lunes, 12 de enero de 2015

Qué don maravilloso éste de la luz...

Hágase la luz         

La ONU declaró 2015 como el Año de la Luz, en conmemoración de los mil años de publicación de ‘El libro de la óptica’, obra en la que se desarrolló una de las ideas más importantes en la historia de la física.     
    
 
“Entonces Dios dijo: ‘Hágase la luz’, y hubo luz”. Génesis 1:3
 

Vivimos en un mundo inundado y definido por la luz. Durante el día, la luz de la estrella que llamamos Sol calienta e ilumina nuestro planeta iniciando el ciclo en el cual existen todas las formas de vida que conocemos. Durante la noche, el firmamento se cubre de puntos luminosos que no son más que la luz de millones de soles mucho más lejanos. La progresión del día y la noche marca para nosotros el paso del tiempo y es la esencia misma de lo que consideramos natural. Sin embargo, pese a la regularidad de los días y las noches, la luz fue durante mucho tiempo un misterio que asociamos a la divinidad, a todo aquello que está más allá de nuestra comprensión, pero constituye una parte esencial de lo que somos. Para nuestros antepasados, la luz era la creación, la luz era Dios, entender los misterios de la luz era revelar la esencia de Dios y de nuestra existencia.
 
Para los antiguos griegos, la percepción de la luz a través de la visión era una de las formas en que penetramos en el universo. Probablemente el primer pensador occidental que formuló una teoría sobre la luz basada en esta idea fue Empédocles, un filósofo griego que vivió en la actual isla de Sicilia en Italia hace más de 2.500 años. Para él, partículas en nuestros ojos se aproximaban a partículas de la misma naturaleza en los objetos, y el contacto entre las dos constituía la visión. Es decir, vemos a los objetos cuando la luz se transmite desde nuestros ojos hasta alcanzarlos como si nuestros ojos fuesen un faro que revela el mundo a nuestro alrededor.
 
Empédocles es conocido por su teoría de los cuatro elementos (fuego, aire, agua y tierra), que consideraba como los ingredientes fundamentales de todo lo que existe. Algunas historias no confirmadas cuentan que terminó sus días arrojándose a las llamas del volcán en la cima del monte Etna para alcanzar la inmortalidad. Si bien su cuerpo no pudo haber sobrevivido a esa prueba, sus ideas sobre la luz se inmortalizaron en el trabajo de Aristóteles, Euclides y otros filósofos y matemáticos que lo sucedieron.
 
La idea de que la luz se mueve desde los ojos en línea recta hasta alcanzar los objetos permite explicar por qué los objetos se ven más pequeños cuando se encuentran más lejos o por qué parecen cambiar de forma cuando se sumergen en agua. Esta idea también permite usar los movimientos de las estrellas como guías para la navegación, y fue así como se expandieron las rutas comerciales que llevaron la influencia de los griegos hasta los confines del mundo conocido. Pero pasarían aún muchos años para entender la relación entre la luz y la realidad que percibimos a través de nuestros ojos.
 
En el ocaso de la civilización griega, el mundo europeo entró en una época de crisis. Guerras e invasiones destruyeron ciudades, se quemaron bibliotecas y se disolvieron comunidades de filósofos que estudiaban la naturaleza. Gran parte del conocimiento que había sido acumulado durante siglos se perdió para siempre.
 
Hace unos 1.300 años, Sicilia y algunos otros lugares en las costas del mar Mediterráneo quedaron dentro del dominio del islam, que se expandía desde el Norte de África. Bajo el islam, el conocimiento de los griegos tuvo un destino más afortunado que en otros lugares de Europa y Asia. La mayoría de lo que sobrevivió de las antiguas teorías sobre la luz se transmitió hasta nuestros tiempos gracias a los pensadores musulmanes que durante siglos tradujeron, editaron y debatieron los hallazgos y las ideas de los filósofos griegos. Por esto, no es una sorpresa que las bases de nuestro conocimiento de la luz están en el trabajo de un estudioso musulmán nacido en la ciudad de Basra (en el actual país de Irak): Abu Ali al Hasan ibn al Haytham, más conocido con Alhazen.
 
