martes, 30 de octubre de 2018

Misión de las nuevas generaciones

Ser custodios de la Casa Común


Motivada por el desorden que he visto en los últimos años en mi territorio por la "cultura del descarte", la invitación del Santo Padre, el Papa Francisco, a cuidar nuestra Casa Común y el sínodo de la Amazonía, me dirigí hacia Puerto Leguízamo a participar en la ELJA (Escuela de Liderazgo Juvenil Amazónico) organizada por la Pastoral Juvenil del Vicariato de Puerto Leguízamo Solano.


Me aventuré en ésta experiencia con la delegación de Florencia, Caquetá, de la cual no conocía a la mitad de los participantes. Durante todo el recorrido, hasta llegar a Puerto Leguízamo, entablamos conversación y empezó a forjarse una amistad muy bonita, que de seguro perdurará y se fortalecerá con el pasar del tiempo. Conocimos lugares y personas. Nos quedamos impresionados en cada lugar y por todo el camino al ver tanta belleza natural y lo privilegiados que somos de vivir en éste territorio: nuestra Amazonía.

Al llegar al Centro Pastoral, nos esperaba el Vicario de la Pastoral Juvenil de Puerto Leguízamo, el padre Óscar, nos recibió muy amablemente y nos hizo sentir como en nuestra casa. Asistieron también muchos otros jóvenes de distintos lugares: de Solano, San Vicente del Caguán, Puerto Ospina, La Tagua y Puerto Leguízamo; con quiénes compartimos experiencias y forjamos amistades.


Todo el tiempo desde el principio hasta el fin de la ELJA, estuvo muy animado gracias al Equipo de "otro mundo es posible", de la AMJV de la Consolata, de Bucaramanga. Aprendimos muchas cosas importantes de forma dinámica: desde la cultura del encuentro, hasta la teoría de nuestro mundo que no es tan perfecto y la de otro mundo posible.

Cada una de éstas cosas nos dejó algo más que sólo eso, cada una de ellas nos puso a reflexionar y darnos cuenta de la realidad en que vivimos y lo que queremos, para nosotros mismos y para las futuras generaciones.

Al final de la Escuela, en la evaluación, cada uno de nosotros sacamos nuestra conclusión sobre lo que aprendimos. El mensaje, como lo decía el Papa Francisco: ser custodios de la Casa Común.



Y así regresamos a nuestros lugares de procedencia, con nuevas amistades, buenos recuerdos y con una nueva misión en mente: ser líderes integrales para ser custodios de nuestra Casa Común.




Laura Trujillo Cano
11° de Bachillerato, Albania Caquetá


domingo, 21 de octubre de 2018

Vocación a poner la Consolación en misión


 

Este no ha sido el primero sino el V Congreso Juvenil Consolación y misión que estuvo conectado con los anteriores, como parte de un proceso ideado o soñado y planeado a partir de 2014, por el Equipo de Animación Misionera de la Región IMC Colombia.
1.     Consolación y misión (2014, en Bucaramanga)
2.     Discipulado misionero (2015, en Ibagué)
3.     Pastoral de consolación (2016, en Bogotá)
4.     Misión ad gentes (2017, en Bogotá)
5.     Vocación (2018, en San Luis, corregimiento de la Unión – Valle)

Con-vocados a la Unión
Esta buena idea se convirtió en excelente oportunidad para los jóvenes de Colombia y de otros lugares del planeta, 138 entre los participantes y los animadores, equiparse de sentidos y herramientas espirituales, en clave de consolación y misión, para el camino de la vida. Tuvo como tema LA VOCACIÓN, entendida como un llamado a todos los seres humanos, especialmente a los jóvenes, a poner la Consolación en Misión entre los pueblos del mundo y sus culturas.

Re-Unidos en San Luis, del 12 al 15 de octubre, en la casa de los Misioneros de la Consolata (Km 92 vía Toro), lugar de uvas y variedad de frutas, disfrutamos con el Misionero del Padre maternal y su madre María, “la mujer del vino nuevo”, animados e iluminados por el fuego del Paráclito, el “Otro Consolador”.  

