no se viven “para uno mismo”, sino para la misión de cada uno, de acuerdo a su vocación y ministerio. No todos pueden hacer votos, pero todos pueden vivir el espíritu de los votos”, decía el santo Allamano.

En este sentido, la fraternidad vivida en la familia, la comunidad, la empresa o sociedad, puede encontrar en los Votos luz para el camino o proceso ordinario de humanización, socialización y santificación de niños, jóvenes, adultos o ancianos, hombre o mujer.
 
La propuesta de San José Allamano “Primero santos, después misioneros; o mejor, santos siendo misioneros”, resulta práctica para todos. Va mucho más allá de lo jurídico, supera la ley y conduce por el camino de la libertad. Termina proponiendo la Fraternidad como camino de humanización, misión y santidad. Una apuesta actual, práctica y realizable que sostiene la fidelidad en tiempos de dificultad y conduce a la felicidad.
 

sábado, 10 de enero de 2026

Bautismo y misión

 El bautismo de Jesús y nuestro bautismo

Templo de la Inmaclada - Aguadas - Caldas - Colombia

Yo, Salvador Medina, fui bautizado en la pila bautismal de la parroquia La Inmaculada de Aguadas – Caldas – Colombia hace 77 años, hoy soy Misionero de la Consolata, desde 1978. Quiero, entonces, compartir cómo he venido entendiendo y viviendo mi ser bautizado o sea cristiano, aprovechando la celebración litúrgica del Bautismo de Jesús.

Los relatos del bautismo de Jesús en los evangelios sinópticos (cf. Mt 3,13–17; Mc 1,9–11; Lc 3,21–22) nos presentan esta revelación: el Padre envía al Hijo con una misión, hacer que la vida, en todas sus manifestaciones, sea plena y buena (cf.  Jn 10,10), con la luz y la fuerza del Espíritu. Ahí, exactamente, está el origen de la misión, en la misión de Jesús, que es la misma misión de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo o sea la Trinidad.

Jesús “pasó haciendo el bien”, generando, promoviendo y defendiendo la vida, mientras iba llamando y formando discípulos para que le ayudaran en su misión. Su manera de vivir, hablar y actuar incomodó a quienes utilizaban a los seres vivos para sus propios intereses y los de sus instituciones, descuidando y explotando la vida de los más frágiles y necesitados. Por eso lo prendieron, lo juzgaron y condenaron a muerte de cruz. Lo asesinaron y enterraron, Pero Él Resucitó y se apareció a sus discípulos, mostrándoles que estaba vivo y convocándolos a continuar con la misión que Él apenas había iniciado.

Desde una perspectiva bíblica, el Bautismo de Jesús no solo inaugura su ministerio público, sino que manifiesta el origen trinitario de la misión. En lógica, no existe bautismo sin misión, ni misión sin raíz bautismal. Por eso mismo, todo bautizado, incorporado a Cristo Jesús, es misionero y, entonces, también yo.

La Iglesia del Señor Jesús, formada por bautizados que participan de su vida y misión, es naturalmente misionera. Redescubrir esta revelación es esencial para renovar hoy el dinamismo misionero de una “Iglesia en salida”, como la denominaba el Papa Francisco y promover las juventudes a que asuman con libertad y amor la misión ad gentes, tan útil a la Iglesia y a la humanidad, por sus características de anuncio del Crucificado Resucitado y su propuesta de Reino de Dios o reinado del amor, fraternidad universal, interculturalidad y diálogo, promoción social y cuidado del medio ambiente, tan urgentes, útiles y necesarias en una sociedad planetaria y ambientalmente desafiada, en búsqueda de sentido y dirección.

domingo, 28 de diciembre de 2025

Ejercicios Espirituales Misioneros (tema 7)

Metodología práctica para la misión inspirada en San José Allamano
Evangelizar todo el ser humano y todo su entorno

Laicos, discípulos misioneros, en la Parroquia Madre de las Misiones, Modelia - Bogotá. Navidad 2025

El Fundador tenía una visión clara y equilibrada de la misión "ad gentes". No se trataba solo de predicar con palabras, sino de evangelizar integralmente a la persona y a su contexto. Su propuesta, profundamente cristológica, mariana y eclesial, puede sintetizarse en una metodología práctica de misión que articula tres dimensiones fundamentales: Anuncio + Promoción humana + Cuidado de la Casa Común = Evangelización. 

