miércoles, 22 de abril de 2026

Re-naSer

Re” - resucitar?

 Resurrección: retorno o ruptura
espacio - tiempo.
Retorno - Repetición
Renacer - Resurgir
Repetir estática,
Resurgir dinámico
Reiniciar - Renacer
Vida - Eterna.
 
Morir no es cruzar la puerta
“más allá” - “detrás” - “después”
Morir es “salir” - “entrar” – “sumergir”
en la Vida - trascender.
 
Yo soy Resurrección - Vida.
Quien cree en mí, no muere,
adentra en la Vida.
Como yo vivo en el Padre, el Padre vive en mí
ustedes vivirán en mí y yo en ustedes
 
Resucitar - despertar por dentro
darse cuenta que la muerte no existe
siempre fuimos seres en el tiempo, sin tiempo
en el espacio, sin espacio
Comprender esto
hace ver - arder - correr - volar.


martes, 21 de abril de 2026

Al origen el principio femenino

El fin del principio-Adán:
 lo femenino es anterior a lo masculino

Indígena de la Familia Embera Chamí

La vida ya existe en la Tierra desde hace 3.8 billones de años. El antepasado común de todos los seres vivos fue probablemente una bacteria unicelular sin núcleo que se multiplicaba de manera asombrosa por división interna o por clonación. En la clonación, si no hay control sobre la bacteria, en tres días podría dominar el planeta, tal es su impulso vital y de auto-multiplicación. Pero siempre prevalece un equilibrio que autolimita este proceso; de lo contrario, tendríamos graves desequilibrios ecológicos hasta el punto de que la vida se volvería imposible. Esto duró cerca de un billón de años.

Posteriormente surgió una célula con membrana y dos núcleos, dentro de los cuales se encontraban los cromosomas. En ella se identifica el origen del sexo. Cuando ocurría el intercambio de núcleos entre dos células binucleadas, se generaba un único núcleo con los cromosomas en pares. Antes, las células se subdividían por clonación; ahora lo hacen mediante el intercambio entre dos diferentes con sus núcleos. Así se revela la simbiosis —composición de elementos distintos— que, junto con la selección natural, representa una, aunque no la única, de las fuerzas más importantes de la evolución.

Lo que muchos biólogos sostienen —incluido el astrofísico Stephen Hawking, en su libro El universo en una cáscara de nuez— es que en la evolución y en el proceso biogénico no existe simplemente el triunfo del más apto, como pretendía Darwin. Tal visión es aún insuficiente, pues no toma en cuenta las interdependencias existentes entre todos los seres, incluso a nivel físico-químico, mucho antes del surgimiento de la vida. Es esta interdependencia, la cooperación de todos con todos, la que constituye la línea maestra del proceso evolutivo.

La competencia, con la posibilidad de que triunfe el más apto, solo es posible dentro de la interdependencia y la cooperación universal. El débil también posee su oportunidad y su lugar, y gracias a la interdependencia sobrevive. Este principio originario de interdependencia de todos con todos fundamenta la sostenibilidad y explica la biodiversidad y la fuerza de la vida.

Christian de Duve, premio Nobel de Medicina, llega a afirmar en su conocido libro Polvo vital: la vida como imperativo cósmico” que “la vida es como una plaga tan violenta que jamás se ha conseguido exterminarla”. A lo largo de la historia de la Tierra ocurrieron quince grandes extinciones de especies vivas, pero ella, la Tierra viva, logró siempre reconstruir la biodiversidad e incluso enriquecerla.

Cuando surgió la sexualidad con la bipolaridad masculino/femenino, apareció también la gran diversidad y la singularidad de los seres vivos. El intercambio del material genético se da siempre bajo un principio cuántico, es decir, está vigente el principio de indeterminación de Werner Heisenberg. Nunca se sabe exactamente qué resulta de las conjunciones ni qué enriquecimientos surgen a partir de los dos tipos de capital genético, el femenino y el masculino.

Este hecho tiene consecuencias filosóficas: la vida está tejida más de intercambios, cooperación y simbiosis que de lucha competitiva por la supervivencia y la competencia, como ocurre en el ámbito de los negocios.

