jueves, 17 de septiembre de 2026

Aprendiendo a ser: de niña a mujer

 Mi vida – mi camino: un viaje con posada …

Quizá este retiro sea una oportunidad para detenerte en tu camino y mirar hacia atrás, recordar las etapas recorridas. De pronto puedas caer en la cuenta que no necesitabas tener todo claro cuando saliste de la casa y entraste en el colegio. Que lo importante ha sido el haber caminado y aprendido a hacerlo: a salir cada día y caminar, a caer y levantarte, a preguntar y escuchar, a recibir, dar y agradecer, a soñar y trabajar, a amar y dejarte amar, a confiar.

Quizá descubriste que, mientras tú pensabas que estabas caminando sola, Dios caminaba contigo, por eso hoy puedes decir: mi vida es un regalo, mi historia tiene sentido, en mi camino puedo marcar una etapa más, vencida. Lista para continuar, aún sin saber a ciencia cierta hacia dónde me llevará el camino. Quiero caminar, aún entre piedras, cruces y desvíos, con esperanza y valentía, sin olvidarme de “hacer el bien, bien hecho”, de la mano de Dios.

Parábola introductoria

Había una vez, en cualquier lugar de este mundo, una niña que comenzó a caminar sin saber exactamente hacia dónde iba.

 Al principio, otros decidían por ella: sus padres la llevaban de la mano, le indicaban por dónde caminar, la protegían de los peligros y celebraban cada pequeño paso que daba. Después llegó el colegio. Allí encontró maestras, compañeras, amigas, libros, juegos, dificultades, triunfos, lágrimas, risas y muchas preguntas. Casi sin darse cuenta, aquella niña fue creciendo.

Un día descubrió que ya no era la pequeña que necesitaba que le dijeran constantemente qué hacer, a dónde ir. Ahora le pasaban muchas ideas (sueños) por la cabeza y por su corazón, todo mezclado con infinidad de dudas y preguntas y casi ninguna respuesta clara: ¿Quién soy ahora?, ¿Qué quiero hacer con mi vida, ahora que me gradúe?, ¿Qué sé hacer o para qué soy buena?, ¿Qué pienso estudiar, dónde, cómo y con qué?, ¿Dónde me veo dentro de unos años?, ¿Con quién me veo en los próximos años? ¿Será que voy a encontrar mi lugar en este mundo?, ¿Seré feliz?

Muchas de estas preguntas me han venido acompañando últimamente. Me parece chévere recibir el diploma de Bachiller, pero me preocupa lo que viene. Algunos asuntos los tengo claros, aunque siento que mi vida tomará un nuevo rumbo, después de esta etapa alcanzada. Pienso que todos estos años de estudio me han ofrecido un método (del latín methodus, heredado del griego μέθοδος (méthodos), término compuesto por meta - “hacia”, “a lo largo de”— y hodós - “camino”), un camino orientado hacia un fin, la construcción consciente y responsable de mí misma, una dirección de mi pensar y actuar, proyectados en objetivos realizables. Me corresponde, mañana, dar el primer paso hacia mi futuro, aunque algo ya he previsto y realizado.  

1. Miro hacia atrás: mi camino ya tiene historia

Antes de preguntarme hacia dónde voy, hoy en este retiro, quiero mirar con gratitud de dónde vengo y cómo he hecho para llegar hasta aquí …

Me encuentro delante de rostros y de nombres: las personas que me dieron la vida, quienes me cuidaron, quienes creyeron en mí, quienes me enseñaron, me corrigieron, caminaron conmigo. También están mis amigas/os, mis compañeras, aquellas personas con las que compartí años que quizá nunca volverán a repetirse, experiencias, viajes, paisajes, aventuras. Encuentro también rostros de personas que me han hecho mal o me han ofendido de varias maneras. Con algunas me he vuelto a encontrar y otras no las he vuelto a ver, a alagunas las he perdonado y me he reconciliado, con otras no.

Están mis propios recuerdos, momentos de los que me siento orgullosa y otros que quisiera borrar, olvidar. Alguna vez he fracasado, me he sentido frustrada y hasta decepcionada de mí misma y de los demás. Ha habido momentos en que pensaba que no podía, que no veía, que no quería seguir.

