REVITALIZAR EL CONTRATO SOCIAL
Para regresar a una convivencia civilizada debemos
confirmar las bases de esta nueva organización social. He aquí un esquema que
nos ayuda a entender cuáles son los criterios mínimos de toda organización
social, sea la familia, el barrio o la sociedad. Partiremos de una gráfica que
llamamos “el Árbol de la vida”. Los cristianos lo llamamos “el Árbol del
Reino”. Veamos.
Esta dinámica se transforma en un proyecto de
“armonía” que forma el cosmos del cual participamos todas y todos. Podemos
llamarla “Ecología” global que debemos respetar, lo que va más allá de “no
destruirla”. Se trata de cuidarla y fomentarla de muchas maneras. Todo esto es
la “Espiritualidad” que habita el universo y está viva en todos nosotros y
nosotras.
Esta dinámica se desarrolla en 3 dimensiones: la
naturaleza, la humanidad y la sabiduría. La “Naturaleza” está conformada por el
conjunto de los 4 elementos de nuestro planeta (tierra, aire, agua y fuego) de
los cuales nacen primero los vegetales y los animales. Son los “Bienes” que
necesitamos para vivir y convivir. Esto supone una organización en torno al
repartir para la satisfacción de las necesidades que todos. Esto se llama nada
menos que la “Economía” que se encarga del compartir equitativo. Cuando falla
la ‘economía’ aparece la “acumulación” por parte de pequeños grupos, se
destruye la convivencia armoniosa provocando desigualdades y violencias.
El segundo elemento básico de la armonía global es
la “Humanidad”, o sea, el conjunto de los humanos que nos necesitamos los unos
a los otros para sobrevivir y crecer. Aquí, el proyecto es “cohabitar”, es
decir, controlar el poder bajo sus distintas expresiones para desterrar la
“dominación”, opresión y represión… Esto es el arte de la “Política” en la que
estamos todos implicados. Si nos quedamos indiferentes, colaboramos en la
multiplicación de relaciones destructoras.
El tercero elemento básico de esta armonía global
es la participación consciente a la ‘Energía’ que nos habita y que se
transforma en “Sabiduría”, es decir en el arte de vivir, convivir y
“expresarnos” individual, colectiva y creativamente. De ahí surgen ideas,
proyectos e “ideologías” para organizar la política, la economía y la
espiritualidad. Cuando falla la sabiduría, usamos nuestra capacidad de crear
vida y amor para engañarnos, mentir y distorsionar la verdad.
Hemos descubierto que tenemos 4 objetivos a
dinamizar: espiritualidad, sabiduría, economía y política. La espiritualidad fomenta el respeto por un
orden cósmico hecho de vida, amor y comunidad que se encarna en sabiduría. Esta
se traduce en un convivir armonioso -la política- en nuestras relaciones
humanas. La política orienta el compartir equitativo -la economía- de los
bienes y servicios que resuelven nuestras necesidades. De esta manera ejercemos
la sabiduría que todos abrigamos, porque todos hemos recibidos nuestras
capacidades espirituales, políticas y económicas. El desorden viene de la
destrucción de la vida, del amor y de la comunidad, mediante la dominación
sobre los demás, la acumulación de bienes, el rechazo a la verdad y el desconocimiento
de la espiritualidad íntima de cada uno.
Todo esto es el sueño del cosmos -nuestro sueño-: el impulso de la energía primera, la dinámica de la fuente vital que todo lo mueve… si sabemos abrirnos a todas nuestras capacidades y posibilidades. “Vida, amor y comunidad”: ese es el llamado que nos acompaña y fortalece siempre, porque eso somos cada una y cada uno de nosotros. La Biblia nos lo describe en sus primeras páginas y nos dice: “Pongo delante de ti la vida y la muerte… Te invito a elegir la vida” (Deuteronomio 30,15-20)
Animémonos los unos a los otros a hacer, poco a poco, realidad el mensaje de este “Árbol de la vida” para nuestro bien individual y nuestro convivir nacional que tanto lo necesitan. Eso es el contrato social que necesitamos urgentemente.

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