domingo, 11 de junio de 2023

Consolar

 La cosolación en letras

 


En este tema de la consolación podemos lidiar con la palabra, visto el simple y complejo juego que nos ofrece este sustantivo agudo, de cuatro sílabas, acentuado en la escritura, la pronunciación, la entonación y su composición: con-so-la-ción. Como todo y cualquier sustantivo, es capaz de cumplir, solo o dentro de cualquier oración, las funciones de sujeto explícito o de complemento directo.

Pero, claro está, consolación no es una simple palabra o nombre, que lo es, muy lindo y significativo. Es, ante todo, una acción, un estado, una atmosfera impregnada de solaz y alegría, una realidad de compasión y misericordia, de armonía y paz, de perdón y reconciliación, de justicia y solidaridad. Una expresión compuesta del verbo activo transitivo “consolar” y del sufijo “ción” que indica efecto, hecho o acción de…  

Como verbo, consolar (con-so-lar) es irregular en su conjugación, activo y pasivo, a la vez que pronominal, se puede conjugar de manera reflexiva y transitiva (consolarme, consolarte, consolarse, consolarnos, consolaros). Soy consolado y consuelo o consolando me consuelo.

A nosotros, Familia misionera de la Consolata, esparcida por el mundo, nos ha llegado desde Turín - Italia como sustantivo nominal, aplicado a María como nombre y misión: Virgen Consolata, participio femenino del verbo consolare, en italiano, consolada en castellano. Sustantivo verbalizado, etimológicamente acomodado, descompuesto o compuesto, por los hijos del sol, en las culturas andinas de las américas, como con-sol-ación. El prefijo, con, significando compañía, conexión; el astro rey, sol, que nos ilumina, calienta y llena de energía; el sufijo ción, indicando la consecuente acción de consolar. Nos sentimos, estamos-con el sol, el mismo que está en los brazos de la ConSOLata, el Nahui Ollin, símbolo máximo en la cultura nátuahl de los aztecas mesoamericanos. “Flor solar” de cuatro pétalos cuyo centro representa al Niño Sol, en el vientre de la “morenita del Tepeyac”, que nos viene a visitar: “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz” (Lc 1, 78-79).

 

Ese estar-con el Emmanuel (Dios-con-nosotros), verdadera consolación para el creyente en el Dios revelado por Jesucristo, el hijo de María de Nazaret, “es una experiencia de alegría interior, que consiente ver la presencia de Dios en todas las cosas; esta refuerza la fe y la esperanza, y también la capacidad de hacer el bien. La persona que vive la consolación no se rinde frente a las dificultades, porque experimenta una paz más fuerte que la prueba. Se trata por tanto de un gran don para la vida espiritual y para la vida en su conjunto ... es un movimiento íntimo, que toca lo profundo de nosotros mismos. No es llamativa, sino que es suave, delicada, como una gota de agua en una esponja (cfr. S. Ignacio de L., Ejercicios espirituales, 335): la persona se siente envuelta en la presencia de Dios, siempre de una forma respetuosa con la propia libertad. Nunca es algo desafinado, que trata de forzar nuestra voluntad, tampoco es una euforia pasajera: al contrario, también el dolor, por ejemplo, por los propios pecados, puede convertirse en motivo de consolación” (Papa Francisco, Catequesis sobre el discernimiento, 13/11/2022).

sábado, 27 de mayo de 2023

VIENTO Y FUEGO

Viento impetuoso en las aguas primordiales:
organizando el caos,
generando el cosmos.

¡Ven a recrear la creación contaminada, Ven!

Soplo divino en el jardín original:
animando el barro del suelo,
consolando la humanidad en duelo.

¡Ven a resucitar la vida, Ven!

Espíritu de Yahvé en la historia:
formando el pueblo antiguo,
organizando el pueblo nuevo.

¡Ven a crear y recrear la Iglesia, Ven!

Espíritu del Dios fiel:
discerniendo entre los jueces y los reyes,
acompañando a Moisés.

¡Ven a profetizar en este imperio neoliberal, Ven!

 Espíritu del Dios de la alianza en el exilio:
reviviendo montañas de huesos secos,
resucitando la vida sepultada en cementerios.

¡Ven a consolar el pueblo en su aflicción, Ven!

Espíritu materno de Dios Padre:
engendrando en Virgen al Emmanuel,
guiando al Libertador de Nazareth

¡Ven a acompañar los del Resucitado, Ven!