Alhazen, como muchos otros científicos en la historia de la humanidad, tenía que financiar sus investigaciones manteniendo estrechos lazos con los gobernantes de su tiempo. Cuentan algunas historias que el califa de El Cairo, Al Hakim, le ordenó a Alhazen, ya conocido por su profundo conocimiento en geometría y matemáticas, diseñar un plan para controlar las inundaciones producidas por el río Nilo. Alhazen sabía que esa labor era imposible (es aún muy difícil con la tecnología de nuestros tiempos) y que el fracaso significaba la pena de muerte, por lo cual decidió fingir locura para escapar a la ira del gobernante. Sin embargo, su plan no funcionó como imaginaba y fue puesto en confinamiento bajo constante vigilancia durante 10 años. Fue solamente con la muerte del califa que Alhazen fue puesto en libertad, y luego de demostrar que no estaba loco desarrolló una de las ideas más importantes en la historia de la física.
 
Alhazen demostró que los rayos de luz no salen de los ojos sino que, por el contrario, la luz llega a nosotros de forma independiente a nuestros sentidos. Este descubrimiento contradice las ideas de los antiguos griegos, que después de más de mil años se habían convertido en un dogma irrefutable en otras partes del mundo. Para Alhazen, la luz es independiente de nuestros ojos, el mundo es independiente de la percepción y la visión es apenas una herramienta con la que podemos descubrir la realidad que existe más allá de nosotros mismos, una idea que antecede lo que muchos años después se conocería como el método científico. Alhazen describió la forma en que la luz puede rebotar en los objetos, estudió la fisiología del ojo y enunció los principios que preceden a las cámaras fotográficas modernas y otros instrumentos ópticos en su trabajo El libro de la óptica, el cual cumple mil años en 2015.
 
El libro de la óptica se difundió en el mundo occidental en múltiples traducciones que influenciaron a personajes como Leonardo Da Vinci, Galileo Galilei y René Descartes, para mencionar apenas unos pocos. Las ideas de Alhazen constituyen los pilares de nuestro descubrimiento de la luz y de nuestro entendimiento del mundo a través de la ciencia. Es en reconocimiento al aniversario de El libro de la óptica, y considerando la importancia de las tecnologías basada en la luz para la vida moderna, que las Naciones Unidas han declarado 2015 como el Año Internacional de la Luz. Con motivo de esta celebración, y en colaboración con El Espectador, presentaremos durante este año una serie de historias en las que la luz es protagonista, desde el descubrimiento de la radiación de fondo del Big Bang hasta las transmisiones vía satélite, desde el descubrimiento de los rayos X hasta las terapias de radiación para combatir el cáncer, desde la cámara oscura de Alhazen hasta el cine en 3D. 
 
* Ph.D. Investigador colombiano del Instituto de Astrofísica Espacial (Francia).

jueves, 1 de enero de 2015

No hay noche eterna!

Dadnos hoy el sol de mañana...
 
En este Nuevo Año solar,
el Sol se renueva y vuelve a su giro celeste anual,
después de haberse ocultado en el horizonte. 
 
Qué bueno, salió el sol!
Abre la ventana para que entre: es salud!
Con su luz, todo se pone en movimiento!
También tu y yo nos ponemos a caminar...
 
 
El sol vuelve a nacer,
a subir, a iluminar, calentar y animar. 
Siempre ha estado, está y estará al servicio de la vida.
Gracias al Creador y Redentor
 
Limpia fuente de energía vital e industrial,
gratis, además, para no contaminar.
Está ahí para quién la quiera reciclar y disfrutar.

Agradezcamos, celebremos y cuidemos 
 como la Madre de la ConSOLación.
 
Que puedas continuar el camino de la vida, 
en la luz y con el calor del sol de hoy,
lleno de energía vital.

 

lunes, 15 de diciembre de 2014

No digas; a mi no me importa!