El ambiente de alegría y fe, calentado por el radiante sol de los días, acariciado por la suave brisa de las tardes e iluminado por la tímida luna estrellada, en las noches azules, enmarcó el Congreso juvenil, garantizando así que la fiesta de la vida en cada uno de los participantes, en sus hogares, Iglesias, ciudades y en la creación entera, no se acabará mientras María y el Señor Jesús estén en ella.

La vid y sus sarmientos, las uvas y el vino del Valle del Cauca, sirvieron de inspiración pedagógica. La misma creación con sus cuidanderos o cultivadores nos sintonizó con el mundo católico “caminado junto” para, en y desde Roma, en SINODO:  XV Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos (de 3 al 28 de octubre): Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. 
Vinculados, entonces, con los jóvenes del mundo, desde San Luis, vivimos la experiencia de común-Unión en torno a la VOCACIÓN para la misión de Dios. Roma, el centro del Sínodo, San Luis, el centro del Congreso. Extraordinaria sincronía!

Capaces de beber el cáliz del servicio
La providencial abundancia de bienes (frijoles, arroz, plátanos, yucas, papas, sal, azúcar, aceite, carnes, huevos, harinas, pastas, panela, cebollas, ajo, frutas, etc.) y servicios (el hospedaje, el transporte de utensilios y personas, las carpas y las sillas, los platos, vasos y cucharas, además del servicio en la cocina y el comedor, etc.), nos recordaron la mesa, servida y repartida, de la última cena; el poder del servicio a cambio de los tronos a la izquierda y a la derecha del jefe; la alegría que se experimenta más cuando se da que cuando se recibe; siempre “haciendo el bien, bien hecho y sin ruido”.


El pueblo todo se involucró, participó y celebró. Su canto se escuchó en la comarca y muchos acudieron a la Eucaristía en el parque de San Luis. Todos cantamos, danzamos, aplaudimos, celebramos y, agradecidos, partimos para nuestros lugares de procedencia, uno cerca y otros más lejos, enviados en misión.

Consolados para consolar
La misión siempre será una conjugación transitiva del verbo irregular ir. Yo, Sal-va-dor, lo conjugo así: después del mandato imperativo sal, del verbo salir, conjugo el verbo ir al indicativo presente va. Es claro que la orden me viene de otro, en este caso del Otro, mi Señor, que me ordena salir y me manda ir al dolor del otro (dor en portugués), diferente de mí. ¿Para qué me envía? Para anunciar con mis labios, desinfectados y conservados por la sal del bautismo, el Evangelio de consolación, siendo sal en medio de las personas y los pueblos desolados o de la asolada creación, cansada de tanta explotación.

Claro está, no soy enviado solo a dar, a llevar. También voy recibir, a saborear la sal de la sabiduría esparcida por el Creador entre los pueblos y sus culturas.

Eso es la misión, una dádiva recíproca, donada gratuitamente y esparcida con generosidad, por todas partes, hasta los confines del mundo. Enviado para consolar, soy o vuelvo consolado.
Como María Consolata: consolada y consoladora; o mejor, consoladora porque consolada.

Como misionero dono y saboreo la consolación del nacimiento, como la alegría de vivir; la consolación de la economía, en la mesa del pan y el vino compartido y repartido en la tierra y en casa de cada uno, pues para los humanos, “terranos” (de tierra), tener suelo o tierra con casa, es el mayor con-suelo; la consolación de la armonía que nace del perdón y la reconciliación; la consolación de la compañía, que rompe la soledad solitaria con la solidaridad comunitaria; la consolación de la resurrección, que alimenta la esperanza y abre a la vida eterna.  


