viernes, 30 de enero de 2026

Centenario de San José Allamano

Encuentro de las aguas: parábola de la misión de Dios 

Artista Juan Camilo Herrera

Comunión en la diversidad

En reciente viaje a Manaos – Brasil, sede del Noviciado continental, San Oscar Romero, de los Misioneros de la Consolata, me invitaron al “encuentro de las aguas”. En el muelle, junto a la plaza del mercado popular, subimos a una embarcación turística y comenzamos a navegar por el rio Amazona (Solimões) hasta encontrarnos con el Rio Negro.

Un excepcional espectáculo natural digno de ser contemplado y reflexionado en silencio: dos corrientes de agua, de colores y orígenes diferentes, se encuentran sin chocar y viajan juntas sin mezclarse durante kilómetros, rumbo al mismo mar.

En mi corazón misionero de la Consolata escuchaba: es posible la comunión en la diversidad, sin anular las identidades. Como las aguas, pueden también avanzar juntos, en convivencia respetuosa, pueblos de colores, culturas, lenguas y espiritualidades diferentes. Desde mi fe evoqué la plegaria de Jesús al Padre común: “que todos sean uno” (Jn 17,21), no por uniformidad, sino por comunión.

Le conté la experiencia a Juan Camilo, joven artista del Barrio Torasso, en Florencia Caquetá, y le propuse plasmarla en un lienzo para conmemorar los 100 años (Centenario) de la muerte terrenal, nacimiento para la eternidad santa, de José Allamano, canonizado por el Papa Francisco el 20 de octubre de 2024, durante la Jornada Mundial de las Misiones en la Plaza de San Pedro, reconociendo y proponiendo su santidad de vida para la Iglesia y toda la humanidad. Fundador de los Misioneros (1901) y Misioneras (1910) de la Consolata, nacido el 21 de enero de 1851 en Castelnuovo d´Asti, hoy Don Bosco, en el Norte italiano.

Corriente misionera

Esta corriente Misionera de la Consolata brota del seno del Santuario de María Consolata, al pie de los Alpes piamonteses (Turín) en 1901 e inicia su navegación en el Arca de la Nueva Alianza, portando la bandera de la paz y bañando territorios, pueblos y culturas, con el Agua de la vida que desciende del costado del “Sol naciente que, por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos viene a visitar” (Lc 1, 78-79).

Hoy, desde el 12 de diciembre de 1947, cuando llegó la corriente misionera de la Consolata al Puerto de Buenaventura, fiesta de la Virgen de Guadalupe, continúa mezclándose con las corrientes latinoamericanas, inspiradas en el Acontecimiento Guadalupano, narrado en el Nican Mopohua (escrito alrededor de 1556), cuando María, salió al encuentro del indígena Juan Diego, reconocido santo, en el cerro del Tepeyac y se presentó a los pueblos mesoamericanos, del 9 al 12 de diciembre de 1531. En esos días tuvo lugar el solsticio de invierno, que para las culturas prehispánicas significaba: el sol moribundo que vuelve a cobrar fuerza, el nacimiento del nuevo sol, el retorno de la vida. Para los indígenas, el solsticio de invierno era un día muy importante en su calendario religioso, día en que el sol vence a las tinieblas y surge victorioso. Por esto, no es casual que en esos días la Virgen de Guadalupe haya presentado a su Hijo Jesús a los pueblos indígenas, como el Sol que nace de lo alto. Así ellos, al ver en su vientre la flor de cuatro pétalos o Nahuiu Ollin, que les representa la plenitud y el sol, comprendieron que ella traía en su seno al “Verdadero Dios por quien se vive", In Huelnelli Teotl, In Ipalnemohuani.

Este fue el Evangelio, buena noticia, que leyeron en su imagen: la llegada del Dios de la vida a México y el continente. Ella, la misma Consolata, consolada y consoladora, que lleva también el mismo Sol en su nombre, ConSolata: se convierte en “pedagoga del Evangelio plenamente inculturado”, como la identificó el Papa Juan Pablo II, “madre y maestra de misioneros”, como la denominaba San José Allamano.

Recuerdo centenario

Todo esto recordamos (pasado, agradecido) y celebramos hoy (presente festivo), mientras con los pueblos y grupos humanos oteamos el horizonte (futuro esperanzado) para continuar la navegación en Colombia y sus fronteras con Ecuador y Perú, por el camino “de Jerusalén a Jericó”, según el lema de la actual Dirección Regional.