 
“Pan-Amazonía: fuente de vida en el corazón de la Iglesia”
 
http://redamazonica.org/documentos/
 
Encuentro de presentación y definición de horizontes de laRed Eclesial Pan-Amazónica - REPAM  en el marco de nuestras redes internacionales y la colaboración fraterna.
2 y 3 de Marzo 2015
Roma, Italia
Convocan: Pontificio Consejo Justicia y Paz (PCJyP), Departamento Justicia y Solidaridad (DEJUSOL) del CELAM, Comisión para la Amazonía de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), Secretariado Latinoamericano y del Caribe de Cáritas (SELACC), y Confederación Latinoamericana y Caribeña de Religiosos y Religiosas (CLAR).
El encuentro se dividirá en dos partes:
2 de Marzo por la mañana de 10:00 a 12:15. Evento oficial de lanzamiento y presentación de la REPAM ante autoridades del Vaticano, redes fraternas, representantes oficiales, y amigos-as. Este evento será, posiblemente, en la Sala de Prensa del Vaticano (todavía por confirmarse). Será coordinado por el Pontificio Consejo Justicia y Paz. Idiomas: Español e Italiano (con traducción disponible).
Tarde del 2 de Marzo (12:30 a 20:00) y todo el 3 de Marzo (8:30 a 20:00). Espacio de trabajo para los que integran la REPAM o hacen parte del proceso de construcción de la misma, según los objetivos que se presentan posteriormente. Esto será en la sede de la Curia de los Misioneros de la Consolata (agradecemos mucho su hospitalidad y apertura). Dirección: Istituto Missioni Consolata. Viale delle Mura Aurelie, 11-13. 00165. Roma Italia. Tel. 39 06 393.821. Posteriormente les haremos llegar un mapa y más información. Coordinado por el Comité Ejecutivo de la REPAM. Idioma: Español (y portugués). En caso de invitados especiales (casos particulares) se buscará apoyarles con traducción simultánea al inglés.

 
 
 
 
 


miércoles, 10 de diciembre de 2014

La alegria de la compañia


Un año para pensar, orar y vivir la Vida Consagrada
 
 
Consolad, consolad a mi Pueblo
Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios. Hablad al corazón de Jerusalén. (Is. 40, 1-2)

A la escucha

Con una peculiaridad estilística que se encuentra también más adelante (cf. Is 51,17; 52,1: ¡Despierta, despierta!), los oráculos de la segunda parte de Isaías (Is 40-55) lanzan una llamada entusiasta a socorrer a Israel deportado, que tiende a cerrarse en el vacío de una memoria fallida. El contexto histórico pertenece claramente a la fase de la larga deportación del pueblo en Babilonia (587-538 A.C), con la consiguiente humillación y el sentido de impotencia para salir de ella. Todavía, la disgregación del imperio asirio bajo la presión de la nueva potencia emergente, la de Persia, guiada por el astro naciente que fue Ciro, hace intuir al profeta que podría realizarse una liberación inesperada. Y así será. El profeta, inspirado por Dios, da voz pública a esta posibilidad, interpretando las agitaciones políticas y militares como acción guiada misteriosamente por Dios a través de Ciro y proclama que la liberación está cerca y el retorno a la tierra de los padres está a punto de realizarse.

Las palabras de Isaías: Consolad... hablad al corazón, se encuentran con una cierta frecuencia en el Antiguo Testamento y tienen particular valor los términos que se repiten en los diálogos de ternura y de afecto. Como cuando Rut reconoce que Booz la ha consolado y ha hablado a su corazón (cf. Rt 2,12) o bien en la famosa página de Oseas que anuncia a su mujer (Gomer) que la llevará al desierto y hablará a su corazón (cf. Os 2,16-17) para un tiempo de fidelidad. Encontramos paralelos similares en el diálogo de Siquem, hijo de Jamor, enamorado de Dina (cf. Gn 34,1-5) o en el del levita de Efraim que habla a la concubina que lo ha abandonado (cf. Jc 19,3).

Se trata pues de un lenguaje que se explica en el horizonte del amor, no sólo de una palabra de aliento: acción y palabra juntas, delicadas y alentadoras, que evocan los profundos lazos afectivos de Dios “esposo” de Israel. Y la consolación debe ser epifanía de una pertenencia recíproca, juego de empatía intensa, de conmoción y unión vital. No se trata pues de palabras superficiales y dulzonas sino de entrañas de misericordia, abrazo que da fuerza y es paciente cercanía para hallar los caminos de la confianza.

Llevar el abrazo de Dios

«La gente de hoy tiene necesidad ciertamente de palabras, pero sobre todo tiene necesidad de que demos testimonio de la misericordia, la ternura del Señor, que enardece el corazón, despierta la esperanza, atrae hacia el bien. ¡La alegría de llevar la consolación de Dios!».

