viernes, 1 de mayo de 2026

Ordenación sacerdotal misionera

 El Ministerio Presbiteral Misionero, entre el trabajo y la cruz

En la Catedral de Puerto Gaitán - Meta

Hoy, en la Fiesta de la Santa Cruz, recuerdo y actualizo, una vez más, mi Ordenación Sacerdotal, como Misionero de la Consolata, un Domingo del Buen Pastor (2 de mayo, 1982), entre el día del trabajo y de San José Obrero (1 de mayo) y el día de la Santa Cruz, en Colombia (3 de mayo).

Acontecimiento celebrado en la Parroquia de la Consolata de Bogotá, por Mons. Dario Molina, Obispo Franciscano, profesor y decano que había sido en la Facultad de Teología de la Universidad de San Buenaventura. Acompañado de las Comunidades Formativas (Propedéutico, Filosofía y Teología) y de Fe, en la Parroquia “comunidad de comunidades” de la Consolata, en la cual había concluido mi proceso formativo, de mi familia aguadeña, venida para la ocasión, de las Misioneras de la Consolata y muchos más.

Quiero compartir, casi como parte de una “gramática espiritual”, redactada a lo largo de los años, algunos significados de este acontecimiento.

Alegría de Mayo

La Ordenación sacerdotal es una fiesta.
Para mí fue la fiesta que ha hecho de mi vida una fiesta.
A ella todo(s) concurrió (corrió-con …), aquel primer Domingo de Mayo:
1.      la naturaleza húmeda, fecunda y florecida,
adornando con flores bellas y saciando con sabrosa comida;
2.      la iglesia prolongando el memorial de la cruz, muerte y resurrección del Señor;
3.      María que estaba ahí, consolada y consoladora,
con su ternura maternal y su valentía junto a la cruz;
4.      la sociedad en general, atareada con tanto trabajo,
que clamaba justicia y dignidad con la música y los cantos;
5.      José, “apto para consolar” (Bernabé),
custodio en Nazaret, administrador en Egipto,
encargado del funeral del Señor en Jerusalén,
también estaba allí, “A la mano”, de José Salvador.
 

Ordenado entre el trabajo, el ministerio y la cruz
 
Me he sentido llamado, como el obrero José,
a ser trabajador como, con y para el Pueblo de Dios, en la Iglesia y la sociedad.
Como bautizado he sentido el llamado a ser discípulo misionero,
sembrador, pescador y pastor, con corazón consolado y consolador.
Como testigo del Crucificado Resucitado, me he sentido enviado a hacerme hermano, como el hermano de Asís, en la “la comunidad de la vida”,
próximo a la vida que gime en aflicción, compartiendo la verdadera Consolación,
ayudando como el Señor Jesús a bajar los crucificados de la cruz.

La cruz en mi calendario

¡La sincronía continúa! Cuando la Cruz cristiana llegó a mi territorio andino, de la mano de la sangrienta espada occidental, se insertó en la Cruz Andina o Chakana de mi cosmovisión ancestral que conectaba el mundo de arriba con el fértil suelo del medio y el subsuelo. Su sabiduría indicaba los mejores momentos para la siembra, el cultivo y la cosecha. El 3 de mayo se alineaba perfectamente con la Cruz del Sur, diseñada en la bóveda del cielo por el Creador. Todo orientaba hacia la cosecha del maíz, símbolo de fertilidad, identidad y base de la vida. Tiempo de fiesta compartida.

La cruz cultural, alineada con la cruz celestial, acogió la cruz cristiana para celebrar la Pascua de la vida.

La cruz en mi sociedad

Esa misma cruz, impuesta violentamente en el contexto colombiano, rompe, divide, mata. Es símbolo de esa agonía y sufrimiento que conduce a la muerte y n a la vida. Pero en mi casa – andina, Aguadas – Caldas, ella se adornaba con flores, se llevaba al templo para bañarla de bendición, se colocaba en los cerros y las cañadas. Con ella se marcaban los árboles y los postes de las cercas indicando propiedad, salud y protección. Los niños se bendecían con su señal que hablaba de consagración e invocación de cuidado y protección. Esa era la “señal de la Santa Cruz” que, para mí, sigue siendo: “en el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo”, que salva y protege, como nos lo recuerda el hermano francisco: “De la cruz brota la vida nueva” (Evangelii Gaudium, 278)

Conclusión

La sincronía cósmico - ambiental, socio - política y económica, cultural y religioso - espiritual entre el Día de San José Obrero, el Domingo del Buen Pastor y la fiesta de la Santa Cruz, iniciando el mes de mayo con María Consolata “A la mano”, me apoya en la comprensión y vivencia del Ministerio Sacerdotal Misionero de la Consolata, encarnado en el cotidiano trabajo dignificador y liberador, la solidaridad con las víctimas crucificadas injustamente por las variadas violencias y la fiesta del maíz, pan hecho arepa en el altar del “nuevo pacto por la vida”. La Eucaristía vivida como sacramento, señal e instrumento de la reprocidad que denuncia la muerte, proclama la resurrección mientras espera, como en un sueño, el banquete de la consolación final.