Cuando se alcanza el nivel consciente y libre, esta riqueza y este intercambio pasan de la exterioridad biológica a la interioridad subjetiva, es decir, al proyecto personal. La sexualidad puede transformarse en un propósito de vida, vivido en pareja y en libertad, expresado en el amor. Esta opción ya no está regida por el código genético descrito por la biología. Aquí intervienen otros principios ligados a la innovación, la libertad, la cooperación consciente, el cuidado y el amor, sobre los cuales se estructuran relaciones nuevas, creativas y libres, también entre hombre con hombre o mujer con mujer.

Retomando el hilo: durante los dos primeros billones de años, en los océanos o lagos de donde surgió la vida, no existían órganos sexuales específicos. Existía una existencia femenina generalizada que, en el gran útero de los océanos, lagos y ríos, generaba vida. En este sentido podemos decir que el principio femenino es primero y originario, y no el masculino. Así se invalida el mito bíblico y cultural de la primacía de Adán (lo masculino).

Solo cuando los seres vivos dejaron el mar, fue surgiendo lentamente el pene, elemento masculino que, al entrar en contacto con la célula femenina, le transmitía parte de su ADN, donde se encuentran los genes.

Con la aparición de los vertebrados, los reptiles, hace 370 millones de años, estos crearon el huevo amniótico lleno de nutrientes y consolidaron la vida en tierra firme. Con la aparición de los mamíferos, hace unos 125 millones de años, surgió una sexualidad definida de macho y hembra. Allí emergen el cuidado, el amor y la protección de las crías. Hace 70 millones de años apareció nuestro ancestro humano, que vivía en la copa de los árboles, alimentándose de brotes y flores. Con la desaparición de los dinosaurios, hace 67 millones de años, pudo descender al suelo y desarrollarse hasta llegar a nuestros días.

Conviene detallar mejor la complejidad implicada en la sexualidad.

El sexo genético-celular humano presenta el siguiente cuadro: la mujer se caracteriza por 22 pares de cromosomas somáticos más dos cromosomas X (XX). El hombre posee también 22 pares, pero con un cromosoma X y otro Y (XY). De ello se deduce que el sexo base es femenino (XX), mientras que el masculino (XY) representa una derivación por un único cromosoma (Y). Por tanto, no existe un sexo absoluto, sino uno dominante. En cada uno de nosotros, hombres y mujeres, existe “un segundo sexo”.

En cuanto al sexo genital-gonadal, es importante señalar que en las primeras semanas el embrión es andrógino, es decir, posee ambas posibilidades sexuales, femenina y masculina. A partir de la octava semana, si el cromosoma Y interviene mediante el andrógeno, la definición será masculina. Si no ocurre, prevalece la base común femenina. En términos del sexo genital-gonodal podemos decir: el camino femenino es primordial. A partir de lo femenino se da la diferenciación, lo que desautoriza el fantasioso “principio-Adán”. La ruta de lo masculino es una modificación de la matriz femenina, por causa de la secreción de andrógenos.

Existe además el sexo hormonal. Todas las glándulas sexuales, tanto en el hombre como en la mujer, son reguladas por la hipófisis, que es sexualmente neutra, y por el hipotálamo, que sí está sexuado. Estas glándulas producen tanto andrógenos (masculinos) como estrógenos (femeninos). Son responsables por los caracteres sexuales secundarios. La predominancia de uno u otro determina características y comportamientos femeninos o masculinos. Así, un hombre con mayor presencia de estrógenos puede presentar rasgos femeninos, y lo mismo ocurre en la mujer respecto a los andrógenos.

Por último, la sexualidad posee una dimensión ontológica. El ser humano no “tiene” sexo. Él es sexuado en todas sus dimensiones, corporales, mentales y espirituales. Antes de la emergencia de la sexualidad, el mundo es el de lo idéntico; con ella surge la diferencia mediante el intercambio entre distintos, que permite la convivencia y la interrelación.

Esto tiene consecuencias antropológicas: la vida está más tejida de cooperación y simbiosis que de lucha competitiva.

