Centenario
“A la mano” para todos
Febrero
16 de 1926 -2026
Obra artística P. Carlos Zuluaga
San José Allamano estando como responsable del Santuario de la Consolata y de la Casa de Formación del clero joven de la Iglesia Local de Turin (desde 1880), reflexionaba, entre 1891 y 1899: “Es una pena que Turín, con tantas fuerzas vivas, no tenga una obra misionera propia” (Conferencias espirituales, finales del s. XIX). Mientras tanto iba soñando, diseñando y redactando una propuesta (Reglamento) misionera para Presbíteros diocesanos y Laicos, técnicos o profesionales. Una vez aceptada su propuesta en la Diócesis y puesta ya en marcha, inmediatamente después y, a solicitud de los misioneros en el campo, decidió incluir las mujeres y dedicarse con todo empeño a la organización estructural y jurídica de las instituciones, lo mismo que a la formación específica de sus misioneros y misioneras. Todos convocados a vivir en “espíritu de familia”, no de Institución o Colegio. En alguna de sus cartas circulares aclaró: “Yo no quise hacer una congregación religiosa; quise hacer una obra misionera. Pero la Santa Sede juzgó que ésta era la forma más segura, y yo me sometí con gusto”.
“No es bueno que el ser humano esté solo”, dice el libro del Génesis (2,18-24) refiriéndose a los orígenes y colocando en la reflexión contemplativa del Creador el antídoto contra la soledad solitaria: “hagámosle compañía adecuada” se dice Dios, que le corresponda, que esté a su altura, frente a él, igual en dignidad, distinta en identidad, capaz de relación, diálogo y comunión. El ser humano no se comprende a sí mismo en soledad, sino que descubre su identidad en la relación. Está hecho para el encuentro. El otro no es complemento funcional, sino revelación de sí mismo, consolación, compañía adecuada.
Esta
identidad relacional, constitutiva del ser humano, se expresa y crece, para San
José Allamano, en y con el “Espíritu de familia”, comunidad misionera. Se trata
del mismo espíritu que ayuda adecuadamente a todas las formas o modalidades de
Familia, incluidas las religiosas o consagradas, con sus respectivos matices,
claro está. Una “compañía adecuada” que se traduce en: fraternidad que
enseña a pasar del egoísmo al compartir, del orgullo autosuficiente a la
humildad del necesitado; a perdonar, no guardar rencor y reconciliarse; a
cuidar, prioritariamente, al más débil y pequeño; a corregir y ser corregido; a
escuchar y dialogar para vivir sinodalmente; a hacerse y ser amigo y compañero;
a madurar afectiva y espiritualmente; a consolar y ser consolado; a amar y ser
amado.
Estos
aprendizajes duran toda la vida y van a la par con el aprendizaje de ser y
desempeñar los roles de papá – mamá – hermano. Hay que revisarlos en la medida
que se crece y actualizarlos permanentemente. San José Allamano exhortaba a su
Familia Misionera: “Entre ustedes haya mucha caridad;
sin ella no hay misión.”
Votos de libertad: obediencia,
castidad y pobreza
No siendo los Votos
Religiosos, para San José Allamano, un añadido jurídico ni una simple
disciplina comunitaria, sino una expresión vital del amor a Dios y de la
entrega total a la misión, se constituyen en un camino concreto de santidad
misionera, vivido con realismo, equilibrio y profundo sentido eco - eclesial.
En términos generales podemos decir que San José Allamano entendió los Votos
como respuesta de amor a la
iniciativa de Dios, medio pedagógico de santificación, no fin en sí mismos. Instrumentos
al servicio de la misión ad gentes, expresión de libertad interior, no de
represión: “Los votos no hacen santos, pero ayudan mucho a hacerse santos” (San
José Allamano). Solo tienen valor si se viven con amor, convicción y alegría,
no por obligación externa.
El Voto de Obediencia: libertad frente a sí mismo
Vivir en obediencia, desde la fe, es estar
presentes en el presente, atentos a los signos de los hermanos, de los tiempos
y los espacios, abiertos y disponibles a descubrir, en discernimiento
comunitario, la voluntad de Dios. Se trata de una actitud filial que se asume
desde la Familia y se va desarrollando en el encuentro con los otros/as. Exige
capacidad de verdad y diálogo, de escucha y respuesta, compromiso y
responsabilidad. Diríamos hoy, de vida en familia y trabajo en Equipo, de
proyecto de vida en común. La obediencia mutua y discernida juntos, ordena toda
la vida en todas sus dimensiones.
El Voto de Pobreza:
libertad frente a los bienes
Vivir en pobreza, desde la fe, es mantenerse desapegado, real y afectivamente, de las posesiones, los honores, los títulos, los placeres. Alegres y armoniosos en la escasez y en la abundancia, austeros y confiados en la Providencia, bien administrada. Agradecidos y disponibles para ir siempre “más allá” y permanecer en gratuidad. Caritativo y solidario: “El misionero debe ser pobre, pero nunca miserable” (San José Allamano). La pobreza “A la mano” es digna, prudente y responsable, no improvisada ni ideológica.
La libertad frente a los bienes, las cosas y las posesiones, diligentemente planeada y transparentemente administrada, ordena la economía y la ecología humana.
El Voto de Castidad: libertad frente a las personas
Vivir en castidad, desde la fe, es consagrarse integralmente Dios, mantenerse libre para amar a todos sin exclusivismos ni apegos afectivos. Capacidad, madurez, para relacionarse desinteresadamente con niños, jóvenes y adultos, sin abusos, explotaciones, ni apegos, evitando exclusiones, exclusivismos o discriminaciones. No es fácil, claro está. El amor es exigente: “Quien ama mucho, sacrifica mucho”, decía el San Allamano e insistía en una castidad humana, madura, vigilante y alegre, sostenida por la vida espiritual y la fraternidad.

1 comentario:
Natalia Rojas Gómez:
Ahí voy leyendo, pensando..
Me faltan 3 pantallazos para terminar..
Es muy importante el tema.
Para conocer más las enseñanzas del Santo y La "familia Consolata, amigos , hermanos", y ejemplo para la comunidad.
Me llamó la atención:
Votos.. No añadido Jurídico, ni disciplina comunitaria; sino expresión vital de Amor a Dios. Entrega total a la Misión. Camino de santidad.
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