María Consolata

Enséñanos a caminar con los pueblos,
como Familia Misionera internacional e intercultural,
aprendiendo de los ríos que no se imponen,
no conflictúan ni se confunden.
Juntos le sirven a la vida con ternura y energía.
Haznos misión “A la mano”, de consolación - liberación.
Amén.

miércoles, 21 de enero de 2026

La fraternidad: propuesta de humanización, misión y santidad

 Centenario “A la mano” para todos
Febrero 16 de 1926 -2026
 
Obra artística P. Carlos Zuluaga

El lema que los Misioneros han elegido para este primer Centenario de San José Allamano: “Centenario A la mano”, pone de relieve la proximidad cotidiana y ordinaria, “a la mano”, de la propuesta humana, ministerial, carismática - misionera de Consolata y de santidad de este santo “extraordinario en lo ordinario”.
 
Esa identidad sencilla y transparente del Santo “A la mano” puede correr el riesgo de quedarse encerrada en la Familia Misionera Consolata. Sobre todo, si nuestra mirada, un tanto tímida y reservada, respaldada en eso de “hacer el bien, bien hecho y sin ruido”, termina por impedirnos ver a quienes, estando más allá de nosotros, descubren el dinamismo misionero de la Iglesia Católica y a quienes constituyen nuestro horizonte último de vida y misión “ad gentes”. Todos implicados en la misma misión de Dios.
 
Con el fin de evitar esa autorreferencialidad como denominaba el Papa Francisco el enclaustramiento de la Iglesia, estamos invitados o desafiados a contemplar y celebrar el regalo de la Canonización como oferta de la Iglesia para el mundo y hacer todo lo posible para socializarla en todos los ámbitos, más allá de nosotros mismos. Este puede ser uno de los objetivos de este Centenario.
 
La santidad “A la mano” les va bien a los niños, a las juventudes en sus procesos académicos y de crecimiento, a los adultos en el ejercicio de sus diversas profesiones, estados y estilos de vida, lo mismo que a los mayores y ancianos. Le viene bien a la Vida Religiosa, al clero en general, a todos los laicos, servidores del Reino de Dios, empeñados en la misión de Dios confiada a la Iglesia. Sirve, inclusive, como propuesta vocacional, temporal o “ad vitam”, para muchos que sienten la llamada a la universalidad y que reconocen en el Evangelio del Señor Jesús una buena noticia para todos los pueblos. 
 
La propuesta organizativa de la misión en el formato de la Vida Religiosa Consagrada, vivida en comunidad, la vivencia de los Votos y la misión entre quienes no conocen el Evangelio de Jesús, “ad gentes”, puede y debe ser ofrecida, colocada “A la mano”, para todos los bautizados.
 
Fraternidad para la Misión ad gentes

San José Allamano estando como responsable del Santuario de la Consolata y de la Casa de Formación del clero joven de la Iglesia Local de Turin (desde 1880), reflexionaba, entre 1891 y 1899: “Es una pena que Turín, con tantas fuerzas vivas, no tenga una obra misionera propia” (Conferencias espirituales, finales del s. XIX). Mientras tanto iba soñando, diseñando y redactando una propuesta (Reglamento) misionera para Presbíteros diocesanos y Laicos, técnicos o profesionales. Una vez aceptada su propuesta en la Diócesis y puesta ya en marcha, inmediatamente después y, a solicitud de los misioneros en el campo, decidió incluir las mujeres y dedicarse con todo empeño a la organización estructural y jurídica de las instituciones, lo mismo que a la formación específica de sus misioneros y misioneras. Todos convocados a vivir en “espíritu de familia”, no de Institución o Colegio. En alguna de sus cartas circulares aclaró: “Yo no quise hacer una congregación religiosa; quise hacer una obra misionera. Pero la Santa Sede juzgó que ésta era la forma más segura, y yo me sometí con gusto”.
 
La idea de San José Allamano no era la de fundar una Congregación Religiosa sino una obra u organización misionera “ad gentes”, al servicio de la humanidad, Iglesia Local y universal. Fue la misma Santa Sede la que, en su discernimiento para la aprobación canónica, propuso la modalidad de Vida Religiosa o Consagrada, más práctica y estable, que Allamano aceptó confiado, asumiendo los Votos como medio para la misión y no como esencia constitutiva de la identidad. Esto nos da libertad de iniciativa creativa, sin temor ninguno de infidelidad, para compartir el carisma con laicos y laicas, sin patriarcalismos ni feminismos, sin clericalismos ni paternalismos, en fraternidad humana y ecológica, participativa y sinodalidad.  
 