Así ocurre con la sexualidad humana: cada persona, además de su impulso instintivo, siente la necesidad racional y afectiva de canalizarlo y sublimarlo. Quiere amar y ser amada, no por imposición, sino por libertad. La sexualidad florece en el amor, la fuerza más poderosa “que mueve el cielo y las estrellas” (Dante) y también nuestros corazones. Es la máxima realización a la que puede aspirar el ser humano. Pero conviene recordar: lo femenino es anterior, surge primero y es fundamental. Lo masculino apareció mucho más tarde en el proceso de la sexogénesis. Ambos, sin embargo, se encuentran para conformar la unidad diversa de la especie humana, de mujer y varón.

Fuente: Leonardo Boff, 20 abr 2026 

Carlos Alberto Zuluaga - CAZ

sábado, 18 de abril de 2026

Cuál modelo de santidad?

 Francisco, ¿por qué no santo súbito?

Algunos jóvenes de la Consolata en amable encuentro con el Papa Francisco
 

El mundo llora hoy (21 de abril de 2025) a un Papa que agitó conciencias y ensanchó las fronteras de la Iglesia.

Y entre el duelo y el reconocimiento, emerge con fuerza una intuición: ¿por qué no, santo súbito?

Ha pasado cerca de un año desde la muerte del papa Francisco y el mundo entero sigue reconociendo la huella luminosa de su pontificado. Se extraña su sonrisa, su voz firme, su ternura y su denuncia valiente contra los males que nos consumen: violencia, exclusión, egoísmo, clericalismo y destrucción de la casa común. Fue un papa cercano, profundamente humano, un hermano y un padre que encarnó el Evangelio en gestos concretos y no en ceremoniales vacíos. Y, sin embargo, hoy su nombre todavía no es pronunciado con el título de “santo súbito”. ¿Por qué?

Francisco, como el poverello de Asís, se despojó de vanidades, ornamentos y privilegios. Desde su primera aparición en el balcón de las bendiciones, sin muceta ni mocasines rojos, hasta su última bendición urbi et orbi en la Pascua del Año Santo 2025, mostró que la santidad no reside en el boato, sino en la cercanía al pueblo. Vivió en Santa Marta como un vecino más, compartiendo la mesa con trabajadores. Se arrodilló para besar los pies de líderes africanos en búsqueda de paz. Entregó un palacio a los pobres sin techo en lugar de reservarlo a jerarcas. Llamaba a diario al párroco de Gaza y enviaba emisarios a Ucrania para llevar ayuda. Defendió a inmigrantes, presos, enfermos, ancianos y jóvenes. Reconoció la dignidad de la mujer en la Curia y dio valor real al laicado. Acogió a personas de diversa orientación sexual, rompiendo prejuicios enquistados en siglos de exclusión.

Y también tendió la mano a teólogos y pastores que habían sido censurados y marginados por la propia Iglesia, reconociendo públicamente su valor y el daño injusto que se les había infligido. Basta recordar el caso de José María Castillo, teólogo español apartado de la docencia oficial por la Congregación para la Doctrina de la Fe bajo el cardenal Ratzinger, en plena sintonía con la política restrictiva de Juan Pablo II. Francisco lo llamó personalmente, le dijo que siguiera escribiendo, que sus artículos eran muy importantes y hacían mucho bien. Ese gesto, sencillo y fraternal, fue una muestra clara de que la misericordia también puede aplicarse a quienes piensan y sueñan la fe desde horizontes distintos. Y de la misma forma que Francisco lo hizo con Castillo, bien podría el papa actual tener un gesto semejante con Xabier Pikaza, otro gran teólogo español cuya voz crítica y lúcida fue igualmente acallada en tiempos de censura.

El contraste se vuelve aún más nítido si recordamos lo que ocurrió con Jacques Gaillot, obispo francés de Évreux. Por defender a inmigrantes, sin techo, enfermos de sida, y por abrir debates sobre temas como el celibato, la contracepción o la homosexualidad, fue destituido en 1995 por orden de Juan Pablo II y confinado a una diócesis ficticia en el desierto de Argelia: Partenia. Fue una condena simbólica y humillante, un castigo contra un pastor que eligió ponerse del lado de los marginados. Ese fue el estilo de una Iglesia que callaba a sus profetas. Francisco, en cambio, eligió abrazarlos.

