El Ministerio Presbiteral Misionero, entre el trabajo y la cruz
Hoy, en la Fiesta de la Santa Cruz, recuerdo y actualizo, una vez
más, mi Ordenación Sacerdotal, como Misionero de la Consolata, un Domingo
del Buen Pastor (2 de mayo, 1982), entre el día del trabajo y de San
José Obrero (1 de mayo) y el día de la Santa Cruz, en Colombia (3
de mayo).
Acontecimiento celebrado en la Parroquia de la Consolata de Bogotá, por
Mons. Dario Molina, Obispo Franciscano, profesor y decano que había sido en la
Facultad de Teología de la Universidad de San Buenaventura. Acompañado de las
Comunidades Formativas (Propedéutico, Filosofía y Teología) y de Fe, en la Parroquia
“comunidad de comunidades” de la Consolata, en la cual había concluido mi
proceso formativo, de mi familia aguadeña, venida para la
ocasión, de las Misioneras de la Consolata y muchos más.
Quiero compartir, casi como parte de una “gramática espiritual”,
redactada a lo largo de los años, algunos significados de este acontecimiento.
Alegría de Mayo
La Ordenación sacerdotal
es una fiesta.
Para mí fue la fiesta
que ha hecho de mi vida una fiesta.
A ella todo(s)
concurrió (corrió-con …), aquel primer Domingo de Mayo:
1. la naturaleza húmeda, fecunda y
florecida,
adornando con flores
bellas y saciando con sabrosa comida;
2.
la
iglesia prolongando el
memorial de la cruz, muerte y resurrección del Señor;
3.
María que estaba ahí, consolada y consoladora,
con su ternura
maternal y su valentía junto a la cruz;
4. la sociedad en general, atareada con tanto trabajo,
que clamaba justicia y
dignidad con la música y los cantos;
5. José, “apto para consolar” (Bernabé),
custodio en Nazaret,
administrador en Egipto,
encargado del funeral
del Señor en Jerusalén,
también estaba allí, “A
la mano”, de José Salvador.
Ordenado
entre el trabajo, el ministerio y la cruz
Me
he sentido llamado, como el obrero José,
a
ser trabajador como, con y para el Pueblo de Dios, en la Iglesia y la sociedad.
Como
bautizado he sentido el llamado a ser discípulo misionero,
sembrador,
pescador y pastor, con corazón consolado y consolador.
Como
testigo del Crucificado Resucitado, me he sentido enviado a
hacerme hermano, como el hermano de Asís, en la “la comunidad de la vida”,
próximo
a la vida que gime en aflicción, compartiendo la verdadera Consolación,
ayudando
como el Señor Jesús a bajar los crucificados de la cruz.
La cruz en mi calendario
¡La sincronía continúa! Cuando la Cruz
cristiana llegó a mi territorio andino, de la mano de la sangrienta espada
occidental, se insertó en la Cruz Andina o Chakana de mi
cosmovisión ancestral que conectaba el
mundo de arriba con el fértil suelo del medio y el subsuelo. Su sabiduría indicaba
los mejores momentos para
la siembra, el cultivo y la
cosecha. El 3 de mayo se alineaba perfectamente con la Cruz del Sur, diseñada en la bóveda del cielo por el Creador.
Todo orientaba hacia la cosecha del maíz, símbolo de fertilidad, identidad y
base de la vida. Tiempo de fiesta compartida.
La cruz cultural, alineada con la cruz celestial,
acogió la cruz cristiana para celebrar la Pascua de la vida.
La cruz en mi sociedad
Esa misma cruz, impuesta violentamente en
el contexto colombiano,
rompe, divide, mata. Es símbolo de esa agonía y sufrimiento que conduce a la
muerte y n a la vida. Pero en mi casa – andina, Aguadas – Caldas, ella se
adornaba con flores, se llevaba al templo para bañarla de bendición, se colocaba
en los cerros y las cañadas. Con ella se marcaban los árboles y los postes de
las cercas indicando propiedad, salud y protección. Los niños se bendecían con su
señal que hablaba de consagración e invocación de cuidado y protección. Esa era
la “señal de la Santa Cruz” que, para mí, sigue siendo: “en el nombre del
Padre, del hijo y del Espíritu Santo”, que salva y protege, como nos lo recuerda
el hermano francisco: “De la cruz brota la vida nueva” (Evangelii Gaudium,
278)
Conclusión
La sincronía cósmico - ambiental, socio - política y económica, cultural y religioso - espiritual entre el Día de San José Obrero, el Domingo del Buen Pastor y la fiesta de la Santa Cruz, iniciando el mes de mayo con María Consolata “A la mano”, me apoya en la comprensión y vivencia del Ministerio Sacerdotal Misionero de la Consolata, encarnado en el cotidiano trabajo dignificador y liberador, la solidaridad con las víctimas crucificadas injustamente por las variadas violencias y la fiesta del maíz, pan hecho arepa en el altar del “nuevo pacto por la vida”. La Eucaristía vivida como sacramento, señal e instrumento de la reprocidad que denuncia la muerte, proclama la resurrección mientras espera, como en un sueño, el banquete de la consolación final.