Fuego enviado de lo alto
calentando el frío del miedo,
abriendo puertas en el camino.

¡Ven a liberar la profecía, Ven!

Energía vital en la sala de Jerusalén:
congregando en la casa-comunidad,
enviando en misión más allá.

¡Ven a colocar en camino a los del Camino, Ven!

Viento y fuego de Pentecostés:
hablando en la lengua del otro,
escuchando en la voz de la propia cultura.

¡Ven a orientar la inculturación en la misión, Ven!

Espíritu de la diversidad y la comunión:
confundiendo el imperio unificador de las lenguas,
reconociendo las identidades locales.

¡Ven a tejer la fraternidad universal, Ven!

Espíritu de la fiesta en el corazón:
multiplicando el pan y el vino en la mesa,
congregando el pueblo para la minga.

¡Ven a fortalecer la red de la liberación, Ven!

Espíritu de Jesús, el Otro Consolador,
escogiendo el Equipo misionero de Antioquia
sigue eligiendo para enviar más allá, a anunciar y dialogar

¡Ven a nuestras Comunidad de fe, Ven!

Espíritu vital en la “comunidad de la vida”
energía de la interconexión en toda la creación
sique vinculando iguales y contrarios para la armonía y la paz.

¡Ven a articula la ecología integral, Ven!

Espíritu del amor y la amistad
compañero en el camino sinodal
haz de la Iglesia señal e instrumento de sinodalidad.

¡Ven con nosotros a caminar, Ven!

Espíritu, dádiva del Padre y del Hijo,
danos el don de la amistad social
concédenos la bendición de la Trinidad

En el nombre del Padre, del Hijos y del Espíritu Santo
¡Amén!

viernes, 14 de abril de 2023

Pascua y Misión

 La Pascua abre los caminos de la misión

Con aroma de café, donde Guillermo, en Chaparral

Experiencia pascual

Quiero contar lo que sucedió a mi alrededor y dar cuenta de lo que sucedió en mí interior. No se trata de una crónica ni de un relato, sino de un testimonio. No es el fruto de una investigación, sino de una meditación. No es para la academia de las estadísticas, sino para la vida en ascensión,

 En dónde sucedió

Fue en Chaparral, tierra del varias veces presidente de Colombia Darío Echandía (1943-1944; 1960; 1967), de ideas liberales y actitudes socialistas. Pueblo, hoy, de la Diócesis del Espinal, con cuatro Parroquias entre urbanas y rurales.

Allí, envuelto por el calor fresco de estos días santos, llegué el Domingo de Ramos de este 2023. Sentí el ambiente festivo y el olor a olivo, en el parque de los presidentes y el templo de San Juan Bautista. ¡Mucha gente en la procesión!, se rumoraba. Hemos superado, con creces, los miedos pandémicos y hemos vuelto a salir, como en otros tiempos, caminado y orado, cantado y ovacionado, se decía. Este es un pueblo religioso, de fe tradicional, que hay que despertarlo cada día para no dejarlo acomodar, dijo un experimentado conocedor.

Recibí el programa general, con el sobre para la colecta pro templo y comunidad. Saludé al P. Jesbaan, párroco con temperamento de exigente pastor y escuché atento mi misión que cada día sería especificada mejor. Desde adentro respondí: vine a colocarme a disposición y esto me exige atención, escucha, obediencia y prontitud creativa para responder cuando me toque. Buscaré primero el Reino de Dios y lo demás (cama, mesa, amistad, etc.) me vendrá por añadidura.

Durante el saludo cordial, ¡todo está organizado!, se me advirtió, mientras se me indicaba la familia que me hospedó. El Camino Neocatecumenal me fue indicando la ruta familiar, desde la noche del primer día hasta la Vigilia del último con el pregón pascual, tarareado con nostalgia por los generosos hospederos que recordaban las solemnes vigilias celebradas con los hermanos en el Espinal.

Profesionales y universitarios en misión

La misión de los enviados por Jesús es de dos en dos o más. A mí me envió, esta vez, con 36 más, unos con largo recorrido y otros para iniciar, todos discípulos misioneros al servicio de la misma misión: testimoniar al Maestro en medio de las gentes, anunciarlo con pasión, amabilidad y creatividad, convocar y formar nuevos seguidores para el trabajo al servicio de ese “otro mundo posible”, llamado Reino de Dios.