Conclusión
Como Pablo, Juan Marcos y Bernabé, el “equipo misionero de Antioquia”, podemos vivir la misión como una experiencia de consolación compartida: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. Pero si somos atribulados, es para vuestra consolación y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación y salvación, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos. Y nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que, así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la consolación” (II Corintios 1, 3-7).

sábado, 15 de septiembre de 2018

La cruz en la vida de los discípulos misioneros del Señor Jesús

Los dolores de la Virgen Dolorosa
Hoy 15 de septiembre
La Piedad joven, representada por Diana y Nicolas
Auditorio del CMC - Centro de Misión y Culturas
Misioneros de la Consolata, abril 2018
 (foto: Diana Benítez)

Muchos de nuestros pueblos y comunidades cristianas, católicas, vivimos el viernes anterior al Domingo de Ramos como “viernes de Dolores”, con “Nuestra Señora de los Dolores” o “la Virgen Dolorosa” y el sábado sano con “La Virgen de la Soledad”, además de contar con una fiesta litúrgica oficial, el 15 de septiembre.

El cuadrito o imagen de la Dolorosa, colgado en la pared de mi casa, o su imponente estatua, junto al Crucificado, en el altar lateral del templo La Inmaculada, en Aguadas – Caldas, mi pueblo natal, inspiraron mis primeros contactos con la mamá de Jesús y madre nuestra o de la Iglesia. Claro está, debo aclarar, después de mi inolvidable experiencia del pesebre, especialmente centrada en el Niño y no en la mamá ni el papá, cuanto más en la familia.

En la práctica de la devoción popular, tradicionalmente, los siete dolores de la Virgen María, relacionados con 7 momentos difíciles que como Madre de Jesús afrontó. Aunque venga de la Edd Media cristiana y sea fomentada por los frailes Siervos de María, o servitas, personalmente no tengo memoria de esa práctica devocional, que entiendo se inspira en la Profecía del justo Simeón, hombre del Templo de Jerusalén, quien recibiendo al Niño Mesías en sus brazos, oro emocionado y agradecido, mientras le decía a María: “mira, este niño traerá a la gente de Israel caída o resurrección. Será señal de contradicción, mientras a ti misma una espada te atravesará el alma…” (Lc 2, 33-35)
A pesar de ver lágrimas escurrirse por sus tiernos rostros iconográficos, nunca leí ni escuché en los Evangelios que María hubiera llorado. Personalmente puedo decir como San Ambrosio: “Cuando leo que Ella estuvo junto a la cruz, no leo que lloró allí. Mientras los apóstoles huían, Ella estaba de pie junto a la cruz. Ninguna otra cosa hubiese sido decorosa en la Madre de Cristo”.

"Este cuadro, con motivo de la canonización de Monseñor Romero el próximo 14 de octubre".
 (Esperanza Arboleda, Misionara Laurita)

Sin embargo, sí entiendo que, como discípula misionera, sufrió y sintió dolor:
1.      El dolor del SÍ a la propuesta del Dios de la vida, con sus implicaciones de sorpresa personal e incomprensión social.
2.      El sufrimiento de ser la madre de un perseguido, juzgado, condenado y matado en la cruz por las autoridades de su tiempo, aunque de manera mentirosa e injusta.
3.      El dolor sufrido como consecuencia del discipulado misionero del Crucificado-Resucitado, junto a los Apósales y demás seguidores/as, en los albores del “movimiento cristiano” o de las Iglesias nacientes.

jueves, 13 de septiembre de 2018

La Misión de Dios y el cuidado del ser humano


Misión de Consolación-Liberación
 y 
Derechos Humanos

La Misión de Consolación-Liberación, llevada adelante por la Familia Misionera de la Consolata junto a las víctimas de las diversas violencias y los excluidos del “banquete de la vida”, tiene siempre incidencia en la sociedad y la política, desde el campo de los Derechos Humanos, de los Pueblos y de la Tierra.


En la firma del “Gran pacto para la lucha contra la trata de personas y la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes”, momento cumbre de la tercera audiencia pública sobre esta llaga que martiriza la humanidad y, de manera particular, a la población joven de Cali y todo el Pacífico colombiano, estaban presentes los Misioneros de la Consolata.