El ser humano hecho para la comunidad

“No es bueno que el ser humano esté solo”, dice el libro del Génesis (2,18-24) refiriéndose a los orígenes y colocando en la reflexión contemplativa del Creador el antídoto contra la soledad solitaria: “hagámosle compañía adecuada” se dice Dios, que le corresponda, que esté a su altura, frente a él, igual en dignidad, distinta en identidad, capaz de relación, diálogo y comunión. El ser humano no se comprende a sí mismo en soledad, sino que descubre su identidad en la relación. Está hecho para el encuentro. El otro no es complemento funcional, sino revelación de sí mismo, consolación, compañía adecuada.

Esta identidad relacional, constitutiva del ser humano, se expresa y crece, para San José Allamano, en y con el “Espíritu de familia”, comunidad misionera. Se trata del mismo espíritu que ayuda adecuadamente a todas las formas o modalidades de Familia, incluidas las religiosas o consagradas, con sus respectivos matices, claro está. Una “compañía adecuada” que se traduce en: fraternidad que enseña a pasar del egoísmo al compartir, del orgullo autosuficiente a la humildad del necesitado; a perdonar, no guardar rencor y reconciliarse; a cuidar, prioritariamente, al más débil y pequeño; a corregir y ser corregido; a escuchar y dialogar para vivir sinodalmente; a hacerse y ser amigo y compañero; a madurar afectiva y espiritualmente; a consolar y ser consolado; a amar y ser amado.
 
Estos aprendizajes duran toda la vida y van a la par con el aprendizaje de ser y desempeñar los roles de papá – mamá – hermano. Hay que revisarlos en la medida que se crece y actualizarlos permanentemente. San José Allamano exhortaba a su Familia Misionera: “Entre ustedes haya mucha caridad; sin ella no hay misión.”
 
Votos de libertad: obediencia, castidad y pobreza
 
No siendo los Votos Religiosos, para San José Allamano, un añadido jurídico ni una simple disciplina comunitaria, sino una expresión vital del amor a Dios y de la entrega total a la misión, se constituyen en un camino concreto de santidad misionera, vivido con realismo, equilibrio y profundo sentido eco - eclesial. En términos generales podemos decir que San José Allamano entendió los Votos como respuesta de amor a la iniciativa de Dios, medio pedagógico de santificación, no fin en sí mismos. Instrumentos al servicio de la misión ad gentes, expresión de libertad interior, no de represión: “Los votos no hacen santos, pero ayudan mucho a hacerse santos” (San José Allamano). Solo tienen valor si se viven con amor, convicción y alegría, no por obligación externa.
 
El Voto de Obediencia: libertad frente a sí mismo
 
Vivir en obediencia, desde la fe, es estar presentes en el presente, atentos a los signos de los hermanos, de los tiempos y los espacios, abiertos y disponibles a descubrir, en discernimiento comunitario, la voluntad de Dios. Se trata de una actitud filial que se asume desde la Familia y se va desarrollando en el encuentro con los otros/as. Exige capacidad de verdad y diálogo, de escucha y respuesta, compromiso y responsabilidad. Diríamos hoy, de vida en familia y trabajo en Equipo, de proyecto de vida en común. La obediencia mutua y discernida juntos, ordena toda la vida en todas sus dimensiones.
 
El Voto de Pobreza: libertad frente a los bienes 

Vivir en pobreza, desde la fe, es mantenerse desapegado, real y afectivamente, de las posesiones, los honores, los títulos, los placeres. Alegres y armoniosos en la escasez y en la abundancia, austeros y confiados en la Providencia, bien administrada. Agradecidos y disponibles para ir siempre “más allá” y permanecer en gratuidad. Caritativo y solidario: “El misionero debe ser pobre, pero nunca miserable” (San José Allamano). La pobreza “A la mano” es digna, prudente y responsable, no improvisada ni ideológica.
La libertad frente a los bienes, las cosas y las posesiones, diligentemente planeada y transparentemente administrada, ordena la economía y la ecología humana. 