El Papa Francisco nos confía a nosotros consagrados y consagradas esta misión: encontrar al Señor, que nos consuela como una madre, y consolar al pueblo de Dios.

De la alegría del encuentro con el Señor y de su llamada brota el servicio en la Iglesia, la misión: llevar a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo la consolación de Dios, testimoniar su misericordia.

En la visión de Jesús la consolación es don del Espíritu, el Paráclito, el Consolador que nos consuela en las pruebas y enciende una esperanza que no decepciona. La consolación cristiana se convierte así en consuelo, aliento, esperanza: es presencia operante del Espíritu (cf. Jn 14, 16-17), fruto del Espíritu y el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza (Ga 5, 22).

En un mundo de desconfianza, desaliento, depresión, en una cultura en donde hombres y mujeres se dejan llevar por la fragilidad y la debilidad, el individualismo y los intereses personales, se nos pide introducir la confianza en la posibilidad de una felicidad verdadera, de una esperanza posible, que no se apoye únicamente en los talentos, en las cualidades, en el saber, sino en Dios. A todos se nos da la posibilidad de encontrarlo, basta buscarle con corazón sincero.

Los hombres y las mujeres de nuestro tiempo esperan una palabra de consolación, de cercanía, de perdón y de alegría verdadera. Somos llamados a llevar a todos el abrazo de Dios, que se inclina con ternura de madre hacia nosotros: consagrados, signo de humanidad plena, facilitadores y no controladores de la gracia, bajo el signo de la consolación.

La ternura nos hace bien

Como testigos de comunión, no obstante nuestro modo de ver y nuestra limitación, estamos llamados a llevar la sonrisa de Dios, y la fraternidad es el primer y más creíble evangelio que podemos narrar. Se nos pide humanizar nuestras comunidades: «Cuidar la amistad entre vosotras, la vida de familia, el amor entre vosotras. Que el monasterio no sea un Purgatorio, que sea una familia. Los problemas están, estarán, pero, como se hace en una familia, con amor, buscar la solución con amor; no destruir esto para resolver aquello; no competir. Cuidar la vida de comunidad, porque cuando la vida de comunidad es así, de familia, es precisamente el Espíritu Santo quien está en medio de la comunidad. Estas dos cosas quería deciros: la contemplación siempre, siempre con Jesús —Jesús, Dios y Hombre—; y la vida de comunidad, siempre con un corazón grande. Dejando pasar, no vanagloriarse, soportar todo, sonreír desde del corazón. El signo de ello es la alegría».

La alegría se consolida en la experiencia de fraternidad, como lugar teológico, donde cada uno es responsable de la fidelidad al Evangelio y del crecimiento de los demás. Cuando una fraternidad se alimenta del mismo Cuerpo y Sangre de Jesús y se reúne alrededor del Hijo de Dios, para compartir el camino de fe conducido por la Palabra, se hace una cosa sola con él, es una fraternidad en comunión que experimenta el amor gratuito y vive en fiesta, libre, alegre, llena de audacia.

«Una fraternidad sin alegría es una fraternidad que se apaga [...] Una fraternidad donde abunda la alegría es un verdadero don de lo Alto a los hermanos que saben pedirlo y que saben aceptarse y se comprometen en la vida fraterna confiando en la acción del Espíritu».

En un tiempo en el que la fragmentariedad alimenta un individualismo estéril y de masa y la debilidad de las relaciones disgrega y estropea el cuidado de lo humano, se nos invita a humanizar las relaciones de fraternidad para favorecer la comunión de corazón y de alma según el Evangelio porque «existe una comunión de vida entre todos aquellos que pertenecen a Cristo. Una comunión que nace de la fe» y que hace a «la Iglesia, en su verdad más profunda, comunión con Dios, familiaridad con Dios, comunión de amor con Cristo y con el Padre en el Espíritu Santo, que se prolonga en una comunión fraterna».

Para el Papa Francisco la ternura es signo distintivo de la fraternidad, una «ternura eucarística», porque «la ternura nos hace bien.» La fraternidad tendrá «una fuerza de convocación enorme. […] la hermandad incluso con todas las diferencias posibles, es una experiencia de amor que va más allá de los conflictos».