Ahora bien, contrasta este testimonio con el del papa Juan Pablo II, canonizado en tiempo récord. ¿Por qué la prisa? ¿Por qué el fervor de un “santo súbito” que ignoró las heridas abiertas por su propio pontificado? Es imposible silenciar hechos que han quedado grabados en la memoria de la Iglesia y del mundo: el encubrimiento de los abusos de Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, cuyas víctimas fueron silenciadas durante décadas; su represión hacia teólogos y pastores latinoamericanos que, en plena efervescencia de la Teología de la Liberación, se pusieron del lado del pueblo hambriento y oprimido.  Ernesto Cardenal se humilló públicamente en Nicaragua, arrodillado ante él, lo señaló como desobediente, mientras el pueblo clamaba: “¡tenemos hambre!”. La respuesta de Juan Pablo II fue “¡callaros la boca!”. A esto se suma su alianza con regímenes conservadores y su cerrazón frente a debates internos de la Iglesia que pedían mayor apertura y justicia. Nada de eso impidió que fuese elevado a los altares de manera exprés. La maquinaria eclesiástica se movió con rapidez y complacencia, ignorando las sombras y amplificando solo la narrativa de su papel en la caída del comunismo.

Aquí emerge la contradicción más hiriente. Francisco, quien devolvió el Evangelio al corazón del pueblo, hoy es cuestionado por sectores que lo tildan de populista, hereje o ingenuo. Los mismos que veneran a Juan Pablo II como santo súbito son los que miran con recelo el legado de un papa que prefirió el abrazo al dogma frío, el gesto concreto a la retórica vacía. La hipocresía es evidente: para un papa que encubrió abusos y calló a los pobres, canonización inmediata; para un papa que desenmascaró abusos, abrazó a los pobres y dio voz a los excluidos, silencio y resistencia. ¿Qué es lo que molesta de Francisco? ¿Que no usara mocasines rojos? ¿Que entregara palacios a indigentes? ¿Que hablara de la contaminación y de la “casa común” cuando muchos preferían callar para no incomodar intereses económicos? ¿Que pusiera a mujeres y laicos en lugares de decisión? ¿Que no temiera recibir a personas LGBT+ con respeto y afecto? ¿O quizá que reconociera a los teólogos censurados y a pastores castigados como Jacques Gaillot, devolviéndoles dignidad frente a la humillación? La verdad es incómoda: Francisco trastocó un sistema eclesiástico demasiado cómodo en su poder y en sus privilegios. Y la santidad, en ese esquema, no depende de la coherencia evangélica, sino de la conveniencia institucional.

El pueblo, sin embargo, ya lo ha reconocido. Las multitudes que lloraron su muerte, que recorrieron kilómetros para venerar su cuerpo, que aplaudieron su féretro en silencio reverente, saben que Francisco ya es santo en la conciencia de los sencillos. Negarle el título de santo súbito es negar lo evidente: que vivió y murió como un hombre de Dios, cercano, transparente, pobre, valiente. Que su pontificado fue un testimonio vivo del Evangelio de Jesús, sin adornos, sin máscaras, sin privilegios. La Iglesia debe preguntarse qué entiende por santidad. Si canonizar rápido a un papa que encubrió abusos, calló a los hambrientos y castigó a los profetas incómodos. O reconocer, sin miedo ni dilación, a un papa que se despojó de todo para estar con el pueblo, que abrazó a los olvidados, que denunció las injusticias y que, con gestos sencillos, mostró a un Cristo vivo y cercano.

Francisco no necesita títulos para brillar. Pero la pregunta resuena con fuerza en el corazón de los creyentes y de los que no creen: si Juan Pablo II fue santo súbito, ¿qué injusticia mantiene hoy a Francisco en el silencio? No se trata de política vaticana. Se trata de la verdad. Y la verdad es que, si hay un papa que encarnó el Evangelio en nuestro tiempo, ese fue Francisco. Santo súbito, por derecho, por testimonio y por amor al pueblo de Dios.