Video de Cristian Nonato, laico misionero de la Consolata, de Ibague

A todos los vi moviéndose, unos concentrados y otros distraídos, unos corriendo y otros caminando, todos participando. ¿Qué estará haciendo en ellos el Espíritu del Señor? Me preguntaba. ¿Qué podrán hacer ellos en medio de las gentes? Se los confiaba al Otro Consolador, mientras escuchaba al pueblo en confesión.

De mañana, cada día hasta el Miércoles Santo, disfruté de la formación ofrecida por los mismos jóvenes
para todos los misioneros, a través de sencillas investigaciones de la realidad chaparraluna observada, por grupos, en los espacios del mercado donde constataron la progresiva extinción del campesino por falta de valoración y desigual competición; de la educación formal en donde constataron los grupos numerosos, las heridas de la violencia y la generosidad de los educadores; de la salud en donde constataron la limitada capacidad para atender integralmente a los pacientes y lo incómodo de las remisiones; la economía en donde constataron la desigualdad social, de recursos y oportunidades; la administración pública en donde constataron la ausencia de planeación territorial y titulación de propiedades. Además de dinámicas pedagógicas, experiencias espirituales, cantos y oraciones, todo centrado en la Persona de Jesús, la Palabra de Dios y la Iglesia con su magisterio, liturgia, cultos y tradiciones.

Durante las tardes, mientras los presbíteros confesábamos, los jóvenes realizaban diferentes actividades evangelizadoras con niños, jóvenes, familias y parejas, agentes de pastoral, etc.

Todos en la celebración

Ya durante el triduo pascual mis funciones, además del Sacramento del Perdón y la Reconciliación, se ampliaron a procesiones, celebraciones y predicaciones.

Los jóvenes, en sus respectivas parroquias, la del Divino Niño y la del Señor de los Milagros, participaron activamente, unos como protagonistas principales en veredas y comunidades y otros como colaboradores de los lídere locales o de las comisiones responsables de cada actividad programa, incluida la realizada en la cárcel de la localidad.

Nos reunimos en torno a la mesa del Pan partido, repartido y compartido, servimos o nos dejamos servir, como lo hizo Jesús en el lavatorio de los pies.

Fuimos testigos solidarios del camino hacia el Calvario, lo recordamos y actualizamos. La cruz nos conmovió y el Crucificado nos edificó. ¡Todo está consumado! Misión cumplida de su parte y trasmitida desde lo alto de la Cruz al discípulo amado, “ahí tienes a tu madre” y a la mujer, de pie junto a la cruz, “ahí tienes a tu hijo”. Juntos se acogieron en la casa común para continuar la misión del Padre con el mismos Espíritu que el Hijo entregó cuando expiró.

Culminamos el camino de dolor con el Crucificado y de soledad con María solidarizándonos con todos los crucificados de la historia, victimas de tantas violencias inducidas y con todas las víctimas de la soledad no consolada.

Con las mujeres del alba acogimos al Sol naciente que, “por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos vino a visitar”. Él nos iluminó la mente, nos calentó el corazón, nos retiró la sombra del miedo y, llenándonos de consolación o energía, nos citó a la Galilea de los gentiles para retomar, desde allí, el camino de su misión.

No estaba muerto, testimoniaron ellas y ellos ayer. Está vivo y camina con - nosotros, testimoniamos sus discípulos de hoy.

Todos enviados en misión

Volviendo para Bogotá, en el bus de las dos de la tarde del Domingo de Resurrección, viajé escuchando en YouTube al P. Fidel Oñoro que reflexionaba el Capítulo 28 del Evangelio de San Mateo.

Obra de Cristhian Daniel Camargo, artista argentino

Cuatro fueron mis breves conclusiones de esta extraordinaria experiencia pascual:

1.    El discipulado de Jesús no se fundamenta en el sábado con su ley, ni en el templo de Jerusalén con su corrupto sanedrín y tradiciones, ni en el calvario con sus penas y dolores, ni tampoco en el sepulcro abierto y sin cadáver con sus mentirosos guardianes, divulgadores de noticias falseadas.