La cercanía como compañía

Estamos llamados a realizar un éxodo de nosotros mismos en un camino de adoración y de servicio. «¡Salir por la puerta para buscar y encontrar! Tengan el valor de ir contracorriente de esta cultura eficientista, de esta cultura del descarte. El encuentro y la acogida de todos, la solidaridad, es una palabra que la están escondiendo en esta cultura, casi una mala palabra, la solidaridad y la fraternidad, son elementos que hacen nuestra civilización verdaderamente humana. Ser servidores de la comunión y de la cultura del encuentro. Los quisiera casi obsesionados en este sentido. Y hacerlo sin ser presuntuosos».

"El fantasma que se debe combatir es la imagen de la vida religiosa entendida como refugio y consuelo ante un mundo externo difícil y complejo" El Papa nos pide «salir del nido», para ser enviados a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, entregándonos a Dios y al prójimo.

«¡La alegría nace de la gratuidad de un encuentro […] Y la alegría del encuentro con Él y de su llamada lleva a no cerrarse, sino a abrirse; lleva al servicio en la Iglesia. Santo Tomás decía bonum est diffusivum sui —no es un latín muy difícil—, el bien se difunde. Y también la alegría se difunde. No tengáis miedo de mostrar la alegría de haber respondido a la llamada del Señor, a su elección de amor, y de testimoniar su Evangelio en el servicio a la Iglesia. Y la alegría, la verdad, es contagiosa; contagia… hace ir adelante».

Frente al testimonio contagioso de alegría, serenidad, fecundidad, ante el testimonio de la ternura y del amor, de la caridad humilde, sin prepotencia, muchos sienten el deseo de venir y ver.

El Papa Francisco ha indicado varias veces el camino de la atracción, del contagio, como vía para hacer crecer a la Iglesia, vía de la nueva evangelización. «La Iglesia debe ser atractiva. ¡Despertar al mundo! ¡Sean testimonio de un modo distinto de hacer, de actuar, de vivir! Es posible vivir de un modo distinto en este mundo […] Por lo tanto, esto que me espero es el testimonio».

Confiándonos la tarea de despertar el mundo el Papa nos impulsa al encuentro de los hombres y mujeres de hoy a la luz de dos elementos pastorales que tienen su raíz en la novedad del Evangelio: la cercanía y el encuentro, dos modos mediante los cuales Dios mismo se ha revelado en la historia hasta la Encarnación.

En el camino de Emaús, hacemos nuestros, como Jesús con los discípulos, las alegrías y los sufrimientos de la gente, dando «calor al corazón», mientras esperamos con ternura al que se siente cansado, débil, para que el camino en común tenga luz y sentido en Cristo.

Nuestro camino «madura hacia la paternidad pastoral, hacia la maternidad pastoral, y cuando un sacerdote no es padre de su comunidad, cuando una religiosa no es madre de todos aquellos con los que trabaja, se vuelve triste. Este es el problema. Por eso os digo: la raíz de la tristeza en la vida pastoral está precisamente en la falta de paternidad y maternidad, que viene de vivir mal esta consagración, que, en cambio, nos debe llevar a la fecundidad».

La inquietud del amor

Iconos vivientes de la maternidad y de la cercanía de la Iglesia, vamos hacia quienes esperan la Palabra de consolación inclinándonos con amor materno y espíritu paterno hacia los pobres y los débiles.

El Papa nos invita a no privatizar el amor y con la inquietud de quien busca: «Buscar siempre, sin descanso, el bien del otro, de la persona amada».

La crisis de sentido del hombre moderno y la crisis económica y moral de la sociedad occidental y de sus instituciones no son un acontecimiento pasajero de nuestro tiempo, sino un momento histórico de excepcional importancia. Estamos llamados como Iglesia a salir para dirigirnos hacia las periferias geográficas, urbanas y existenciales —las del misterio del pecado, del dolor, de las injusticias, de la miseria—, hacia los lugares escondidos del alma dónde cada persona experimenta la alegría y el sufrimiento de la vida.

