jueves, 16 de abril de 2026

El luto ante la muerte

 Del sepulcro a la consolación


Tanto la muerte como la sepultura hacen parte del proceso de la existencia. Se trata de la última etapa, cargada de misterio, sentido y significado. En algún momento y lugar de la existencia nos enfrentamos con el realismo misterioso de lo que llamamos muerte: el que muere, los que lo asisten o acompañan y los que administran los procesos, espacios y rituales que involucran el acontecimiento. Para todos surgen preguntas muy concretas sobre costos, movilidades, sentidos y significados: ¿qué hacer con el cuerpo? ¿Es mejor enterrar o cremar? ¿Cómo conservar su presencia? Lejos de tratarse de decisiones meramente prácticas, todas están cargadas de profundo sentido afectivo, económico, cultural y religioso.

Proceso de un luto acompañado

Invitados por la Iglesia Católica a vivir el acontecimiento como parte de un camino de fe, esperanza y amor, la Familia Misionera de la Consolata lo vive en clave de fraternidad, en comunión con la familia de origen o de sangre y las comunidades de fé que ha servido.

Al P. Carlos Arturo Olarte Gonzáles, nacido en Bogotá el 16 de marzo de 1959, lo visitó la muerte en Cartagena del Chairá – Caquetá – Colombia, último lugar de su misión, después de haber servido en Italia (Europa), el Congo (Africa), Argentina (Sud América) y varios lugares de Colombia. Trasladado al Hospital de Florencia, capital del Departamento y sede arquidiocesana, expiró el 11 de marzo del 2022. De allí fue trasladado su cuerpo a Bogotá a la casa central de sus hermanos de comunidad y misión, junto a su familia y la casa natal.

Después de sobrias ceremonias litúrgicas, dentro de la ritualidad católica, fue traslado al Jardín Parque cementerio via Cota, en donde fue sepultado o sembrado su cuerpo en la tierra, con la esperanza de la resurrección, tal como lo ha hecho la Iglesia desde sus orígenes. El mismo Jesucristo fue colocado en un sepulcro y ese gesto se convirtió en símbolo de la esperanza cristiana: así como Él resucitó, también nosotros estamos llamados a la vida plena. Enterrar a los muertos ha sido y es una obra de misericordia. No es simplemente “dejar” un cuerpo en la tierra, sino sembrarlo como semilla de vida eterna.

La tumba se convierte así en lugar de memoria agradecida y por eso ornamentada con arreglos florales y otros símbolos, además de marcada con el nombre del difunto. Lugar de peregrinación y oración, en espera de la vida eterna.

Obligados por la disponibilidad y uso de los espacios, reglamentados por las administraciones públicas, cuando se vence el plazo de uso del lugar de la sepultura se tramita y ejecuta la exhumación y trasladado de los restos a otro lugar, previamente determinado. En este nuevo momento del proceso fúnebre surgen nuevas preguntas que llevan a nuevas decisiones: ¿en dónde colocar los restos? ¿En un osario común o algún espacio o mausoleo comunitario? ¿Hacer uso de la cremación y los cenizarios?  En el caso del P. Carlos Arturo, ya la mamá, Doña Marina, había resuelto el asunto adquiriendo un cenizario en la Parroquia de Cristo Rey, en el Chicó bogotano, con capacidad para albergar tres cofres: uno para su esposo Don Luis, otro para ella y el tercero para el P. Carlos, el primero que lo ocupó. Recordando así que el vínculo con los seres queridos no depende de un lugar físico, sino del amor que perdura.

Cenizario, nicho de memoria y comunión

Se procede, entonces, a la cremación, una práctica reglamentada y ejecutada civilmente. Aceptada y permitida hoy por la Iglesia Católica, tal como leemos en la Instrucción Ad resurgendum cum Christo, acerca de la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, 15 de agosto de 2016, Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María. Allí se nos recuerda que Dios, quien creó al ser humano, también puede recrearlo más allá de cualquier forma material, mientras subraya una profunda verdad: la vida humana es frágil y pasajera, pero está llamada a la eternidad.


Este “lugar” para la memoria y la comunión se repartió las cenizas del hijo de la Familia Olarte Gonzáles, en el cenizario de Cristo Rey y en la “Capilla Recuerdo” de la Casa Regional, en el barrio Modelia de Bogotá, como miembro de la Familia misionera de la Consolata, expresando así la pertenencia del difunto, la continuidad del vínculo tejido durante su existencia y la fe que lo sustenta.