Esta es la misión de la Iglesia. En ella y con ella, también es la misión de los Misioneros, Misioneras consagradas y Laicos/as de la Consolata.

 1. Anuncio: el corazón de la misión

El Kerigma – el primer anuncio de Jesús muerto y resucitado – es el núcleo de la evangelización. Para San José Allamano, la misión comienza con la proclamación viva del Evangelio, no como ideología, sino como encuentro con una Persona: Cristo.

 Este anuncio incluye:

*   Kerigma: anuncio inicial del amor de Dios, la salvación en Cristo y la invitación a      la fe.

*    Catequesis: profundización en la fe, formación sistemática, vida sacramental.

*    Perdón y reconciliación: sanación de heridas personales, sociales y espirituales.

*    Testimonio de vida: coherencia entre lo que se anuncia y lo que se vive; el                    testimonio silencioso de la presencia del misionero.

“No basta con predicar, hay que ser evangelio vivo.” (San José Allamano). El anuncio no se impone; se propone con respeto, diálogo y encarnación en la cultura local.

 2. Promoción humana: justicia, paz y dignidad

San José Allamano entendió que el Evangelio tiene consecuencias sociales. No hay verdadera misión si no hay también una preocupación real por las condiciones de vida de las personas.

Esta dimensión incluye:

* Justicia: defensa de los derechos humanos y  de la “casa común”, denuncia de la injusticia y acompañamiento a los pobres y toda la “comunidad de la vida”.

* Paz: construcción de relaciones fraternas, reconciliación entre pueblos, culturas, religiones y con toda la creación.

*  Educación y salud: obras concretas de promoción que liberan y dignifican.

Esto no es asistencialismo, sino parte esencial del Reino de Dios. El misionero no va solo a predicar, sino a elevar a la persona y el ambiente en su totalidad: cuerpo, alma, mente, corazón y contexto: “Si no hacemos el bien integralmente, ¿Cómo diremos que amamos?” (San José Allamano)

 3. Elevación (cuidado) del ambiente: la “Casa Común”

Inspirados por la Encíclica Laudato Si’, y en línea con el pensamiento de Allamano, los Misioneros de la Consolata entienden que la evangelización también implica el cuidado del entorno natural.

Esta dimensión incluye:

*      Protección del medio ambiente

*      Uso responsable de los recursos

*      Promoción de una ecología integral, que una lo humano, lo espiritual y lo              ambiental

*      Defensa de los pueblos y sus territorios

Evangelizar hoy significa también anunciar a un Dios que ama su creación y llama al ser humano a ser su custodio: “Dios nos confió la creación. Ser indiferentes a su destrucción es faltar a nuestra vocación.”

Evangelización integral: síntesis de la misión

Estas tres dimensiones no están separadas. Son una sola acción misionera que transforma vidas, comunidades y territorios:

*      Anuncio – Transforma el corazón

*      Promoción humana – Transforma la sociedad

*      Cuidado de la Casa Común – Transforma la tierra

Todo ello, en comunión con la Iglesia, desde la espiritualidad de Consolación - liberación, con el estilo de María Consolata: presencia humilde, servicio fiel y consuelo auténtico.

Conclusión: una metodología viva y vigente

Esta metodología misionera inspirada en San José Allamano:

*      No es teórica: es práctica, encarnada, vivida

*      No es antigua: es actual, profética y necesaria

*      No es exclusiva: es una propuesta para toda la Iglesia, especialmente en contextos de misión

En ella se expresa la identidad del Misionero de la Consolata: evangelizador integral, testigo del amor de Cristo, servidor de los pobres, custodio de la creación. "Todo lo hacemos por amor a Dios y por amor a las almas” (San José Allamano).