«Vivimos en una cultura del desencuentro, una cultura de la fragmentación, una cultura en la que lo que no me sirve lo tiro, la cultura del descarte […] hoy, hallar a un vagabundo muerto de frío no es noticia, sin embargo “la pobreza es una categoría teologal porque el Hijo de Dios se abajó, se hizo pobre para caminar con nosotros por el camino […] Una Iglesia pobre para los pobres empieza con ir hacia la carne de Cristo. Si vamos hacia la carne de Cristo, comenzamos a entender algo, a entender qué es esta pobreza, la pobreza del Señor».

Vivir la bienaventuranza de los pobres significa que la angustia de la soledad y de la limitación ha sido vencida por la alegría de quien es realmente libre en Cristo y ha aprendido a amar.

Durante su visita pastoral a Asís, el Papa Francisco se preguntaba de qué debe despojarse la Iglesia. Y respondía: «despojarse de toda acción que no es por Dios, no es de Dios; del miedo de abrir las puertas y de salir al encuentro de todos, especialmente de los más pobres, necesitados, lejanos, sin esperar; cierto, no para perderse en el naufragio del mundo, sino para llevar con valor la luz de Cristo, la luz del Evangelio, también en la oscuridad, donde no se ve, donde puede suceder el tropiezo; despojarse de la tranquilidad aparente que dan las estructuras, ciertamente necesarias e importantes, pero que no deben oscurecer jamás la única fuerza verdadera que lleva en sí: la de Dios. Él es nuestra fuerza».

Es para nosotros una invitación a «no tener miedo a dejar caer las estructuras caducas. La Iglesia es libre. La lleva adelante el Espíritu Santo. Nos lo enseña Jesús en el evangelio: la libertad necesaria para encontrar siempre la novedad del evangelio en nuestra vida y también en las estructuras. La libertad de elegir odres nuevos para esta novedad».

Estamos invitados a ser hombres y mujeres audaces, de frontera: «Nuestra fe no es una fe-laboratorio, sino una fe-camino, una fe histórica. Dios se ha revelado como historia, no como un compendio de verdades abstractas. […] No hay que llevarse la frontera a casa, sino vivir en frontera y ser audaces».

Junto al desafío de la bienaventuranza de los pobres, el Papa invita a visitar las fronteras del pensamiento y de la cultura, a favorecer el diálogo, también a nivel intelectual, para dar razón de la esperanza basada en criterios éticos y espirituales, interrogándonos sobre lo que es bueno. La fe no reduce jamás el espacio de la razón, lo abre más bien a una visión integral del hombre y de la realidad e impide reducir al hombre a «material humano».

La cultura, llamada a servir constantemente a la humanidad en todas sus condiciones, si es auténtica, abre a itinerarios inexplorados, pasos de respiro de esperanza que consolidan el sentido de la vida y custodian el bien común. Un auténtico proceso cultural «hace crecer la humanización integral y la cultura del encuentro y de la relación; ésta es la manera cristiana de promover el bien común, la alegría de vivir. Y aquí convergen la fe y la razón, la dimensión religiosa con los diferentes aspectos de la cultura humana: el arte, la ciencia, el trabajo, la literatura». Una verdadera búsqueda cultural se encuentra con la historia y abre caminos hacia el rostro de Dios.

Los lugares en los que se elabora y se comunica el saber son también lugares en los que se debe crear una cultura de la cercanía, del encuentro y del diálogo, superando defensas, abriendo puertas, construyendo puentes.
 

domingo, 7 de diciembre de 2014

Los temas del clima, la energia y el SOL tambièn son nuestros

 
Te afecta el cambio climatico?
 
 
 
En 1979 se llevó a cabo la primera Conferencia Mundial sobre el Clima. Once años después, en 1990,  tiene lugar la segunda conferencia, donde se solicita un tratado mundial sobre cambio climático. En la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro de 1992, la Convención Marco sobre el Cambio Climático (CMNUCC) queda lista para la firma y entra en vigor el 21 de marzo de 1994.

En 1995 se celebra en Berlín la primera COP. La vigésima edición – COP20 – tendrá lugar en Lima entre el 1 y 12 de diciembre de 2014.
 
 

A Palavra de Deus na voz de Francisco

Tempo de consolação 
 
O Sol nascente nos visita também hoje

 Queridos irmãos e irmãs, bom dia!