 Fuente: José Carlos Enríquez Díaz (18 abr 2026)


Saludo del Papa Francisco a la Familia Misionera de la Consolata - 2023


jueves, 16 de abril de 2026

El luto ante la muerte

 Del sepulcro a la consolación


Tanto la muerte como la sepultura hacen parte del proceso de la existencia. Se trata de la última etapa, cargada de misterio, sentido y significado. En algún momento y lugar de la existencia nos enfrentamos con el realismo misterioso de lo que llamamos muerte: el que muere, los que lo asisten o acompañan y los que administran los procesos, espacios y rituales que involucran el acontecimiento. Para todos surgen preguntas muy concretas sobre costos, movilidades, sentidos y significados: ¿qué hacer con el cuerpo? ¿Es mejor enterrar o cremar? ¿Cómo conservar su presencia? Lejos de tratarse de decisiones meramente prácticas, todas están cargadas de profundo sentido afectivo, económico, cultural y religioso.

Proceso de un luto acompañado

Invitados por la Iglesia Católica a vivir el acontecimiento como parte de un camino de fe, esperanza y amor, la Familia Misionera de la Consolata lo vive en clave de fraternidad, en comunión con la familia de origen o de sangre y las comunidades de fé que ha servido.

Al P. Carlos Arturo Olarte Gonzáles, nacido en Bogotá el 16 de marzo de 1959, lo visitó la muerte en Cartagena del Chairá – Caquetá – Colombia, último lugar de su misión, después de haber servido en Italia (Europa), el Congo (Africa), Argentina (Sud América) y varios lugares de Colombia. Trasladado al Hospital de Florencia, capital del Departamento y sede arquidiocesana, expiró el 11 de marzo del 2022. De allí fue trasladado su cuerpo a Bogotá a la casa central de sus hermanos de comunidad y misión, junto a su familia y la casa natal.

Después de sobrias ceremonias litúrgicas, dentro de la ritualidad católica, fue traslado al Jardín Parque cementerio via Cota, en donde fue sepultado o sembrado su cuerpo en la tierra, con la esperanza de la resurrección, tal como lo ha hecho la Iglesia desde sus orígenes. El mismo Jesucristo fue colocado en un sepulcro y ese gesto se convirtió en símbolo de la esperanza cristiana: así como Él resucitó, también nosotros estamos llamados a la vida plena. Enterrar a los muertos ha sido y es una obra de misericordia. No es simplemente “dejar” un cuerpo en la tierra, sino sembrarlo como semilla de vida eterna.

La tumba se convierte así en lugar de memoria agradecida y por eso ornamentada con arreglos florales y otros símbolos, además de marcada con el nombre del difunto. Lugar de peregrinación y oración, en espera de la vida eterna.

Obligados por la disponibilidad y uso de los espacios, reglamentados por las administraciones públicas, cuando se vence el plazo de uso del lugar de la sepultura se tramita y ejecuta la exhumación y trasladado de los restos a otro lugar, previamente determinado. En este nuevo momento del proceso fúnebre surgen nuevas preguntas que llevan a nuevas decisiones: ¿en dónde colocar los restos? ¿En un osario común o algún espacio o mausoleo comunitario? ¿Hacer uso de la cremación y los cenizarios?  En el caso del P. Carlos Arturo, ya la mamá, Doña Marina, había resuelto el asunto adquiriendo un cenizario en la Parroquia de Cristo Rey, en el Chicó bogotano, con capacidad para albergar tres cofres: uno para su esposo Don Luis, otro para ella y el tercero para el P. Carlos, el primero que lo ocupó. Recordando así que el vínculo con los seres queridos no depende de un lugar físico, sino del amor que perdura.

Cenizario, nicho de memoria y comunión

Se procede, entonces, a la cremación, una práctica reglamentada y ejecutada civilmente. Aceptada y permitida hoy por la Iglesia Católica, tal como leemos en la Instrucción Ad resurgendum cum Christo, acerca de la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, 15 de agosto de 2016, Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María. Allí se nos recuerda que Dios, quien creó al ser humano, también puede recrearlo más allá de cualquier forma material, mientras subraya una profunda verdad: la vida humana es frágil y pasajera, pero está llamada a la eternidad.