En el auditorio Alfonso BorreroCabal de la Universidad Javeriana, en Cali, junto al viceministro para la Participación e Igualdad de Derechos en el Ministerio del Interior, Juan Carlos Soler y los gobernadores del Pacífico (Chocó, Jhoany Carlos Alberto Palacios; Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro; Cauca, Óscar Rodrigo Campo; Nariño, Camilo Romero), los alcaldes municipales, delegados de la Fiscalía, de la Defensoría del Pueblo, así como representantes de la Unicef en Colombia y de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), estaba también el P. Venanzio  Mwangi, Misionero de la Consolata y la Pastoral Afro de la Arquidiócesis de Cali.


“El trabajo con los ‘semilleros de Pastoral Afro’, hace que comencemos a tener incidencia en materia de Derechos Humanos”, afirma el P. Venanzio. Al mismo tiempo testimonia que: “junto al Procurador general de la nación, gobernadores el Pacífico y Organismos Internacionales, acabamos de firmar las conclusiones de la III Audiencia Pública en contra la explotación y trata de la niñez, la adolescencia y la juventud, convocada por la Procuraduría general de la nación”. (12/09/2018)

Gracias y felicitaciones 
P. Venanzio y Pastoral Afro de la Arquidiócesis de Cali

lunes, 10 de septiembre de 2018

Amazonia, escenario de reconciliación


Amazonia: de patio trasero a plaza central
Escenario de reconciliación


Mientras pensaba en una actividad reparadora, realizada públicamente, para compartirla en el curso virtual de Perdón y reconciliación, me encontré en medio de una de las Asambleas Territoriales, en Florencia Caquetá, pensando con muchos otros líderes juveniles, religiosos y sociales de la Subregión Suroccidente amazónico, que comprende la Diócesis de Florencia, Diócesis de Mocoa-Sibundoy, Vicariato Apostólico de San  Vicente de Caguán y Vicarito Apostólico de Puerto Leguízamo-Solano, nuestro aporte al SINODO para la Amazonía, convocado por el Papa Francisco para octubre del próximo año.



Allí percibí claramente que se trataba de una actividad compensatoria que representaba una respuesta al gemido de la “madre tierra”, al sufrimiento del bioma amazónico, el territorio y sus pobladores. Con efectos favorables para el planeta y la humanidad entera. Al mismo tiempo, lo entendí, no como un acto puntual, personal y aislado, sino la continuación de un proceso sanador y reconciliador con la Amazonia y sus habitantes, la tierra y la vida.



Personalmente me experimento como parte de la “comunidad de vida”, me descubro interconectado con todos los seres vivos, interdependiente y corresponsable. Mi parte de responsabilidad la ejerzo a través de la RedEclesial Panamazónica – REPAM, que me ha ayudado a entender la actualidad y urgencia del cuidado sanador de la tierra, sujeto de derechos, como yo.


Entre los más de 200 participantes, me llamó la atención la presencia y la voz de Luz Meyi, indígena Witoto, que con sus atuendos éticos y en su propia lengua, traduciendo luego ella misma, expresó el sentido y valor de la Asamblea: “agradezco a la Iglesia Católica por este ejercicio de reconciliación y esperanza entre todos lo que hacemos parte del Caquetá. Así mismo al Señor obispo por buscar escenarios de paz, que nos permiten una reconciliación nacional y mayor justicia social para todos… Desde el espacio de la mesa de la concertación indígena y las Instituciones, enviamos un mensaje de esperanza, para seguir este camino de diálogo, el cual nos permite tener una armonía espiritual y cultural con nuestra madre tierra, que es el territorio… ¡Que vivan los Pueblos Indígenas del Departamento del Caquetá!”. Fugora
  

viernes, 10 de agosto de 2018

La misión territorial, vista desde el planeta


La Región IMC, Colombia-Ecuador Perú en el planeta, vista desde afuera
Infografía en la Conferencia Regional

 En esta era planetaria de la humanidad (Boff), los astronautas salieron y vieron el planeta tierra desde afuera. Muchas reflexiones e investigaciones nos van ayudando a entender que planeta y humanidad son una misma, porque tienen un mismo origen y un mismo destino; que tierra, sociedad y compromiso ético están íntimamente conectados por la vida.

