Nuestra Señora del Carmen
Colombia posee
una riqueza excepcional de advocaciones marianas profundamente arraigadas en la
vida de los pueblos, entre todas, tal vez la más destacada sea la de Nuestra
Señora del Carmen. La encontramos en los camines, los buses, taxis y aviones,
en los barcos, por lo caminos, carreteras y ríos del país. En cada curva o
lugar de riesgo, allí está ella presente y atenta. De las prácticas, signos
piadosos como procesiones, escapulario, bendición de
vehículos, promesas y fiestas patronales, muchos hemos participado y hasta
usado. Sería bueno que fuéramos un poco más a fondo, tratando de descubrir lo
que ella nos quiere decir, como en la Boda de Caná, para acercarnos a Jesús.
Virgen del Carmen
En lugar de verla
solo desde su origen histórico o desde las prácticas religiosas populares, hagámonos
algunas preguntas que nos lleven a nuevas respuestas:
¿De dónde proviene su nombre? En la tradición espiritual mariana de la Iglesia Católica este nombre aparece vinculado al Monte Carmelo, situado junto al mar Mediterráneo, en una cadena montañosa de unos 39 km de longitud y puede traducirse como "viña de Dios", "jardín de Dios" o "campo fértil", símbolo de belleza, fecundidad y bendición.
En las Escrituras Sagradas el Monte Carmelo (1Reyes 18) aparece vinculado al ministerio del Profeta Elías, desarrollado a lo largo de 15 o 20 años, en el Reino del Norte de Israel durante el reinado del rey Acab y Jezabel (ca. 874–853 a.C.), cuando el pueblo vivía dividido entre varios dioses, Yahvé, Baal, Asera y otras deidades locales, en medio de sequias y hambrunas que se prolongaban hasta más de tres años. Elías convoca al pueblo y plantea una decisión radical y coherente: "¿Hasta cuándo van a andar cojeando con dos pensamientos? Si el Señor es Dios, síganlo; y si Baal lo es, síganlo."
Para ayudar al pueblo a tomar una decisión propone un ejercicio pedagógico – espiritual, entre los seguidores de Baal y los de Yahvé, desafiando a 450 profetas de ellos y a él mismo con su pueblo, para demostrar quién era realmente Dios: Yahvé o Baal. Y el desafío fue aceptado.
La prueba era sencilla pero impactante. Profetas de ambos bandos ofrecían un sacrificio en un altar, pero no le prendían fuego. El Dios que enviara fuego desde lo alto para consumir el sacrificio sería considerado el Dios de Israel.
Primero fueron los profetas de Baal. Y no pasó nada. Durante horas, le rogaron a Baal. Pero no hubo fuego. Entonces Elías levantó un altar, reconstruido con doce piedras, rodeado de una canal y colocó encima la leña y la ofrenda, derramó agua encima, por tres veces hasta empapar la madera, la ofrenda y llenar la canal. Invocaron a Yahvé y cayó fuego del cielo. El pueblo clamó que Yahvé era Dios. Y los profetas de Baal murieron todos. Elías huyó para salvar su vida al día siguiente, y no se produjo ningún cambio notable en la vida espiritual de Israel. Tal vez porque el mismo Dios, en general, no se revela en formas tan espectaculares y dramática.
El ciclo psico-ministerial de Elías
Me parece que la experiencia de Elías constituye un modelo muy actual
para sacerdotes, religiosos, misioneros y laicos, agentes pastorales. Sigámoslo
en detalle:
1. La vocación: descubre que Dios lo envía y recibe su misión con entusiasmo, ardor y claridad. Convencido de haber sido llamado.
2. El compromiso profético: denuncia la corrupción, la idolatría, la injusticia, el abuso del poder,
con valentía y a pesar de las persecuciones, conflictos e incomprensiones que
sufre.
3. El gran éxito ministerial: en el Carmelo ocurre el gran triunfo. El pueblo reconoce a Dios. Elías
experimenta eficacia pastoral, reconocimiento y enorme satisfacción. Podríamos
decir que fueron los mejores años de su servicio, aunque haya sido solo un
momento.
4. El agotamiento psicológico: paradójicamente, muchas veces, después del mayor éxito llega la peor
crisis. La reina Jezabel amenaza con matarlo, él huye con miedo, mientras pierde
toda seguridad. Hoy llamaríamos esto agotamiento emocional, estrés
postraumático, fatiga por compasión, burnout pastoral.
5. La depresión espiritual: en el desierto dice "¡Basta ya, Señor! Quítame la vida", desea
morir, se siente solo, fracasado, inútil, derrotado. Muchos servidores de la
Iglesia conocen esta etapa. No nace de la falta de fe sino del exceso de
desgaste.
6. Dios lo restaura: su terapeuta no empieza corrigiéndolo, primero lo deja dormir, luego le
ofrece pan y agua, le permite que descanse, que haga su camino-proceso
restaurador o consolador. Maravillosa pedagogía pastoral, antes de exigir más
misión.
7. El encuentro en el Horeb: después de cuarenta días llega al Horeb y allí se le revela de nuevo, no
en el viento, ni en el terremoto, ni el fuego, sino en "el susurro de una
brisa suave". El ministerio madura cuando el servidor aprende a reconocer
a Dios en el silencio.
8. La relectura de la crisis: Elías creía que había quedado “Sólo yo he quedado", se decía, mientras Dios le respondía, "No estás
solo", ahí está tu pueblo. Toda crisis exagera la percepción de la
realidad, mientras se recupera el equilibrio.
9. Renovación ministerial: finalmente Dios no jubila a Elías, lo envía de nuevo, porque nadie puede
permanecer en el monte para siempre. Ahora deberá ir y ungir un rey y otro rey,
llamar a Eliseo y preparar el futuro. La misión cambia de forma, ya no consiste
solamente en grandes emprendimientos o esfuerzos, sino en formar sucesores. La
madurez ministerial desemboca en la fecundidad de la transmisión.
Conclusión
Todos estos
elementos bíblicos fecundan la figura de la Virgen del Carmen e inspiran su
papel de acompañante de los transeúntes colombianos, por todos los caminos y
medios. Ella enseña a caminar con fidelidad, a contemplar, a
discernir y a perseverar hasta el final, como lo ha hecho con los Monjes del
Monte Carmelo y toda la corriente carismática de la Familia carmelitana,
esparcida por el mundo. El Monte Carmelo no es solo un lugar geográfico,
sino el símbolo teológico que representa la fidelidad a Dios en medio de la
prueba, lugar de la alianza renovada, escucha de su Palabra y seguimiento de su
voluntad.
Elías nos enseña
el ardor del profeta, María del Carmen nos ayuda a formar el corazón de
discípulos, con el escapulario encima como señal; el Carmelo nos muestra el
valor del silencio contemplativo y fuego del cielo nos anuncia la esperanza que
brinda la fe y la confianza en la fidelidad al Dios de la Alianza.

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