2.    El discipulado se fundamenta en los encuentros con el Resucitado, junto al sepulcro, en la playa, por el camino, en la casa y en el segundo piso o cenáculo allá en Jerusalén. De ello dan testimonio las nostálgicas mujeres, la Magdalena de las lágrimas, Juan y Pedro los corredores, los desilusionados caminantes de Emaús, los Once encerrados y trancados en el cenáculo con María y otras mujeres. Todos contaron, de diferentes maneras, que lo habían visto, oído, tocado, escuchado y hasta que habían comido con él. En definitiva, que lo habían reconocido, les había hecho perder el miedo, los había consolado y abierto la mente para entender las Escrituras.

3.    La consolación es el efecto integral de la resurrección: la fe de los discípulos del Señor Jesús, muerto y resucitado, se afianza con su presencia en medio de ellos, caminando con ellos, comiendo con ellos; les devuelve la confianza y los abre a la esperanza; la alegría interior y la paz alrededor les quita el miedo, les seca las lágrimas y los llena de valentía. Los hace testigos, consolados para consolar, dispuestos a continuar con la misma misión de su Señor, impregnados de su AMOR.

Cristhian Alarcón, de Chaparral, misionero de la Consolata en Roma - Italia

4.   Allá en Galilea, donde había terminado la formación discipular, antes de la subida definitiva a Jerusalén, Jesús victorioso, desde la cima de la montaña, abre el tiempo de la misión y envía los misioneros: “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado; y ¡recuerden! Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

domingo, 1 de enero de 2023

Testamento

 Testamento espiritual de Benedicto XVI

 
El 19 de agosto de 2006, un año después de haber sido elegido Papa,
 Benedicto XVI redactó su 'testamento espiritual'.  

Si en esta hora tardía de mi vida miro hacia atrás, hacia las décadas que he recorrido, veo en primer lugar cuántas razones tengo para dar gracias. En primer lugar, doy gracias a Dios mismo, dador de todo bien, que me dio la vida y me guió en diversos momentos de confusión; siempre me levantó cuando empecé a resbalar y siempre me devolvió la luz de su semblante. En retrospectiva veo y comprendo que incluso los tramos oscuros y fatigosos de este camino fueron para mi salvación y que fue en ellos donde Él me guió bien.

Doy gracias a mis padres, que me dieron la vida en una época difícil y que, a costa de grandes sacrificios, con su amor prepararon para mí una morada magnífica que, como una luz clara, ilumina todos mis días hasta el día de hoy. La lúcida fe de mi padre nos enseñó a los niños a creer, y como señal siempre se ha mantenido firme en medio de todos mis logros científicos; la profunda devoción y la gran bondad de mi madre son un legado que nunca podré agradecerle lo suficiente. Mi hermana me ha asistido durante décadas desinteresadamente y con afectuoso cuidado; mi hermano, con la lucidez de sus juicios, su vigorosa resolución y la serenidad de su corazón, me ha allanado siempre el camino; sin este constante precederme y acompañarme, no habría podido encontrar la senda correcta.

De corazón doy gracias a Dios por los muchos amigos, hombres y mujeres, que siempre ha puesto a mi lado; por los colaboradores en todas las etapas de mi camino; por los profesores y alumnos que me ha dado. Con gratitud los encomiendo todos a Su bondad. Y quiero dar gracias al Señor por mi hermosa patria en los Prealpes bávaros, en la que siempre he visto brillar el esplendor del Creador mismo. Doy las gracias al pueblo de mi patria porque en él he experimentado una y otra vez la belleza de la fe. Rezo para que nuestra tierra siga siendo una tierra de fe y os lo ruego, queridos compatriotas: no os dejéis apartar de la fe. Y, por último, doy gracias a Dios por toda la belleza que he podido experimentar en todas las etapas de mi viaje, pero especialmente en Roma y en Italia, que se ha convertido en mi segunda patria.

A todos aquellos a los que he hecho daño de alguna manera, les pido perdón de todo corazón.


Lo que antes dije a mis compatriotas, lo digo ahora a todos los que en la Iglesia están confiados a mi servicio: ¡manteneos firmes en la fe! No se confundan. A menudo da la impresión de que la ciencia -las ciencias naturales, por un lado, y la investigación histórica (especialmente la exégesis de la Sagrada Escritura), por otro- es capaz de ofrecer resultados irrefutables en contradicción con la fe católica.