Una pedagogía enmarcada  dentro de un itinerario misionero que, partiendo de la Compasión, lleva a la alegría - Bienaventuranza: Compasión + Misericordia + Consolación + Alegría = Bienaventuranza 

Ejercicios Espirituales Misioneros (tema 6)

Propuesta ética de San José Allamano 
para el comportamiento personal y misionero de sus Institutos

Curso de Formación Continuada para Misioneros - Bogotá, 2025

 San José Allamano no solo dio una estructura misionera a sus institutos, sino que dejó una propuesta ética clara para el comportamiento personal y misionero de quienes forman parte de ellos. Su legado no fue únicamente organizativo, sino profundamente espiritual, ético y humano. No concibió la misión como un simple encargo externo, sino como una vocación integral que implica todo el ser del misionero: su fe, su espiritualidad, su carácter y su comportamiento diario. Por eso, su propuesta ética no se limita a normas o deberes, sino que busca formar personas íntegras, santas y auténticamente misioneras, capaces de ser testigos creíbles del Evangelio.

1. “Primero santos, después misioneros” – La base ética
Esta frase, que resume su visión espiritual y ética, muestra que la calidad del misionero depende de la calidad de su vida interior. Para Allamano, la santidad no es una meta secundaria, sino la condición fundamental para la misión.
No basta con hacer el bien, hay que ser buenos para hacer el bien bien hecho – San José Allamano
Desde esta convicción, se puede trazar una propuesta ética con dos dimensiones inseparables:

2. Dimensión personal: el carácter del misionero
Allamano promovió una ética del ser misionero, no solo del hacer. Estas son algunas actitudes clave que propuso a sus misioneros/as:
§  Honestidad de vida: Vivir con transparencia, sin doblez, con coherencia entre lo que se cree, se dice y se hace.
§  Responsabilidad: Cumplir los deberes con seriedad, puntualidad y compromiso, respetando los tiempos, las personas y las tareas.
§  Pureza de intención: Buscar siempre la gloria de Dios y el bien de las almas, evitando el protagonismo o la búsqueda de intereses personales.
§  Humildad: Reconocer los propios límites y confiar en la gracia de Dios, sin orgullo ni autosuficiencia.
§  Docilidad: Saber dejarse formar, corregir y acompañar. Allamano insistía mucho en la obediencia consciente y responsable.
Formarse bien es prepararse a ser misionero por entero

3. Dimensión misionera: ética del envío y del encuentro
En cuanto a la misión, San José Allamano insistió en una ética del respeto, del servicio y del testimonio, que se manifiesta en los siguientes aspectos:
§  Respeto a las culturas: El misionero debe aprender la lengua, valorar la cultura local y nunca imponer su propia visión. Se trata de evangelizar, no de colonizar.
§  Compasión y consuelo: El misionero es enviado a consolar, como María Consolata. Esto implica una actitud de cercanía, empatía y ternura ante el dolor de los pueblos.
§  Trabajo bien hecho: El servicio misionero debe ser serio, profesional y constante. No se trata de hacer mucho, sino de hacerlo bien, con dedicación.
§  Colaboración y comunión: Trabajar siempre en comunión con la Iglesia local y en fraternidad con los hermanos/as de comunidad.
§  Pobreza evangélica: Vivir con sencillez, sin lujos ni privilegios, compartiendo la vida del pueblo, siendo signos del Reino.
Hay que ser todo de Dios, y todo de las almas – Allamano
 
4. Una ética alimentada por la espiritualidad
Para San José Allamano, la ética no es un conjunto de normas externas, sino una expresión natural de una vida espiritual profunda. Por eso insistía en:
§  La vida sacramental y la oración diaria
§  El amor a la Eucaristía como fuente de toda misión
§  La devoción a María Consolata como modelo de entrega silenciosa
§  La dirección espiritual como medio de crecimiento
La espiritualidad es la raíz de la ética: quien vive unido a Dios, actúa como Dios quiere.
 