Pero aquí estoy y aquí voy. Mi historia no está hecha solamente de éxitos y momentos felices, también de caídas, aprendizajes, heridas y oportunidades.

Por eso, no tengas miedo de mirar tu pasado. No puedes cambiar lo que ocurrió, pero sí puedes decidir qué hacer con aquello que te ocurrió, para no quedarte en el pasado. Una herida puede convertirse en amargura o en sabiduría. Un fracaso puede convertirse en derrota o en aprendizaje. Un error puede convertirse en culpa permanente o en una oportunidad para comenzar de nuevo, un dolor se puede transformar en sufrimiento o en desafío y superación. Tu pasado no tiene que ser una cárcel, puede convertirse en una escuela.

2. Descanso e interiorizo (guardo en mi corazón)

Ahora me vuelve la vieja pregunta: ¿Quién soy yo? No soy solamente la primera, ni la última de la clase, o de pronto sí.  Tampoco soy solamente lo que aparento con mi uniforme o mis trajes y maquillajes. No me reconozco por el número de seguidores que tengo en mi red social, ni la última imagen que subí a mi estado, ni mucho menos el avatar que construí. Tampoco siento que soy aquello que los demás dicen de mí. No soy mis errores, ni mucho menos lo que todavía no he conseguido, aunque algunas veces presuma.

Sé que soy una persona única, irrepetible, valiosa. Sé que hay algo en mí que me hace original y que nadie puedo ofrecérmelo de la misma manera que lo puedo hacer yo misma. Tengo talentos, sensibilidad, capacidades, amor para donar y necesidad de recibir. Tengo una manera propia de mirar el mundo y una historia que solo yo he vivido y seguiré construyendo.

Por eso, no quiero vivir mi vida intentando ser una copia de nadie. No necesito ser como aquella que (…). No pretendo tener resuelto hoy lo que quizá descubriré mañana, dentro de cinco o diez años. No tengo miedo de decir: todavía estoy descubriéndome y descubriendo el mundo y los demás. Inclusive, no sé qué quiero hacer con mi vida, pero estoy segura que las respuestas o propuestas aparecerán, pues entiendo que el camino se descubre y hace caminando. De un momento al otro una puerta se abre después de otra; una persona aparece en el momento inesperado; una experiencia despierta una vocación; un fracaso cambia mi dirección; una dificultad revela una fortaleza que desconocía. No tengo miedo que mi camino sea diferente al de las demás, pues es el mío.

4. Alguien camina conmigo

Desde la fe cristiana, que me han transmito y he vivido, sé que no estoy sola en este caminar, Dios no me ha creado para abandonarme después. Él conoce mi historia en la medida que yo la reconozco y la asumo. Conoce mis sueños y también mis miedos, mis preguntas, hasta las que nunca me he atrevido a expresar. Cree en mí incluso cuando yo misma dudo de mí.

Los Evangelios nos presentan al Emmanuel (Dios con nosotros), llamado Jesús, ese hermano, amigo y compañero en el camino. Lo presentan caminando con personas que tienen miedo, que se acerca a quienes están confundidos, que escucha a quienes necesitan ser escuchados, que levanta a quienes han caído y abre caminos allí donde parecía que ya no había ninguno. 

Quizá eso es precisamente lo que necesitas recordar hoy, al terminar esta etapa de colegio: no tienes que conocer todo el camino para continuar, pero si puedes reconocer el que ya has recorrido y dar el siguiente paso con seguridad y confianza.

5. Tu vida es una vocación

La palabra vocación significa llamada, aunque a veces se reduzca a la vocación sacerdotal, religiosa o misionera. Pero no, la vocación es mucho más amplia. Tu vida misma es una vocación, una llamada a ser plenamente tú, a desarrollar tus capacidades, a amar y servir. Todos tenemos una vocación, una llamada a ser feliz.  

