viernes, 12 de junio de 2026

Bernabé y la Promoción Vocacional

 La Promoción Vocacional

IA - Equipo Misionero de la Comunidad de Antioquía para la misión entre los gentiles

Hoy, 11 de junio, celebrando la Eucaristía en el Ancianato de Fontibón, compartí mi reflexión inspirada en la Liturgia de la Palabra, la fiesta de San Bernabé Apóstol, el inicio de la Novena dedicada a María Consolata, cuya fiesta celebraremos el próximo 20 de junio  y dos inquietudes que me habitan, con persistencia, por estos días: la promoción vocacional al servicio de la Iglesia y de la Familia Misionera de la Consolata y la elección del presidente de Colombia, el próximo 21 de este mismo mes.

José, el nombre de un hombre “justo y bueno”

Qué buen título para calificar un hombre “extraordinario en lo ordinario” de la vida. Nacido en Chipre, una isla no muy lejos de Jerusalén, decidió transferirse a la ciudad, en donde invirtió lo que traía, en un lote cerca al Santuario. Por allí mismo, nos cuentan los Hechos de los Apóstoles, en la Biblia, habían abierto ellos la primera Comunidad Apostólica y anunciaban, con la vida y la palabra, la presencia resucitada de su Maestro Jesús, el mismo que hacía poco habían condenado y matado en la Cruz, las autoridades, delante de todo el Pueblo.  A José le llamó la atención la forma de vivir y de hablar de esta nueva Comunidad y decidió visitarlos. Le gustó y siguió frecuentándolos hasta que, un día, resultó vendiendo el lote y viniendo a vivir con ellos, colocando al servicio el dinero recibido por la venta del lote y él mismo, al servicio de la comunidad.

Poco a poco, en la convivencia diaria, se fueron conociendo y un día, con más confianza, comenzaron a llamarlo con el apodo de Bernabé que significa “hijo de Consolación” o “apto para exhortar”. Esas cualidades le habían reconocido y por eso resultaron cambiándole el nombre. El primer misionero de la Consolata, pensaba yo y así mismo lo intuyó un sacerdote diocesano que concelebrara conmigo la Eucaristía. Cuando salimos, me felicitó y agradeció por la homilía diciendo: “Bernabé, otro misionero de la Consolata”, entonces.

 

Al inicio de todo proceso vocacional nos encontramos con una Comunidad que trata de vivir en el “Espíritu del Señor Jesús” y que, por lo mismo, atrae y acoge a muchos como “José, un Levita natural de Chipre, a quien también los apóstoles llamaban Bernabé, que traducido significa Hijo de Consolación, poseía un campo y lo vendió, trajo el dinero y lo depositó a los pies de los apóstoles” (Hch 4, 36-37), que a pesar de los peligros que enfrentaban aquellos que profesaban la fe cristiana, se incorporó y fue un líder misionero hacia los gentiles, animador - formador y promotor vocacional. 

Animador, “apto para exhortar”

Ya haciendo parte de la Comunidad de Jerusalén, se manifestó disponible para salir e ir a donde lo requirieran. Cuando vieron el proceso floreciente de la recién organizada comunidad en Antioquia, después de las persecuciones y la dispersión, “la Iglesia de Jerusalén envió a Bernabé … Cuando llegó y vio la gracia que Dios les había concedido, él se alegró mucho y exhortaba a todos a permanecer fieles al Señor con un corazón firme. Bernabé era un hombre bondadoso, lleno del Espíritu Santo y de mucha fe. Y una gran multitud adhirió al Señor … Entonces partió hacia Tarso en busca de Saulo, y cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía. Ambos vivieron todo un año en esa Iglesia y enseñaron a mucha gente. Y fue en Antioquía. donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de “cristianos” (cfr. 11, 21b-26; 13, 1-3).


Haciendo parte de la Comunidad, el “apto para exhortar” o animar, siendo hombre bondadoso, lleno de Espíritu Santo y de mucha fe, es capaz de ver la gracia de Dios, alegrarse y exhortar, amablemente, a la perseverancia y la fidelidad.