5. Relevancia actual de su propuesta ética
Hoy más que nunca, la propuesta ética de San José Allamano sigue siendo necesaria y actual:
§  En un mundo marcado por la incoherencia, el misionero está llamado a ser testigo creíble.
§  Ante el individualismo, se propone una vida comunitaria fraterna y responsable.
§  Frente al activismo, se promueve una misión con alma, nacida de la oración.
En tiempos de crisis de autoridad, se vive una obediencia madura y discernida.

Conclusión
San José Allamano dejó a sus institutos más que una estructura: una forma de ser y vivir la misión, basada en una ética profundamente cristiana. Su legado sigue invitando a cada misionero/a de la Consolata a ser una persona íntegra, profundamente unida a Dios y entregada a los demás, viviendo con sencillez, responsabilidad y amor.

“Santos y misioneros”: dos palabras que resumen una vida coherente, fiel y fecunda. Un itinerario que pariendo de la fe, lleva a la felicidad: Fe + Confianza + Fiabilidad + Fidelidad = Felicidad.


Ejercicios Espirituales Misioneros (tema 5)

El Instituto Misiones Consolata (IMC)
Una institución con misión y carisma – un organismo vivo
 
Centro de Animación Misionera - Bucaramanga - Colombia

Toda institución religiosa nacida en el seno de la Iglesia no es un simple grupo organizado de personas, sino un organismo espiritual vivo, impulsado por el Espíritu Santo, que responde a una necesidad concreta del mundo y de la misión de la Iglesia. El Instituto Misiones Consolata (IMC), fundado por el Beato José Allamano en 1901, es una de estas realidades vivas, llamadas a anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra. Su carisma, misión y espiritualidad le dan identidad y dinamismo, y hacen del IMC una expresión concreta del seguimiento de Jesús en clave misionera y consoladora.

 1. El IMC: llamado a la misión universal de la Iglesia

Desde sus orígenes, el Instituto Misiones Consolata nace con una clara dimensión misionera ad gentes: llevar el Evangelio a los pueblos que aún no han conocido a Cristo. San José Allamano no lo fundó para responder a una necesidad local, sino para abrir caminos nuevos donde el Evangelio aún no había sido anunciado.

Su lema, “Primero santos, después misioneros”, expresa que la misión nace de la unión profunda con Dios, no solo de la acción o el entusiasmo humano. El misionero de la Consolata es alguien que vive con Dios y desde Dios, para los demás.

 2. El carisma: Consolar y Evangelizar

El carisma es el don original que el Espíritu Santo da a un fundador para el bien de toda la Iglesia. En el caso del IMC, el carisma se expresa en la consolación y la evangelización, al estilo de María Consolata.

Consolar significa estar cerca del que sufre, no solo con palabras, sino con presencia, escucha y compasión. El misionero se convierte en presencia del consuelo de Dios, especialmente en lugares marcados por el dolor, la pobreza, la guerra, la marginación o la falta de sentido.

Evangelizar es llevar el anuncio de Jesús con respeto, diálogo, testimonio y servicio. No es imponer una fe, sino ofrecer la luz del Evangelio como camino de vida y esperanza.

Este carisma hace del Instituto una familia misionera internacional, abierta a todos los pueblos y culturas, donde se vive el Evangelio en comunidad y se anuncia con alegría.