Los fotógrafos y científicos, han venido definiendo nuestro planeta como un pequeño “punto de luz pálida”, nuestra casa común, “el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no” (Sagan). 

En estos últimos días, julio de 2018, tiempo de Conferencia Regional para los Misioneros de la Consolata en Colombia-Ecuador-Perú, unos jóvenes misioneros, mientras preparaban la Conferencia en sus contenidos, metodologías, dinámicas, espiritualidad y ambientación, contemplaron por un instante, desde afuera y con mirada platearía, el Instituto Misionero en el territorio regional. Le describieron la visión al Diagramador profesional de Medellín, Jorge Omar Gonzáles, quien generó esta imagen infográfíca, mediante la informática.

Vamos a mirar la imagen pensada por los misioneros y pintada por Omar:

ü  La mirada planetaria nos permite percibir que el territorio puede contener el planeta, recibir de él y ofrecerle al mismo tiempo, en una dinámica de reciprocidad complementaria.
ü  La mirada desde el espacio no nos señala fronteras, a no ser las de los colores, en cambio, sí aparecen muchas cuando miramos desde el territorio.

La mirada planetaria permite elaborar un nuevo pensamiento, genera nuevos sentidos. A nosotros, Misioneros de la Consolata en búsqueda de la “continentalidad” y participantes en la Iglesia Católica como miembros de una Institución planetaria, con un Carisma misionero ad gentes, nos exige y facilita la elaboración de nuevos mapas humanos, interculturales y misioneros.

Los Colores de la Icona de la Consolata, azul - verde y rojo, que alguna vez, durante la persecución de los misioneros italianos en Abisinia, hoy Etiopia, les sirvieron de bandera protectora, hoy, vistos desde el espacio, se diluyen en ese “blanco azul” del manto universal y el “verde niño” de los biomas, impregnados de minúsculas luciérnagas y vinculantes heliconias, como el de la amazonia refrescada por el viento espiritual en movimiento, la “ruaj” universal preñando la creación. Al fondo la estrella solar que alumbra el todo y las partes, como el hombro de la mujer. Nuestra principal fuente de energía, que se manifiesta, sobre todo, en forma de luz y calor.

Recostada en la cóncava y fértil canoa colombiana, conectada desde el color “café tierra” de su geografía, la mujer mestiza con aire indígena, va tejido con hilo “azul agua” la amazonia ecuatoriana, peruana y continental. En su vientre brilla la creatura amarilla prestes a nacer. La mujer, que puede ser la misma amazonia, la Iglesia o el IMC en la Región, va rumiando, con serena austeridad, “el coraje de cambiar”. Cambiar, cambiar, cambiar en lo físico y en lo mental, cambiar en lo psicológico y lo espiritual. Ser madre de una nueva creatura para contemplar, cuidar y acompañar.


Una Región en el Instituto, como la de Colombia-Ecuador-Perú, que quiera revitalizarse y reestructurarse tiene que tener la conciencia y “el coraje de cambiar” progresiva, no bruscamente. Como la mujer, debe ser bien consciente de los cambios que deberá enfrentar en su mentalidad y comprensión, en sus sensaciones y visiones, en sus sentimientos y actitudes, en sus hábitos y tradiciones, en su organismo y organizaciones, en sus prácticas y acciones. Solo así podrá engendrar, gestar y alumbrar, dar a luz y ayudar a crecer la nueva creatura, la nueva Región, sin perder ni olvidar el camino recorrido hasta la última menstruación. El cambio no se improvisa, se prevé y se organiza. Una vez reconocido, debe de ser planeado con buenas asesorías y monitoreado, para que sea placentero y conduzca a feliz parto.