Un día tendrás una profesión, pero esta no será toda tu vida, es apenas una capacitación para hacer lo que te gusta o te propones hacer. Una manera de realizar tu vocación. Por eso debes ampliar tus preguntas: “¿Qué quiero llegar a ser?” o sea, “¿Qué clase de persona quiero ser?” Porque puedes llegar a ser una excelente profesional sin corazón ni compasión. Puedes tener mucho dinero y olvidarte de los demás. Puedes alcanzar grandes éxitos y sentirte profundamente sola y vacía. Pero también puedes utilizar tus conocimientos, tus talentos y tu profesión para participar en la construcción de otro mundo posible, visto que este en el que vivimos no es el mejor.

6. Lleva un mapa y una brújula

Seguramente ahora mismo no tienes un mapa claro de tu futuro, pero si puedes elegir una brújula, que te ayude a decidir cuando tengas que escoger entre varios caminos. Esa brújula puede estar formada por valores, muchos de ellos ya sembrados en tu corazón: la ética, el respeto, la alegría, la verdad, la justicia, la solidaridad, la honestidad, la responsabilidad, la compasión, la misericordia, la consolación, la fe, el amor y muchos más.

Cuando no sepas qué decisión tomar te puedes preguntar: ¿Esto me hace crecer como persona? ¿Esto me acerca al bien? ¿Esto es ético? ¿Esto respeta mi dignidad y la de los demás? ¿Esto me hace más libre? ¿Esto me ayuda a amar y servir como Jesús? ¿Esto consuela, me hace instrumento de paz como al hermano Francisco de Asís? Quizá no siempre tendrás respuestas fáciles, pero contarás con una brújula dentro de ti que te orienta.

7. Y si alguna vez te pierdes …

Habrá días en que te sentirás fuerte y otros en que tendrás miedo. Algunos días dirás: voy por buen camino y otros pensarás: no sé dónde estoy. No tengas miedo de perderte alguna vez, hasta los caminos más hermosos tienen curvas, cruces y momentos de incertidumbre: para y pregunta, busca, escucha, ora, pide ayuda, comienza otra vez. Empezar de nuevo no es fracasar, muchas veces es la manera de encontrar el verdadero camino y poder continuar.

Mi camino

Ahora imagina delante de ti un camino. Este ha sido el camino de tu vida. Mira hacia atrás e identifica tres momentos que agradeces:

·        1. …

·        2. …

·        3. …

Después escoge una dificultad que pudiste superar y te hizo crecer. Recuerda a algunas personas que han sido importante para ti.

Finalmente mira hacia adelante y sorpréndete: ¡qué susto, hay mucho que hacer! El camino todavía no está ni trazado, pero, ¡qué lindo, me queda mucho por vivir!

Pregúntate en silencio: ¿Qué sueño quiero cultivar? ¿Qué miedo necesito entregar? ¿Qué persona quiero llegar a ser? ¿Qué regalo quiero ofrecer al mundo? ¿Qué le quiero pedir hoy a Dios para mi caminar?

Cuando mañana salgas del colegio, muchas cosas habrán cambiado: los horarios, el grupo de compañeras, los recorridos, hasta el morral. Algunas amistades continuarán, otras tomarán caminos diferentes, llegarán nuevas personas, nuevas experiencias, nuevos desafíos. Pero hay algo que nadie podrá quitarte: la posibilidad de seguir construyendo tu historia.

No permitas que otros escriban completamente tu vida, suelta lo que hay que soltar y acoge lo que más te convenga de lo que ves llegar. Escucha consejos, pero aprende a discernir, ama a quienes te acompañan, pero aprende también a caminar con autonomía, sueña en grande sin dejar de comenzar con pequeños pasos cada día. Y cuando tengas que elegir entre el camino más fácil o más rápido y el camino que te hace crecer, aunque sea más largo y difícil, recuerda que no siempre el más cómodo es el mejor.

Como la joven María de Nazaret, levántate y emprende el camino sin pereza ni miedo, arriesgando y enfrentando lo desconocido, pronta, con positiva actitud, dispuesta a acompañar a quienes necesitan ayuda para que la vida nazca y viva, como la anciana Isabel (Lc 1, 39-56). Entra en los mundos de los otros y llena el ambiente de alegría y buen sabor, al tiempo que saboreas lo que allí te ofrecen. ¡Sé sal, como propone Jesús! (Mt 5, 13-16).