Este domingo marca a segunda etapa do Tempo do Advento, um tempo maravilhoso que desperta em nós a espera pelo retorno de Cristo e a memória da sua vinda histórica. A Liturgia de hoje nos apresenta uma mensagem cheia de esperança. É o convite do Senhor expresso pela boca do profeta Isaías: “Consolai, consolai o meu povo, diz o vosso Deus” (40, 1). Com estas palavras se abre o Livro da consolação, no qual o profeta dirige ao povo no exílio o anúncio alegre da libertação. O tempo da tribulação terminou; o povo de Israel pode olhar com confiança para o futuro: espera-o finalmente o retorno à pátria. Por isso o convite é a deixar-se consolar pelo Senhor.

Isaías se dirige a pessoas que atravessaram um período obscuro, que foram submetidas a uma prova muito dura; mas agora veio o tempo da consolação. A tristeza e o medo podem dar lugar à alegria, porque o próprio Senhor guiará o seu povo no caminho da libertação e da salvação. De que modo fará tudo isso? Com a solicitude e a ternura de um pastor que cuida do seu rebanho. Ele, de fato, dará unidade e segurança ao rebanho, o fará pastar, reunirá no seu seguro redil as ovelhas perdidas, reservará particular atenção àquelas mais frágeis (v.11). Esta é a atitude de Deus para conosco, suas criaturas. Por isso o profeta convida quem o escuta – incluindo nós, hoje – a difundir entre o povo esta mensagem de esperança: que o Senhor nos consola. E dar lugar à consolação que vem do Senhor.

Mas não podemos ser mensageiros da consolação de Deus se nós não experimentamos primeiro a alegria de ser consolado e amado por Ele. Isto acontece especialmente quando escutamos a sua Palavra, o Evangelho, que devemos levar no bolso: não se esqueçam disso! O Evangelho no bolso ou na bolsa, para lê-lo continuamente. E isto nos dá consolação: quando permanecemos em oração silenciosa na sua presença, quando O encontramos na Eucaristia ou no sacramento do Perdão. Tudo isso nos consola.

Deixemos, então, que o convite de Isaías – “Consolai, consolai o meu povo” – ressoe no nosso coração neste tempo de Advento. Hoje é preciso pessoas que sejam testemunhas da misericórdia e da ternura do Senhor, que sacuda os resignados, reanime os desanimados, acenda o fogo da esperança. Ele acende o fogo da esperança! Não nós. Tantas situações requerem o nosso testemunho consolador. Ser pessoas alegres, consoladas. Penso em quantos são oprimidos pelo sofrimento, injustiças; em quantos são escravos do dinheiro, do poder, do sucesso, da mundanidade. Pobrezinhos! Têm consolações maquiadas, não a verdadeira consolação do Senhor! Todos somos chamados a consolar os nossos irmãos, testemunhando que somente Deus pode eliminar as causas dos dramas existenciais e espirituais. Ele pode fazê-lo! É poderoso!

A mensagem de Isaías, que ressoa nesse segundo domingo do Advento, é um bálsamo sobre as nossas feridas e um estímulo a preparar com empenho o caminho do Senhor. O profeta, de fato, fala hoje ao nosso coração para nos dizer que Deus esquece os nossos pecados e nos consola. Se nós confiamos Nele com coração humilde e arrependido, Ele abaterá os muros do mal, preencherá os buracos das nossas omissões, aplainará os dorsos do orgulho e da vaidade e abrirá o caminho do encontro com Ele. É curioso, mas tantas vezes temos medo da consolação, de ser consolados. Antes, nos sentimos mais seguros na tristeza e na desolação. Sabem por que? Porque na tristeza nos sentimos quase protagonistas. Em vez disso, na consolação é o Espírito Santo o protagonista! É Ele que nos consola, é Ele que nos dá a a coragem de sair de nós mesmos. É Ele que nos leva à fonte de toda verdadeira consolação, isso é, o Pai. E esta é a conversão. Por favor, deixem-se consolar pelo Senhor! Deixem-se consolar pelo Senhor!

A Virgem Maria é o “caminho” que o próprio Deus preparou para vir ao mundo. Confiemos a ela a espera de salvação e de paz de todos os homens e mulheres do nosso tempo.
Papa Francisco