 3. La espiritualidad: vivir a Cristo en la misión

La espiritualidad Consolata se alimenta de tres pilares fundamentales:

a) Cristo misionero del Padre

Jesús es el modelo de todo misionero. Él vino a anunciar el Reino, a buscar a los alejados, a sanar a los enfermos y a consolar a los afligidos. El misionero Consolata quiere reproducir en su vida los sentimientos de Cristo, siendo cercano, servidor, compasivo y obediente al Padre.

b) María Consolata

Patrona del Instituto, María es modelo de ternura, fe y presencia silenciosa. Ella acompaña la misión con su oración y cercanía maternal. El misionero aprende de ella a “estar” con los que sufren, como estuvo al pie de la cruz.

c) La comunidad

La misión no se realiza en solitario. El IMC valora profundamente la vida comunitaria, como espacio de apoyo, discernimiento, oración y fraternidad. La comunidad es signo del Reino y fuerza para la misión.

 4. Un organismo vivo en camino

El Instituto Misiones Consolata no es una estructura rígida ni estática. Es un organismo vivo, en constante discernimiento y apertura a los signos de los tiempos. Presente en diversos países y culturas, el Instituto:

v  Escucha las realidades locales, inculturando el Evangelio sin imponer modelos ajenos.

v  Forma misioneros integrales, con madurez espiritual, intelectual, humana y pastoral.

v  Promueve la justicia, la paz y el cuidado de la creación, como expresión concreta del Reino.

v  Trabaja en comunión con la Iglesia local y universal, sin protagonismos, pero con audacia profética.

 5. Una misión que continúa hoy

En un mundo herido por la indiferencia, la soledad, la pobreza y la pérdida de sentido, el Instituto Misiones Consolata sigue siendo necesario y profético. Su carisma no ha perdido vigencia; al contrario, es una respuesta concreta al sufrimiento humano y al anhelo de esperanza.

Hoy más que nunca, el IMC está llamado a renovar su ardor misionero, a formar nuevas generaciones de misioneros santos y a seguir siendo instrumento del consuelo de Dios en todos los pueblos.

 Conclusión

El Instituto Misiones Consolata es mucho más que una organización. Es una comunidad de fe en camino, un organismo vivo, con una misión que nace del corazón de Dios, un carisma que consuela y transforma, y una espiritualidad profundamente evangélica. En cada misionero Consolata late el deseo de hacer presente a Cristo en las periferias del mundo, con el estilo de María y la pasión del Allamano.

“Primero santos, después misioneros”: esta sigue siendo la clave de un seguimiento auténtico de Jesús, en el corazón de la misión de la Iglesia.


Ejercicios Espirituales Misioneros (tema 4)

 El ser humano – cristiano, llamado al seguimiento de Jesús
 en el Instituto Misiones Consolata

Jhon Anderson Guerrero Useche y Sergio Andrés Warnes Alcázar - Profesión Religiosa - Manaos (27/12/2025)

El ser humano ha sido creado por Dios para la vida, el amor y la comunión. A lo largo de la historia de la salvación, Dios ha llamado a personas concretas para participar en su misión. En Jesucristo, ese llamado se vuelve pleno y personal: “Ven y sígueme” (Mt 19,21). Hoy, este llamado sigue resonando, especialmente en quienes se sienten atraídos por el ideal misionero. En el Instituto Misiones Consolata, este seguimiento de Jesús adquiere una forma particular: ser discípulos misioneros consoladores, llevando el Evangelio a las periferias del mundo y del corazón humano.

 1. El ser humano: creado para la misión

Dios ha creado al ser humano a su imagen y semejanza, con la capacidad de amar, servir y entregarse. En cada corazón resuena una sed de plenitud, de sentido, de eternidad. La vocación cristiana nace de la certeza de que fuimos amados primero, y que estamos llamados a responder con nuestra vida entera.

Pero esta vocación no es solo personal, sino misionera: el amor de Dios no puede guardarse, debe compartirse. Por eso, todo cristiano, por el bautismo, es también enviado.

2. Jesús: modelo y camino del misionero

El Instituto Misiones Consolata encuentra en Jesucristo misionero del Padre su fuente y modelo. Jesús no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida por todos (cf. Mc 10,45). Vivió entre los pobres, sanó, anunció el Reino, consoló a los afligidos y amó hasta el extremo.