Las Miradas
seducen y aproximan, rechazan y alejan
 desde afuera, del cosmos, ofrece visión y alimenta la utopía
desde adentro, del territorio, pide acción y alimenta la raíz

¿Desde dónde, como misioneros, queremos o debemos mirar la misión?



lunes, 16 de julio de 2018

El Paráclito, animador de la Misión del Padre maternal

Animación Misionera Juvenil y Vocacional (AMJV)

Región IMC Colombia

Desaprendiendo en la escuela para seguir aprendiendo en la Escuela: “Cuando nos hablan de escuela, inmediatamente pensamos en la Escuela Madre Laura o en la Simón Bolívar y, entonces, en cursos, profesores y profesoras, salones y tableros, patios y corredores, clases y recreos, períodos académicos y vacaciones. Pero cuando nos hablan de Escuela de Discipulado Misionero, tenemos que ir cambiando un poco lo que tenemos en la cabeza y pensar que  en el Bautismo ya nos matriculamos o matricularon en la Escuela de Jesús y que el ser discípulos en esta Escuela dura toda la vida;  que todas las actividades que hacemos para los demás y para nosotros mismos, en el nombre del Señor Jesús, sea que anunciemos la Buena Nueva del Reino de Dios, sea que hagamos obras de
misericordia, de consolación-liberación, sea que oremos al Padre por el Reino, sea que trabajemos al servicio del mismo en los campos de la justicia y paz, del cuidado de la creación, de los Derechos Humanos y de la Tierra, hacen parte de la Escuela de discipulado y misión. Si después de actuar, detenemos un poco el tiempo y el cuerpo, nos recogemos, reflexionamos, oramos, sintetizamos y, ojalá, comunicamos con el testimonio personal y comunitaria y a través de los medios de comunicación, entonces toda la vida se vuelve discipulado misionero, incluida ésta ELJM.

Reconocí, claramente, que desde mi bautismo estoy en la Escuela de Jesús. Que cuando hice mi Profesión Religiosa en el IMC, dejando consagrar mi vida para la misión ad gentes, confirmé mi participación en la Escuela de Jesús. Que después con la Ordenación Presbiteral y el envío en misión a varios lugres de este mundo, continúo en la misma Escuela.
Le gradezco a la Escuela de Liderazgo Juvenil Misionero el haberme recordado que ya estoy en la Escuela de Jesús y que no necesito hacer otra escuela, sino vivir ésta, actuando, reflexionando, orando, sistematizando, celebrando y comunicando para mantenerme fiel al Maestro, Misionero enviado del Padre.

Al mismo tiempo, agrego aquí algo que me acompaña desde que soy y actúo como Misionero de la
Consolata: la escuela del Señor Jesús se hace junto con la Escuela de María de Nazaret, la Madre del Emmanuel y de la Iglesia. Ella, la primera discípula misionera, ha sido reconocida y propuesta por el Bienaventurado José Allamano como fundadora y madre, modelo y guía, en la vida y la misión. En el Continente americano ha sido reconocida y propuesta como “madre” y “pedagoga del Evangelio, perfectamente inculturado”.  

Codo a codo, en Equipo de pan partido, compartido y repartido: cada día, desde la clara aurora
hasta la oscura noche, un equipo de variados profesionales (inter-disciplinar), de hombres y mujeres (inter-genero), de varios lugares de Colombia (inter-regional) y otros países del mundo (inter-nacional: Paraguay, Brasil, Uganda, Congo, Tanzania), de varias Parroquias, Movimientos y Organizaciones religiosa (inter-carismático e inter-institucional), jóvenes en su mayoría, con algunos de otras edades (inter-generacional), lideraba la Escuela Juvenil, “ofreciendo herramientas – instrumentos de formación, espiritualidad, pastoral y diálogo, para la Animación Misionera de las parroquias, los colegios, las universidades,  grupos” y la sociedad en general.
Una tarea en equipo y “unidad de intenciones”, no simplemente porque eran varios los animadores, sino porque había un plan estructurado previamente, compartido y asumido por todos, animadores y participantes, con:
Ø  una espiritualidad, la de discípulos misioneros del Misionero del Reino del Dios Padre
maternal, “Abbá-Immá” (Padre-Madre en arameo, la lengua de Jesús);
Ø  una pedagogía del aprendizaje misionero, nacida de la praxis y formulada como “encuentro para conocer, asumir y animar”;
Ø  una metodología de tres P: Planear – Definir: leer la realidad; Proponer – Facilitar: generar alternativas de solución: proyectos y procesos; Personalizar – Asumir: desarrollar actitudes y asumir desafíos y compromisos;
Ø  una dinámica personal y colectiva, con una clara y respetada distribución de roles y servicios, con evidente y tolerante apertura a las aportaciones personales y grupales.