Este “lugar” para la memoria y la comunión se repartió las cenizas del hijo de la Familia Olarte Gonzáles, en el cenizario de Cristo Rey y en la “Capilla Recuerdo” de la Casa Regional, en el barrio Modelia de Bogotá, como miembro de la Familia misionera de la Consolata, expresando así la pertenencia del difunto, la continuidad del vínculo tejido durante su existencia y la fe que lo sustenta.

En una sociedad que a veces tiende a simplificar o trivializar la muerte, nosotros testimoniamos que, así como tratamos a nuestros difuntos, acogemos, respetamos y cuidamos la vida. No solo honramos, agradecidos, a quien ha partido, sino afirmamos, con serenidad y fe, que la muerte no es el fin, sino el paso obligado para el consuelo pleno.

La mano de San José Allamano que recibió al P. Carlos Arturo en la puerta del  Colegio José Allamano, lo introdujo y acompañó en su largo proceso académico, formativo y misionero, desde el barrio Galán de Bogotá, pasando por el Noviciado  en Bucaramanga, el Canadá para el estudio del Francés, el Congo y Argentina, hasta Cartagena del Chairá, lo reciba con ese apretón de manos a la entrada de ese "paraiso para los misioneros" que les comentaba y auguraba, durante sus conversacones con ellos: premio final y consolador, preparado por Dios, para los Misioneros fieles a su vocación - misión.

Ver video
organizado por Alvaro Gacharná, laico misionero, de la Parroquía Madre de las Misiones - Modelia, Bogotá, colaborador en Cartagena del Chairá, con la colaboración del P. Oscar Medina imc


miércoles, 8 de abril de 2026

Pascua del Pueblo - Iglesia

 Misión en la frontera

AMJV - Jóvenes Universitarios y Profesionales en Misión - Barrio Camilo Daza - Cúcuta
 

Frontera nos habla de barrera, de aduana, de control. Allí encontramos vigilantes armados y atentos a identificar, registrar y permitir o no el paso a los transeúntes o migrantes. Esa es una frontera física o jurídica que separa países o territorios. Por ella pasan personas que salen de sus territorios por diversos motivos, externos a ellos mismos, con diferentes motivaciones interiores.
 
La frontera lugar de misión
Las fronteras humanas en la frontera física, con sus variadas y diversas realidades sociales, espirituales y culturales, personales y colectivas, se convierte en “lugar de misión” para discípulos misioneros del Señor Jesús.


Lugar de encuentro social: hombres y mujeres, adultos y jóvenes, niños y ancianos, venidos de cerca y de lejos, se entremezclan, se convocan, se reúnen en asambleas espirituales, según sus credos. Conviven y recuerdan, celebran con sus rituales y simbologías, cantos y arreglos florales, escenografías y teatro, intercambios y dádivas. Viven realmente la fiesta de la vida en fiesta. Alimentan la fe y la esperanza, avivan el amor que se hace servicio, donación y entrega, a la manera del Galileo Jesús.
Este lugar o territorio de misión viene habitado por misioneros que llegan de afuera. En este caso Misioneros de la Consolata, provenientes de diferentes lugares de Colombia y Venezuela, treinta y tres en total, que integrados con los equipos locales de pastoral católica, esparcidos por todo el territorio, organizados por sectores, de la extensa Parroquia María de los Dolores, con su joven y dinámico Párroco, P. Daniel Carreño, en el Barrio Camilo Daza, de Cúcuta, Norte de Santander. 
El territorio todo se vomvirtió en “casa cural” para dormir, descansar y alimentar; templo o capilla para celebrar; lugar teológico de reflexión, oración y celebración litúrgica; espacio de encuentro, perdón y reconciliación, de fuego nuevo y luz resplandeciente en el ambiente, de aleluyas y alegría cantada en la noche santa del Pregón. De resurrección personal y colectiva, de Pascua actualizada, de vida compartida.
El territorio - barrio, se transforma en espacio de salvación – liberación, de consuelo para los enfermos, alivio y descanso para los cansados y abatidos que son visitados y confortados, de mesa servida y extendida, con pan multiplicado, partido, repartido y compartido, expresión sacramental de fraternidad abierta, sin discriminación ni exclusión. El agua esparcida sobre la tierra y todos sus habitantes, penetra como suave y refrescante bendición. Agua de vida que calma toda sed, incluida la de eternidad y despierta la esperanza.
 