Seguir a Jesús en el Instituto significa asumir su estilo de vida, su cercanía a los pequeños, su pasión por el Reino y su apertura universal. Como decía el Beato José Allamano: “Primero santos, después misioneros”.

3. La vocación cristiana en clave misionera

El cristiano que entra en contacto con el carisma Misionero de la Consolata descubre que el seguimiento de Jesús implica:

v  Ser testigo del Evangelio allí donde no es conocido o vivido.

v  Encarnar la compasión de Dios en medio del sufrimiento humano.

v  Formar comunidades de fe vivas, que celebren y vivan el amor de Dios.

v  Anunciar con la vida que Cristo es el camino, la verdad y la vida.

Este seguimiento es una vocación, no simplemente una tarea. Es una respuesta libre al amor de Dios, que llama a algunos a dejarlo todo por el anuncio del Reino, al estilo de María Consolata, modelo de ternura, escucha y entrega.

 4. El carisma Misionero de la Consolata: consolar, anunciar, entregar

El carisma del Instituto se expresa en tres palabras clave: consolar, evangelizar y entregarse.

Consolar: significa estar presentes donde hay dolor, soledad, abandono, injusticia e inclusive fiesta.

Evangelizar: anunciar a Jesucristo con la palabra y el testimonio, especialmente donde Él aún no ha sido proclamado.

Entregarse: vivir la misión como una donación total, como vida ofrecida por amor.

Esto se vive en comunidades interculturales, en zonas difíciles, muchas veces en primera línea, con alegría, sencillez y fidelidad.

5. Una llamada para todos, una misión sin fronteras

El Instituto Misiones Consolata forma parte de la Iglesia en salida. Sus miembros –sacerdotes, hermanas, laicos y laicas consagradas– viven el seguimiento de Jesús en tierras de misión, pero también desde la animación misionera, la formación y el testimonio en todos los ambientes.

Cada cristiano está llamado a vivir con espíritu misionero, incluso sin salir de su país. La misión es una actitud del corazón: abrirse al otro, vivir en clave de don, anunciar con la vida.

Conclusión

El ser humano –cristiano, ha sido creado y llamado al seguimiento de Jesús. En el Instituto Misiones Consolata, este llamado se vive desde la vocación misionera, inspirada por el carisma del Beato José Allamano. Quien respondiendo a este llamado decide caminar con Jesús, consolar a los pueblos, anunciar y construir su Reino y entregar la vida en la misión, se hace más humano y por lo mismo santo. Se humaniza y santifica en la misión, como discípulo del Misionero del Padre Dios. 

En un mundo que necesita esperanza y consuelo, seguir a Jesús como misionero/a en la Familia Consolata es una respuesta actual, valiente y profundamente humana.

"Señor, quiero seguirte"
 
Señor Jesús,
Tú que llamaste a tus discípulos con amor
y los enviaste a anunciar el Reino,
mírame hoy, aquí, en medio de mi vida cotidiana,
y hazme escuchar tu voz que me dice:
“Ven y sígueme.”
 
Has puesto en mi corazón
el deseo de algo más,
la sed de verdad,
la pasión por un mundo más justo,
y el anhelo de consolar a quienes sufren.
 
Hazme discípulo tuyo,
fiel a tu Palabra,
libre para amar,
valiente para ir donde Tú me necesites.
Como María Consolata,
enséñame a decir "sí" sin reservas,
a estar disponible para tu misión,
y a llevar tu consuelo a los más olvidados.
 
Señor, si Tú me llamas,
dame la gracia de responder con alegría.
Si me quieres misionero, misionera,
hazme generoso en la entrega y firme en la fe.
 
Que el ejemplo del Beato José Allamano
me inspire a ser primero santo,
y después, misionero tuyo
en cualquier rincón del mundo.
Amén.