Encuentro de las aguas: parábola de la misión de Dios
Comunión en la diversidad
En reciente viaje
a Manaos – Brasil, sede del Noviciado continental, San Oscar Romero, de
los Misioneros de la Consolata, me invitaron al “encuentro de las aguas”.
En el muelle, junto a la plaza del mercado popular, subimos a una embarcación
turística y comenzamos a navegar por el rio Amazona (Solimões) hasta encontrarnos con el Rio Negro.
Un excepcional
espectáculo natural digno de ser contemplado y reflexionado en silencio: dos
corrientes de agua, de colores y orígenes diferentes, se encuentran sin chocar
y viajan juntas sin mezclarse durante kilómetros, rumbo al mismo mar.
En mi corazón
misionero de la Consolata escuchaba: es posible la comunión en la diversidad, sin anular las identidades. Como las aguas, pueden también
avanzar juntos, en convivencia respetuosa, pueblos de colores, culturas,
lenguas y espiritualidades diferentes. Desde mi fe evoqué la plegaria de Jesús al
Padre común: “que todos sean uno” (Jn 17,21), no
por uniformidad, sino por comunión.
Le conté la
experiencia a Juan Camilo, joven artista del Barrio Torasso, en Florencia
Caquetá, y le propuse plasmarla en un lienzo para conmemorar los 100 años
(Centenario) de la muerte terrenal, nacimiento para la eternidad santa, de José
Allamano, canonizado por el Papa Francisco el 20 de octubre de 2024, durante la
Jornada Mundial de las Misiones en la Plaza de San Pedro, reconociendo y
proponiendo su santidad de vida para la Iglesia y toda la humanidad. Fundador
de los Misioneros (1901) y Misioneras (1910) de la Consolata, nacido el 21 de
enero de 1851 en Castelnuovo d´Asti, hoy Don Bosco, en el Norte italiano.
Corriente misionera
Esta corriente Misionera
de la Consolata brota del seno del Santuario de María Consolata, al pie de los
Alpes piamonteses (Turín) en 1901 e inicia su navegación en el Arca de la Nueva
Alianza, portando la bandera de la paz y bañando territorios, pueblos y
culturas, con el Agua de la vida que desciende del costado del “Sol naciente
que, por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos viene a visitar” (Lc
1, 78-79).
Hoy, desde el 12
de diciembre de 1947, cuando llegó la corriente misionera de la Consolata al
Puerto de Buenaventura, fiesta de la Virgen de Guadalupe, continúa mezclándose
con las corrientes latinoamericanas, inspiradas en el Acontecimiento
Guadalupano, narrado en el Nican Mopohua (escrito alrededor de 1556),
cuando María, salió al encuentro del indígena Juan Diego, reconocido santo, en
el cerro del Tepeyac y se presentó a los pueblos mesoamericanos, del 9 al 12 de
diciembre de 1531. En esos días tuvo lugar el solsticio de invierno, que para
las culturas prehispánicas significaba: el sol moribundo que vuelve a cobrar
fuerza, el nacimiento del nuevo sol, el retorno de la vida. Para los indígenas,
el solsticio de invierno era un día muy importante en su calendario religioso,
día en que el sol vence a las tinieblas y surge victorioso. Por esto, no es
casual que en esos días la Virgen de Guadalupe haya presentado a su Hijo Jesús
a los pueblos indígenas, como el Sol que nace de lo alto. Así ellos, al ver en
su vientre la flor de cuatro pétalos o Nahuiu Ollin, que les representa
la plenitud y el sol, comprendieron que ella traía en su seno al “Verdadero
Dios por quien se vive", In Huelnelli Teotl, In Ipalnemohuani.
Este fue el
Evangelio, buena noticia, que leyeron en su imagen: la llegada del Dios de la
vida a México y el continente. Ella, la misma Consolata, consolada y
consoladora, que lleva también el mismo Sol en su nombre, ConSolata: se
convierte en “pedagoga del Evangelio plenamente inculturado”, como la
identificó el Papa Juan Pablo II, “madre y maestra de misioneros”, como
la denominaba San José Allamano.
Recuerdo centenario
Todo esto
recordamos (pasado, agradecido) y celebramos hoy (presente festivo), mientras
con los pueblos y grupos humanos oteamos el horizonte (futuro esperanzado) para
continuar la navegación en Colombia y sus fronteras con Ecuador y Perú, por el
camino “de Jerusalén a Jericó”, según el lema de la actual Dirección
Regional.
María
Consolata
como Familia Misionera internacional e intercultural,
aprendiendo de los ríos que no se imponen,
no conflictúan ni se confunden.
Juntos le sirven a la vida con ternura y energía.
Haznos misión “A la mano”, de consolación - liberación.
Amén.

No hay comentarios:
Publicar un comentario