La frontera, punto de encuentro y no de separación
 
El Espíritu que aleteaba sobre las aguas primordiales, cuando todo era caos,
aleteó en el barro y el polvo de las frescas y ardientes calles del indefinido barrio.
Las fronteras se esfumaron y se dibujó el “nuevo Pueblo”, el de Dios.
La Iglesia presente aquí, allí, allá y más allá, como semillas de hermandad.


El Pueblo de Dios salió a las calles. Caminó rumiando el misterio del amor donado,
recordó sus caídas, vivenció encuentros con y entre mujeres, con madres y cirineos.
 Contempló al joven Juan, el amado juzgado, condenado, azotado, con espinas coronado.
Subió al Calvario y junto a la cruz lloró consolado y consolador al escuchar el grito:
“Perdónalos, no saben lo que hacen" y la invitación: “hoy estarás conmigo en el paraíso”.
 
El esplendor del fuego nuevo iluminó el ambiente que vibró con el Aleluya cantado.
Las fronteras se diluyeron en los caminos y en las mesas de los testigos:
Lo vimos, le dimos una mano, lo escuchamos, lo visitamos, comimos con Él.

¡Está vivo! ¡Aleluya!


La Pascua se recuerda, se vive y actualiza en Comunidad - Pueblo - Iglesia
Yo fui y soy testigo de esto que digo porque lo viví y lo disfruté allá en Cúcuta
Soy cristiano aquí y lo fuí allá. Experimenté un Jesús crucificado - resucitado, viviente,
más allá de los frios y viejos dogmas mandados por los cánones y pronunciados en el Credo.

Nos amó
 convetido en Pan y Vino, se repartió y brindó con nosotros
sentimos, escuchando en silencio las Escrituras por el camino, arder nuestro corazón  
lo reconocimos, al partir y repartir el pan, en la mesa de la comunión.

!Somos sus testigos!


miércoles, 18 de marzo de 2026

Me llamo José

 Mirada inspiradora

Hogar Santa Teresa Jornet de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados

Después de cada noche, cuando entra la aurora, miro el reloj del tiempo y me levanto
me detengo frente al espejo y me miro en José. ¡Soy yo mismo!
“Que Dios añada” hoy lo que me falta, me digo.
“Dios hará crecer” hoy lo que cultivo, pienso.
“Dios aumentará” hoy lo que tengo, siento.
 
Debo “continuar”, continua la etimología hebrea de José, mientras salgo al camino:
una identidad, una vocación, una espiritualidad, una misión.
El Creador sigue haciendo en mi lo que debo ser y a través de mi lo que debo hacer
Yo, como el José bíblico, hijo de Jacob, esposo de María, apodado Bernabé,
buscaré ser “justo” y “fiel” a la luz del sol, como José Allamano.
 
En silencio activo, que no es ausencia, sino escucha, discernimiento y obediencia
asumo “custodiar la vida” Encarnada y amenazada, la “casa común” y la comunidad
tratando de “hacer el bien, bien hecho y sin ruido”, todos los días, con perseverancia,
en la compañía de María, fuente de consolación – liberación.
 
Llegada la noche, experimentada como sombra en el camino,
volveré al lecho del consuelo - descanso, después de haber servido.
No miraré más al espejo, me integraré con el José que fuimos,
agradecido con el Emmanel que también “aumentó” conmigo.

viernes, 20 de febrero de 2026

Tiempo de Ayuno

Mensaje inter- espiritual


P. David Neuhaus SJ (18 de febrero de 2026)
 
Una Voz de Jerusalén por la Justicia un testimonio ecuménico por la igualdad y una paz justa en Palestina/Israel ha emitido el siguiente mensaje con motivo del inicio del Ramadán y la Cuaresma:
 
En estos días, los cristianos comenzamos nuestro ayuno cuaresmal, que nos conduce a la Semana Santa y a la gloriosa celebración de la Pascua. Nuestros hermanos y hermanas musulmanes también inician su ayuno del mes de Ramadán. Eso significa que todos, cristianos y musulmanes, ayunamos juntos, cada uno a nuestra manera y según nuestras propias creencias. Para todos nosotros, este período de ayuno es un tiempo de arrepentimiento y de regreso al abrazo divino. Es un viaje espiritual que experimentamos en todo su esplendor y espiritualidad.