 Hace ya sesenta años que acompaño el camino de la Teología, en particular de las ciencias bíblicas, y con la sucesión de las diferentes generaciones he visto derrumbarse tesis que parecían inamovibles, demostrando ser meras hipótesis: la generación liberal (Harnack, Jülicher, etc.), la generación existencialista (Bultmann, etc.), la generación marxista

 He vivido las transformaciones de las ciencias naturales desde hace mucho tiempo, y he podido comprobar cómo, por el contrario, las aparentes certezas contra la fe se han desvanecido, demostrando no ser ciencia, sino interpretaciones filosóficas sólo aparentemente pertenecientes a la ciencia; del mismo modo que, por otra parte, es en el diálogo con las ciencias naturales como también la fe ha aprendido a comprender mejor el límite del alcance de sus pretensiones, y por tanto su especificidad.

He visto y veo cómo de la maraña de hipótesis ha surgido y vuelve a surgir lo razonable de la fe. Jesucristo es verdaderamente el camino, la verdad y la vida, y la Iglesia, con todas sus insuficiencias, es verdaderamente su cuerpo.

Hace ya sesenta años que acompaño el camino de la Teología, en particular de las ciencias bíblicas, y con la sucesión de las diferentes generaciones he visto derrumbarse tesis que parecían inamovibles, demostrando ser meras hipótesis: la generación liberal (Harnack, Jülicher, etc.), la generación existencialista (Bultmann, etc.), la generación marxista. He visto y veo cómo de la maraña de hipótesis ha surgido y vuelve a surgir lo razonable de la fe. Jesucristo es verdaderamente el camino, la verdad y la vida, y la Iglesia, con todas sus insuficiencias, es verdaderamente su cuerpo.

Por último, pido humildemente: rezad por mí, para que el Señor, a pesar de todos mis pecados e insuficiencias, me reciba en las moradas eternas. A todos los que me han sido confiados, mis oraciones salen de mi corazón, día a día.

 Benedictus PP XVI

miércoles, 14 de septiembre de 2022

Educación comunitaria desde la cultura

Educación comunitaria desde la cultura

El pueblo indígena Nasa o Páez, del Norte de Cauca Colombia, implementa un proceso educativo para recuperar y afianzar la unidad, la lengua y la cultura, a través de la palabra intercambiada, rituales, comidas, al ritmo de los tambores, las flautas y la danza.

lunes, 18 de abril de 2022

Paz para el mundo

Pascua con P de Paz

Queridos hermanos y hermanas: ¡Feliz Pascua!

Jesús, el Crucificado, ha resucitado. Se presenta ante aquellos que lloran por él, encerrados en sus casas, llenos de miedo y angustia. Se pone en medio de ellos y les dice: «¡La paz esté con ustedes!» (Jn 20,19). Les muestra las llagas de sus manos y de sus pies, y la herida de su costado. No es un fantasma, es Él, el mismo Jesús que murió en la cruz y estuvo en el sepulcro. Ante las miradas incrédulas de los discípulos, Él repite: «¡La paz esté con ustedes!» (v. 21).

También nuestras miradas son incrédulas en esta Pascua de guerra. Hemos visto demasiada sangre, demasiada violencia. También nuestros corazones se llenaron de miedo y angustia, mientras tantos de nuestros hermanos y hermanas tuvieron que esconderse para defenderse de las bombas. Nos cuesta creer que Jesús verdaderamente haya resucitado, que verdaderamente haya vencido a la muerte. ¿Será tal vez una ilusión, un fruto de nuestra imaginación?

No, no es una ilusión. Hoy más que nunca resuena el anuncio pascual tan querido para el Oriente cristiano: «¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!». Hoy más que nunca tenemos necesidad de Él, al final de una Cuaresma que parece no querer terminar. Hemos pasado dos años de pandemia, que han dejado marcas profundas. Parecía que había llegado el momento de salir juntos del túnel, tomados de la mano, reuniendo fuerzas y recursos. Y en cambio, estamos demostrando que no tenemos todavía el espíritu de Jesús, tenemos aún en nosotros el espíritu de Caín, que mira a Abel no como a un hermano, sino como a un rival, y piensa en cómo eliminarlo. Necesitamos al Crucificado Resucitado para creer en la victoria del amor, para esperar en la reconciliación. Hoy más que nunca lo necesitamos a Él, para que poniéndose en medio de nosotros nos vuelva a decir: «¡La paz esté con ustedes!».