 Acompañante vocacional

 Reconociendo, valorando y animando la Comunidad visitada, identifica necesidades y busca soluciones factibles, de calidad e inmediatas. Nota los vacíos de reflexión y formación en las Sagradas Escrituras. “Entonces partió hacia Tarso en busca de Saulo, y cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía. Ambos vivieron todo un año en esa Iglesia y enseñaron a mucha gente. Y fue en Antioquía, donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de ‘cristianos’”.

Saulo, más conocido como San Pablo, era un ciudadano romano y judío fariseo originario de Tarso (actual Turquía), académicamente instruido en la cultura griega y latina, sin dejar de ser judío. Nacido en Tarso, ciudad con gran influencia filosófica y cultural, aprendió a hablar, escribir y pensar fluidamente en griego koiné (el idioma comercial de la época) y también en latín. En Jerusalén se instruyó en la rama más estricta del judaísmo. Fue discípulo directo del rabino Gamaliel, uno de los maestros de la ley más respetados e influyentes de aquel tiempo. Poco a poco se fue convirtiendo, por fidelidad al judaísmo, en perseguidor del nuevo movimiento cristiano. En el camino de Damasco escucho la voz de Jesús que le decía ¿“Saulo, Saulo, porqué me persigues?” (Hch 9,4) y conversando con Ananías en la ciudad de Damasco, se le cayeron las escamas de los ojos, vio, entendió, se convirtió al cristianismo y se hizo bautizar (Hch 9,10-19).

“Cuando llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo. Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había hablado valerosamente en el nombre de Jesús. Y estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía, y hablaba denodadamente en el nombre del Señor, y disputaba con los griegos; pero estos procuraban matarle. Cuando supieron esto los hermanos, le llevaron hasta Cesarea, y le enviaron a Tarso. (Hch 9, 26-30)

El “Hijo de la consolación” viaja a Tarso, busca a Saulo, a quien ya había individuado en Jerusalén, reconocido y creído en su conversión, conversa con él y lo invita hacer parte de la Comunidad de Antioquia. Lo introduce y se queda con él.

Vocación misionera para los gentiles

“En la Iglesia de Antioquía había profetas y doctores, entre los cuales estaban Bernabé y Simeón, llamado el Negro, Lucio de Cirene, Manahén, amigo de infancia del tetrarca Herodes, y Saulo. Un día, mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo les dijo: “Resérvenme a Saulo y a Bernabé para la obra a la cual los he llamado”. Ellos, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.

Así fue como, alrededor de los años 46-48 de la era cristiana, se conformó el primer equipo misionero, organizado en la iglesia de Antioquía (Siria) por sugerencia, elección y envío del Espíritu Santo (Hch 13,1-3), con la participación de la Comunidad. Los elegidos fueron: Bernabé, el "hijo de consolación", hombre de comunión, capaz de acoger a Saulo cuando muchos desconfiaban de él y de acompañar a los nuevos creyentes y darle una segunda oportunidad a Juan Marcos (cf. Hch 4,36; 9,27; 11,22-24). Pablo (Saulo), teólogo y maestro en las Sagradas Escrituras, que pasó de perseguidor a evangelizador y Juan Marcos, joven sobrino de Bernabé, acompañante de apoyo quien, a pesar de regresarse a Jerusalén a mitad del trayecto, muestra con su historia que las fragilidades pueden transformarse en nuevos caminos de misión (cf. Col 4,10; 2 Tim 4,11) y termina redactando el Evangelio Según San Marcos, con el testimonio de Pedro y Pablo, en Roma.

La promoción vocacional en la Iglesia Católica es el conjunto de acciones, procesos y testimonios mediante los cuales la comunidad cristiana ayuda a las personas a descubrir, discernir y responder a la llamada que Dios les dirige. No busca simplemente "reclutar candidatos", sino ayudar a cada persona a descubrir su llamada y a responder con libertad y generosidad al proyecto de Dios, para el bien de la Iglesia y de la humanidad. No se limita a promover vocaciones sacerdotales o religiosas, sino que abarca todas las vocaciones cristianas: laical, matrimonial, sacerdotal, religiosa y misionera.




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