Aprovechamos la oportunidad de este ayuno simultáneo para enfatizar juntos los valores espirituales, humanos y morales que nos unen como creyentes en nuestro Dios, Creador del cielo y de la tierra. Dios es amor, y nos llama a amar a nuestro prójimo. Debe­mos vivir este amor entre nosotros, porque el amor que nos une y nos vincula es nuestra fuerza para defender nuestra presencia, nuestra historia, nuestros lugares sagrados y la causa justa de nuestro pueblo. Entramos en este tiempo de Cuaresma/Ramadán mientras nuestro pueblo atraviesa una terrible prueba, un dolor y sufrimiento incesantes, especial­mente en la Franja de Gaza y en Cisjordania, incluyendo Jerusalén, que está rodeada por un muro de separación y puntos de control militares por todos lados.

Durante este tiempo, elevamos nuestras oraciones suplicando que Dios elimine las injusticias sufridas por nuestro pueblo palestino. Aunque nos enfrentamos a la crueldad que presenciamos, reconocemos que hay un Dios misericordioso, compasivo y atento, a quien acudimos en nuestro dolor, tristeza y sufrimiento. Oremos juntos, cristianos y musulmanes, por toda la humanidad y por todo el mundo, donde observamos, en muchos lugares, un alejamiento de los nobles valores y principios espirituales y humanos que compartimos.

Durante este tiempo, recordamos a todas las personas que están sufriendo, ator­mentadas y hambrientas. Recordamos a los más necesitados, expresando nuestro amor por nuestros semejantes, especialmente aquellos que requieren una mano amiga urgente. Cristianos y musulmanes estamos ayunando, y nuestro ayuno es un mensaje de amor y fraternidad, una reafirmación de los valores de fe, verdad, justicia y amor verdadero que nos unen en esta tierra, una tierra en la que vivimos juntos, una tierra que también habita en nuestros corazones y nuestras almas.

Enviamos nuestros mejores deseos a todos los cristianos y musulmanes con motivo de este tiempo de ayuno, acompañados de nuestras oraciones y súplicas para que el Señor Dios tenga misericordia de nosotros, sea compasivo y proteja nuestra tierra, nuestra ciu­dad santa, nuestros lugares sagrados y, sobre todo, a nuestro pueblo palestino. La Jerusalén de la que hablamos y la Palestina que defendemos no son únicamente lugares sagrados o piedras inanimadas: son personas. ¿Cuál es el valor de las piedras sin personas? ¿Cuál es el valor de los lugares sagrados sin personas? Queremos que nuestros lugares sagrados estén vibrantes y llenos de vida. Exigimos que nuestro pueblo palestino pueda acceder a sus lugares sagrados, especialmente durante este tiempo santo.

Que nuestro ayuno sea aceptado, acompañado de actos de amor, misericordia, solidaridad, oración y súplica por los vulnerables, los oprimidos y los sufrientes, y por la prevención de la guerra y sus consecuencias, especialmente en esta bendita parte del mundo. 
          
Firmantes:

Patriarca Latino de Jerusalén Michel Sabbah (emérito)
Arzobispo ortodoxo griego Attallah Hanna
Obispo luterano de Jordania y Tierra Santa Munib Younan (emérito)
Sr. Yusef Daher
Sra. Sawsan Bitar
Sr. Samuel Munayer
Sra. Dina Nasser
Sr. John Munayer
Sra. Sandra Khoury
P. David Neuhaus SJ
P. Frans Bouwen Mafr
Rvdo. Firas Abdrabbo
Sr. Sami El-Yusef
Rvdo. Alessandro Barchi
Sr. Rafi Ghattas
y otros miembros
 
Red internacional “Sacerdotes contra el Genocidio” – Sección española
Febrero de 2026
Contacto:
Sacerdotes contra el genocidio – redsacerdotes@gmail.com