Sólo Él puede hacerlo. Sólo Él tiene hoy el derecho de anunciarnos la paz. Sólo Jesús, porque lleva las heridas, nuestras heridas. Esas heridas suyas son doblemente nuestras: nuestras porque nosotros se las causamos a Él, con nuestros pecados, con nuestra dureza de corazón, con el odio fratricida; y nuestras porque Él las lleva por nosotros, no las ha borrado de su Cuerpo glorioso, ha querido conservarlas consigo para siempre. Son un sello indeleble de su amor por nosotros, una intercesión perenne para que el Padre celestial las vea y tenga misericordia de nosotros y del mundo entero. Las heridas en el Cuerpo de Jesús resucitado son el signo de la lucha que Él combatió y venció por nosotros con las armas del amor, para que nosotros pudiéramos tener paz, estar en paz, vivir en paz.

 Mirando sus llagas gloriosas, nuestros ojos incrédulos se abren, nuestros corazones endurecidos se liberan y dejan entrar el anuncio pascual: «¡La paz esté con ustedes!».

Hermanos y hermanas, ¡dejemos entrar la paz de Cristo en nuestras vidas, en nuestras casas y en nuestros países!

Que haya paz en la martirizada Ucrania, tan duramente probada por la violencia y la destrucción de la guerra cruel e insensata a la que ha sido arrastrada. Que un nuevo amanecer de esperanza despunte pronto sobre esta terrible noche de sufrimiento y de muerte. Que se elija la paz. Que se dejen de hacer demostraciones de fuerza mientras la gente sufre. Por favor, por favor, no nos acostumbremos a la guerra, comprometámonos todos a pedir la paz con voz potente, desde los balcones y en las calles. ¡Paz! Que los responsables de las naciones escuchen el grito de paz de la gente, que escuchen esa inquietante pregunta que se hicieron los científicos hace casi sesenta años: «¿Vamos a poner fin a la raza humana; o deberá renunciar la humanidad a la guerra?» (Manifiesto Russell-Einstein, 9 julio 1955).

 Llevo en el corazón a las numerosas víctimas ucranianas, a los millones de refugiados y desplazados internos, a las familias divididas, a los ancianos que se han quedado solos, a las vidas destrozadas y a las ciudades arrasadas. Tengo ante mis ojos la mirada de los niños que se quedaron huérfanos y huyen de la guerra. Mirándolos no podemos dejar de percibir su grito de dolor, junto con el de muchos otros niños que sufren en todo el mundo: los que mueren de hambre o por falta de atención médica, los que son víctimas de abusos y violencia, y aquellos a los que se les ha negado el derecho a nacer.

En medio del dolor de la guerra no faltan también signos esperanzadores, como las puertas abiertas de tantas familias y comunidades que acogen a migrantes y refugiados en toda Europa. Que estos numerosos actos de caridad sean una bendición para nuestras sociedades, a menudo degradadas por tanto egoísmo e individualismo, y ayuden a hacerlas acogedoras para todos.

Que el conflicto en Europa nos haga también más solícitos ante otras situaciones de tensión, sufrimiento y dolor que afectan a demasiadas regiones del mundo y que no podemos ni debemos olvidar.

Que haya paz en Oriente Medio, lacerado desde hace años por divisiones y conflictos. En este día glorioso pidamos paz para Jerusalén y paz para aquellos que la aman (cf. Sal 121 [122]), cristianos, judíos, musulmanes. Que los israelíes, los palestinos y todos los habitantes de la Ciudad Santa, junto con los peregrinos, puedan experimentar la belleza de la paz, vivir en fraternidad y acceder con libertad a los Santos Lugares, respetando mutuamente los derechos de cada uno.

Que haya paz y reconciliación en los pueblos del Líbano, de Siria y de Irak, y particularmente en todas las comunidades cristianas que viven en Oriente Medio.

Que haya paz también en Libia, para que encuentre estabilidad después de años de tensiones; y en Yemen, que sufre por un conflicto olvidado por todos con incesantes víctimas, pueda la tregua firmada en los últimos días devolverle la esperanza a la población.

Al Señor resucitado le pedimos el don de la reconciliación para Myanmar, donde perdura un dramático escenario de odio y de violencia, y para Afganistán, donde no se consiguen calmar las peligrosas tensiones sociales, y una dramática crisis humanitaria está atormentando a la población.