El Voto de Castidad: libertad frente a las personas

Vivir en castidad, desde la fe, es consagrarse integralmente Dios, mantenerse libre para amar a todos sin exclusivismos ni apegos afectivos. Capacidad, madurez, para relacionarse desinteresadamente con niños, jóvenes y adultos, sin abusos, explotaciones, ni apegos, evitando exclusiones, exclusivismos o discriminaciones. No es fácil, claro está. El amor es exigente: “Quien ama mucho, sacrifica mucho”, decía el San Allamano e insistía en una castidad humana, madura, vigilante y alegre, sostenida por la vida espiritual y la fraternidad.
 
La libertad frente a las personas e incluso los animales y sucedáneos, ordena y armoniza el corazón,el cuerpo y la razón.
 
Conclusión
 
Los votos, como podemos constatar, no se viven “para uno mismo”, sino para la misión de cada uno, de acuerdo a su vocación y ministerio. No todos pueden hacer votos, pero todos pueden vivir el espíritu de los votos”, decía el santo Allamano.

En este sentido, la fraternidad vivida en la familia, la comunidad, la empresa o sociedad, puede encontrar en los Votos luz para el camino o proceso ordinario de humanización, socialización y santificación de niños, jóvenes, adultos o ancianos, hombre o mujer.
 
La propuesta de San José Allamano “Primero santos, después misioneros; o mejor, santos siendo misioneros”, resulta práctica para todos. Va mucho más allá de lo jurídico, supera la ley y conduce por el camino de la libertad. Termina proponiendo la Fraternidad como camino de humanización, misión y santidad. Una apuesta actual, práctica y realizable que sostiene la fidelidad en tiempos de dificultad y conduce a la felicidad.
 

sábado, 10 de enero de 2026

Bautismo y misión

 El bautismo de Jesús y nuestro bautismo

Templo de la Inmaclada - Aguadas - Caldas - Colombia

Yo, Salvador Medina, fui bautizado en la pila bautismal de la parroquia La Inmaculada de Aguadas – Caldas – Colombia hace 77 años, hoy soy Misionero de la Consolata, desde 1978. Quiero, entonces, compartir cómo he venido entendiendo y viviendo mi ser bautizado o sea cristiano, aprovechando la celebración litúrgica del Bautismo de Jesús.

Los relatos del bautismo de Jesús en los evangelios sinópticos (cf. Mt 3,13–17; Mc 1,9–11; Lc 3,21–22) nos presentan esta revelación: el Padre envía al Hijo con una misión, hacer que la vida, en todas sus manifestaciones, sea plena y buena (cf.  Jn 10,10), con la luz y la fuerza del Espíritu. Ahí, exactamente, está el origen de la misión, en la misión de Jesús, que es la misma misión de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo o sea la Trinidad.

Jesús “pasó haciendo el bien”, generando, promoviendo y defendiendo la vida, mientras iba llamando y formando discípulos para que le ayudaran en su misión. Su manera de vivir, hablar y actuar incomodó a quienes utilizaban a los seres vivos para sus propios intereses y los de sus instituciones, descuidando y explotando la vida de los más frágiles y necesitados. Por eso lo prendieron, lo juzgaron y condenaron a muerte de cruz. Lo asesinaron y enterraron, Pero Él Resucitó y se apareció a sus discípulos, mostrándoles que estaba vivo y convocándolos a continuar con la misión que Él apenas había iniciado.

Desde una perspectiva bíblica, el Bautismo de Jesús no solo inaugura su ministerio público, sino que manifiesta el origen trinitario de la misión. En lógica, no existe bautismo sin misión, ni misión sin raíz bautismal. Por eso mismo, todo bautizado, incorporado a Cristo Jesús, es misionero y, entonces, también yo.

La Iglesia del Señor Jesús, formada por bautizados que participan de su vida y misión, es naturalmente misionera. Redescubrir esta revelación es esencial para renovar hoy el dinamismo misionero de una “Iglesia en salida”, como la denominaba el Papa Francisco y promover las juventudes a que asuman con libertad y amor la misión ad gentes, tan útil a la Iglesia y a la humanidad, por sus características de anuncio del Crucificado Resucitado y su propuesta de Reino de Dios o reinado del amor, fraternidad universal, interculturalidad y diálogo, promoción social y cuidado del medio ambiente, tan urgentes, útiles y necesarias en una sociedad planetaria y ambientalmente desafiada, en búsqueda de sentido y dirección.