De una “Iglesia sosa” a una Iglesia con sabor y en salida: todo lo planeado, inter-conectado,
generó una sinfonía misionera, en la cual hasta las disonancias armonizaron y ayudaron a los Bienaventurados participantes juveniles a vivir y revelar el Reinado del Padre maternal, como fermento, sal y luz, de una “Iglesia en salida”, con sabor a bienaventuranza y “olor a oveja”. Lanzada a las calles, las plazas, la terminal de trasportes, las esquinas de los semáforos, los supermercados, los hospitales y ancianitos, a los transeúntes, los pobres y sin techo, los de otras denominaciones religiosas, etc. También celebrado, con los fieles cristianos, en el templo parroquial Nuestra Señora de la Consolata, en el Barrio Mutis.

Toda salida, en embargo, conlleva una entrada al corazón personal y a la casa comunidad: la alegría y la sonrisa, el saludo y el abrazo, el canto y la danza, la simbolización y representación, la celebración orante, contemplativa y festiva, las lágrimas de tristeza mezcladas con las de gozo y paz, la vestidura nueva del hombre viejo despojado, la convivencia de grupo y la comunicación con las familias, los amigos/as, el abrazo y la colaboración en cada acción, se revelaron como la vivencia de “otro mundo posible”, infinitamente mejor, más económico y placentero, que el actual. Ese vínculo de amor, más allá de cualquier frontera, se ha prolongado, después de la escuela, como una onda espacial, a través de las Redes Sociales y los corazones entrelazados con Agua – Pan y Lazo”: agua, fuente vital; pan, alimento compartido y lazo, vínculo misionero. ¡Venga tu Reno, Señor! 
 
Con cinco panes y dos peces, se le dio de comer, bueno y saludable, a más de 150 personas, en pleno crecimiento, durante diez días, gracias a la solidaridad de muchos ciudadanos que, admirados con el testimonio, la alegría y el valor de tantos jóvenes, se sumaron a la ELJM con oraciones, dinero, víveres, servicios y acogida. Una experiencia pura de misión, al estilo del Evangelio, ligeros de equipaje y austeros: misioneros de sandalias y bastón, pobres entre los pobres, para y con los pobres. Parábola del Reinado de Dios, revelándose a través de los jóvenes, entre los sencillos de corazón. ¡Bendito sea el Señor!

Parábola de identidad: pues cada participante, cada uno a su medida, expresó su “sentido de pertenecía” a la Escuela de Jesús y de compromiso con la ELJM y con la misión ad gentes. Entre
todos, manifestamos lo que somos y soñamos con lo que queremos y debemos ser como Familia Misionera de la ConSOLata: Sol naciente (joven), que nos visita cada día, “por la entrañable misericordia de nuestro Dios”, generando luz para alumbrar e iluminar, calor para purificar y animar, energía para dinamizar e impulsar. Sol que nos ofrece identidad y formación (llamados para estar con El: consolados, santos), y misión (enviados a compartir la verdadera ConSOLación, con y como María ConSOLata). Así estamos ya siendo, aquí y ahora, lo que estamos llamados a ser: Misioneros/as de la Consolata.


Nota: Experiencia vivida, reflexionada y testimoniada por Salvador Medina imc, a partir de la Escuela de Liderazgo Juvenil (ELJM), Bucaramaga, 25 a 29 de junio de 2018.