Que haya paz en todo el continente africano, para que acabe la explotación de la que es víctima y la hemorragia causada por los ataques terroristas ―especialmente en la zona del Sahel―, y que encuentre ayuda concreta en la fraternidad de los pueblos. Que Etiopía, afligida por una grave crisis humanitaria, vuelva a encontrar el camino del diálogo y la reconciliación, y se ponga fin a la violencia en la República Democrática del Congo. Que non falten la oración y la solidaridad para los habitantes de la parte oriental de Sudáfrica afectados por graves inundaciones.

Que Cristo resucitado acompañe y asista a los pueblos de América Latina que, en estos difíciles tiempos de pandemia, han visto empeorar, en algunos casos, sus condiciones sociales, agravadas también por casos de criminalidad, violencia, corrupción y narcotráfico.

Papa Francisco, mensaje al mundo, 2022

sábado, 2 de abril de 2022

Caminando juntos

 Convivencia sinodal

La Confederación de Colegios Católicos, seccional Bogotá – Cundinamarca, promovió una convivencia (con – vivir) para los lideres de los diferentes Colegios asociados, algo más de 200, el 01/04/2022, en el Colegio Cristo Rey, sobre la sinodalidad, con la propuesta de “caminar juntos”, como comunidades educativas, en comunión, participación y misión.

 El mundo en contraste

 Más de trecientos jóvenes, hombres y mujeres, de sexto a once grados de bachillerato, todos líderes juveniles representantes de sus Colegios, han podido contrastar el mundo-sociedad en que viven, con ese otro mundo-sociedad que les gustaría vivir, orientados por algunas preguntas y acompañados por asesores pedagógicos, igualmente jóvenes como ellos:

1.      ¿Por qué este no es el mejor de los mundos?

2.      En Colombia, ¿qué realidades hablan de este que no es el mejor de los mundos?



“Otro mundo posible”: el Reino de Dios anunciado e instaurado por Jesús de Nazaret, al servicio del cual está la Iglesia y, entonces, todos nosotros, los bautizados. 

   


3.   ¿Qué realidades, a nivel mundial, nos habla de la construcción de otro mundo posible?

4.      ¿Se puede soñar con otro mundo posible?

Mediante símbolos, construidos con diferentes elementos del contexto, los participantes representaron ese “Otro Mundo Posible”, interpretándolo públicamente en asamblea.

 La Iglesia en el mundo  

Si reconocemos que “todos somos la Iglesia”, realidad y experiencia de bautizados en comunión, entonces podemos sentirnos participantes en la misión, puesto que “la Iglesia es de todos”. Con estas dos convicciones fundamentales entramos en atmósfera de sinodalidad, respirando el mismo aire de la Iglesia que se encuentra en proceso sinodal.

Los 300 jóvenes, fueron introducidos en esa atmósfera eclesial de sinodalidad, mediante siete bases pedagógicas:

1.   La pastoral, como servicios al Pueblo de Dios;

2.  la sinodalidad como forma de ser y de actuar, como estructuras organizativas al servicio de la vida y la misión, como acontecimiento o evento sinodal;

3.  el Sínodo sobre la sinodalidad, iniciado en septiembre del 2021, que concluirá en octubre del 2023;

4.   el cuidado de la “casa común”, resultado de una conversión pastoral y ecológica, encaminada a “otra manera de ser Iglesia”, al servicio de “otro mundo posible”;

5.    la “fraternidad universal” como horizonte de “buen vivir” y felicidad;

6. el pan partido, repartido y compartido, para evidenciar el reinado del amor, del perdón, la reconciliación, la justicia y la paz.

 Un Equipo de Animación 


Los Misioneros de la Consolata, con un Equipo de Animación Misionera Juvenil y Vocacional,  le dan a la con-vivencia ese matiz misionero y samaritano, internacional e intercultural, a través de su pedagogía, metodología y espiritualidad  alter mundialista, al servicio de “otro mundo posible” (el Reino de Dios) y de una Iglesia en salida, dispuesta a ir para compartir la “gloria de Dios” con y entre los pueblos de la tierra y sus culturas.

Los jóvenes captan fácilmente que cuanto más misioneros seamos, más salgamos al encuentro de los otros diferentes de nosotros mismos, más humanos nos hacemos y, por lo mismo, más santos. 


¡Qué buena noticia, tan fresca y refrescante, resulta la sinodalidad para los jóvenes que hoy,
aun siendo bautizados y estudiando en Colegios católicos, 
no se siente Iglesia y por eso no participan con libertad, ni entusiasmo, en su misión!