En una sociedad que a veces tiende a simplificar o trivializar la muerte, nosotros testimoniamos que, así como tratamos a nuestros difuntos, acogemos, respetamos y cuidamos la vida. No solo honramos, agradecidos, a quien ha partido, sino afirmamos, con serenidad y fe, que la muerte no es el fin, sino el paso obligado para el consuelo pleno.

La mano de San José Allamano que recibió al P. Carlos Arturo en la puerta del  Colegio José Allamano, lo introdujo y acompañó en su largo proceso académico, formativo y misionero, desde el barrio Galán de Bogotá, pasando por el Noviciado  en Bucaramanga, el Canadá para el estudio del Francés, el Congo y Argentina, hasta Cartagena del Chairá, lo reciba con ese apretón de manos a la entrada de ese "paraiso para los misioneros" que les comentaba y auguraba, durante sus conversacones con ellos: premio final y consolador, preparado por Dios, para los Misioneros fieles a su vocación - misión.

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organizado por Alvaro Gacharná, laico misionero, de la Parroquía Madre de las Misiones - Modelia, Bogotá, colaborador en Cartagena del Chairá, con la colaboración del P. Oscar Medina imc


7 comentarios:

Anónimo dijo...

El texto nos invita a ver la muerte de una forma más tranquila y con sentido. Nos recuerda que morir es parte natural de la vida, no algo separado o extraño. Aunque duele y genera muchas preguntas, también es un momento importante que refleja lo que creemos, sentimos y valoramos.
También nos hace entender que todo lo que hacemos cuando alguien muere —como enterrarlo, cremarlo o hacer ceremonias— no es solo por costumbre o por obligación, sino porque hay amor, respeto y significado detrás de esas decisiones. La forma en que despedimos a una persona muestra cuánto nos importó en vida.
En el caso del misionero, la muerte se ve como un paso hacia algo más, no como el final. Desde la fe, se entiende como el inicio de una vida plena. Por eso, la sepultura o las cenizas no son solo restos, sino un símbolo de esperanza.
Además, el texto resalta que el amor por las personas no desaparece cuando mueren. No depende de un lugar físico como una tumba o un cenizario, sino que permanece en el recuerdo y en lo vivido.
En resumen, la reflexión nos enseña que, aunque la muerte es difícil, también puede vivirse con respeto, amor y esperanza. Y que los lazos con quienes se van no se pierden, solo cambian. P. Salvador. Gracias por compartir. Gracias por entregar. Gracias por re_unir. Jesús Suárez

Anónimo dijo...

Muy bueno el recorrido que hace textualmente cuando muere uno de nuestros seres queridos, nos recordó los pasos a seguir en el momento indicado, GRACIAS Padre Salvador por compartir. Hernan Aguilar.

Anónimo dijo...

... hermosa y didáctica exposición sobre una de las postrimerías del ser humano y preocupaciones subsiguientes a este suceso, planteada al compartir las cenizas del Padre Carlos Olarte González las familias a las cuales perteneció durante su vida.
Merecido homenaje por su labor misionera... Pablo Mariño

Anónimo dijo...

Hola p. Salvador estoy es algo de memoria eterna p. Carlos Olarte, después de tiempo de subir muerte continua hablando desde la eternidad. Esperemos que los muertos en vida del IMC tengan oídos para oír. Dios te bendiga (Guillermo Pinilla)

Anónimo dijo...

Es verdad caro Guillermo, se trata de un luto que no se concluye, de un proceso que no cierra. Pero yo diaria "esperamos que los muertos en vida del IMC tengamos oídos para oir".

Anónimo dijo...

Más muy difícil cuando no damos espacio a las cosas de lo alto, continuamos en las tinieblas, repitiendo los mismos horrores.
Creo yo, nos falta mucho para reconocerlo al partir el Pan.... Guillermo Pinilla)

Anónimo dijo...

Sí hermano... de acuerdo: en el volvernos pan partido para ser repartido (tiempo, energia, dinero, afecto, estructuras, conocimientos, etc) está la superación de todas las limitaciones, carencias, crisis y fatales desenlaces